Esa es la sensación con la que acabé el sábado a las 4:01 h. de la mañana. Llevaba ante el ordenador unas 10 horas (casi sin descanso), pero no quería dejarlo…

Estaba escribiendo las últimas páginas de PECADO CAPITAL.

Empecé el proyecto a finales de Marzo, así que han sido 9 meses muy intensos. No sabéis cuánto. Para empezar, la historia, como siempre me pasa, se ha desarrollado por cauces que no eran los previstos cuando la descubrí y algo me empujó a escribirla. Fue durante un viaje a la ciudad de Lerma, dónde conocí a su famoso Duque, el maravilloso palacio que levantó en la villa, la singularidad de su historia, de su ascenso en la Corte española de Felipe III y su posterior caída en desgracia.

Pero también conocí allí la historia de otro hombre mítico para la historia de España: el Cura Merino, héroe de la guerra de independencia contra los franceses.

Tanto me impactaron los dos personajes y su entorno que decidí escribir sus historias. La idea original era enlazar la historia de ambos en una misma novela, narrando lo que ocurría en una época y otra de la historia mientras que el Duque iba levantando en Lerma edificio tras edificio, gastando una fortuna inmensa en ello mientras que España se encontraba en la más absoluta de las ruinas y el cura emboscaba a los franceses hasta el punto de desesperar a Napoleón.

Esa era la idea original.

Pero… ¡Ay!, las novelas tienen vida propia

Como tenía que comenzar a documentarme con alguno de los dos personajes, me daba igual cual, hice un rastreo por internet sobre libros que hablaran de uno y otro. Del Duque había más información disponible, así que me decidí a empezar por él. Y el primer libro que compré para iniciar la investigación: El Duque de Lerma, Realeza y Privanza en la España de Felipe III, le dio un vuelco total al planteamiento de la historia.

La vida política del Duque, y sus problemas personales y familiares, eran tan profundos, tan intensos, que la idea de centrar su historia en base a las construcciones en Lerma no se sostenía por ninguna parte. Aquellas construcciones eran el efecto, y no la causa, de la importancia del Duque.

No podía, por tanto, mezclar su historia con la del Cura Merino.

Durante un tiempo intenté casarlas, buscarles vínculos, tenía incluso pensado cómo se presentarían los cambios entre una época y la otra… Pero nada… la novela empujaba por otro lado y ante eso, amigos, hay que rendirse. Y hay que rendirse porque si fuerzas algo hacia dónde no quiere estar, el resultado es antinatural, la historia se resiente, deja de parecer verídica para convertirse en algo artificial y pierde toda la frescura, o la profundidad, que realmente debería tener.

Durante los tres o cuatro primeros meses prácticamente no escribí nada. Me dediqué a investigar, a leer, a tomar notas, a conocer a cada uno de los personajes que aparecen en la historia, porque absolutamente todos, menos una honrosa excepción, son personajes históricos, y lo que se cuenta acerca de ellos es cierto, o al menos, todo lo cierto que ha llegado hasta nuestros días.

Al final, los títulos de la bibliografía que he consultado para escribir esta historia suman un total de 48. No todos son libros, claro; hay muchos ensayos, artículos, documentos antiguos a los que pude acceder gracias a la maravillosa herramienta de Google Books… y evidentemente no he leído de cabo a rabo esos 48 títulos. Algunos sí, otros sólo los he consultado para buscar determinada información. Pero las horas dedicadas a la investigación de esta novela han sido innumerables, tres, cuatro o cinco veces más de las dedicadas a escribirla.

Y claro, como la obra va por dónde ha querido (aunque tenía un esquema de 40 folios que he seguido escrupulosamente con lo que debía ir contando en cada capítulo), el resultado es un tanto… ambiguo, extraño, no sé… Me explico: No se trata, desde luego, de una novela “al uso”. Me refiero a que no tiene una estructura novelesca, con sus descripciones sobre personajes, lugares y demás. Estas cosas existen, claro, a lo largo de la novela (existen de modo incluso fanático, porque me he negado a describir cualquier lugar o físico de persona de la que no tuviera una idea clara). Pero no es una novela del tipo a las que estamos acostumbrados. Sin embargo, no es tampoco una crónica de lo ocurrido, porque los personajes tienen una importancia terrible a lo largo de la novela. De hecho, todo lo que se cuenta es para explicar los motivos de por qué cada personaje actuó de tal o cuál forma. Tiene además, mucho de libro de historia, de divulgación histórica me refiero. Se habla con profundidad de los acontecimientos nacionales e internacionales que se suceden a lo largo de los años. Por ejemplo, la importancia de los problemas económicos está patente en todo el libro. También las relaciones internacionales. Hablo con muchos detalles y profundidad de temas como la Paz de Vervins, la guerra de Saboya, y de otros como la triunfal entrada de la Reina Margarita en Madrid con motivo de su boda.

Algunos tal vez crean que aportar tantos datos históricos sea un error, que puede apartar al lector de la obra. No estoy de acuerdo. Creo que, sin todo ese ambiente, sin conocer todos los detalles de lo que ocurría a su alrededor, sería imposible entender las motivaciones de los personajes. Y en esta obra lo importante son, sin duda alguna, los personajes.

Os pongo un ejemplo:

Francisco de Sandoval y Rojas comenzó su vida en la corte como Marqués de Denia. Pero su casa, aunque tenía una antigüedad mayor o al menos igual que la de Medina-Sidonia, u otras, se encontraba en la ruina. Y llevaba así varios siglos… Sin conocer cuál era la verdadera situación de la familia Sandoval, no podemos entender por qué Francisco se lanzó a degüello, a por todas, arriesgándolo todo por conseguir crecer en la Corte. Por eso, el primer capítulo, en primera persona, relata lo que ocurrió con la familia Sandoval desde antes de los Reyes Católicos hasta la aparición de Francisco de Sandoval. Una vez conocemos todos esos detalles, y vemos que Francisco toma la decisión de hacer CUALQUIER cosa por obtener en la Corte la posición que su familia merece, el entendimiento del personaje es total. Por supuesto, no significa que estemos de acuerdo con todo lo que hizo para conseguir sus objetivos. Pero podremos ponernos en su lugar y entender qué lo lleva a todo eso.

Y eso se puede aplicar a todos los personajes.

Ha sido, como digo, un proceso muy intenso, en el que muchas veces dudé de si sería capaz de sacarlo adelante. El esfuerzo ha sido enorme, en tiempo, dedicación y dificultad.

Alrededor de las 3 de la mañana del sábado me sucedió algo que, hasta ahora, no había sentido. Estaba en el momento álgido de la novela, cuando el Duque es… bueno, jejeje, el momento álgido de la novela, no daré detalles. Bien, en ese momento me invadió una tristeza inmensa, pude vislumbrar lo que sintió ese hombre en aquellos días que resultaron terribles para él. Sentí además cómo algunos de los personajes de la novela se asomaban a la pantalla del ordenador desde detrás de mi sillón, leyendo el desenlace de sus vidas. La sensación fue tan intensa que todavía ahora, escribiendo esto, los vellos se me ponen de punta. Algo muy, muy extraño.

La cuestión final es que terminé, al fin, mi tercera novela, sin duda, el proyecto más ambicioso y complicado que he iniciado hasta ahora. Durante el camino me he vaciado, como decía al principio. Me ha dejado agotado y exhausto, sin fuerzas para iniciar una nueva historia por el momento, aunque tengo ya la idea de lo que serán mis dos próximas novelas. Como le dije a un buen amigo cuando me comentó que iba a comenzar a escribir su primera novela, esto se trata de un veneno que se te mete en el cuerpo y ya no puedes parar.

Pero por ahora, tengo mi dosis de antídoto.