Miguel de Cervantes Saavedra

Miguel de CervantesCuando me plantean escribir sobre grandes autores clásicos de la literatura española, Miguel de Cervantes fue el primero que vino a mi cabeza. Evidentemente hablar de él a estas alturas es complicado, han corrido verdaderos ríos de tinta de mentes sesudas y extremadamente cultas que lo han analizado por todos los lados. Y a su obra cumbre, El Quijote, mucho más. Así que yo, simplemente, intentaré facilitaros algunos datos de su biografía y época en la que se movió uno de nuestros escritores más famosos e influyentes de la literatura mundial con el propósito de que todos lo conozcamos un poquito más. Y os aseguro que no es una vida normal. Vamos a por ello.

Biografía de Miguel de Cervantes

Sus primeros años

Me ha resultado curioso comprobar que la fecha de nacimiento de D. Miguel de Cervantes Saavedra es todo un misterio. Lo único cierto es que fue bautizado, en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, un 9 de Octubre de 1547. Algunos aventuran que nació el 29 de septiembre del mismo año, día de San Miguel, simplemente por la costumbre existente en la época de poner el nombre al recién nacido del santo del día. Pero lo único cierto es la fecha del bautismo.

Hijo de Rodrigo Cervantes (cirujano sangrador) y de Leonor (hija de un abogado de la época), es el cuarto de siete hermanos. Sus primeros años son casi un enigma. En 1551 se trasladan a Valladolid, donde su  padre es encarcelado tras confiscarse sus bienes por tratos con usureros. Consigue ganar el juicio de hidalguía y, tras ser liberado, solo se sabe que debió de andar a caballo entre las ciudades de Alcalá de Henares, Córdoba y Sevilla hasta 1561, año en que Cervantes comienza a estudiar gramática con Juan López de Hoyos en Madrid:  lo único cierto. Estudiosos de su biografía no tienen claro ni qué estudió, ni dónde, ya que la escasez de recursos económicos de su familia hace poco creíble su paso por la universidad de Salamanca, tal y como se ha especulado.

Miguel de Cervantes, soldado y viajero

Miguel de Cervantes fue un héroe de la batalla de LepantoEs conocida de sobra su participación en la guerra y su cautiverio en Argel, pero lo realmente curioso es cuándo comienza su aventura viajera y el motivo. Se sabe que, en 1569, Cervantes se encontraba en Roma. El motivo, una supuesta trifulca con Antonio de Sigura, al que llegó a herir, y por la que tuvo que solicitar “limpieza de sangre e hidalguía” con el fin de restituir su honor y quedar libre de la sentencia a la que tenía que responder en España. Los cardenales Gaspar de Cervantes (familiar) y Giulio Acquaviva tuvieron mucho que ver en la resolución a su favor. Para entonces, 1571, Cervantes ya era soldado de la compañía de Diego de Urbina, participando en la Batalla de Lepanto en 1571 bajo las órdenes de D. Juan de Austria. El resultado es conocido por todos: un arcabuzazo  en el pecho y la inutilidad de su mano izquierda. Lo que quizás no sea tan conocido es la actitud heróica de Cervantes en la batalla, que queda refrendada por las declaraciones de sus superiores en Madrid a requerimiento de su padre.

Hasta 1575 sirve como soldado, siendo en este momento, y mientras regresa a España con su hermano y cartas de recomendación de D Juan de Austria, cuando es apresado por el corsario albanés Arnauti Mamí tras una corta batalla. Éste los entrega como esclavos en Argel, donde estará cinco años preso debiendo su vida a las cartas de recomendación, ya que consideraron que era persona importante y buscaron obtener rescate por su entrega. No obstante, Cervantes intentó fugarse cuatro veces sin éxito. No fue hasta la llegada de los padres trinitarios Fray Juan Gil y Fray Antonio de la Bella que fue liberado tras la entrega de 500 escudos de rescate en el año 1580.

Regreso a España de Miguel de Cervantes: boda y encarcelamiento

Cuando Miguel de Cervantes llega a España tras once años de ausencia, se encuentra con una familia empobrecida a la que intenta rescatar buscando un trabajo que dura poco en Orán, intentando marchar a América sin obtener permiso para ello.

Es en 1584 cuando Cervantes comienza su labor como escritor al vender su obra Galatea por 1336 reales a Blas de Robles por el privilegio de impresión. Seis meses después, contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios.

Las desgracias no le abandonarían y le siguieron amargando la vida durante muchos años. Un ejemplo, lo acontecido  tras conseguir el cargo de comisario real de abastos en 1587, por el que recorría Andalucía con la desagradable misión de requisar cereales y aceite para la expedición naval que Felipe II pretende contra Inglaterra, labor que realiza hasta 1594, no sin antes pasar por la prisión en 1592 al ser acusado de vender 300 fanegas de lo requisado para provecho propio. Este hecho se demostró que era falso. A quién se le ocurre requisar al clero parte de sus reservas de cereal y aceite… Más tarde, en 1594, se le encomienda el cobro de los atrasos de tercias y alcabalas del Reino de Granada, teniendo que depositar una gran cantidad de dinero en concepto de fianza para realizar este trabajo, cantidad que consigue gracias a la familia de su mujer, y que pierde cuando, al depositar todo lo recaudado en un banco de Sevilla, este termina quebrando, por lo que, al no poder responder, Cervantes vuelve a ser encarcelado en Sevilla ese mismo año.

La vida en familia en Valladolid

Miguel de Cervantes fue rescatado por 500 escudos
Rescate de Árgel

A partir de 1603 se documenta fehacientemente su estancia en Valladolid, donde se ve obligado a convivir con su mujer, hermanas, hijas e incluso su amante en un ambiente deprimente y del todo afrentoso, pues hay pruebas escritas de que las mujeres de la familia consiguen indemnizaciones deshonrosas por las denuncias a sus amantes. Incluso hay habladurías sobre la honradez de su mujer.

No obstante, en 1604 El Quijote ya está terminado. El éxito fue fulgurante, como lo demuestra que en junio de 1605, cuando se celebran las fiestas en honor del nacimiento del príncipe Don Felipe (Felipe IV), ya hay representaciones de entremeses en los que figuraban caballeros disfrazados de Don Quijote y Sancho Panza.

En 1606 la corte se traslada a Madrid, y Miguel de Cervantes con ella. Tras varios intentos de marchar a Nápoles con el fin de encontrar de una vez la estabilidad económica que tanto necesita, termina aceptando su sino, resignándose y quedándose en Madrid.

El éxito merecido y la incógnita de su muerte

Para entonces, el éxito de El Quijote es evidente, dándole la fama que ya le tocaba y haciendo que el público se interese por el resto de su obra. Frecuenta el mundillo literario de la ciudad asistiendo a las reuniones de la Academia del Conde de Saldaña, según queda reflejado en algunas cartas de su “archienemigo literario”, Lope de Vega.

Un veintidós de abril (algunos dicen que el veintitrés) de 1616 muere Miguel de Cervantes en su casa de Madrid, atendido por su esposa y su sobrina Constanza. Lo triste es que el autor de la novela más conocida de la literatura española tuvo que recibir la ayuda de la Venerable Orden Tercera para realizar su sepelio debido a su pobreza.

El destino final de sus huesos sigue siendo una incógnita.

Una vida reflejada en sus obras

Resulta muy ilustrativo ver que todas sus obras están impregnadas de su historia, especialmente El Quijote. A destacar su heroísmo en la batalla de Lepanto y su inquebrantable valor y moral en los años de cautiverio en Argel, que recordará constantemente con orgullo, y como no, tras estos años de exaltación de la valentía y el honor, su regreso a España y a la triste y cruda realidad. Una realidad llena de pobreza, usureros, deudas y dificultades económicas que, acompañados de los problemas familiares que provocan la licenciosa vida de sus hermanas, sobrinas y esposa, le acompañarán hasta el día de su muerte.

Ana María Matute dijo: “En la literatura, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas”.  Cervantes lo hizo cuatrocientos años antes de que Matute hiciera celebre esta frase.

Espero que hayáis disfrutado con este personaje que, por conocido, no me deja de sorprender cada vez que me adentro en los acontecimientos que inundaron su vida. De hecho, si queréis conocer algo más aquí tenéis un estupendo documental emitido en TV.

Su obra, variada y extensa, va más allá de El Quijote, y de ella hablaremos dentro de un mes.

Sed buenos y no olvidéis leer mucho.

 

 

Cómo documentarme para escribir una novela

Ha pasado. ¡Por fin! Ha sucedido lo que más temíamos y lo que más deseábamos. Una idea ha arraigado en nosotros, y no cualquier idea: LA IDEA. Eso ya lo vimos en el anterior artículo.

¡Qué responsabilidad! ¿Sabremos parirla? ¿Se desarrollará adecuadamente? ¿Qué necesitamos para que crezca y se convierta en una novela como Dios manda? ¿Sabremos darle lo adecuado: temperatura, luz, ritmo, trama?

Empecemos por el principio, padres primerizos: debemos construir un buen nido, y eso pasa por saber cómo documentarme para escribir una novela.

 

Construyendo un hogar

Nuestra idea es pequeñita, apenas un esbozo de lo que será cuando terminemos con ella. Para que, cuando crezca, no se derrumbe, debemos regalarle unos buenos cimientos. Para eso, el trabajo previo a la escritura es fundamental y la base para conseguirlo es la documentación. Ya escribas novela histórica, fantástica, ci-fi o romántica, la documentación es esencial para que la idea no se desmorone. En este artículo voy a distinguir tres tipos de documentación: la documentación general, la de planificación y la específica. Así que veamos cómo documentarme para escribir una novela.

 

Documentación general

Cómo documentarme para escribir una novela: Lee todo lo que caiga en tus manosLa debemos estudiar antes de ponernos a escribir y antes de planificar. Es el marco general en el que se desarrollará la historia y que ambientará todo lo demás. Por ejemplo, si yo estoy pensando escribir una novela sobre la Primera Guerra Mundial, tendré que saber cuándo, por qué y qué sucedió en ese periodo de tiempo. Eso abarca tanto sucesos como localizaciones, pensamiento, política… El periodo de tiempo en el que van a vivir mis protagonistas definirá su modo de pensar, de actuar y de vivir. Pero si escribes fantasía, tampoco te libras de crear tu worldbuilding: tu mundo único debe tener también su historia, sus localizaciones, sucesos, pensamiento y política que marcará la personalidad de los personajes.

Estos son los cimientos del hogar que vamos a construir para nuestra idea.

¿Dónde me documento?

Sobre todo, en los libros. Lee todo lo que tenga que ver con tu idea. En mi caso, la estantería soporta unos cuantos libros sobre la Primera Guerra Mundial. Simplemente lee, toma algunas notas y empápate del halo que desprenden esas ideas generales. Intenta comprender de qué están hechos esos cimientos para que puedas construir sobre ellos. Si no comprendes los materiales con los que vas a trabajar, será muy difícil que la edificación sea sólida.

Las nuevas tecnologías son muy útiles, pero hay que utilizarlas bien: blogs, páginas de internet, Google… Para una primera aproximación están bien, pero si buscáis información más específica, cuidado: leed si hay referencias en los artículos, por ejemplo, y buscad los originales. Pero esto lo veremos después.

 

Cómo documentarme para escribir una novela: la planificación

Aún no hemos comenzado a planificar, pero creo que es mejor que os agrupe los diferentes tipos de documentación por algo que veremos al final. Cuando planifiquemos nuestra historia, ya sea con una secuencia temporal o por capítulos (o como queramos, pero hay que organizar la información), también debemos documentarnos.

Por ejemplo, cuando planifiqué mi novela, me encontré con que uno de mis personajes principales es histórico. Es decir, sus actividades están documentadas. Yo quería que mi novela transcurriera en cierta batalla, pero resulta que en las fechas en las que sucedió, mi personaje estaba en otro lugar. ¡Oh, el Apocalipsis! Pues toca buscar otro suceso que cuadre para la historia, otro lugar, otro tiempo. Y lo encontré. Una fechas en las que no se puede asegurar que mi personaje no estuviera en un cierto sitio donde estalló otra batalla.

Si te estás dedicando a una historia de fantasía, igual. Tus personajes están sujetos a las leyes de su mundo y a la cronología de este. Por eso la documentación es esencial en el trabajo de planificación.

Muchas veces tendrás que modelar tu idea según crece, debe tener capacidad de adaptación al hogar que le estamos montando para que quepa en él. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeño.

 

Documentación específica

Cómo documentarme para escribir una novela: La documentación afectará a lo que ocurra en tu historiaYa llegaremos a ella a su momento, pero nunca vais a dejar de buscar información mientras escribís, eso os lo aseguro. Por eso es importante que guardéis todos los enlaces, artículos, libros, mapas…, aunque muchas veces necesitaréis cositas nuevas. ¿Conocéis por ejemplo qué relieve aparecía en el casco de un cazador alpino en la Primera Guerra Mundial? Yo sí. Esos detalles, y a los que yo llamo el atrezzo de la novela, son los que dotan de atmósfera y verosimilitud. Atended, este tipo de documentación solo es necesaria cuando lo es. Quiero decir, ¿de qué te sirve saber lo del casco si no lo vais a utilizar en el desarrollo de la historia?

Y dicho esto, enlazo con uno de los grandes problemas que existen en la fase de búsqueda de documentación y que ya he apuntado en la documentación general:

Liarte y buscar, buscar… y almacenar, seguir acumulando datos… pero nunca te pones frente al teclado para dar el siguiente paso. Nos encontramos atrapados por el ansia de la perfección, por no fallar ni en un solo detalle. Y una referencia te lleva a otra y lees una historia, y esta te lleva a buscar otra curiosidad… Y así puedes estar creando carpetas en tu ordenador hasta el límite de su capacidad. Aquí subyace también el miedo al papel en blanco, a no dar la talla, a no ser capaz de enfrentarte a tu propia historia. En algún momento debes decir “basta” y ponerte a escribir.

 

Primera regla sobre la documentación: Efectiva y necesaria.

Está fenomenal que sepas muchísimo sobre algo, pero no lo puedes saberlo todo y además, igual no te interesa saberlo todo. Tienes una historia que escribir. Ya le has dado un nido donde desarrollarse, así que debes continuar y si te hace falta saber algo, lo buscas justo en el momento de escribirlo.

 

Segunda regla sobre la documentación: Si no lo encuentras, óbvialo.

Me ha pasado hace poco con uno de esos detallitos del atrezzo que os comentaba. Me empeñé en buscar cómo se llamaban los pantalones de ropa interior que llevaban las señoras parisinas en 1900. Bien, después de perder una tarde completa en esta bobada, dejé la frase en “se quitó la ropa interior”. No gastéis tiempo innecesario y una buena cantidad de energía con estas cosas.

 

Fuentes para conseguir documentación

Son muchas gracias a las nuevas tecnologías, pero deben ser fiables. Aquí os agrupo algunas de ellas:

  1. academia.edu: red social dirigida a académicos. Se pueden buscar documentos que otro usuario haya colgado.
  2. dialnet.unirioja.es: portal que recopila y proporciona acceso a documentos publicados en España.
  3. Google académico: buscador de Google enfocado al mundo académico, sobre todo técnico-científico.
  4. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: fondo bibliográfico de documentos de libre acceso en multitud de materias.
  5. Pares: portal de fondos digitalizados de la red de archivos estatales.
  6. Tesorillo: archivo numismático.
  7. Cer.es: red digital de catálogos de museos de España.
  8. Biblioteca digital hispánica. Miles de documentos digitalizados de la biblioteca nacional.
  9. Biblioteca digital mundial: documentos de interés cultural de todos los países.
  10. Googlebooks: miles de libros para buscar lo que necesites o incluso algún dato en la vista previa que se muestra por páginas.

¿Y si no puedes verlo in situ?

A veces se tiene la mala suerte de que lo que necesitas no está digitalizado y no lo puedes obtener a golpe de click. Entonces puedes recurrir al método tradicional: ir a la fuente. Ahora, si te pasa como a mí y la fuente está en un museo de París y no puedes escaparte para investigar, debes buscar otras opciones. Por ejemplo, preguntar a los expertos. Hay gente muy amable por ahí  a quien no le importa perder parte de su tiempo para contestarte dudas o enviarte información. Escribe correos, solicita, sé amable…

Yo contacté con un historiador francés que me envió un documento gráfico que él mismo fotografió en el museo de París al que yo no podía acceder.

Eso sí, es de buen nacido ser agradecido. Así que corresponded a ese esfuerzo con una línea cuando acabéis la novela.

 

¿Os ha gustado? ¿Podéis aportar algo al artículo? ¿Tenéis una experiencia distinta? ¡Espero vuestros comentarios!

 

Las Guerras Mesenias

El día que cambió la Historia de Grecia

Era un día festivo. Se encontraban en el santuario de Artemis Limnatis[1], situado en la frontera entre Lacedemonia y Mesenia, cerca de un lago. El lugar estaría bastante concurrido: habría un buen número de vírgenes espartanas, y sin duda también muchos visitantes y participantes en el evento, un festival religioso en honor a la diosa. Entre ellos se encontraba Teleclo, el diarca espartano de la Casa Agíada que había expandido sus territorios hacia el sur del Eurotas, añadiendo a Lacedemonia las poblaciones de Amiclas, Faris y Gerontras. Posiblemente, el santuario estaría bañado por cánticos y bailes, y gran cantidad de ofrendas se habrían depositado a los pies del altar.

Sí, era un día festivo. Pero aquel día cambiaría la Historia de Grecia, pues daría pie a las Guerras Mesenias.

El origen de las Guerras Mesenias: la muerte de Teleclo

Según aseguraron los espartanos, Teleclo fue asesinado aquella jornada a manos de un grupo de mesenios. Afirmaban que aquellos mismos hombres habían violado a las doncellas espartanas consagradas a la diosa. Teleclo, al conocer lo que estaba ocurriendo, había intentado evitarlo. Como resultado, le dieron muerte. Para empeorar las cosas, las vírgenes humilladas habrían decidido quitarse la vida antes de seguir viviendo con aquella vergüenza. Los espartanos, para quienes Teleclo era un auténtico héroe, se alzaron en armas contra sus vecinos del oeste, los mesenios, por más que sus reyes, primero Antíoco y más tarde su hijo Eufaes, negaran el incidente y aseguraran que habían sido el propio Teleclo y un grupo de espartanos disfrazados de mujer quienes habían atacado a sus contendientes.

Así se dio origen a uno de los episodios más importantes en la Historia Arcaica de Grecia: las Guerras Mesenias.

El asesinato de un rey puede originar con facilidad una guerra. Sin embargo, ¿fue sólo eso lo que hizo que ambas Polis se enzarzaran en un conflicto que se extendió a lo largo de todo un siglo? ¿Qué otras cuestiones dieron pie a semejante enemistad?

La Expansión Doria y el nacimiento de Esparta

Las guerras mesenias: la expansión doriaFue al parecer hacia la mitad del S. X a.C. cuando la migración doria llevó a algunos miembros de esta tribu hasta las fronteras de Laconia. El valle del Eurotas ofrecía todo lo que podían desear: una buena región para pastos, las aguas del río, buenas comunicaciones y las defensas naturales de los macizos montañosos al este y el oeste que lo protegían de eventuales enemigos.

La ciudad de Esparta nacería tiempo después, a principios del s. VIII a.C., cuando los habitantes de cuatro aldeas, Pitana, Cinosura, Mesoa y Limnas, realizaron un pacto de sinecismo. Unos años más tarde, el mismo Teleclo anexionaría a Amiclas a ese núcleo, concluyendo de ese modo la creación de la Polis espartana.

La expansión doria habría sido gradual en la zona. Hacia la mitad del S. VIII a.C. los dorios ya habían conquistado y esclavizado tanto la Escirítide como la Egítide, controlando así todo el norte del valle. La expansión continuó hacia el sur, y así, Esparta tomó Helos y Gitio, un excelente puerto natural que en los años venideros le facilitaría el comercio exterior.

No satisfechos con estas anexiones, los dorios fueron creando una serie de colonias cercanas hasta disponer de un centenar de núcleos urbanos, en su mayoría de estatuto perieco, es decir, hombres libres, aunque no ciudadanos de pleno derecho, que formaban un auténtico cinturón de seguridad en torno a la capital.

La expansión y conquista de Laconia por parte de los dorios había sido todo un éxito. El pueblo creció, apoyándose en la gran cantidad de esclavos que había obtenido en el proceso, lo que les permitía disponer de mano de obra para la tierra mientras sus hombres se dedicaban a otros menesteres.

Sin embargo, se puede morir de éxito, y Esparta estaba, a esas alturas, al borde de la muerte.

Problemas en el Valle

El crecimiento demográfico había sido lento, aunque constante, y para mediados del S. VIII a.C., el otrora fértil valle del Eurotas empezaba a mostrarse claramente insuficiente para sustentar a la numerosa población que acogía. A esto se sumaba el desafortunado reparto de la Tierra.

Por esta época, la sociedad espartana había empezado a sufrir cambios importantes. Ya fuera Licurgo (del que hablaré en otro artículo) u otro quien los realizara, lo cierto es que se había reestructurado el sistema de gobierno dando forma a la Apella, la Gerousía y el Eforado, o como mínimo estaban en proceso de reestructuración y creación. Otro cambio importante había sido el reparto de la Tierra a partes iguales a favor de cada espartano libre. Pero el reparto no había sido tan igualitario como se pretendía. La clase dominante, como suele ocurrir, aprovechó su situación para obtener el dominio de las tierras más fértiles, con lo que las disidencias no tardaron en aparecer.

¿Cómo arreglamos esto?

Las guerras mesenias: la fortaleza del monte Itome
La fortaleza del monte Itime

La solución pasaba por obtener nuevas tierras con las que suplir las carencias. Una colonización del interior de Grecia era poco factible, puesto que aquellos que emigraran perderían todos sus derechos y pasarían a ser meros colonos en otras tierras. La salida por mar era una opción aún peor, ya que los lacedemonios eran gente de tierra que apenas miraban al mar, aunque unos años más tarde establecieran su primera colonia en Taras.

Pero, si miraban al oeste, más allá del macizo del Taigeto, encontraban una tierra feraz, de campos extensos, que cubriría sin duda alguna todas sus necesidades: el valle del Pamiso, que el monte Itome dividía en las llanuras de Esteníclaro y Macaria. Teleclo ya había creado varios asentamientos espartanos en la llanura de Macaria, al sur de Itome. Era la opción más viable. Y la que causaría la primera Guerra Mesenia, que se alargaría durante 20 años.

El Inicio de la Guerra

De manera que, si bien la muerte de Teleclo fue el detonante, lo cierto era que los espartanos ya llevaban cierto tiempo mirando con ansias las tierras de sus vecinos.

El primer paso fue tomar la ciudad de Amphia. Era una ciudad fronteriza, al norte, de manera que serviría bien como cabeza de puente, un lugar desde el que empezar a hostigar a los mesenios. Y no tardaron en hacerlo.

Pese al aumento de las tensiones entre vecinos, en Mesenia no habían previsto semejante audacia, y el movimiento los cogió por sorpresa. Era necesario responder, pero Esparta se había convertido en un enemigo formidable en ese tiempo, y convenía mostrarse prudentes, aunque firmes. Eufaes, que había sucedido a su padre poco antes, citó a los nobles y magistrados para estudiar el asunto en la ciudad de Esteníclaro, situada no muy lejos de Amphia.

No les llevó demasiado tiempo deducir que Esparta no se contentaría con unas pocas razias y conseguir algo de tierra. Esparta lo quería todo. De hecho, en los ataques que llevaban a cabo no se causaban destrozos: no quemaban campos, ni árboles, no arrasaban las tierras… estaban seguros de una victoria rápida y no deseaban destruir aquello que sería suyo en poco tiempo.

La artimaña de Eufaes

Eufaes organizó un amplio ejército con rapidez y se dirigió al encuentro de los invasores. Pero no estaba dispuesto a realizar sacrificios inútiles. Deseaba, ante todo, conocer con detalle a las fuerzas enemigas. Para ello mostró una astucia que sería la señal de identidad mesenia a lo largo de los siguientes años de la guerra. Situó a sus hombres en el campo de batalla y esperó a que los espartanos cargaran contra ellos.

Los lacedemonios habían acudido en masa al encuentro de sus enemigos, pero no pudieron ni siquiera llegar a chocar las lanzas contra ellos. Eufaes había colocado a sus hombres al otro lado de una zanja profunda que dividía el campo e impedía cualquier tipo de combate. Tan sólo algunas unidades de caballería llegaron a luchar, aunque el choque no tuvo la menor trascendencia.

Los espartanos tuvieron que morderse los labios y esperar a que pasara la noche para poder situarse en un lugar que permitiera trabar combate, pero el amanecer les trajo una nueva sorpresa: Eufaes había hecho cargar a los esclavos de su ejército con gran número de estacas puntiagudas, y durante la noche se encargó de que se levantara una empalizada que protegía a sus hombres de los invasores del este.

Los espartanos no habían conseguido lo que buscaban y tuvieron que regresar cabizbajos a sus hogares. En cambio, Eufaes conocía ahora con detalle a qué se enfrentaba: a toda una fuerza invasora que no descansaría hasta conseguir aquello que había venido a buscar.

La Primera Gran Batalla

Las guerras mesenias: el soldado hoplita
Soldado hoplita con la panoplia completa

Durante el resto del año, los ejércitos no volvieron a encontrarse. Esparta se dedicó a lanzar ataques furtivos contra los llanos y campos mesenios en un intento de desmotivar y debilitar a sus enemigos. Los mesenios, por su parte, decidieron que, puesto que tendrían difícil una victoria por tierra, era mucho mejor lanzarse al mar. Su flota comenzó a azotar entonces las costas espartanas, sangrando a su oponente y huyendo mucho antes de que los ejércitos pudieran llegar a pie.

Era una guerra de desgaste.

Pero eso sólo podría durar mientras el ejército espartano al completo no volviera a amenazar Mesenia, lo que ocurrió al año siguiente.

Guerra Total

Los lacedemonios estaban furiosos por la burla del año anterior. Querían asestar un golpe definitivo a sus enemigos. Llegaron incluso a enviar a sus dos diarcas a la lucha, algo que ocurriría en pocas ocasiones a lo largo de la historia de la Polis.

El ejército que cruzó las montañas era enorme. El número de soldados espartanos se desconoce, pero sus unidades iban reforzadas por batallones de periecos e hilotas, así como dríopes, como llamaban a los exiliados argivos que se habían asentado en Lacedemonia, y, para enfrentarse a la infantería ligera mesenia, gran cantidad de arqueros cretenses, que eran famosos por su pericia.

El aliado de los mesenios en aquella ocasión era mucho más conocido: la desesperación. Luchaban por sus vidas, pues sabían que no tendrían más destino que la muerte o la esclavitud si eran vencidos.

Ambos ejércitos formaron frente a frente, con el grueso de las tropas en el centro, la caballería en los extremos y las unidades auxiliares en retaguardia. A pesar de que su número era mucho mayor, los reyes espartanos decidieron no ampliar el frente de batalla para rodear a su enemigo. Lo que hicieron fue aumentar el fondo de sus filas. Seguramente esperaban acabar con los mesenios por agotamiento, relevando a cada hombre que cayera con el que le seguía. Y esa decisión resultó desastrosa para las aspiraciones espartanas.

Teopompo y Eufaes

Sorprendentemente, fueron los mesenios, enaltecidos por la situación y la arenga de su rey, quienes iniciaron el ataque. Los invasores eran más, pero ellos luchaban por sus vidas, y por sus tierras. Por las vidas de sus mujeres e hijos, de manera que luchaban como nunca lo habían hecho. Cada mesenio valía por varios espartanos.

La batalla se alargó durante horas y fue especialmente cruenta. Nadie cejaba en sus intenciones, nadie retrocedía. Los soldados mataban incluso estando ya moribundos y caídos en el suelo.

Teopompo, el diarca espartano de la casa Euripóntida, decidió que todo aquello acabaría si conseguía dar muerte a Eufaes que, situado en el flanco de su ejército con las unidades de élite, dirigía a sus hombres y proveía ayuda allá donde era más necesaria.

Teopompo se lanzó contra él con esa intención, pero al ardor mesenio se sumaba el hecho de que aquellas unidades eran las mejor preparadas y experimentadas, las que tenían el mejor armamento. No sólo detuvieron el ataque, sino que pronto pusieron en apuros al rey lacedemonio. Teopompo tuvo que retroceder, y poco después se encontraba huyendo de las lanzas mesenias.

Eufaes estaba a punto de lograr una victoria inesperada, pero tuvo que impedir que sus hombres persiguieran a los que huían. Por el flanco contrario, Polidoro, el otro diarca espartano, había logrado romper las líneas mesenias defendidas por el general Pitarato, la mano derecha de Eufaes, y se acercaba peligrosamente. El rey mesenio tuvo que replegar a sus hombres para enfrentar la amenaza.

Pero el sol se ponía. Era necesario poner fin a la batalla.

Los años siguientes

Guerras Mesenias: Ruinas de Esparta
Ruinas del teatro de la acrópolis de Esparta

A pesar de que tanto lacedemonios como mesenios habían acudido con todo lo que tenían a la batalla, lo cierto era que nada había cambiado, no se había decidido nada. Durante un tiempo se volvió a las tácticas de guerra de desgaste, si bien unos y otros lo hicieron por motivos bien distintos.

Los espartanos habían recibido una terrible herida en su orgullo. Pensaban que la conquista de Mesenia sería poco más que un paseo, y sin embargo estaban sufriendo duros correctivos. Para empeorar aún más las cosas, la situación económica continuaba decayendo en las calles de la Polis.

Por su parte, los mesenios habían sufrido muchísimas bajas. Muchos hombres habían caído. A esas pérdidas se sumaban las de los hombres que, necesariamente, debían dejar guardando las ciudades. Quedaban pocos guerreros. Ni siquiera entre los campesinos podían buscar brazos que empuñaran armas. Los agricultores y granjeros huían de aquella tierra en disputa que los mantenía entre el yunque y el martillo. La comida empezó a escasear, y por si eso fuera poco, se alzó una epidemia en el territorio que diezmó a sus habitantes.

A pesar de todo eso, Esparta necesitó varios años para recuperar su ánimo y atreverse de nuevo a lanzarse contra su enemigo. Cuando finalmente se decidió a dar el paso, se encontró con que éste no estaba, ni mucho menos, tan mal como había esperado. Eufaes decidió eliminar la división de fuerzas y concentró a todos sus hombres en la fortaleza del monte Itome, que protegía precisamente las llanuras en disputa.

De nuevo los espartanos fueron rechazados tras una larga lucha. Pero, lejos de ser una victoria mesenia, fue el principio del fin para ellos. Eufaes cayó en la batalla, así como Antandro, quien en principio parecía que sería el encargado de sucederle. Y los mesenios eligieron como rey a Aristodemo.

El sacrificio de Aristodemo

Tiempo después se volvían a encontrar los ejércitos. Para esta batalla, los mesenios se habían visto obligados a buscar ayuda; vinieron hombres de Arcadia, Sición y Argos. Pero junto a los lacedemonios lucharía Corinto. La ventaja numérica volvía a ser espartana. Incluso así, y a pesar de que la profundidad de las líneas mesenias había tenido que menguar para poder hacer frente a la línea de ataque que se les venía encima, gracias a la astucia y a un movimiento envolvente de ciertas unidades que Aristodemo había mantenido ocultas en las faldas del monte, consiguieron volver a rechazar, por tercera vez consecutiva, la esclavitud y la muerte a manos espartanas.

De cualquier modo, la situación para los mesenios era desesperada. Se cuenta que Aristodemo ofreció la vida de su hija a los dioses para que lo ayudaran a vencer a sus enemigos, pero la muchacha se había casado en secreto y el sacrificio no fue de ninguna utilidad, por lo que el rey terminó quitándose la vida ante aquella desgracia.

El fin de la Guerra Mesenia

Sea verídica esta historia o no, lo cierto es que, a la muerte de Aristodemo, Teopompo volvía a la carga contra sus vecinos del oeste. Damis, el nuevo rey mesenio, había intentado llegar a un acuerdo con los espartanos, pero estos habían rechazado cualquier trato.

Un par de años después de la muerte de Aristodemo, y tras haber continuado hostigando los campos mesenios en ataques rápidos para mermar sus fuerzas, los ejércitos volvían a estar frente a frente en el campo de batalla. El aspecto de los mesenios no podía ser peor: flacos y macilentos, pobremente armados, ojerosos y agotados. Ni siquiera era necesario desarrollar una táctica de ataque, Esparta debía simplemente avanzar y aplastar a sus enemigos.

Muchos de los nobles mesenios cayeron aquel día. Sus tropas fueron barridas de las faldas del monte.

Un final inconcluso

Habían sido necesarios veinte años de luchas intensas, pero al fin, Lacedemonia había obtenido la victoria. Podía satisfacer sus necesidades, ampliar sus riquezas y poner fin a la hambruna que amenazaba a sus hijos desde hacía años.

Aunque no conquistaron la totalidad del territorio mesenio, ni consiguieron dar muerte a la Casa de los Epítidas, su victoria había sido completa. Jamás hubieran pensado que, sólo unos años más tarde, volverían a estar luchando en aquellos mismos campos. Contra aquel mismo enemigo.

[1] Del lago

 

Artículo aparecido en el nº 156 de La Aventura de la HistoriaDescarga aquí el PDF

Para saber más, Hijos de Heracles

Características principales de la novela negra

Ya vimos en nuestra entrega anterior qué era eso que llamábamos género negro. Descubrimos que es muy complejo y que no tiene una definición tan clara, así que no nos va a resultar tarea sencilla analizar sus características más importantes. No obstante, haremos el esfuerzo; nos detendremos a pensar en aquellos aspectos que tienen en común este tipo de relatos y los estudiaremos para definir las características principales de la novela negra.

Características principales de la novela negraPara no volvernos locos con eso de los subgéneros, o de si hablamos de relato policial, enigma o negro, etc, vamos a asumir,  aunque nos lluevan algunas críticas por parte de los puristas del género, que todos se parecen y, por si acaso queda demasiado amplio el abanico de posibilidades, nos delimitaremos a aquello que tienen en común las novelas que encajan en la literatura posterior a la segunda guerra mundial en Estados Unidos y del tipo que fue publicado en Francia como “Serie noir”. Posiblemente no todo esté ahí y nos dejemos cosas, pero nos servirá para una primera aproximación. Ya sabemos que no es fácil. Más adelante hablaremos del contexto geográfico de la novela negra y veremos que también es un tema muy interesante.

El lenguaje utilizado

Pero vayamos a lo nuestro. Como ya anotábamos en nuestro artículo anterior, la novela negra pretende ser realista. Esto se traduce de forma inmediata en una de las características principales de la novela negra: un estilo de lenguaje  propio, una nueva forma de hablar: popular, dura, de la calle. No es sólo que los personajes de las novelas de género tengan nociones de las armas que utilizan o de las técnicas forenses que practican y con las que, cada vez más, resuelven sus casos; se trata de una jerga particular. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el tipo de lenguaje es concreto, con verbos de movimiento, frases breves y diálogos ágiles, que muestran a los personajes. Esto hace que las novelas de este tipo suelan ser muy gráficas. O quizá esto sea su centro, tal como dice Marcel Duhamel, que lo que constituye la característica más importante de la novela negra es justo la temática: violencia, crimen, ambientes amorales y sordidez; todo esto, descrito con mucha rudeza, en crudo.

Los personajes en la novela negra

Hablando de los personajes, veremos que es muy habitual que se muestren siempre por pares, es decir, que aparecen personajes opuestos. El héroe (el policía) frente al villano (el criminal), el uno rompiendo un orden que el otro deberá restaurar; esto conforma la esencia del género. No son buenos puros o grandes malos, sino que la dicotomía entre el bien y el mal se mostrará las más de las veces confusa, con matices en gris que utilizarán los autores para dar fe de una realidad convulsa y ambivalente.

Precisamente por esto,  nuestro personaje principal, que será un detective, ya no será como antaño un hombre de salón, sino uno con moral laxa, decadente, de dudosa reputación y que se gana la vida a duras penas resolviendo crímenes. Y aquí veremos un toque romántico, posiblemente heredado de la novela gótica, y es el enorme interés que el protagonista pondrá en el caso, que le llevará a extremos que van mucho más lejos de lo estrictamente profesional, todo regado de una psicología  solitaria o excéntrica,  que no duda en hacer uso de drogas para huir de un universo personal alienante. Pero lo que es aún más importante: es un personaje que siempre busca la verdad. Un aspecto inquietante es el hecho de que es un personaje que se expone, que a veces resulta herido y arriesga su vida, que es evidentemente vulnerable (como pasa claramente en las novelas de Hammett y de Chandler, sin ir más lejos).

El narrador, trama, tiempo y espacio

Otra de las características principales de la novela negra es que, menudo, aunque no siempre, el texto se escribe con un narrador en primera persona (o una tercera persona que es muy cercana al protagonista) que probablemente sea el policía/detective protagonista, lo que contribuye a darle un realismo aún mayor.

Aunque la trama de la novela consista en la resolución de un misterio, un crimen que será generalmente un asesinato –porque es el acto criminal por excelencia–, veremos que se mueve algo más importante, que subyace siempre a la trama principal. Esto es, el motivo por el que el mal hace su intrusión en el mundo. Hablamos de buscar los por qué.

Podemos también poner en la palestra algún detalle más que aparece como propio dentro del género, como es el tiempo y el espacio. El relato negro suele ser lineal y suele mostrar hechos pasados, con detalles del delito que llegan al lector con cuentagotas, normalmente al mismo tiempo que son conocidos por el detective/policía, para lograr una mayor identificación con el personaje. Y respecto al espacio, suele ser siempre un paisaje urbano. Esto no significa que no haya un noir rural (quizá dediquemos tiempo a hablar del noir que se desarrolla en entornos no urbanos), pero si tenemos en cuenta el momento histórico en el que surge y que las ciudades son más proclives a tener bajos fondos, barrios marginales y problemas sociales más acentuados que en el entorno rural, entenderemos que sea la ciudad el paisaje más utilizado. No debemos olvidar que el género que nos atañe pretende hacer siempre una crítica social.

Las ocho normas de Van Dine para la novela policial

Las 8 características principales de la novela negra según Van DinePara terminar con las características principales de la novela negra, añadimos una serie de normas dadas por Van Dine acerca de lo que es y lo que no es una novela policial. El número de normas originalmente son veinte, pero algunas son redundantes, así que las resumiremos de la mano de Todorov en ocho. Evidentemente, están cuestionadas sobre todo por su rigidez, pero han supuesto la guía de muchos autores desde que fueron escritas en 1928 y merece la pena tenerlas en cuenta. No son las únicas, Knox también puso su listado de normas, pero de alguna forma se parecen, así que a modo de muestra dejaremos las de Van Dine en palabras de Todorov:

  1. La novela debe tener como máximo un detective y un culpable, y como mínimo una víctima (un cadáver).
  2. El culpable no debe ser un criminal profesional; no debe ser el detective; debe matar por razones personales.
  3. El amor no tiene lugar en las novelas policiales.
  4. El culpable debe gozar de cierta importancia: en la vida: no ser un valet o una mucarna; en el libro: ser uno de los personajes principales.
  5. Todo debe explicarse de un modo racional; lo fantástico no está admitido.
  6. No hay lugar para las descripciones ni para los análisis psicológicos.
  7. Hay que adecuarse a la homología siguiente, en cuanto a la información sobre la historia: “autor: lector = culpable: detective”.
  8. Hay que evitar las situaciones y soluciones banales (Van Dine enumera diez)

El por qué del éxito de Harry Potter y la piedra filosofal

Tal como anunciábamos en el artículo que daba paso a esta serie, aquí estamos otra vez, un poco antes de lo esperado (el artículo iba a salir, como siempre, el lunes pero lo hemos adelantado), para hablar del maravilloso niño de las gafas de Lennon y la cicatriz en la frente que tenía los ojos de su madre y empezar a analizar el motivo del éxito de Harry Potter. Sí, hoy nos entretendremos con él, pero no antes de empezar por donde se debe empezar; a saber, por el principio. Si se trata de deconstruir el producto para averiguar cuáles son las claves del éxito de Harry Potter habrá que ver cuál es ese producto. Ya nos meteremos después con los ingredientes.

La piedra filosofal: Resumen de la Trama

La introducción

El motivo del éxito de Harry Potter: los personajesA modo de prólogo, el primer capítulo presenta a Harry de bebé en el momento en que dos magos lo dejan al cuidado de su única familia viva: los Dursley. Diez años después, pocos días antes del cumpleaños del protagonista, extraños acontecimientos suceden en ese hogar: una serpiente queda misteriosamente libre en el zoo y Harry es capaz de hablar con ella.

Poco después empiezan a llegar cartas a nombre de Harry, cartas de un lugar llamado Hogwarts, un colegio de magia y hechicería donde saben que los Dursley mantienen a su sobrino en condiciones muy precarias. De hecho, el chico no tiene cuarto propio sino que vive en el armario bajo la escalera. Los tíos de Harry se niegan a hacer caso de las cartas, las rompen, las queman, impiden al pequeño mago en ciernes el acceso a ellas solo para descubrir que el remitente es muy testarudo y ciertamente peculiar: centenares de sobres lacrados se cuelan por todas las rendijas de la casa y la calle se llena de lechuzas.

Los bandos y el conflicto

Determinado a evitar el ingreso de Harry en la escuela de magia, su tío huye con toda la familia, pero es finalmente atrapado por el guardabosques de Hogwarts: Hagrid. En la que posiblemente sea la escena más importante del libro, se establecen dos bandos y sabemos ya que Hagrid, Harry y el director del colegio van con los buenos. No conocemos todavía  a los malos. Interrumpo el orden previsto de los acontecimientos para señalar que la Rowling se muestra aquí muy astuta: habla de un villano terrible, pero no llegaremos a conocerle más que de oídas. En cambio nos hace trampas con varios personajes secundarios para mantenernos en vilo. Y vaya si lo consigue.

Hagrid será el encargado de preparar a Harry para su entrada en el mundo mágico: mientras le ayuda a comprar todo lo necesario para su vida de estudiante le pone en antecedentes acerca de su propia historia y, de paso, le lleva al lugar donde comienza la trama de misterio a través de la que JK nos presenta su mundo mágico: el banco de los goblins, donde habrá un intento de robo en el que nada será sustraído. Tachán. Y eso.

La llegada a Hogwarts

El éxito de Harry Potter - HogwartsComo buena admiradora del viaje del héroe, la autora hace que Harry cruce un par de puertas para llegar al mundo mágico: la más importante es la que le lleva al andén nueve y tres cuartos. Encuentra para lograrlo la ayuda del que será su mejor amigo desde ese momento. Ron Weasley. Juntos hacen el viaje en tren hasta el colegio. Durante el trayecto conocen a la tercera componente del trio mágico: la sabihonda Hermione Granger (mi personaje favorito, os va a tocar soportar mucho team Hermione, aunque quizá no tanto como team Dobby o team Snape. Es lo que tiene el fandom).

Una vez en Hogwarts, los dos bandos se definen con mayor precisión: el colegio se divide en cuatro casas. Los malos, por simplificar, terminan en Slitherin, la casa de las serpientes cuyos colores son el verde y el gris. Muy propio, todo. Los buenos van a Griffindor, de rojo y amarillo y los personajes secundarios con cierto peso a Ravenclaw. Los otros, que son majos y tal, terminan en Hafflepuff para cumplir funciones más bien marginales. Pero es que una autora sola no puede estar en todo. Se siente. Por supuesto, Hermione, Ron y Harry serán seleccionados para Griffindor y los villanos domésticos (para distinguirles del Gran Villano, Lord Voldemort), son seleccionados para Slitherin.

El meollo

A partir de ahí, extraños acontecimientos (de nuevo, sí. En la saga, los extraños acontecimientos se convierten en una cosa diaria) se suceden en la, por otro lado, común escuela de magia: el director de la casa verde y gris parece tenerle una tirria especial a Harry, para satisfacción de un niño mimado de nombre Draco Malfoy, el contrapunto desagradable del protagonista en cuanto a carácter y características. Por otra parte, se descubre que la escuela guarda un secreto y que alguien está tratando de robarlo.

Se juega a un deporte, el Quiddich, una mezcla entre rugby, fútbol y balón prisionero que sirve para dar unidad a siete libros, siete, que de otra manera se volverían muy, muy intensos. Por otra parte, los chicos, de una manera un tanto aleatoria, se ven envueltos en una aventura peligrosa, mortal de hecho, en la que pasan pruebas diseñadas para detener a magos de renombre y alta cualificación.

Un error garrafal, pero a pesar de todo…

Un momento, que esto hay que decirlo ahora: ¡Venga ya, JK Rowlin! Que tienes a tres alumnos de primero desfaciendo los sortilegios de sus profesores. Vamos, hombre, que no hay quien se lo trague.

Y aun así yo releo el libro de vez en cuando. ¿Veis por qué esta serie de artículos es necesaria?

Al final del libro se descubren un par de misterios y queda listo para sentencia.

Personajes

Comenzaré advirtiendo de que sí son todos los que están, pero no están todos los que son. Esto es un blog, no la potterpedia.

1.- Harry Potter

Harry Potter es el protagonista de la serie, el héroe de la historia, ese personaje principal con el que la autora debe conseguir que los lectores se identifiquen para que quieran seguir leyendo. Personalmente no conozco a ningún fan de Harry, aunque debe de haberlos, claro. Veréis, la cuestión es que a la Rowling se le fue un poco la mano en el reparto del patetismo.

Si os gusta escribir y sois personas responsables, habréis leído varios artículos que hablan de cómo construir buenos personajes (y si no lo habéis hecho estad atentos a este blog, que pronto habrá una serie dedicada a la creación de personajes), de cómo hacer que el lector se enganche a ellos. Las reglas son pocas,  muy concretas, y JK las conoce y las aplica.

Harry, el héroe maltratado

En primer lugar, crea un héroe marginado, maltratado. En este caso es un chico huérfano que entronca con la tradición británica comenzada por Dickens. Si hubiera que escoger tres huérfanos de la literatura anglosajona, si de ello dependiera que ganásemos 50 millones de Euros, ¿cuáles se os pasarían por la cabeza? En efecto: Oliver Twist, David Copperfield y Harry Potter. Unos pobres niños solitarios dejados de la mano de Dios, hambrientos, extraños y, desde luego, fuera de lugar. A Harry le falta la gorra de pana, pero a cambio tiene una cicatriz en forma de relámpago que cruza su frente, la cicatriz que puso allí el malvado Lord Voldemort el día que mató a sus padres. Una marca que simboliza la lucha entre el bien el mal, entre el odio y el amor. Una marca que dice que el amor vence, sí, pero no a cualquier precio.

Hasta aquí vamos bien: Harry, que vive bajo la escalera, que es torturado por su primo el egoísta y por sus tíos, cuya vida real le ha sido ocultada, que estuvo a punto de morir a manos del mago más malvado que ha dado la faz de la tierra, debe salir de su mundo ordinario y conocer el mundo mágico, al que en realidad pertenece.

Harry el perfecto

El motivo del éxito de Harry Potter - Harry el perfectoAquí ya la Rowling patina. Y es que Harry, que no ha tenido más ejemplo a seguir que el de su familia, resulta ser un tipo humilde, generoso, de gran corazón, mente inusualmente abierta, inteligente, con gran capacidad de deducción  y además talentoso. Vale, al principio se muestra un poco tímido; pero en líneas generales es una mosquita muerta de gran calibre. De todas formas, como lectores, vamos cayendo en la trampa. Al fin y al cabo, no sabe nada del mundo nuevo en el que se adentra, ni es tan listo como su amiga Hermione, ni tiene una familia amorosa como la de Ron, ni parece que todo le vaya a sonreír; de eso se encargan los serpientes verdrigrises con Malfoy y Snape a la cabeza.

El terrible error en la construcción de Harry Potter

Harry es, el pobre, un caso claro de Mary Sue: esos trasuntos de autor en los que los escritores vuelcan todas las virtudes que quisieran tener y ninguno de los defectos que podrían hacerlos humanos. Diréis que Harry sí tiene debilidades: todas las derivadas de su deseo por pertenecer a una familia estructurada, por ejemplo. Además, se siente inseguro, la fama le hace sentir incómodo… Pero no es verdad, no son debilidades. Si os fijáis bien, lo malo en Harry Potter es lo que le sucede mientras que lo bueno es lo que es: huérfano pero buena persona; novato en el quiddich pero con talento innato.

No, querida JK Rowling, Harry sufre de un serio desequilibrio de diseño. Hablaremos más adelante de los motores de la historia a nivel de ideología, principios, etc. Pero cabe adelantar ahora que cuando Harry rompe las normas, todo se confabula para que esa rutura del código juegue a su favor, al menos en lo que respecta a la moral. Ocurre lo mismo cuando incumple órdenes directas (vamos, que le regalan una escoba en lugar de castigarle y eso se debe a su talento innato como jugador). El mundo de Hogwarts se pliega alrededor de Harry, y esto, para los lectores de más de once años, resulta un poco empalagoso…

En unas semanas hablaremos de Hermione, Ron y otros chicos del montón 😉

Aquí una guía para identificar a Mary Sue

Los 9 pasos para escribir una sinopsis que enganche

Cómo escribir una sinopsis, y que sea buena

El primer factor en la compra de una novela es el nombre del autor. El segundo es el género de la novela. El tercero es la sinopsis.

Cuando entramos en una librería solemos seguir siempre el mismo ritual: En primer lugar, nos vamos a la sección en la que están nuestros libros favoritos: novelas de terror, o de aventuras, o policíacas, o de fantasía, o… A continuación, si vemos el libro de algún autor que conocemos, que ya hemos leído y nos ha gustado, lo cogemos de inmediato y le damos la vuelta. El siguiente paso es leer la sinopsis. Y es con ella con la que tenemos que enganchar al lector. Pero, ¿cómo escribir una sinopsis atractiva y que cumpla el objetivo de vender tu libro? Voy a intentar explicarlo en 9 pasos.

1) Sé breve:

Una buena sinopsis no debería tener más de doscientas cincuenta palabras, así que es importante que conozcas los puntos principales de tu historia, aquellos que llevan el peso de la acción y, por lo tanto, la hacen atractiva para poder presentársela a los lectores de forma concisa.

2) Céntrate en la trama principal de tu historia:

Está muy relacionado con el punto anterior. Si empiezas a hablar de tramas secundarias, tu sinopsis será muy larga. Céntrate en lo verdaderamente importante de tu narración: personaje principal + trama principal.

3) Muestra claramente el conflicto principal de tu historia

El conflicto es la cuestión a resolver en tu novela, el enfrentamiento entre protagonista y antagonista; cuanto más interesante sea este, más atraparás al lector. Debes mostrarlo en la sinopsis precisamente para enganchar al lector; provocarle interés por saber qué está ocurriendo en ese libro.

4) Empieza con una frase impactante

Al escribir una sinopsis recuerda que debes impactar al lectorOlvídate de empezar de este modo: “Año 1095, el Papa Urbano envía la petición de iniciar la guerra santa.” Así creas el marco, sí, pero no enganchas al lector. Fíjate en la diferencia: “Alfonso es obligado a ver cómo unos soldados sarracenos saquean su casa y fuerzan a su mujer. Tras lograr sobrevivir de forma milagrosa, decide unirse a la Primera Cruzada”. Has establecido el marco, pero has planteado una situación interesante, algo que puede enlazar al lector con el personaje. Una regla de oro: La sinopsis debe enganchar desde la primera frase.

5) Evita perderte en generalidades

Muestra puntos clave de tu trama. Presenta el personaje principal en situaciones difíciles. ¡Pero ten cuidado de no desvelar más de la cuenta! En una sinopsis están terminantemente prohibidos los spoilers.

6) Apela a los sentimientos

Cómo escribir una sinopsis: Apela a los sentimientosEl fin de toda novela es crear emociones en el lector. Ese trabajo debe empezar en la sinopsis. Consigue que el lector sufra, o se enamore, o se indigne, o cualquier otra cosa, desde la sinopsis.

7) Usa un lenguaje directo

En la sinopsis no tienes que enamorar al lector con recursos literarios. Tienes que enamorarlo de la historia. Cuanto más directo seas, mejor llegará el mensaje al lector.

8) No olvides el objetivo de la sinopsis

Al escribir una sinopsis nunca olvides cuál es tu objetivoLo que pretendes con la sinopsis es que el lector quiera leer más. No cuentes toda tu historia en la sinopsis. Lo que quieres hacer en ella es abrir expectativas para que el lector desee leer la novela. Por tanto, plantea cuestiones a resolver, (no tiene por qué ser directamente por medio de preguntas), pero no ofrezcas las respuestas.

9) Reescribe

Como con cualquier otra cosa que escribas, la primera versión no será la definitiva. Lee y edita varias veces tu sinopsis; acércate a ella con ojo crítico. Plantéate si tú comprarías un libro tras leerla y, cuando estés satisfecho, pásasela a gente de confianza, alguien que tenga buen criterio y pueda ser crítico con ella para resaltar los puntos fuertes y poner en evidencia los puntos débiles.

Cuéntame: ¿Tienes problemas a la hora de escribir una sinopsis? ¿Quieres compartir la de tu novela?

Cómo utilizar el gerundio: Sufriendo con el gerundio (Primera parte)

cómo utilizar el gerundio
En la foto, Camilo José Cela jodiéndonos la vista a todos

Cuentan que en una de las sesiones en las que se debatía el proyecto de Constitución en el Senado, allá por 1977, el entonces senador y años más tarde premio nobel de literatura Camilo José Cela se dejó vencer por el sueño. El presidente de la Cámara, Antonio Fontán, consiguió llamar su atención y le reprochó que se hubiera quedado dormido. Cela protestó y aseguró que él no estaba dormido, sino durmiendo.

Cuando Fontán le dijo que era lo mismo, el autor de La colmena respondió: «Pues no. Como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo».

Todos sabemos cómo era el escritor gallego y que es muy posible que se hubiera inventado esta anécdota no recogida en los diarios de sesiones del Senado. Sin embargo, creo que sirve para enseñarnos un par de cosas sobre el tema que nos ocupa: la primera, que el gerundio implica acción; la segunda, lo importante que es saber cómo utilizar el gerundio. En caso contrario, estás jodido.

Tonterías aparte, el gerundio es uno de los recursos lingüísticos que más quebraderos de cabeza nos produce a la hora de escribir; tanto que algunos autores recomiendan prescindir por completo de él. El abuso en su empleo, como decía María Moliner, «revela siempre pobreza de recursos y su uso en algunos casos es incorrecto». Sin embargo, bien utilizado nos puede sacar de más de un apuro y a veces resulta imprescindible. Por eso, lo más aconsejable es ignorar medidas drásticas y aprender las reglas básicas para ver cómo utilizar el gerundio, que tampoco es tan complicado. Vamos a verlo.

Pero ¿qué es el gerundio?

Cómo utilizar el gerundioEs una de las formas no personales del verbo y se distingue por la desinencia -ndo unida a la raíz verbal a través de la vocal -a- en la primera conjugación (cantando) y el diptongo -ie- en la segunda y tercera (bebiendo, saliendo). Puede ser simple (amando) o compuesto (habiendo amado).

Y como ya os dije, la palabra clave del gerundio es «acción». Así que dejémonos de rollos teóricos y veamos cómo utilizarlo. ¡Al grano!

El gerundio y el sujeto

Por lo general, el sujeto del gerundio suele coincidir con el del verbo principal, como en el siguiente ejemplo:

El diputado defendió su punto de vista mostrando unos gráficos.

En este caso, el diputado es el sujeto que realiza las dos acciones. Es lo que se llama «gerundio conjunto o concertado». Si aparece en posición inicial o intermedia en la oración, se separa con comas:

   Mostrando unos gráficos, el diputado defendió su punto de vista.

            El diputado, mostrando unos gráficos, defendió su punto de vista.

Sin embargo, existe el  «gerundio absoluto o no concertado», que tiene sujeto propio y se separa siempre del resto de la oración con comas, sea cual sea la posición que ocupe. En cualquier caso, introduce una aclaración:

Aun estando yo a su lado, Ana estaba muerta de miedo.

            Ana, aun estando yo a su lado, estaba muerta de miedo.

            Ana estaba muerta de miedo, aun estando yo a su lado.

Incorrecto. Hay que evitar los casos de ambigüedad. Aunque la incorrección en este caso es discutible, hay gramáticos y manuales de estilo que recomiendan prescindir del gerundio en frases como la siguiente:

           Nos encontramos a María paseando con la vecina.

¿Que dónde está la ambigüedad? ¿Quién paseaba con la vecina, María o nosotros? En este ejemplo no queda claro. Si era María, podríamos decir, por ejemplo, Nos encontramos a María, que paseaba con la vecina. Pero si éramos nosotros, mejor sería Nos encontramos a María cuando paseábamos con la vecina. O podemos cambiar el orden de la frase y decir Paseando con la vecina, nos encontramos a María.

El gerundio y el tiempo

Cómo utilizar el gerundio
Ojo a la lógica: No puedes estar cantando y tocando la trompeta a la vez

La acción del gerundio debe ser anterior o simultánea a la del verbo principal.

Ejemplos:

Anterioridad

          Me atraganté riendo a carcajada limpia.

En este caso, al sujeto primero le da la risa y después se atraganta.

Simultaneidad

          Paco entró en la habitación saludando a todos los presentes.

En esta oración, Paco realiza dos acciones a un mismo tiempo.

 

Incorrecto. El llamado «gerundio de posterioridad», en el que la acción que indica es posterior a la del verbo principal.

          El chico pasó una temporada en Barcelona, viviendo después en Bilbao.

Lo correcto sería: El chico pasó una temporada en Barcelona y vivió después en Bilbao.

¡Ojo! Respecto a esto hay que decir que en la Nueva gramática de la lengua española de la RAE (apdo. 27.3.1d) se admite este uso cuando la acción posterior es tan inmediata que casi se puede entender como simultánea a la principal (Tiró el vaso contra la pared, rompiéndolo en mil pedazos), así como cuando el gerundio expresa la consecuencia de esta (El fuego se propagó rápidamente, forzando a los habitantes a abandonar sus casas). Sin embargo, lo más aconsejable es prescindir del gerundio en estos casos para asegurarnos de no cometer errores.

El gerundio y el modo

Cómo utilizar el gerundioPor lo general, el gerundio expresa la manera, el modo en el que realizamos la acción.

Una forma muy sencilla de reconocerlo es preguntando «¿Cómo?» al verbo principal:

          Encontré las gafas rebuscando en todos los cajones.

¿Cómo encontré las gafas? Pues rebuscando en todos los cajones. Sencillo.

Incorrecto. En los ejemplos anteriores hemos visto que el gerundio suele tener valor de adverbio. Se considera erróneo utilizarlo a modo de adjetivo, es decir, tal y como dice  la Nueva gramática de la lengua española, «para distinguir a un individuo de otros semejantes». Veamos un par de ejemplos:

           Necesitamos un piso teniendo ascensor.

          Usted recibirá una caja conteniendo muestras de nuestros productos.

En estas oraciones el gerundio no se refiere al sujeto de la acción principal, sino a los sustantivos piso y caja. Lo recomendable en estos casos es utilizar fórmulas como  «que + verbo» o sustituir el gerundio por alguna preposición:

           Necesitamos  un piso que tenga ascensor.

          Usted recibirá una caja con muestras de nuestros productos.

Excepción. Se permite el uso de ardiendo e hirviendo como modificadores de un sustantivo. Por lo tanto, los siguientes ejemplos serían correctos:

  El niño está enfermo, tiene la cara ardiendo.

          Me cayó encima agua hirviendo.

Cómo utilizar el gerundioOtro gerundio considerado incorrecto y relacionado con el anterior es el «partitivo», que lo que hace es modificar una parte separada de un conjunto o un todo. Vamos a aclararlo con un par de ejemplos:

  Somos seis hermanos, siendo Ana la menor.

          Había muchos candidatos para el puesto, estando Carlos entre ellos.

En la primera frase tenemos un todo (seis hermanos) del que separamos una parte y la modificamos con un gerundio (siendo Ana); en la segunda, el todo son los candidatos y nos fijamos en uno de ellos, Carlos. Veamos cómo escribir las oraciones anteriores de manera correcta:

Somos seis hermanos y Ana es la menor.

            Había muchos candidatos para el puesto, Carlos entre ellos.

Conclusión sobre el uso del gerundio

Bueno, con esto llegamos al final de esta primera parte de nuestro estudio del gerundio. Creo que para empezar es suficiente y si os atenéis a lo explicado no vais a encontrar demasiados problemas para saber cómo utilizar el gerundio, pero antes de despedirme hasta el próximo artículo, voy a recordaros lo que suelen recomendar los gramáticos en este caso: ante la duda de si su uso es correcto o no, lo mejor es abstenerse.

Literatura Árabe: Desiertos, océanos, ciudades y oasis.

Cuando nos planteamos la posibilidad de escribir una serie de artículos hablando sobre literatura árabe se desplegaron ante mí 1500 años de Historia. ¿Por dónde empezar? Una posibilidad era establecer una línea cronológica, comenzar por el principio, establecer relaciones de continuidad o ruptura, analizar los procesos que convierten a una sociedad tribal y beduina en una civilización que nos ofrece algunas de las obras más importantes de la literatura universal, aunque el canon occidental no siempre las tenga en cuenta, como tendremos ocasión de comprobar si os animáis a acompañarnos en nuestro viaje.

Otra posibilidad era entrar en la Tardis e ir saltando de época en época, de género en género, de país en país. Podríamos discutir si la inaudita belleza de la prosa coránica es literatura o no lo es -y ya os adelanto que este debate sigue provocando grandes quebraderos de cabeza-. O bien asomarnos al siglo XII y descubrir a Pedro el Venerable, abad de Cluny, en su aventura por tierras riojanas mientras buscaba colaboradores para realizar la que sería la primera traducción del Corán al latín. Incluso podríamos cruzarnos con los poetas del desierto preislámico, sentarnos con ellos alrededor de una hoguera y escucharles recitar los largos poemas que conformarán el registro histórico de los árabes.

Es posible que después de una jornada beduina evocando amores perdidos junto a los restos del campamento quisiéramos conocer a Imru al Qays (s.VI), conocido como el príncipe de los poetas, el rey errante, el hombre cubierto de úlceras. Aficionado al vino y a los placeres más variados hasta que el asesinato de su padre le llevó a una vida en busca de venganza a través de Arabia. De cómo llegó hasta Bizancio, pidió ayuda al emperador Justiniano y se vio envuelto en las intrigas palaciegas que le condujeron a un trágico final tendremos ocasión de hablar en otro momento.

¿Preferís un salto más grande en el tiempo? Nos encontraremos cara a cara con Napoleón en el momento en que decidió llevar la imprenta a Egipto. Corría el año 1798 y la historia de la literatura en el mundo árabe estaba a punto de cambiar como consecuencia de este hecho. Y, ¿qué os parecería recorrer las calles de Bagdad en tiempos del califa Harun Al-Rashid, protagonista de algunas de las historias de las Mil y una noches?

La literatura árabe y las ciudades

A pesar del carácter nómada y de la estrecha relación del mundo árabe con el desierto, la importancia de sus ciudades y de la cultura urbana es innegable y debe ser reivindicada hoy en día, cuando la mayoría de las urbes que a lo largo de la historia de la humanidad han acogido peregrinos, sabiduría, ciencia, arte… están siendo devastadas por la barbarie y la guerra.

Literatura árabe
Harun Al Rashid y Carlomagno. Julius Köckert (1827-1918)

El Cairo, la madre de todas las ciudades, es la musa de Naguib Mahfuz, el único premio Nobel de literatura en lengua árabe. Bagdad, Alepo, Damasco, Beirut, Basora… Todas ellas deberían ser patrimonio cultural y emocional de occidente, ya que, gracias a ellas y a su obsesión por el saber, llegaron hasta nosotros algunas de las obras más importantes de la tradición clásica.

Parece un largo viaje, en realidad. Pero es que el concepto de viaje es un rasgo ineludible en el carácter araboislámico. No en vano la peregrinación a la Meca es uno de los cinco preceptos del Islam. Todo buen musulmán, con buena salud y buena economía, debe viajar a la ciudad sagrada una vez en la vida. ¿Os imagináis un viaje así en el siglo XI? ¿Y os imagináis que el punto de partida fueran Tánger, Granada o Ávila?

Rihla: la primera literatura de viajes

La literatura de viajes recibe en árabe el nombre de rihla. Esta palabra, de hecho, quiere decir viaje por etapas y su significado se amplía a la narración que se hace de dicho viaje. Surge precisamente en el occidente del mundo islámico en el momento en que viajeros inquietos parten con la idea de cumplir con la peregrinación preceptiva y por el camino toman nota de lo que se van encontrando: paisajes, costumbres, religiones, lenguas, ciudades… Todo llama la atención de nuestros curiosos viajeros y de este modo se va configurando un género propio que representa una testimonio riquísimo de cómo era el mundo entre Marruecos y China entre los siglos XI y XV.

Literatura árabe, el viaje como medio literario
Primer viaje de Ibn Yubair de Ceuta a La Meca

Uno de los autores de rihla que debemos conocer es el valenciano Ibn Yubair (1145-1217). Mientras viaja de Ceuta a la Meca narra minuciosamente la situación en la que se encuentra el Mediterráneo en aquella época, las relaciones entre cristianos y musulmanes, las políticas de Saladino en Egipto… Describe las Pirámides sin ser capaz de entender para qué servían. Nadie sabe lo que son, salvo Dios, poderoso y grande, afirma sobrecogido.

Ibn Battuta, el gran viajero

Y aunque se le considera el iniciador de este género literario, el nombre que ha llegado hasta nuestros días como autor de la gran rihla es el de Ibn Battuta (Tánger, 1304-1368). A Ibn Battuta se le suele llamar el Marco Polo árabe, aunque en realidad recorrió muchos más kilómetros que el italiano. Salió de Tánger con 21 años, en solitario, con la intención de llegar a la Meca, y no regresó a casa hasta 24 años después. Os podéis imaginar las muchas y variadas aventuras que tuvo ocasión de vivir en su largo peregrinaje. Anécdotas, descripciones de templos y lugares, sucesos históricos, historia natural, folclore, milagros y maravillas… nada escapaba a la vista de Ibn Battuta. Aunque debemos saber que no fue él quien puso su relato por escrito, si no que se lo encargó al poeta andalusí Ibn Yuzayy y que se trata de un ejercicio de remembranza salpicado de bastante imaginación poética. Quizás podamos extendernos sobre este tema en otra ocasión.

Pero no podemos finalizar este breve apunte de lo que es el género rihla sin hablar de los mudéjares. Recordemos que los mudéjares eran los musulmanes que vivían en territorio cristiano mientras los reinos cristianos avanzaban en su control hacia el sur de Al Andalus. Y así es como nos encontramos con la rihla de Omar Patún y Mohammed del Corral, musulmanes castellanos que salieron de Ávila con dirección a La Meca en el otoño de 1491. Su maravilloso y complicado viaje duró cuatro años y es uno de los textos aljamiados –escritos en castellano pero caracteres árabes-  que se conservan en la Biblioteca de las Cortes de Aragón, en Zaragoza.

La rihla de Ibn Battuta ha sido traducida al castellano por Serafín Fanjul y Federico Arbós y se puede encontrar bajo el título de A través del Islam en la editorial Alianza. Existe también una magnífica traducción al catalán a cargo de Margarida Castells y Manuel Forcano titulada Els viatges d’Ibn Battuta, en la editorial Proa.

Quizás os hayáis quedado con las ganas de saber cómo sobrevivió Ibn Battuta a una indigestión de melones o a la peste negra en Damasco, o quizás preferirías saber quién envenenó a Imru al Qays en la corte del emperador Justiniano. O tal vez queramos tener presente el Bagdad de las Mil y una noches y a aquella princesa que salvó su vida explicando cuentos: ¿Y qué es esto en comparación de lo que os contaré la próxima noche si vivo y si el rey me concede gracia?

Contemplemos pues los restos del campamento, tomemos un último té y prosigamos con nuestro viaje. Quién sabe las maravillas que nos esperan…

 

Los seis pilares básicos de la novela: Qué debe tener una novela.

Se tiende a pensar que escribir es algo más o menos fácil: si tienes una buena idea, es suficiente. Con eso puedes ir a cualquier sitio… Pues te lo digo ya: con eso vas directamente abocado al fracaso. Y es que la idea es importante, no lo vamos a negar, pero una novela es mucho más que eso. En mis talleres de escritura creativa suelo empezar explicando que si quieres que tu novela funcione, no puedes perder de vista los seis elementos clave para una novela de los que os vamos a hablar. Qué debe tener una novela para que funcione?

La Estructura de la Novela

Los pilares básicos de la novela
En “Cartas a un joven novelista”, Vargas Llosa habla de los pilares básicos de la novela

Si te preguntas qué debe tener una novela, ten claro lo siguiente: La novela tiene un principio, una mitad y un final.  Lo que acabo de decir parece una tontería, pero en realidad no lo es, y muchos autores principiantes han fracasado precisamente por no tener en cuenta esta verdad tan simple. A estas tres partes de la novela se le suele llamar planteamiento, nudo y desenlace.

Mario Vargas Llosa decía en su “Cartas a un joven novelista” que “La estructura de la novela es la organización de los materiales de los que consta dicha novela”. A esa estructura también se le llama “Relato”. Por supuesto, hay que diferenciar entre el Relato (estructura de una narración) y el Relato (cuento). En este artículo vamos a estar hablando del primero de ellos.

Así pues, un relato contiene diferentes materiales. ¿Cuáles son?

¿Qué debe tener una novela?

Igual que para construir un vestido necesitas tela, tijeras, aguja, hilo, patrones, etc., para construir tu novela no te basta solo con la idea. Para construir una novela que funcione, que no se quede coja, que atrape al lector y lo lleve con interés desde el principio hasta el final, tienes que crear la historia, el argumento, los personajes, el conflicto, los obstáculos y el clímax. Esto es el ABC de la narrativa, aspectos que trabajo mucho en mis cursos de escritura.

Si tienes muy buen argumento pero la historia es insulsa, tu novela no funciona. Si tienes un gran personaje pero el argumento falla, tu historia no funciona, y así podemos seguir con cada uno de ellos. Vamos a ver qué es cada uno de estos elementos.

La Historia

 

Qué debe tener una novela
Plantarte una cronología de hechos para narrar te ayudará a ver si lo que vas a contar en tu novela es interesante

Si buscamos en la RAE la definición del término “historia” nos da varias acepciones que muestran con claridad de qué estamos hablado. Una historia es la narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados. Un conjunto de acontecimientos que se narran.

Es evidente entonces que todo relato tiene una historia, una sucesión de hechos que debemos ir desgranando a lo largo de nuestra novela. A medida que el lector pase las páginas van a ir ocurriendo cosas. Evidentemente, nuestra novela será más interesante cuanto más impactantes, sorprendentes o emotivos sean los hechos que vamos narrando.

El Argumento

De nuevo, la RAE nos puede dar una idea de lo que hablamos. Según la Real Academia, el argumento es el asunto, la materia de la que trata una obra. Dicho así puede parecer un poco genérico, de manera que vamos a tratar de afinar un poco más.

El argumento es lo que hace que una historia sea interesante; es esa especie de pegamento especial que va a dar consistencia a todo lo que ocurre. En Factoría de Autores tenemos una máxima: Los motivos son importantes. Y eso es el argumento: el motivo por el que ocurren las cosas. Vamos a ilustrarlo con un pequeño ejemplo:

 

Imagina que has quedado con tu pareja para ir al cine, digamos, a las 8.00 y, aunque suele ser puntual, hoy no llega… Son las 8.15, las 8.40, las 9.10 y no viene. No solo no viene, sino que no contesta mensajes ni llamadas. Te preocuparías, ¿no es verdad? Aún no sabes por qué no ha venido. Solo conoces el HECHO (la historia): tu pareja no viene.

Y del motivo, del argumento, por el que no venga, dependerá que la historia tome un camino u otro. Tal vez se desvele que tu pareja se ha quedado dormido porque ha tenido un día especialmente difícil. O tal vez se descubra que al final ha sucumbido a quien le hacía proposiciones en la oficina para mantener relaciones sexuales, o puede que haya sufrido un accidente terrible mientras acudía a la cita y se encuentre en el hospital…

¿Entiendes ahora qué es el argumento? Cuanto más poderoso sea el motivo por el que ocurren las cosas en tu novela, más enganchará al lector.

Los Personajes

Es evidente que los personajes son parte clave de una novela. Tienen que ser carismáticos, lograr que el lector empatice con ellos, conseguir llevar sus emociones a la persona que está sentada cómodamente en su sofá. Lograr todo eso no es nada fácil, de hecho, la construcción de personajes suele ser uno de los elementos en los que más tiempo invierto en mis novelas, y desde luego forman parte crucial de la mayoría de los cursos de escritura creativa que he impartido a lo largo de los años.

El Conflicto

Qué debe tener tu novela
El conflicto es el motor de tu novela. Asegúrate de que sea potente

Podemos definir el conflicto como la lucha que se plantea entre el protagonista y el antagonista por obtener aquello que desean. Por supuesto, hay diferentes tipos de conflictos, de los que ya hablaremos más adelante, y la definición que acabo de darte es muy genérica, aunque válida.

Un ejemplo claro en el que estudiar a los personajes y los conflictos sería el de Hamlet. En la obra de Shakespeare observamos como Hamlet tiene conflictos internos evidentes, al tiempo que una serie de conflictos con otros personajes.

Hay que ser cuidadoso a la hora de plantear el conflicto, porque las dos fuerzas rivales tienen que tener posibilidades de salir victoriosas y deben enfrentarse con pasión pese a las consecuencias que eso pueda acarrear.

El conflicto plantea la verdadera cuestión a resolver en la novela.

Los Obstáculos

En la vida real, las personas buscamos la felicidad. En la ficción también, pero debemos poner obstáculos para que nuestros personajes no encuentren la dicha con facilidad.

Es evidente que el tipo de obstáculos dependerá del género que estemos escribiendo: Si es thriller de aventuras, los obstáculos tipo Indiana Jones serán perfectos; peleas a puñetazos, desafíos intelectuales, grupos de desalmados a los que vencer… Sin embargo, si escribimos novela romántica probablemente los obstáculos se centrarán en la diferencia de clases entre los enamorados o las presiones por parte de las familias o el entorno para que la relación no llegue a buen puerto.

El Clímax

Por fin, tras varios cientos de páginas, normalmente, llegamos al momento en el que nuestra historia debe resolverse. Ese conflicto debe zanjarse con un vencedor claro, que no tiene por qué ser el protagonista, dicho sea de paso.

Normalmente, la tensión ha ido subiendo a lo largo de la obra hasta un punto de no retorno, un momento en el que ambos bandos se enfrentan en una batalla final en la que se decidirá el destino de los personajes, la historia dará un giro final y uno de los dos bandos claudicará para llegar a la paz final.

A partir de ese instante, el lector debe sentir la desesperación por conocer el final, es cuando en algunas ocasiones se dice que “no podía dejar de leer”. Quiere conocer el final porque va a definir lo que sucederá con los personajes con los que se ha identificado a lo largo de la lectura. Es lo que suele llamarse “escena obligatoria”. Es el desenlace de la historia.

Recuerda: plantéate qué debe tener una novela antes de empezar a escribirla. Así conseguirás tener un objetivo claro.

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