Estos son malos tiempos. Los hijos desobedecen a los padres y todo el mundo escribe libros. Marco Tulio Cicerón.

El hombre busca su bien a costa del mundo entero. Robert Browning .

Es posible que Robert Browning nunca llegara a conocer la cita de Cicerón. Cicerón, desde luego, nunca conoció la cita de Robert Browning. Sin embargo, se complementan, ¡y de qué manera! cuando hablamos de los peligros del mundo de la co-edición.

Quien sigue este blog desde hace tiempo ya sabe que creo que, en determinados casos, muy concretos y específicos, la co-edición no tiene por qué ser necesariamente mala. También sabe que ya he comentado que existen algunos aspectos negativos que afectan a la co-edición y la auto-edición.

Pero tenía pendiente un último tema sobre este asunto. Uno mucho más delicado y peligroso. Uno que se basa, concretamente, en las dos citas que abren esta entrada: el hecho de que todo el mundo escribe, y el hecho de que el hombre busque su bien a costa del mundo entero.

Porque, desgraciadamente, en algunos casos esto último se cumple por completo, sin medias tintas, sin medianías. De vez en cuando, surge una persona que no le importa el daño que pueda causar siempre y cuando ella pueda obtener algún tipo de beneficio.

Y el mercado editorial no iba a ser menos que cualquier otro mercado.

Digo desde ya, que esta va a ser una entrada excepcionalmente larga. Sí, más de lo habitual.

Y también digo desde ya que no toda editorial de co-edición sea “mala”, o peligrosa o ilegal. Ni mucho menos. Las hay muy correctas, que cumplen la letra de sus contratos hasta la última coma. También hay gente buena por el mundo, afortunadamente.

Pero de esas no vamos a hablar hoy, porque el mensaje de hoy no es el de buscar editoriales de co-edición de las que fiarse. El mensaje de hoy es para alertar de que “no todo el monte es orégano”, ya que hoy estamos de dichos y citas populares o famosas.

Y no se puede fiar uno de todas las editoriales de co-edición porque ya hay más de un caso en el que una de estas editoriales ha quedado retratada. No es nada raro, puesto que el terreno está abonado para que los más “espabilados” puedan hacer su agosto aunque estén en febrero.

No voy a dar nombres, que tampoco se trata de eso, igual que no los he dado en entradas anteriores. Basta hacer una simple búsqueda en internet usando los términos apropiados para encontrar lo que se busca. Pero sí voy a explicar detalles, actitudes, ilegalidades si queréis.

Para empezar, decir que algunas comunidades autónomas (desconozco si lo hacen todas), en un intento, en mi opinión pobre y baldío de fomentar la cultura y favorecer el hecho de que se publiquen libros, hacen cosas como comprar unos 100 libros de aquellas tiradas que lo soliciten. No sé exactamente cómo funciona, pero ese es en definitiva el hecho: que la comunidad compra a la editorial unos 100 libros. Es una especie de subvención encubierta, por llamarlo de alguna forma y para que podamos entendernos.

Hagamos un cálculo rápido, tal como hicimos hace varias semanas con este asunto. Si le compran cada libro por los 19€ que sugería aquella editorial de co-edición con la que estuvimos haciendo números, la venta de los 100 ejemplares le reporta a la editorial un total de 1900€. Un dinero que reciben así, sin más.

Pero no es ese el único dinero que recibe la editorial, no… a eso hay que añadirle el dinero que ha pagado el autor. ¿Recordáis cuánto era? 4077€ por una tirada de 500 ejemplares, 6084€ por una tirada de 800.

Total, que la editorial se embolsa, sin necesidad de que se lleve a cabo venta alguna, la friolera de 8000€. Así, por las buenas.

¿Cuánto cobraría una editorial tradicional en el mismo caso? Pues si tenemos en cuenta que el porcentaje que se queda la editorial es de aproximadamente un 30% de la venta de un libro, si el libro cuesta 19€, la editorial tradicional cobraría 570€ por la venta de los mismos 100 ejemplares. Y de esa cantidad, la editorial tradicional sí tiene que pagar gastos. De imprenta, de corrección, de portada…

La verdad, cuando me he dado cuenta de esto, he tenido que parar, respirar, meditar y comentarlo con quien tenía al lado. La diferencia entre una empresa y otra, es que la primera, publicando 100 libros, obtiene una facturación de 8000€. Para que la editorial tradicional pueda obtener esa misma facturación, debe vender 1400 libros. 14 veces más.

Se queda uno sin palabras.

Pero, cuando las recupera, es para descubrir que el negocio es tremendo, absoluto. Sin arriesgar nada, una editorial se embolsa más de 6000€ —por aquello de descontar posibles gastos de personal, oficinas, etc…— por una tirada bajísima. Y como el negocio es total, atrae hacia ellos gente de todas las calañas. Gente a la que no le importa joder al mundo entero con tal de obtener beneficio.

Y esa gente, con el bolsillo lleno de sus flamantes 8000€ ganados a costa de la ilusión y el trabajo de los demás, en especial la ilusión, olvidan que detrás de esas letras escritas y rubricadas en las que se ha comprometido a promover el libro por el que otro ha pagado, hay una persona con sueños y anhelos que está destruyendo, quemándolos como quemará su parte de lo obtenido con tan brillante negocio. Sin importarle absolutamente nada de lo que suceda con el autor.

Y mucho menos con su libro, claro.

A finales del año pasado se vivió un caso especialmente sangrante con una editorial catalana. El tema tuvo tal notoriedad que apareció en la televisión de Cataluña, TV3, así como en prensa escrita. Se formó una plataforma en la que diversos autores denunciaron en conjunto.

Porque el tema no es simplemente perder el dinero. El dinero, con todo, es lo de menos. Lo peor es que ni siquiera se recibieron los ejemplares. En muchos casos ni se imprimieron siquiera. En el registro de obras aparecen registradas, con su ISBN particular y todo. ¿Qué significa eso? Que el autor no puede moverlas. No puede enviarlas a otra editorial. No puede hacer nada por un libro que ha escrito, ha dado forma, ha corregido y ha pagado para que salga a la luz.

Otros sufren la misma estafa, a menor escala. Reciben una parte de la tirada por la que han pagado, pongamos 200 ejemplares de una tirada pagada de 500. Pero los 300 restantes nunca llegan a su domicilio. Es imposible que lleguen. No existen. No han sido impresos.

Algunos más han sufrido de un modo distinto: enviaron su obra a la editorial para que la valoraran para una posible publicación. Y se encontraron con que tiempo más tarde, la comunidad autónoma se ponía en contacto con ellos indicándoles que tenían el registro de un libro a su nombre, con un título distinto al que él había puesto, pero el mismo libro al fin y al cabo. Le habían robado su trabajo.

No fue el único. Al parecer, se registraron nada menos que 37 títulos en un solo año a nombre de un autor. Curiosamente, uno de los propietarios de la editorial.

El autor ni siquiera puede ir a buscar los libros en algunos casos. La editorial de la que os hablo cerró las puertas sin previo aviso. Dejó sin cobrar no sólo a los autores. También a aquellos que trabajaban allí.

Eso sí, su propietario se llevó los bolsillos llenos de un buen puñado de 8000€.

Y se encuentra al fin —siempre el autor— con las manos y el alma vacías. Porque hay algunas editoriales de co-edición que son peligrosas. Porque el hombre busca su bien a costa del mundo entero. Y porque hoy todo el mundo escribe libros.

Mark Twain dijo: Y así va el mundo. Hay momentos en los que desearía que Noé y su comitiva hubieran perdido el barco.

Si el creador de Tom Sawyer conociera los peligros actuales de la co-edición, seguramente incluso llamaría a Dios, aunque fuera llamada internacional, para que no pusiera sobre aviso al anciano constructor del arca…