Ayer me comentaba Armando Rodera que hacía tiempo que no daba noticias sobre la publicación de Hijos de Heracles. Es verdad que desde finales de Diciembre no he vuelto a comentar nada sobre el tema. Pero es que, apenas puedo comentar nada.

Por mucho que os sorprenda, os diré que sigo sin recibir mi copia del contrato, aunque yo lo firmé hace ya tres meses. Parece que no es algo tan extraño como pudiera parecer en primera instancia, sino una práctica habitual, y más aún en fechas de crisis. Porque las editoriales también están pasando por momentos delicados: muchas están retrasando algunos de sus lanzamientos, otras reducen el número de libros que sacarán durante el año. Así está la cosa…

De modo que, como todavía no tengo mi copia del contrato, permitid que siga manteniendo el silencio en lo que se refiere al nombre de la editorial, aunque bien podéis creer que estoy deseando anunciarlo públicamente, no podía publicar esta novela con una editorial mejor, sinceramente. Ya lo comprenderéis cuando sepáis de qué editorial se trata…

Eso no impide, sin embargo, que hayamos comenzado a trabajar en el texto de la novela. Durante mi primera conversación con mi editora, me hizo llegar una serie de cuestiones que planteaban dudas a nivel histórico. Algunos eran pequeñísimos detalles sin mayor importancia, otras en cambio sí eran importantes. La cuestión en esos puntos de importancia era que entraban en franca controversia con algunas de las teorías más ampliamente aceptadas por la historiografía actual. Hoy os voy a presentar una de esas cuestiones, y el modo en el que defendí mi postura. Los especialistas de la editorial comentaron lo siguiente:

Una de las tesis del relato, que puede fácilmente pasar desapercibida a un lector no especializado en el contexto histórico, es identificar al famoso legislador de Esparta, Licurgo, con un personaje históricamente documentado, el rey Teopompo Euripóntida, a pesar de que sepamos que Licurgo era tío del rey Leobates, de quien fue regente, y que vivió más de cien años antes de que lo hiciera Teopompo, lo cual lleva directamente a la principal objeción que puede plantearse al relato.

Esta fue mi respuesta:

En la Pag.34 de (…), la obra que ha servido como base principal para el desarrollo histórico de Hijos de Heracles, su autor, (…), declara abiertamente que la historiografía actual pone en seria duda la existencia real de Licurgo en base a diferentes aspectos: por un lado, el hecho de que se adjudique a la única persona de Licurgo la mayor parte de las “revoluciones” culturales y legislativas de Esparta, pero, en especial, el hecho de que no sea hasta el S. V a.c. que se le mencione por primera vez, en un poema de Simónides. Dicha falta de información sobre un personaje de tal relevancia es especialmente sospechosa en el caso de Tirteo (base principal para los principales especialistas de la actualidad para el estudio de la sociedad espartana), quien vivió hacia 700 a.C., y Tucídides, quien no lo menciona al tratar la constitución espartana, pese a ser conocido el extremo rigor que lo caracteriza.

Por supuesto, hay diferentes corrientes de pensamiento: algunos especialistas, como Anthony Andrewes, declaran que ve en la perpetuación de la persona de Licurgo “uno de los mayores fraudes de la historia”, mientras que otros, como George Forrest, indica que cree en la historicidad del personaje, porque sin él “la revolución espartana sería como la revolución rusa sin Lenin”.

Incluso en épocas antiguas fue debatida la historicidad del personaje, pues Plutarco, en su vida de Licurgo, lo introduce indicando que “nada absolutamente puede decirse que no esté sujeto a dudas acerca del legislador Licurgo”.

Opté por tanto por seguir la línea indicada por (…) en su obra y plantear la novela partiendo del punto de que Licurgo no hubiera existido en realidad. Esto daba pie a una tesis muy interesante, que permitía pensar que Teopompo pudiera haber llegado a ser ese mítico personaje, pues según algunos especialistas, e incluso algunas fuentes antiguas, realizó algunos de los cambios atribuidos a Licurgo. Eso dotaría al personaje de un gran interés y, evidentemente, le daría una profundidad mucho mayor.

Como digo, es sólo una de las varias cuestiones que me plantearon. En casi todas ellas, exceptuando las que suponían un claro error, defendí la postura presentada en la novela argumentando los motivos. Y fue un placer comprobar que la editora comprendía e incluso valoraba ese punto de vista, que presentaba la historia desde un punto de vista novedoso, lo que, en sus propias palabas, le daban un mayor valor a la novela al presentar la historia desde otro prisma.

Tras unos meses de silencio, hace unas semanas me pedían el texto con los pequeños cambios que creímos oportuno incluir (en verdad, muy pequeños) para que repasaran nuevamente el texto con la idea de pasarlo ya al departamento de corrección.

Le envié también la que es mi idea para la portada de la novela. Nuevamente me han dicho que, si bien desarrollarán su propia portada, tendrán la mía en cuenta, lo que me hace bastante feliz, la verdad.

Y ahora… pues nuevamente a esperar a que el departamento de corrección revise el original y me envíen sus comentarios y correcciones. Será entonces cuando comience el trabajo duro, aunque tengo muchas ganas de que llegue el momento.

Por supuesto, sigo sin tener fecha de publicación ni nada parecido… hasta que llegue ese momento aún queda mucho tiempo.

Espero poder tener noticias de HIJOS DE HERACLES muy pronto (en cosa de un mes más o menos), que de certificarse le darían un giro brutal al lanzamiento de esta novela, pero por ahora, no puedo decir nada…

Os mantengo al día, no os preocupéis.