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Las cosas suelen caer por su propio peso, que le pregunten sino a Sir Newton…

Digo esto porque yo empecé a escribir hace mucho tiempo, más de quince años. Fue al poco tiempo de haber leído El Señor de los Anillos, una obra que me marcó profundamente. Comencé entonces a escribir una novela de fantasía épica. Durante un par de meses le dediqué mucho, mucho tiempo. Por entonces, esto de internet era una quimera y cuando uno necesitaba buscar información sobre algún asunto tocaba tirar de biblioteca. La de horas que dediqué a leer sobre fauna, vegetación, minerales y un largo etcétera se queda para mí…

Cuando ya había escrito los cuatro primeros capítulos, de repente, me dio miedo. Pero no un miedo tonto, no… verdadero pánico, un terror visceral. Me decía que dónde me estaba metiendo, que iba a ser incapaz de llevar a cabo el proyecto que había iniciado y que todo aquello iba a ser una inmensa pérdida de tiempo. Tanto miedo me dio, que aparqué los bártulos y dejé de escribir.

Durante casi quince años prácticamente no escribí nada, ni relatos, ni historias… sólo de vez en cuando, y cuando la tristeza se quedaba durante una temporada a hacerme compañía, me salían unos pocos “pseudoversos” que casi nadie ha leído. Pero eso de escribir, escribir… nada de nada. Así que me dedicaba al lado contrario: leer.

Hasta hace dos años.

Las cosas caen por su peso, decía, y fue entonces cuando las circunstancias se confabularon para que, un buen día, me encontrara leyendo de nuevo aquellos cuatro capítulos que había escrito. Se los dejé a mi pareja, quien, tras leerlos, me dijo: tendrías que terminarla. Yo le contesté que no sabía… que si empezaba no iba a poder parar… que me daba miedo… que me iba a llevar mucho tiempo… ¡qué sé yo! Le dije de todo, me temo. Pero no recuerdo muy bien cómo fue, un día me vi pasando al ordenador aquellos cuatro capítulos, y después continuar la historia hasta terminarla, en tan sólo tres meses. Eso sí, le dedicaba al tema cerca de diez horas diarias.

Acabé muy cansado y sin ideas. Pero al poco tiempo volvía a iniciar un nuevo proyecto, con la idea de que fuera la continuación de esa primera novela, a la que había titulado LA PIEDRA DE ALDUR. Los que seguís a menudo el blog ya conocéis cómo esa segunda novela de fantasía terminó por convertirse en una novela histórica ambientada en la antigua Esparta. Justo cuando terminaba de escribirla, firmé un contrato de representación con la agencia de Sandra Bruna.

Ya sabéis que desde aquí animo a los escritores a conseguir agente literario. Y hoy, vengo para explicaros por qué animo a eso, aunque, como casi siempre, doy muchas vueltas para llegar al punto que quiero tratar.

Pasado el verano, Sandra me comentaba cómo estaba el asunto con mi primera novela: LA PIEDRA DE ALDUR. Me contaba que hay una editorial, una editorial importante, que tiene un excelente informe de lectura sobre la novela, y además, a la editora le ha gustado mucho. Ocurre, sin embargo, que las cosas están un poco paradillas (ya sabéis, la crisis y todo eso), y por ahora la cosa no se ha terminado de concretar.

Sandra también me contó por entonces qué le había parecido mi segunda novela: HIJOS DE HERACLES. Os copio un extracto de su comentario:
una novela muy bien escrita, comercial y con un tema potente (…) ME HA PARECIDO MUY INTERESANTE el período de formación de los niños, cómo les acostumbraban a pasar hambre, frío y aguantar el dolor, igual que les obligan a matar. Las intrigas están bien llevadas y resaltas muy bien el tema político y social, así que voy a empezar a mover la novela ya con las mejores editoriales de novela histórica

Me pasó una lista con los cinco nombres de las editoriales a las que la había enviado. Puedo aseguraros que todas, absolutamente todas, son de primer orden, auténticos referentes editoriales en España.

Esto fue a mediados de Septiembre.

Y el día 9 de Diciembre, estalló la bomba.

Ese día recibí un mensaje de Sandra en el que me anunciaba que una de esas cinco editoriales, posiblemente la editorial más reconocida en cuanto a novela histórica se refiere, deseaba adquirir los derechos de edición de mi novela. Tuve que leer varias veces el mensaje para creérmelo. Y no es para menos, pues el nombre de la editorial da miedo sólo con escucharlo.

Enseguida estuvimos en contacto por teléfono, y durante la conversación me dio más detalles del asunto: a la editorial le había gustado mucho la obra y estaban entusiasmados con la idea de adquirirla. Había que trabajar algunos asuntos, pero la cosa iba muy en serio.

Un par de días después, justo el día antes de la mesa redonda en la que participé en Tomares, me llamó la que desde ese instante se convirtió en mi editora.

En la conversación me contó algún detalle que me dejó helado, como por ejemplo, que en el plazo desde que recibieron la novela, a finales de Septiembre, hasta ese momento, primeros de Diciembre, es decir, poco más de un mes o mes y medio, la novela había sido leída por cinco personas de la editorial. Sólo ese dato, habla de cómo es de seria la cosa…

Durante estos días, ella está leyendo la novela y tomando notas ya para comenzar a trabajar en lo que será la corrección del texto. Supongo que para cuando terminen las fiestas empezaremos a trabajar en firme en ese sentido.

Por último, os cuento que recibí un gran regalo durante la noche buena. Ese día había ido a cenar con mi familia y regresé a casa a eso de las tres de la mañana (yo es que soy muy bueno y me recojo pronto). Miré el correo antes de acostarme, como hago todos los días. Y no me acosté hasta las cuatro. ¿Qué por qué? Pues porque había recibido algo que pensé que no me llegaría hasta bien entrado Enero: el contrato editorial para estampar en él mi firma. Lo leí tres veces de cabo a rabo, y debo reconocer, que ninguna de las tres me enteré de nada… tuve que esperar al día siguiente para entender lo que leía. Cosas de los nervios, supongo.

Todo esto no podría haber sido posible sin Sandra Bruna, su equipo y su excelente trabajo. Y ese es el motivo por el que desde aquí siempre animo a buscar agente literario. Porque podéis estar seguros: jamás hubiera podido, por mí mismo, acceder a la editorial que va a publicar HIJOS DE HERACLES.

¿Que no os he dicho el nombre de la editorial? Es verdad, aunque no es por olvido, si bien he dejado algunas pistas para que podáis hacer cábalas si queréis. Espero deciros el nombre muy pronto, en cuanto me llegue de vuelta mi contrato firmado por la editorial, lo que supongo que será hacia finales del mes que viene.

Hasta entonces, empiezo a tener una duda existencial: ¿me quedo con los Reyes Magos, o me paso a Papá Noel?