Sí, ya sé que si eres de los que defiende que la piratería es buena para el autor, el simple título de esta entrada ya te habrá molestado y habré pasado a ser algo cercano al satanás de la libre cultura. O algo parecido. Esto pasa, claro, porque a nadie le gusta que lo llamen ladrón. Pero, ¿sabes?, a mí me enseñaron de pequeño que si no quería que me llamaran ladrón no tenía que robar. Así que voy a correr el riesgo de indisponerte contra este artículo desde el principio. Voy a correrlo porque para mí es necesario hablar de este tema. De cómo afecta la mal llamada piratería no solo al autor, sino a miles de otras personas.

El pasado jueves, en Apalabrados, el programa de radio que conduzco junto a Concha Perea, empezábamos la temporada hablando de la piratería. Dábamos algunos datos escalofriantes sobre el tema. Se piratea ya el 40% de los libros. Es decir casi la mitad de lo que se lee es pirata. Las cifras de lo que se pirateó entre libros, música y pelis en 2012 fueron de 18.000.000.000. Luego nos ponemos todos las manos en la cabeza porque recortan esas cifras entre sanidad y educación. Voy a dejar clara aquí mi postura: si alguien se aprovecha de mi trabajo sin pagar me está robando. Igual que si entramos en la zapatería, me llevo unos zapatos y digo que si me gustan y son cómodos ya volveré para pagarlos.

Así que lo que voy a hacer es tomar los argumentos que dan los que están a favor de la piratería y dar mi opinión sobre ellos. Empiezo.

Yo, con mi libro, hago lo que quiero, que para eso lo he pagado.

Cierto, lo has pagado. Has pagado por el objeto físico. Pero, amigo, el contenido de ese objeto físico no te pertenece. El contenido de ese objeto físico pertenece a su autor. Es él quien decide a quién le cede los derechos para reproducirlo, y a menos que tengas un documento firmado en el que te ha cedido los derechos de reproducción, lo que estás haciendo es ilegal. Le estás quitando algo que es suyo: el derecho a decidir quién puede y quién no puede reproducir ese texto. Y cuando se le quita a alguien algo que es suyo, se le está robando. Lo dice el diccionario muy clarito:
robar.

(Del lat. vulg. *raubare, y este del germ. *raubôn, saquear, arrebatar; cf. a. al. ant. roubôn, al. rauben, ingl.reave).

1. tr. Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno.

2. tr. Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea.

Los autores desconocidos siempre han funcionado con el boca a boca.

Cierto. Los autores siempre han salido adelante gracias a la recomendación de sus lectores. Pero, lo que hace la piratería no es recomendar. Recomendar es hablar elogiosamente de algo o aconsejarlo a otras personas. Lo que hace la piratería no es eso, sino colocar de forma pública, y sin tener los derechos para hacerlo, como ya vimos en el punto anterior, una obra. Si quieres ayudarme a ser conocido, recomienda mi trabajo, pero no lo regales a cientos de miles de personas. Si haces lo primero, otros tal vez sigan tu recomendación y compren mi libro. Si lo hacen, cobraré el porcentaje que me corresponde por mi trabajo. Y gracias a ese estipendio podré dedicarme a escribir otro. ¿No es eso lo que quieres si te ha gustado mi libro? ¿Leer, tal vez, otro mío? Pero si lo haces público sin tener el derecho a hacerlo lograrás que muchos (no digo todos) que iban a comprar mi libro ya no lo compren, porque este está gratis, así que comprará otro que no lo esté. Y si mi libro no genera suficientes beneficios como para superar sus gastos de producción, no volveré a publicar otro, con lo que en realidad, en lugar de ayudarme me estarás perjudicando al impedir que continúe mi carrera como escritor. No me ayudes reproduciendo mi libro sin tener derecho a ello. Ayúdame hablando bien de mi libro si es que te ha gustado.

La cultura debería ser gratuita. Es un derecho.

Cierto. También es un derecho la vivienda digna. Pero eso no significa que la vivienda digna tenga que ser gratis, ¿verdad? Todo el mundo entiende que hay que pagar el precio de una vivienda porque ha tenido unos costes de producción. Los albañiles, los arquitectos, las fábricas de ladrillos, las de pladur, los yeseros, las cementeras… Toda esa gente que forma parte de la industria que hace posible que tengamos una vivienda, tiene derecho a cobrar por su trabajo. Con los libros pasa lo mismo. Han tenido unos costes de producción que han de ser cubiertos: edición, corrección, maquetación, imprenta, almacenamiento, distribución… Un derecho no puede quedar por encima de otro. Tú tienes derecho a la cultura. Yo tengo derecho a cobrar por mi trabajo. Si quieres acceder a un libro y no puedes comprarlo, no lo piratees, porque me estás perjudicando tal como explico en el punto anterior. Ve a una biblioteca y pídelo. Tal vez no dispongan de él en ese momento. Tal vez tengas que esperar para leerlo. Pero eso no te da derecho a robar mi trabajo e impedir que cobre de él. No seamos utópicos, por favor…

Declarar la piratería como delito es una locura. Lo único que se pretende con ello es proteger a una industria.

Falso. O cierto. Es cierto que se quiera proteger a una industria y es falso que sea una locura. Entendiendo la “industria” como el conjunto de empresas que se dedican a crear determinados géneros, toda industria necesita ser protegida, porque un país, para sobrevivir, para avanzar, depende de su tejido industrial. ¿O acaso ahora queremos cargarnos también todas las empresas del país para que no estén protegidas? A nadie (a casi nadie) se le ocurre comprar un coche y hacer una copia idéntica solo porque ya tiene uno igual. Claro, aquí lo que cambia es la dificultad. Crear una copia de un coche es casi imposible. Una copia de un libro se hace con un ordenador y un escáner. Proteger a esa industria supone proteger el puesto de trabajo de miles de personas (la industria editorial es en España una de las que más aporta al PIB). ¿Qué hacemos? ¿Desproteger a toda esa gente? ¿Echarlas a la calle? ¿Reconvertirlas en nuevos puestos de trabajo? ¿Dónde, en otra industria que sí esté protegida por leyes que impidan que sus productos sean robados? ¿Por qué debería ser robar un coche un delito y robar un libro no? Ah, sí. Por el libre acceso a la cultura. Pero de eso ya he hablado en el punto anterior.

Los libros son caros. En otros países los precios son de la mitad o menos.

Cierto. En otros países el precio del libro es mucho más económico. En el Reino Unido, por ejemplo. Lo que la gente no sabes es que los libres precios en los libros han acabado con el tejido industrial. Las librerías no venden libros: los libros se venden en supermercados, a precio de saldo, para dar salida a otros productos. Si de verdad estás interesado en el tema, tienes que leer este artículo. Es largo, pero muy ilustrativo.

Con todo, hay que decir que el problema del pirateo NO son los precios de los libros. Señores, piratean ustedes hasta libros que están a la venta por menos de un euro. Piratean ustedes incluso libros que están a la venta cuyos beneficios irán todos a ONG´s como Save the Children. No, señores. Se piratea porque se puede piratear. Porque está disponible para coger “gratis”. Porque no se tiene la moralidad ni la empatía suficiente para decir: “si hago esto, estoy perjudicando a otra persona. A decenas de personas que viven de esta industria”.

 

El hecho de que alguien descargue tu libro sin pagar no significa que fuera a comprarlo.

Cierto. Pero, ¿cómo sabes tú que nadie iba a comprar mi libro? Muchos de los que leen libros piratas (y recuerdo que es el 40% de todos los libros que se leen, con lo que ese “muchos” significa unas cantidades ingentes de libros teniendo en cuenta que se publican 70.000 títulos al año). Hace unos días, Marta Querol explicaba en su muro lo que le había ocurrido en una página de libros de descarga ilegal. Un usuario había leído su obra “El final de ave Fénix”. Decía que le había encantado. Que estaba deseando leer otro libro de la autora. ¿Dijo que iba a ir a comprarse ese libro ahora que lo había leído porque le encantó? No. Lo que dijo fue “a ver cuándo ponéis a descargar también el siguiente porque estoy deseando leerlo”. Eso, señores, es robar. Es tomar para sí lo ajeno de cualquier modo que sea.

 

No voy a comprar el libro de un desconocido. ¿Y si luego no me gusta?

Bien, en ese caso, no pagues el jamón que compras para navidad. ¿Y si no te gusta? Ve a la carnicería, pídele al carnicero que te lo dé y que, en caso de estar bueno, ya volverás a pagarlo y que, además, hablarás muy bien de su producto. Seguro que te lo da encantado. O no pagues el coche. Ve al concesionario, llévatelo, y ya volverás a firmar los papeles en caso de estar conforme y satisfecho. Ah, claro. Lo olvidaba. Te pueden dar a probar el jamón. Y también puedes hacer una prueba con el coche. ¿Sabes qué? También puedes hacer lo mismo con mis libros. De todos ellos, cuando van a salir, cuelgo una muestra de las primeras páginas. Si te gusta, cómpralo. Si no te gusta, no me hagas el favor de descargarlo para ver si lo puedes “recomendar” del modo que veíamos anteriormente.

El mundo tendría que tener una biblioteca virtual con todo el contenido mundial volcado en ella. La cultura debe estar disponible para todos (otra vez)

Vale. ¿Y quién paga a los creadores de dicho contenido? “El gobierno”. Pero vamos a ver, si nos ponemos las manos en la cabeza porque el gobierno subvencione el cine porque creemos que la mayor parte de las películas que se hacen no merecen la pena (ahí están los datos de asistencia a las salas), ¿cómo pretendemos hacer lo mismo con los libros? A mí me encantaría que el gobierno viniera para cada libro que quiero escribir y me dejara no digo ya 10 millones de €, sino solo 20.000€ para poder vivir el año y pico que me cuesta crearla. Pero si nos quejamos de una cosa, ¿cómo vamos a pedir lo mismo para otra? No tiene sentido. Los argumentos valen siempre en todas las direcciones, no solo en la que a nosotros nos favorece.

Señores, un libro, de por sí, no es cultura. El libro es industria del ocio. Igual que el cine. La literatura, para convertirse en cultura, debe trascender. Debe arraigarse en la sociedad. Mientras eso no ocurra, y, como es evidente, no ocurre con el 99% de los libros, no puede considerarse cultura. Es ocio. Algo que te ayuda a pasar el rato. Como un juego de ordenador. Como una película. Como un juego de mesa. “¡¿Cómo puedes decir eso!? La literatura enseña muchas cosas”. Claro que sí. Un juego de mesa también. Ahí está el Scrable; o el Trivial. ¿También son cultura? Entonces, vayamos todos a los grandes almacenes y llevémonoslos a casa sin pagar, porque tenemos derecho a la cultura gratuita.

Tú, querido ladrón que me robas mi trabajo, seguramente trabajas. Tal vez eres zapatero. O vigilante. O frutero. O vendedor. Cobras religiosamente por tu trabajo (o eso espero, sinceramente). Si alguien roba en tu empresa, te perjudica. Por favor, no defiendas a aquellos que roban en la mía. De ti depende, tal vez, que pueda seguir escribiendo libros.

La ilustración de portada pertenece a Javier Fernández Carrera (Pinturero)