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Y un buen día, normalmente varias semanas, o mejor varios meses después de haber mandado la carta de presentación, si la agencia o editorial a la que la enviamos considera que lo que ha leído le resulta interesante, nos encontramos en la bandeja de correo un mensaje en la que nos dicen que les ha gustado lo que han visto y quieren que le enviemos la obra completa para valorarla. O recibimos una llamada de teléfono, aunque esto es más raro.

Creedme… ese será el primer subidón de moral en nuestra recién iniciada carrera literaria. Suele ocurrir además que ese mensaje llega el día menos pensado, cuando estamos convencidos de que nos van a decir que no. Hay casos, desde luego, en que la respuesta es muy rápida, y en cuestión de una semana o menos la agencia o editorial deja claro su interés. Pero esto no es lo habitual.

Total, que tras leer el mensaje o repasar la llamada quinientas veces con la emoción a flor de piel y una expresión de bobalicón absoluto, comenzamos a pensar que la novela no está terminada, que deberías volver a repasarla de nuevo, que seguro que tiene mil y un detalles que mejorar antes de enviarla…

Pero, ¡ay! Se te ha terminado el tiempo. Te han pedido la obra completa, y será mejor que la envíes pronto, porque el interés, y la paciencia, de las editoriales es limitado. Y voluble. De modo que hay que aprovechar el recién despertado interés.

Y no sólo eso: hay que estimularlo.

Y eso pasa por una nueva carta.

A esta segunda carta se le suele llamar propuesta editorial, aunque en realidad se trata de ahondar un poco más (bastante más) en los aspectos en los que ya incidimos en la primera. Hay que demostrar que sabemos lo que decimos, y lo que escribimos, y que conocemos el mundillo editorial. Y es importante hacerlo.

¿Cómo hacerlo? Pues aportando información veraz y contrastable. Por ejemplo, podemos buscar información en el gremio de editores de España. Hay informes muy detallados. Muchos de los datos que aparecen no nos sirven para nada. Otros, pueden ser incluso perjudiciales. Pero incluso así se les puede dar la vuelta y utilizarlos en nuestro provecho.

Os pongo un ejemplo: imaginemos que nuestra obra es una novela de fantasía juvenil. Bien, pues en un informe que presentó el gremio de editores del que os hablo, se comenta que el sector de mayor hábito de lectura son las mujeres de hasta 34 años, universitarias, etc… Los jóvenes de entre 14 a 24 años, es decir, el sector al que va dirigido el libro, aparece no como lector habitual, sino como lector ocasional. Pero, ese mismo informe indica que, cuanto menor es la tasa de edad, mayor es el porcentaje que lee habitualmente, llegando a superar el 70% de los encuestados.

Imaginad el impacto de esta línea en la mente del agente/editor:

Me gustaría presentarle algunos datos, que no sé si conocerá, del informe XXX presentado por YYY:

– La tasa de lectura es más elevada cuanto más joven es el grupo de edad. Así entre los jóvenes de 14 a 24 años alcanza el 72,1%, un 66,1% entre las personas de 25 a 34 años.

Le estamos diciendo que 7 de cada 10 jóvenes de entre 14 a 24 años y 6 de cada diez de los comprendidos entre 25 a 34, son lectores potenciales de nuestra obra. Así, sin más. Eso es lo que queda en la mente del editor. Por supuesto, son lectores potenciales, no reales. Algunos ni siquiera se interesan por el tipo de novela que presentamos, pero están ahí, son una realidad. Y el editor es una persona que se mueve en el mundo real y necesita datos reales.

Es evidente que es este último dato el que tenemos que reflejar en nuestra carta, pues es el que nos interesa, y no que las mujeres leen más que los jóvenes. Le estamos dando al editor el sector al que va dirigida la obra, y le recordamos (porque él ya lo sabe) que el nicho de mercado es enorme. Y además, dejamos claro que nosotros también sabemos de lo que hablamos, que no estamos perdidos, que somos personas que TRABAJAN para saber qué hacer y cómo hacerlo. Y un escritor que se tome la escritura como un trabajo, es algo importantísimo para el editor.

Se puede incluso tratar el tema de las películas que se encuadren en el mismo género que nuestra novela y que generan miles y millones de € en beneficios. No significa eso que nuestra obra vaya a ser llevada al cine, pero sí que la gente, el público, se interesa por ese tipo de historias.

Por supuesto, debemos conocer a nuestros rivales directos. En nuestro país, la literatura juvenil mueve una gran cantidad de títulos todos los años, no hay más que acercarse a la Casa del Libro, o el Fnac, o El Corte Inglés… podremos ver estanterías y más estanterías, e incluso plantas enteras dedicadas a este género. Entre tantos títulos… ¿por qué tendría que decidirse el agente o editor por el nuestro? Pues ahí es donde debemos explicar en profundidad qué hace distinta a nuestra novela, explayarnos en ello.

¿Es un libro que tiene magia? Bien, pues ¿por qué es diferente a Harry Potter? Por ejemplo. Y si es de fantasía épica, ¿qué tiene diferente con respecto al Señor de los Anillos, o Crónicas de Narnia, o la Dragonlance, o Memorias de Idhum, o la Espada de Fuego, o…? ¿Qué aporta nuestro libro? ¿Qué tiene que pueda atraer a varios miles de personas para que lo compren, lo lean y lo recomienden? Si no lo sabemos, más vale que nos pongamos las pilas, porque si nosotros mismos no sabemos vender nuestro libro, ¿cómo lo va a vender el editor si llegara a comprarlo?

Otra cosa que debemos añadir es una sinopsis ampliada. De nuevo, no hay que contarlo todo. Hay que jugar con el lenguaje, crear expectación, presentar una historia interesante, con tramas secundarias, con personajes vivos que atrapen al lector. Desarrollar ampliamente la obra, sí, pero dejando una parte oculta, que invite a la lectura. Si le damos todos los detalles, todos los sucesos, todo lo que ocurre… le dejamos sin magia. Y el lector debe sorprenderse, debe dejarse llevar por la narración. Si esto no sucede porque ya ha andado el camino, será difícil que la obra le impresione lo suficiente como para adquirirla.

Es evidente que si tenemos algo publicado, colaboramos con alguna revista, o periódico, si tenemos algún tipo de crítica hacia nuestra obra publicada, etc… cualquier cosa que hable a favor de nuestro trabajo como escritores, hay que incluirlo en esta carta. Es necesario que se vea que nos tomamos el tema en serio, que no nos hemos sentado un día porque sí a rellenar una página en blanco, sino que detrás de eso hay una trayectoria. Incluso si somos noveles seguro que habrá quien haya leído nuestra novela. Podemos, por tanto, incluir los comentarios que nos hayan hecho.

La cuestión es venderse, venderse y venderse.

Evidentemente terminaremos nuestra carta agradeciendo el interés, diciendo que estamos a su disposición para cualquier consulta, reunión, entrevista, etc… que crean conveniente, que su experiencia y ayuda será de gran valor para nosotros,… en fin, ser agradecidos, y que se note que lo somos. No es lo mismo que hacer la pelota, claro. Es ser educados y sinceros.

¿O es que no os hace ilusión que un editor se interese tanto por vuestra novela como para pedírosla completa?