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El editor es el último escalón de la pirámide que todo escritor novel quiere alcanzar. De él dependerá la publicación o no del trabajo que le hayamos presentado. Pero, ¿qué es un editor? ¿Qué busca un editor? ¿Cuál es su trabajo? ¿Y en base a qué decide el libro que publicará?

Manuel Pimentel es fundador y Presidente de la editorial Almuzara. En su libro “Cómo funciona la moderna industria editorial”, explica lo siguiente sobre la figura del editor:
“Quizá, sabiendo lo que no es un editor podamos comprender mejor qué es en realidad. El editor no suele escribir los libros que publica, aunque puede participar de forma activa en la gestación de los mismos, bien porque proponga un tema a un autor, o bien porque sugiera modificaciones en estructura, estilo, o líneas narrativas. Un editor tampoco imprime sus libros, aunque suele tener una relación estrecha con los talleres gráficos, sobre todo en lo relacionado con calidad de impresión, formatos, márgenes, papel, portadas o fechas de entrega. El editor tampoco suele vender directamente los libros al lector. Aunque en algunos casos existen poderosos departamentos de venta directa, habitualmente son los libreros los que realizan esa función. O sea, que el editor ni escribe, ni imprime, ni vende directamente libros. (…) ¿Qué es en verdad un editor? (…) El editor dirige los pasos precisos para que nazca el libro desde el manuscrito del escritor”.

Es decir, que ni escribe, ni imprime, ni distribuye, ni vende… sino todo lo demás. La verdad es que no ayuda mucho. Esther Tusquets, quién durante años asumió la dirección de Editorial Lumen, especifica que una editorial consiste en: “una carpetita llena de derechos de autor. Ser editor consiste en elegirlos, conseguirlos y apostar por esos libros”.

Jorge Herralde, creador de Anagrama, explica: “El trabajo del editor consiste en tener una idea en general de lo que uno pretende editar, del tipo de literatura que quiere ofrecer y del tipo de ensayo en el que está interesado e intentar convocar para ese proyecto a los autores que sean más pertinentes, y todo ello basado en unos principios básicos, en mi caso, como son la curiosidad intelectual, la búsqueda de la excelencia y la búsqueda de las nuevas voces que puedan convertirse en los clásicos del futuro así como el rescate de aquellos clásicos negligidos… Y luego hacer la máxima publicidad del libro para que todo el esfuerzo anterior y el del autor no queden en el anonimato. (…) Hay, por una parte, la intuición literaria y otra de tener un ojo puesto en el mercado para que estas intuiciones prosperen y para que la literatura subsista, porque si ésta no tiene continuidad, uno deja de ser editor. (…) En el caso de editoriales propias y personales, como Anagrama, la última palabra (sobre lo que se publica y lo que no) es del editor, sin más. Es verdad que muchas veces hay que tener en cuenta la opinión de los inversores del capital, pero el criterio es el del editor, intentando no ser demasiado suicida.”

Bien, esto ya es algo más… El editor entonces no escribe, ni imprime ni distribuye ni vende. El editor ELIGE lo que va a leer la gente. Y como toda elección, es subjetiva. Eso explica que a Hemingway le negaran veintisiete (¿no es así, Blas?) o que Rowling se las viera y se las deseara para que el mago de gafas llegara al público. Por tanto, hay tantas posibilidades de ser elegido como editores existen. El motivo es bien sencillo… el libro que puede resultarle completamente prescindible a uno, para otro puede resultar interesante. Por tanto, el autor, como ya vimos en su momento en los estudios de marketing, debe comprobar qué envía a cada editor. Conociendo su catálogo podrá aumentar sus posibilidades de ser publicado.

Hace unas semanas hablábamos de la cantidad de manuscritos que reciben las agencias literarias. El panorama en las editoriales no es mejor. En realidad, es bastante peor. Por ejemplo, el mismo Jorge Herraiz especifica que, anualmente, reciben una media de unos dos mil originales para valorar. De todos ellos, publican 75 cada año, es decir, menos del 4%.

De modo que… ¿en qué se basa un editor para elegir?

Roberto Hernaiz, director de Grupo Lobher dice lo siguiente:
“¿Cómo buscan autores? ¿Por agencias? ¿Aceptan manuscritos de escritores desconocidos?
Nos llegan propuestas de publicación a través de agentes literarios, pero el grueso de autores que nos contactan directamente nos han conocido a través de internet o por recomendación de otros autores o amigos o en los eventos en los que participamos.
Aceptamos manuscritos de escritores poco conocidos o desconocidos y lo hacemos fundamentalmente porque para nosotros el autor es uno de los pilares básicos del mundo de la edición y nos queremos caracterizar precisamente por dar la oportunidad a estos autores noveles, algunos de los cuales, dicho sea de paso, no tienen nada que envidiar a escritores muy famosos y best sellers.”

Esta es una muestra clara de que hay editoriales que buscan, es más, que NECESITAN a autores noveles. Es muy fácil entender el motivo: se trata de editoriales pequeñas e independientes (esto es, que no están en la nómina de empresas de algún gran grupo como Planeta o Random House Mondadori) que no pueden acceder a los grandes nombres de la literatura, como pueden ser Antonio Gala, o Collen McCollough por poner un ejemplo.

Y Grupo Lobher no es la única de esas editoriales. Hay muchas que apuestan por el producto nacional desconocido. Grupo Ajec es un ejemplo. Y no le ha ido nada mal, de hecho ha obtenido diversos premios por su labor editorial.

Pero el mundo del editor es aún más complejo. Existen, al menos, dos tipos de editor: el Senior, o “Publisher”, y el Junior.

En la próxima entrada, hablaremos sobre las diferencias entre uno y otros, y descubriremos los motivos por lo que todo es tan sumamente lento en el mundo editorial…