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El sábado amaneció un mal día, qué le vamos a hacer. La verdad, no creo que cogiera a nadie por sorpresa, ya el día anterior había estado lloviendo. La cuestión es que el sábado no paró, y encima, el aire vino a tomarse unas tapas con la lluvia. El resultado os lo podéis imaginar: La I Feria del Libro del Aljarafe desierta…

La verdad es que algo decía que la cosa no iba a salir demasiado bien… Para empezar, los carteles y dípticos en los que se anunciaba la mesa redonda mostraban una información errónea. En algunos de ellos no aparecía ninguno de los que íbamos a presentar la charla, en otros aparecían unos sí y otros no. No sé muy bien por qué pasó pero pasó, y no se trata de buscar culpables ni nada de eso, que al fin y al cabo no se acaba el mundo porque el nombre de uno aparezca o no en un papelito. Pero, oye, las cosas bien hechas, bien hechas están… y esta vez, pues no fue así. De cualquier modo, no deja de ser una anécdota más del día.

Llegamos a Tomares a eso de las 14:15, con caravana en la autopista en la que había incluido un accidente múltiple. Afortunadamente no parecía nada grave, el típico choque en cadena por la lluvia. Inmediatamente después llegó el resto de los que participaríamos en la mesa redonda de Literatura Fantástica: Javier Márquez, como siempre muy bien acompañado, y Pepe Carrasco, muy bien acompañado también… por Javi y su acompañante. Dile a “la jefa”, Pepe, que esto no se le perdona tan fácilmente. Que para resarcirse, qué menos que una invitación a un buen “5J”, con su correspondiente regadío.

En fin, la idea era ir a comer algo para comenzar a calentar motores y que la mesa propiamente dicha, fuera algo así como la continuación de lo que habíamos estado conversando durante el rato en el que nos acompañaran los cuchillos y tenedores. Lo que ocurre es que no fue tan fácil encontrar esos tenedores… tuvimos que preguntar varias veces hasta encontrar un lugar que, buena pinta tenía, eso sí, con su chimenea encendida, su mesita junto al fuego, las respectivas de cada uno quitándose las botas y acercando pies al fuego para calentarlos… Lástima que el tiro de la chimenea no estuviera todo lo limpio que debería y aquello se convirtiera pronto en la posada “El Poni Pisador”. Y la comida… bueno, no daré demasiados detalles, pero no fue lo satisfactoria que prometía: ni en calidad, ni en precio.

Pero lo que sí es verdad, es que el ambiente fue de lo más literario. Fue soltar los abrigos y paraguas, pedir la bebida y algo de picoteo mientras esperábamos los platos y comenzar a ponernos al día de inmediato de cómo van los proyectos de cada uno, de qué planes hay para el futuro, de lo bien que se está vendido Capitán Nadie y su continuación, El Regreso de Capitán Nadie, ambos de Pepe. Javi contaba una conversación de lo más interesante que había tenido días atrás con una editorial que parece quiere apostar muy, muy fuerte por su primera novela que, ya os lo digo, va a ser un bombazo. Tuve la suerte de leerla hace un par de meses y es que uno se la lee del tirón.

Y yo… pues a lo mío, comentando cómo me van las cosas con Sandra (que no pueden ir mejor) y poniéndoles los ojos como platos al contarle qué editorial se ha interesado por Hijos de Heracles, que por ahora no voy a anunciar hasta que la cosa esté avanzada, pero con la que ya he empezado a trabajar en determinados aspectos de la novela.

Como no puede ser de otro modo, nos tentó la idea de ponernos a criticar a todo el mundillo literario, pero supimos controlar nuestros más bajos instintos y la conversación fue, como siempre que nos juntamos, de lo más entrañable, amistosa, enriquecedora y positiva que podáis imaginaros.

Y al cabo del rato, Javi, como siempre Javi, comentó algo que creó que todos pensábamos en ese momento: “¿no os parece increíble estar sentado en una mesa, hablando de literatura y del mundo literario, con otros escritores?”. En ese sentido, he de reconocer que en Sevilla somos privilegiados. No sólo nosotros tres que nos juntamos el sábado, sino algunos otros, como los amigos de Sevilla Escribe (que vinieron a la mesa redonda, como no podía ser de otro modo). El ambiente de fraternidad literaria que se respira por aquí es envidiable.

Tan a gusto estábamos junto a aquella chimenea que pensamos en la posibilidad de traernos hasta allí a los asistentes al acto que tendría lugar poco después, por aquello de no perder el ambiente, ni el calor. La idea se nos fue de la mente tan pronto como pedimos la cuenta… para la próxima, nos hemos juramentado para no pedir absolutamente nada que no aparezca en la carta.

Nos fuimos buscando un aire más limpio y lo que nos encontramos fue con uno mucho más húmedo y frío. No paraba de llover y cuando llegamos a la Feria del Libro, los Stands estaban cerrados, apenas se veía un alma. Es una auténtica pena, porque el esfuerzo económico y de medios ha sido más que importante, y ver aquel jardín, que debía rebosar de gente mirando unos libros y otros, completamente vacío fue una imagen desoladora. Tuvo, eso sí, un punto positivo, y es que se cambió el lugar previsto para dar la charla. Estaba programado que se llevara a cabo en una carpa, grande y vistosa, pero carpa al fin y al cabo, con sus rendijas en cada esquinita para que el aire, que soplaba y mucho, pudiera campar a sus anchas y cortarnos hasta las ideas. Pero debido al mal tiempo cambiaron el lugar y pudimos estar, muy cómodamente instalados, en una sala interior, con su calefacción, sus micros y todo.

La verdad, que con el día que hizo hubiera presente una veintena de personas es algo más que de agradecer: es todo un éxito.

La mesa en sí creo que fue de lo más entretenida. Como siempre, hubo temas recurrentes: qué es la literatura fantástica y qué se puede hacer para mejorar su distribución, etc… pero otros que no lo son tanto, como los motivos para que una persona decida escribir una historia de fantasía si tan mal está el patio en ese sentido, por ejemplo.

El público también puso su granito de arena, haciendo algunas preguntas interesantes. Al final, no me preguntéis cómo, se terminó hablando de un tema recurrente en este blog que compartimos: el mejor modo de presentar un original ante un editor. Hubo ideas para todos los gustos claro, pero todas concluían en un punto común: la necesidad de destacar tu manuscrito por encima del de otros autores.

La cuestión es que aquello se nos quedó corto. Al concluir, hubo gente del público que me comentó que era la primera vez que asistía a una charla de ese tipo y que le había parecido muy amena e interesante, incluso corta.

A nivel personal debo reconocer que sí, el sábado hizo un mal día. Pero a mí no me importó. Ni siquiera noté el frío. El calor de los que me acompañaban, fue suficiente.