Agencia EditorialQuien me conoce de hace tiempo sabe que siempre he defendido la figura del Agente Editorial, en especial si uno es un recién llegado, o peor aún novel, al mundillo editorial. Los que sigáis este blog desde hace poco tiempo podéis leer algunos artículos al respecto como este  o este.

Estuve representado durante varios años por una gran agencia, a la que siempre le agradeceré su buen trabajo para colocar mi primera novela en una editorial tan importante como Edhasa. Sin embargo, tiempo después rescindimos el contrato y desde hace casi dos años he trabajado sin que nadie me representara. He visto, en especial en los últimos tiempos, que muchos autores hablan mal de las agencias. Yo sigo defendiéndolas; creo que el escritor gana si dispone de un agente que lo represente. El problema, según lo entiendo, es que, al igual que ocurre en el resto del mundo editorial, para el agente editorial, o al menos para muchos de ellos, el escritor ha perdido su verdadera importancia.

Para el mundo editorial, el escritor es casi lo de menos (exceptuando las grandes firmas). Si tu libro no funciona, no hay problema: en la cola hay miles de otros escritores llamando a la puerta, esperando su ocasión. Es tan sencillo como sustituir uno por otro.

La cosa se complica cuando eso mismo ocurre contu agente editorial. Hace ya muchos años que el sistema editorial empezó a colapsar, y surgieron las agencias para representar a los escritores. Hoy, son las agencias las que están colapsadas y el escritor pasa a un segundo plano en muchas ocasiones. Por eso hacemos bien en preguntarnos qué necesita el escritor que haga su agente. Eso es lo que se ha perdido de vista.

Para empezar, necesitamos que el agente nos represente. Parece obvio, pero a veces no es así. Es habitual que las agencias capten a tantos autores que se convierte en algo imposible manejar todos los libros que generan. Hablo de hacer un seguimiento adecuado, no hacer un envío y olvidarte de él hasta ver si la editorial da respuesta o no dentro de 6 meses. Hay casos en los que el autor espera durante años sin que su agente decida dar nuevos pasos, simplemente porque tal o cuál editorial aún no ha dicho que “no” a la propuesta. Repito, años después… Así, lo primero que necesitamos es un seguimiento adecuado de nuestro trabajo.

En segundo lugar, es primordial que haya una buena comunicación. No tiene sentido que tu editor te responda antes que tu agente, y, creedme, conozco muchos casos en los que ocurre algo así. El mundo editorial es lento, y nadie que lo conozca bien pide que se responda un mensaje a los cinco minutos. Ni siquiera en el mismo día. Pero cuando pasan dos y tres semanas y tu agente no te ha contestado, tienes un verdadero problema.

A continuación necesitamos estar al tanto de cómo está nuestro trabajo, lo que resulta de la unión de los dos puntos anteriores. Si el agente hace un buen seguimiento, y tiene un contacto fluido con su representado, ¿por qué no se le informa de los pasos que se van dando? De nuevo, no digo que se haga semanal, ni mensualmente. Pero, ¿tanto trabajo cuesta hacer un informe trimestral, o cuatrimestral, en el que indicar cosas tan someras como: Tu libro XXX se ha enviado a las editoriales A en fecha xxx, B en fecha yyy, C, en fecha zzz. Todas ellas mostraron interés. Sin embargo, A la ha rechazado. Con B y C hemos acordado que nos pondremos en contacto dentro de x tiempo?

¿Tan difícil es eso?

Y por supuesto, lo más importante es contar con el apoyo incondicional de nuestro agente. La vida del escritor es difícil por solitaria. A menudo surgen dudas sobre tu trabajo que no siempre tienes con quién comentar. Tu agente, en ese sentido, puede, y debe, hacer un trabajo excepcional. Y desgraciadamente, en muchas ocasiones, cuando más necesidad tiene un escritor de contar con el apoyo de su agente, este le falla de manera estrepitosa y hasta actúa a sus espaldas, alegando siempre hacer las cosas de buena fe.

Esto, y algunas cosas más, pero esto básicamente, es lo que los escritores esperamos de nuestros agentes. Esto es, básicamente, lo que pocas veces se encuentra. El motivo es muy simple: se ha perdido de vista lo más importante; que el escritor es el que da de comer a toda la cadena editorial, incluyendo a su agente.