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Es la hora de intentar que nos publiquen. Como ya hemos comentado, hay diversas formas para intentarlo aunque, invariablemente, tendremos que enviarla a alguien para que decida si se gasta los euros en publicarla o no. Porque, no nos engañemos, esto es un negocio y de lo que se trata es de ganar dinero. He de decir, además, que la editorial NO es quien más dinero gana con la venta de libros… pero bueno, eso es otra historia.
De lo que se trata es de convencer a una persona que normalmente no nos conocerá de nada, y menos aún si somos un escritor novel, para que decida gastar SU dinero para que nuestro nombre aparezca en el lomo de cartoné de un libro impreso. Y como nosotros hay cientos que ya le han enviado su novela.
Por tanto, hay que intentar ser más inteligente que todos esos “rivales”. Así que toca pensar.
Bien, pensemos pues. Imaginemos que somos nosotros quien va a comprar un libro a una librería. No buscamos uno concreto, vamos sencillamente a ver qué nos traemos a casa de la librería. Nos encontramos con cientos, miles de volúmenes, todos puestos en fila. Normalmente, lo que haremos será irnos a la sección en la que se encuentren los libros que tratan los temas que más nos gustan, o que nos apetece leer: novela histórica, romance, fantasía, thriller, policiaco…
Una vez allí, cogemos uno. No suele ser al azar. Algo nos llama la atención, normalmente la portada o el lomo, el tipo de letra del título, o el título en sí mismo. Cuando lo tenemos ente las manos, el 90% de las veces lo primero que hacemos es ver quién escribió aquello. Lo segundo es darle la vuelta y leer la sinopsis. Y (y este condicional es muy importante), si la sinopsis nos ha parecido interesante abrimos las primeras páginas y comenzamos a leer. Y (y este condicional es importante, aunque menos), si nos gusta lo que leemos, pasamos varios cientos de páginas y volvemos a leer un párrafo, esta vez sí, al azar.
Si nos gusta lo que leemos, si nos parece interesante, si nos ha hecho vibrar algo dentro de nosotros, y (de nuevo un condicional), si pensamos que el valor del libro es más bajo de lo que puede hacernos disfrutar, tal vez (y esto es lo más importante de todo), compremos el libro.
Acabamos de convertirnos en editores.
Eso es el proceso reducido y simplificado que sigue una editorial. ¿Queremos que nos publiquen? De acuerdo, pues hay que jugar con sus reglas.
Regla nº I
Seleccionar.
No hay una sola editorial (ni agencia) que publique todo tipo de historias. Algunas tendrán línea juvenil y otras no. Algunas tendrán línea de novela histórica y otras no (aunque parezca mentira). Algunas tendrán línea de fantasía y otras no. Y hay muchas que están especializadas en una de esas líneas y que prácticamente no publican otra cosa.
De modo, que si escribimos novela juvenil y la enviamos, por ejemplo, a Edhasa es más que probable que nos la rechacen, aunque les guste la novela, pues es una editorial especializada en historia y, aunque tiene colecciones donde nuestra obra podría encajar, su presupuesto para esa colección será más reducido y lanzarán menos obras al año, por lo que elegirán para ello autores conocidos.Regla nº II
El Título.

Es lo más importante de nuestra obra. Si no tiene un título que enganche, que sea evocador, que llame la atención, QUE DIGA ALGO!!!!, lo tenemos mal.
Un ejemplo: Cumbres Borrascosas. Por Dios… ¡¡¡¡si lo dice todo!!!! Te sitúa en el lugar en el que sucede la acción y ya te dice qué tipo de novela vas a leer: no va a ser una historia romántica, desde luego.
Otro ejemplo: El Hobbit. ¡¡¡¡Pero si no dice nada!!!! ¿Quién, que no conozca la obra de Tolkien, sabe qué demonios es un Hobbit?
Y sin embargo, los dos títulos hacen que te sientas atraído por el libro, ¿o no?
Pues eso… a cuidar el título. Personalmente (esto es deformación personal) creo que los títulos cortos son mejores que los largos. Porque son más contundentes, porque dicen más (aunque no digan nada) que un título largo que intente explicar algo. El propósito del título no es explicar, es hacer que te acerques a la explicación.
Ya llevamos un buen rato pensando, y sólo hemos tratado dos de las reglas que hay que tener en cuenta. ¿Descansamos un poco?