Guillermo Schavelzon dijo durante una conferencia: “cuando una editorial reduce el número anual de nuevos títulos, la lógica de la rentabilidad lleva de manera automática a optar por aquellos más seguros, de éxito más probable y de menor riesgo comercial. Este criterio de selección suele estar reñido con la calidad literaria, la innovación y el aporte cultural. Vemos entonces como, en las grandes empresas editoras, las decisiones de contratación han pasado del área editorial al departamento comercial, algo que sucede en todos los países. El mercado señala, el mercado pauta, el mercado impone. Ya casi no existen esos editores que, hasta hace diez o veinte años, editaban para señalar tendencias, enriquecer y aportar. ¿Para qué correr riesgos con libros de éxito dudoso, si se puede editar libros de éxito garantizado?”

Es decir, que el mercado tiene una tendencia, unos gustos que varían con facilidad de un año a otro. Hasta ahora, por ejemplo, la novela histórica gozaba de una salud de hierro. Sin embargo, comienza a haber indicadores que advierten de que eso está cambiando. Puesto que las editoriales son, como no me canso de repetir, un negocio, buscan conseguir la máxima rentabilidad, y eso se consigue a base de dos aspectos:
1) La obra de un autor reconocido y con éxito de público
2) A través de un libro que siga las tendencias del mercado.

Lo que sucede es que el autor, y más aún el autor novel, desconoce los términos en los que se mueve el mercado. Es un nuevo aspecto por el que se impone la figura del agente literario, pues podrá guiarnos en cuanto a qué puede funcionar y qué no (lo digo por experiencia). Aún con eso, en el artículo que dedicábamos hace unas semanas a la importancia de conseguir un agente, se comentaba el hecho de que cada vez es más difícil lograr la representación de uno de ellos, aunque me alegra saber (es una alegría enorme, de hecho), que algunos de los asiduos a este blog ya han conseguido agente que los represente. ¿Por qué es tan difícil conseguir la representación de un agente literario? Guillermo Shavelzon nos contesta.

¿Cuántos manuscritos reciben al mes y a qué tipo de género literario pertenecen?
De los autores de la agencia recibo tres o cuatro al mes, narrativa y no ficción, de escritores que piden representación recibo cinco o seis cada día.

Es decir, que les llegan, mensualmente, entre 100 y 150 autores con su respectivo original en busca de representación. Por eso es tan difícil conseguir agente, porque están saturados. Sucede exactamente igual que con las editoriales. Y llegados a ese punto, el nivel de excelencia, en cuanto a calidad, o de popularidad, en cuanto a términos de mercado, de la obra en cuestión se sitúa en la estratosfera. Lola Gulias, de Kerrigan, habla de este tema:

Si tuviésemos que hablar de porcentajes, ¿qué porcentaje de manuscritos supera la primera criba? ¿Cuántos manuscritos recibís, por término medio, en un mes?
Recibimos una media de 40 manuscritos mensuales. Nos quedamos con 2 con mucha suerte….

¿Qué criterios marcan entonces la elección de un autor y su obra por parte de la agencia? De nuevo responde Guillermo Shavelzon
¿Qué se busca en la obra de un autor novel para decidir representarla?
Originalidad, innovación, calidad literaria, algo que sea realmente excepcional.

Lola Gulias coincide:
Buscamos originalidad argumental, técnica impecable, algo que destaque aquel manuscrito, aquel autor de todos los demás (muchas veces no conseguiremos publicar esa primera novela pero intentas percibir ese algo que lo va diferenciar). Puede ser la misma historia de siempre pero contada desde una perspectiva, con un matiz que la hace sobresalir.

Y también Silvia Sánchez, de la agencia Asisabla
¿Qué buscáis en un autor novel?
Ante todo excelente calidad y novedad. Resumiendo: que resulte imprescindible.

Pero claro, una cosa es decir que se busca originalidad e innovación y otra cosa muy distinta saber cómo conseguirla… Porque la calidad se puede lograr con facilidad, o al menos, con cierta facilidad. Se pueden efectuar cursos literarios, cuidar al máximo el vocabulario, el léxico la gramática… eso, en cierto modo, es sencillo. Pero, ¿cómo ser originales cuando el rey Salomón ya dijo hace unos dos mil años que “no hay nada nuevo bajo el sol”?

Pues se puede conseguir. Se trata de ofrecer, si no ya historias nuevas, porque toda historia será de amor, o de odio, o de venganza, o … Sí se puede ofrecer desde un punto de vista distinto. Por ejemplo, El Perfume resultó un éxito de ventas porque contaba una historia desde un punto de vista completamente innovador: el del sentido del olfato. Quien escribe novela histórica puede presentar su novela presentando un aspecto poco conocido de determinada cultura o personaje. De hecho, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la mayoría de las cosas. ¿Por qué no aprovechar ese filón? Hay mil opciones para ser original.

Pero, ¿si no conseguimos la originalidad? Pues siempre podremos intentar seguir las tendencias del mercado. Es cuestión de ser flexible. Y eso no significa venderse al mejor postor, porque al fin y al cabo escribiremos la historia que nos guste, que queramos contar… aunque dentro de determinados parámetros que nos permitan obtener cierto éxito.

Por último, hay un aspecto fundamental por el que conseguir agente literario: el hecho de que el agente podrá hacer llegar nuestra obra a distintas editoriales, siempre teniendo en cuenta cuál de ellas será el lugar más adecuado para nuestra novela. ¿Por qué? Porque el agente tiene una visión mucho más global y especializada del mundo literario que nosotros. Y porque le interesa colocar la novela en la editorial que mejor pueda cuidarla, presentarla, distribuirla y hacerle publicidad. Al fin y al cabo, también se trata de su negocio.

¿Y cómo elige un agente la editorial adecuada? A Guillermo Shavlezon le preguntaron en una ocasión: ¿Cuál es el criterio para elegir una editorial sobre otra?
En mi forma de pensar esta actividad, la mejor editorial no es «la que más paga», sino la que ofrece un conjunto de alternativas que se deben evaluar en forma integral.
Por ejemplo:
El entusiasmo del editor por la obra
Un catálogo en cuyo contexto el autor y la obra se incluirán de manera cómoda y conveniente.
Una distribución y comercialización adecuada.
Un buen conocimiento e identificación del mercado al que esa obra está dirigida.
La inversión que realizará en el lanzamiento.
El manejo de los medios de comunicación.
El control de los llamados «derechos subsidiarios» (ediciones de bolsillo, ediciones en tapa dura, ediciones para quioscos, audio-libros, ediciones electrónicas y en otros soportes, adaptaciones al cine y televisión, etc., etc.). Hoy se hacen contratos separados para cada tipo de edición, y para cada canal comercial. Cada vez conviven más, en un mismo país, distintas ediciones del mismo libro. Esta es una de las maneras de llegar a muchos más lectores, y de que el autor gane más.
El tipo de contrato, los países que cubre y su verdadera explotación, y la duración de los compromisos contraídos.
Y finalmente, la oferta económica, tanto en el porcentaje de regalías (cuanto más se vende un libro, algo mayor debe ser el porcentaje de derechos para el autor) como el anticipo o las garantías mínimas a cuenta de derechos de autor.

¿Quién necesita más argumentos para intentar conseguir un agente literario?