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Si el lector editorial puede “vetar” nuestra obra, impedir que se vea publicada al presentar un informe negativo, o bien fomentar su posible publicación por medio de un informe favorable, haremos bien en preocuparnos por saber más cosas acerca del lector editorial.

¿Qué contiene ese informe que es tan crucial? En su blog Ocurrió en Febrero, Maribel Romero nos explica en qué consiste un informe editorial. Analicémoslo por partes.

Para empezar, contiene algunos datos básicos: título de la obra, autor, nº de páginas, el idioma en que está escrito, si proviene de una agencia, etc… Esto es un trabajo mecánico, sin ninguna importancia más allá que la de identificar fehacientemente el título sobre el que se presenta el informe propiamente dicho.

A continuación, viene el verdadero meollo del asunto:
IMPRESIÓN GENERAL DE LA OBRA.-

SINOPSIS DEL ARGUMENTO.-
TRATAMIENTO DE LOS PERSONAJES.-
TEMAS PRINCIPALES Y SECUNDARIOS.-
LENGUAJE Y TÉCNICA LITERARIA.-
FACTORES POSITIVOS QUE DESTACAN.-
FACTORES NEGATIVOS QUE DESTACAN.-
VALORACIÓN LITERARIA Y COMERCIAL.- (Puntuación de 0 a 10)
Valoración Literaria.-
Valoración comercial.-
PÚBLICO.-

Estos son los puntos que el lector debe desarrollar.

¿Podemos hacer algo para que su informe nos resulte favorable? Bien, veámoslo.

Para empezar, habla de su opinión sobre la obra. Qué le ha parecido, su impresión, cómo le ha afectado, si le ha emocionado o no, si le ha parecido o no una historia interesante. Es un apartado puramente subjetivo. Tal vez a él le parezca un libro genial, llegue al editor y crea que no es para tanto. Para gustos, los colores, como suele decirse. Sin embargo, el editor tiene muy en cuenta la impresión del lector, de lo contrario, no lo contratarían, ¿no os parece? Poco podemos hacer aquí, lejos de haber creado una historia interesante.

Sobre la sinopsis hemos hablado largo y tendido en este blog. Ahora podemos entender el por qué. El lector hará su propia sinopsis, en la que debe resumir la obra. Pero no se dejará atrás líneas argumentales, personajes, conflictos ni tramas. Si nuestra sinopsis debía enganchar el interés de la editorial, la del lector debe resumir la novela al editor, que todavía no la ha leído. PERO, y es un pero bastante grande, nuestra sinopsis no debería ser en exceso distinta a la que presente el lector, de lo contrario, puede parecer, y de hecho parecerá, que hemos intentado colar “gato por liebre”, adornando en exceso nuestro trabajo para intentar vender el libro.

Laura hablaba en un comentario de la última entrada sobre la importancia de los personajes. Y lleva razón. El elemento que mantiene a la historia son los personajes. Si no tienen la suficiente fuerza, atractivo, credibilidad… si no logramos que el lector se identifique con los personajes, la historia no resultará atractiva. De ahí que el lector informe específicamente sobre ese apartado.

No olvidará hablar sobre la historia que planteamos. Si no atrae, no seduce al lector, difícilmente lograremos un informe positivo. Una historia es interesante si tiene diferentes niveles, si no sucede únicamente una cosa, sino que, además del tema principal, (Frodo y el Anillo, por ejemplo), suceden otras cuestiones (Aragorn y Arwen, El cautiverio de Gandalf, la traición de Saruman, la persecución de los Jinetes Negros, la traición de Boromir, la lealtad de Sam, el rapto de Merry y Pippin, y mil cosas más). Por más interesante que sea nuestra historia principal, debe apoyarse en otras historias secundarias de menor fuerza. Es tal como sucede con un edificio. Las paredes principales son las que aguantan el peso, pero los tabiques dan forma a la vivienda.

Hablará de los factores positivos y negativos de la novela. Si nos obcecamos en pensar que nuestra novela no tiene fallos, jamás veremos nuestro trabajo publicado. Debemos procurar descubrir tantos errores como sea posible: de argumento, personajes, temporalidad, etc… Y de ese modo, intentar que los aspectos negativos influyan lo menor posible en la redacción del informe.

Y hablará también sobre la técnica, el lenguaje y los recursos utilizados. Personalmente he participado en dos ocasiones como jurado en concursos literarios, y he de decir que uno de los aspectos que más me molestan en los originales es encontrarlos llenos de errores y faltas, tanto sintácticas como gramaticales. Me sacan de la lectura. Si aspiramos a ser profesionales, no podemos permitirnos tener errores de ese tipo. Ojo, no hablo de fallos de tipografía, ni de algunas, (ALGUNAS), faltas. Oye, para eso están los correctores. Pero presentar un original plagado de errores es una garantía de que perderemos muchos puntos en el informe del lector. Sería como si un profesional de cualquier otro campo, por ejemplo, un futbolista, no tuviera técnica alguna en el manejo del balón. ¿Puede tener un error? Por supuesto, puede fallar diez goles a puerta vacía. Pero si es así, nadie lo tendrá en cuenta como futbolista. Pues si queremos que nos tomen en serio, debemos presentar los originales tan pulidos como sea posible.

El lector informará además sobre el público al que va dirigida la novela. También hemos hablado de la necesidad de presentar nuestro original con un informe al respecto. De modo que, al igual que con la sinopsis, será mejor que coincida con el informe del lector.

En este sentido es necesaria otra reflexión: el lector conoce perfectamente la línea en la que la editorial trabaja, y debe recomendar o no la publicación del libro dependiendo de si el original se adapta a esa línea. Ya hablamos en su momento de la importancia de seleccionar bien la editorial a la que enviábamos nuestro trabajo. Si no sigue la línea marcada, será mejor no perder el tiempo. Deberíamos conocer perfectamente si es factible o no que la editorial publique la novela.

Basándose en todos estos datos, el lector dará una puntuación a nuestra obra. Dependerá de esa puntuación que el interés del editor aumente o disminuya.

Es todo eso, la suma de datos objetivos y subjetivos, lo que hará que el informe del lector editorial sea o no sea favorable. Ahora conocemos un poco mejor lo que podemos hacer para facilitar el camino…

¿Quién dijo que el oficio de escritor resultara fácil y cómodo?