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Ese cajón de sastre que llamamos novela negra

Cuando me planteé iniciar una serie de artículos enfocados a la novela negra me vinieron un montón de nombres, de títulos, de imágenes, pero todo acabó en un frenazo muy brusco. Lo cierto es que estos artículos nos servirán de varias formas. Por un lado, para tener un curso de escritura sobre la novela negra, y por otro lado para conocer mejor al género. Y por tanto, lo suyo es comenzar por el principio, que no es otra cosa que la definición. Ah, y eso sí que me resultó complicado. ¿Qué es eso que llamamos novela negra? ¿Es lo mismo decir negro que policial? ¿Es la novela negra el paso previo al thriller como lo conocemos hoy?

Es desalentador constatar que algo que a primera vista parece trivial sea algo a la vez tan complicado. No todo lo que tiene sangre y muerte entre sus letras es novela negra, ni todo lo contrario. Para avanzar sin prisa pero sin pausa, en este primer abordaje  de esta especie de curso de escritura sobre novela negra no vamos a entrar en detallar las diferencias entre los numerosos subgéneros que podemos encontrar (ficción policial, novela enigma, novela policial, etc), ni tampoco en si son lo mismo o no, y vamos a centrar nuestro interés definitorio en algo más amplio: el género negro como tal. Tendremos tiempo de ir avanzando.

Black Mask o el inicio dela novela negra

Black Mask, el inicio de la novela negraHagamos un primer disparo. Si nos centramos en lo puramente etimológico, podemos concluir que se trata de género, esto es, ficción que se categoriza en base a una naturaleza narrativa común y a la que además teñimos de un color, el negro. El aspecto cromático, aparentemente una cuestión sin trascendencia, pronto va a empezar a darnos quebraderos de cabeza. Porque si buscamos por ahí la razón de su tonalidad, encontraremos más de una opción posible; una de ellas hace alusión al título de la revista en la que se imprimieron las primeras historietas de policías y asesinatos, que era Black Mask, una revista ligera, de género pulp, que fue fundada allá por los años 20 del pasado siglo y que se considera la publicación más relevante de género negro.

Lo que tiene de importante es el radical cambio que supuso frente a la narrativa previa, que tenía mucho de jarrón veneciano y de salón de té. Hablaremos de eso unas líneas más abajo. Con Black Mask, la muerte pasa a ser cotidiana, la corrupción es algo que se sucede con el paso de los días, junto a nosotros. No puede sorprendernos que la narrativa de esta época, que es la novela negra norteamericana de los años 20-30, se lance a las calles y se convierta en subversiva, teniendo en cuenta el trasfondo social que habita, un caldo de cultivo en el que flotan un terrible crack económico, mafias pululando por doquier y desigualdad social. Esto obliga al detective sesudo, romántico y muy inglés de los años previos, gran entusiasta de su profesión, a saltarse la lógica de encerado para salir a las calles y ser uno más, ni muy bueno ni muy malo, sin saber si con las palabras que el escritor pone en sus labios denuncia el orden social o lo justifica. Esta es una pregunta que no sabemos responder. Pero lo que nos interesa ahora es saber que será en este punto en el que quedará fijado el canon de la novela negra clásica.

El color negro dela novela negra

La novela negra según Raymond ChandlerHay otra vertiente del término que alude a su oscuridad, a su querencia por la muerte, por lo trágico, por lo que el género humano tiene de tenebroso en su conducta. ¿Hay algo más oscuro que el color negro? No podemos olvidar que la ficción negra nace muy influenciada por la novela gótica que pulula por Europa en la segunda mitad del siglo XVIII. Las reminiscencias góticas pueden verse en el perfil de los primeros detectives, románticos empedernidos. Son seres siempre en conflicto, habituales de entornos extraños y muchas veces psicodélicos (no olvidemos la afición de Holmes a la morfina), con tendencias a la conducta autodestructiva y con aires de moralidad que soplan según les conviene.

Por volver a centrar nuestro tema para no empezar perdiéndonos en este curso de escritura de novela negra, afirmaremos, siguiendo la tesis de Oscar Urra un poco a nuestra manera,  que la novela negra es muchas cosas y ninguna. Una especie de cajón de sastre en el que cada vez caben más cosas, lo cual, desde mi modesto punto de vista, es un valor muy positivo, sobre todo si tenemos en cuenta las palabras de Jorge Luis Borges que dicen que todo género muy legislado tiende a desaparecer, lo que comparto plenamente.

Es cierto que si nos dejamos llevar por la visión simplista del término podríamos decir que es un tipo de historia escrita que tiene como base la resolución de un misterio, generalmente de tipo criminal. Pero no sólo es eso. Se trata de un relato realista, aunque a priori no lo parezca. De hecho, decía Raymond Chandler en su pequeño abstractEl simple arte de matar”, que el relato policial es todo menos realista, porque de serlo, nos convertiría en psicópatas de pro, salvo que lo produjéramos o leyéramos con cierto desapego. Pero si seguimos leyendo y entendemos por realismo la presunción de que el núcleo mismo del noir es el orden natural de las cosas, todo cambia.

El crimen y la novela negra

Me explico: Un crimen supone el desbaratamiento más claro de la realidad. La muerte violenta, como culmen de fractura social, se convierte en objeto por excelencia de la literatura de género y la resolución del misterio en  la vuelta a esa normalidad, a ese orden roto por el criminal.

Como hemos anotado antes, la novela negra tiene mucho de canción protesta, de critica social e incluso moral desde el los años 20 con la novela norteamericana y no dejará de tener esta misión hasta hoy; por poner un ejemplo actual, en palabras de Santiago Roncagliolo en la entrevista para la revista cultural latinoamericana Otro Lunes, la novela negra se ha convertido en una buena manera de hablar de política, porque hasta los el año 90 tú estabas de un lado o de otro, eras capitalista o comunista, era como un partido de fútbol; ahora la realidad se ha vuelto más gris, más ambigua, es más difícil juzgar a lo grande como hacían ellos, aferrarse a grandes verdades. La novela negra es eso, es una novela polisémica donde ni el detective es tan bueno ni el asesino es tan malo, entonces retrata muy bien la ambigüedad moral de los tiempos en que vivimos”. 

Amén. Además, como afirma Claudia Piñeiro, a nadie se le niega un muerto. Y es que el crimen resulta fascinante, será porque todos tenemos algo de morbosidad dentro, queramos o no reconocerlo. Tal vez sea esa la razón por la que  ha tenido y sigue teniendo tantos lectores. Pero el hecho de que el noir se acompañe de un paisaje realista, no quiere decir que deba ser fiel reflejo de la realidad contada sin adjetivos y con diálogos toscos,  ni que no tenga profundidad ni calidad. Se puede ahondar en la realidad social a través de un relato muy bien escrito, de una ficción bien tramada y que cumpla todos los requisitos para ser considerada como buena prosa con todas las de la ley. Esto es algo que muchas veces se olvida, porque el género negro ha sido frivolizado con demasiada frecuencia.

Se puede escribir novela negra de calidad. Sabemos que es cierto que el noir siempre fue un género sin pretensiones de grandiosidad literaria, hecho para el día a día y para gente normal, esto es: un género popular. Pero eso no significa que deba ser necesariamente un género mediocre, aunque los círculos académicos lo hayan alejado de sus salas grandilocuentes. Por el contrario, ha sido siempre un género ligado al compromiso social, muestra la realidad sin perífrasis, sin rebujos de algodón de azúcar. La realidad es así de dura, de sucia. Y por eso, es un reflejo fiel de cada escenario en el que se inspira, año a año, siglo a siglo. Posiblemente por eso tiene un requisito fundamental que, aunque parezca obvio, no lo es tanto: el de tener como base la libertad de expresión. En un contexto de dictadura, por ejemplo, es muy difícil encontrar buen género negro. Es lógico. O quizá no tanto. Lo investigaremos.

Los inicios dela novela negra

Edgar Allan Poe y el inicio del género negroLlegados a este punto de nuestro primer artículo de este taller literario sobre novela negra, debemos hacer una salvedad. Los primeros espacios del género policial desde su inicio, que todos están de acuerdo en situar en 1841, fecha de la publicación de los Crímenes de la calle Morgue escritos por Edgar Allan Poe, pasando por el gran Arthur Conan Doyle con su famosísimo Sherlock Holmes, eran relatos en que se buscaba realzar la lógica pura en la resolución de un enigma.

El acertijo que a primera vista parece un misterio irresoluble, casi fantástico, debe su resolución a la mente privilegiada de un hombre que aplica un método brutalmente racionalista y sale vencedor frente a la mirada atónita del resto de los mortales. De alguna forma, se presuponía que la realidad era lógica, racional y sujeta a nuestro pensamiento. Fue con la llegada del pulp, que ya hemos mencionado antes, con figuras como Dashiel Hammett y Raymond Chandler y toda la corriente americana que vomitaba noir a destajo para grandes masas, que no encontramos un punto de vista más acorde con una existencia que no responde del todo a nuestro entendimiento.

No obstante, sería injusto dejar fuera de nuestra tesis social a los primeros relatos de género. Poe, lo mismo que Doyle, son testigos de la influencia de la prensa escrita y su creciente interés por relatar los crímenes que se suceden en las grandes urbes. De esta manera, se genera un terror colectivo que nos grita que a cualquiera nos puede sobrevenir el delito tres cada esquina.

Por eso el escenario habitual –que no el único- del género negro ha sido la gran ciudad, quizá porque surge con la sociedad industrial y urbana. Conelly va aún más allá y apunta justamente a la huida de lo racional, a un salirse de ese concepto racionalista del género para entrar en lo paranormal, en lo inexplicable, en lo que no tiene lógica. Porque posiblemente, la vida tampoco la tenga. Afirma que quizá el hecho de vivir dentro de un universo con fuertes raíces cristianas le ha hecho asumir el misterio como algo normal, lejos de ese otro paradigma racional que en el fondo es el más normal dentro del género.

La conclusión

Así pues, después de todo este despliegue algo caótico de reflexiones en pos de una definición con la que iniciar este curso de escritura y análisis de la novela negra, podemos decir  que se trata de una manifestación de cultura popular realista, que se centra en lo criminal para evidenciar la ruptura del orden social establecido y su recuperación. Que no es un género anclado a la razón sino que mezcla lo racional con la locura que supone cometer un crimen atroz y que busca, en gran medida, mostrar la realidad en su crudeza, hasta lo más inhumano de la humanidad, hasta aquello imaginario, ilusorio, que todas las realidades tienen para el ser humano.

Todo ello con poco aderezo, porque si algo caracteriza la ficción negra es el hecho de que todo en ella es esencia, como diría Paul Auster en su Ciudad de cristal, cuando afirma que lo que la caracteriza es la plenitud y la economía; esto es, que todo tiene relevancia, nada es superfluo, nada puede pasarse por alto. Y todo esto, sin dejar de ser un género de evasión pero auténtico.