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Cómo documentarme para escribir una novela

Ha pasado. ¡Por fin! Ha sucedido lo que más temíamos y lo que más deseábamos. Una idea ha arraigado en nosotros, y no cualquier idea: LA IDEA. Eso ya lo vimos en el anterior artículo.

¡Qué responsabilidad! ¿Sabremos parirla? ¿Se desarrollará adecuadamente? ¿Qué necesitamos para que crezca y se convierta en una novela como Dios manda? ¿Sabremos darle lo adecuado: temperatura, luz, ritmo, trama?

Empecemos por el principio, padres primerizos: debemos construir un buen nido, y eso pasa por saber cómo documentarme para escribir una novela.

 

Construyendo un hogar

Nuestra idea es pequeñita, apenas un esbozo de lo que será cuando terminemos con ella. Para que, cuando crezca, no se derrumbe, debemos regalarle unos buenos cimientos. Para eso, el trabajo previo a la escritura es fundamental y la base para conseguirlo es la documentación. Ya escribas novela histórica, fantástica, ci-fi o romántica, la documentación es esencial para que la idea no se desmorone. En este artículo voy a distinguir tres tipos de documentación: la documentación general, la de planificación y la específica. Así que veamos cómo documentarme para escribir una novela.

 

Documentación general

Cómo documentarme para escribir una novela: Lee todo lo que caiga en tus manosLa debemos estudiar antes de ponernos a escribir y antes de planificar. Es el marco general en el que se desarrollará la historia y que ambientará todo lo demás. Por ejemplo, si yo estoy pensando escribir una novela sobre la Primera Guerra Mundial, tendré que saber cuándo, por qué y qué sucedió en ese periodo de tiempo. Eso abarca tanto sucesos como localizaciones, pensamiento, política… El periodo de tiempo en el que van a vivir mis protagonistas definirá su modo de pensar, de actuar y de vivir. Pero si escribes fantasía, tampoco te libras de crear tu worldbuilding: tu mundo único debe tener también su historia, sus localizaciones, sucesos, pensamiento y política que marcará la personalidad de los personajes.

Estos son los cimientos del hogar que vamos a construir para nuestra idea.

¿Dónde me documento?

Sobre todo, en los libros. Lee todo lo que tenga que ver con tu idea. En mi caso, la estantería soporta unos cuantos libros sobre la Primera Guerra Mundial. Simplemente lee, toma algunas notas y empápate del halo que desprenden esas ideas generales. Intenta comprender de qué están hechos esos cimientos para que puedas construir sobre ellos. Si no comprendes los materiales con los que vas a trabajar, será muy difícil que la edificación sea sólida.

Las nuevas tecnologías son muy útiles, pero hay que utilizarlas bien: blogs, páginas de internet, Google… Para una primera aproximación están bien, pero si buscáis información más específica, cuidado: leed si hay referencias en los artículos, por ejemplo, y buscad los originales. Pero esto lo veremos después.

 

Cómo documentarme para escribir una novela: la planificación

Aún no hemos comenzado a planificar, pero creo que es mejor que os agrupe los diferentes tipos de documentación por algo que veremos al final. Cuando planifiquemos nuestra historia, ya sea con una secuencia temporal o por capítulos (o como queramos, pero hay que organizar la información), también debemos documentarnos.

Por ejemplo, cuando planifiqué mi novela, me encontré con que uno de mis personajes principales es histórico. Es decir, sus actividades están documentadas. Yo quería que mi novela transcurriera en cierta batalla, pero resulta que en las fechas en las que sucedió, mi personaje estaba en otro lugar. ¡Oh, el Apocalipsis! Pues toca buscar otro suceso que cuadre para la historia, otro lugar, otro tiempo. Y lo encontré. Una fechas en las que no se puede asegurar que mi personaje no estuviera en un cierto sitio donde estalló otra batalla.

Si te estás dedicando a una historia de fantasía, igual. Tus personajes están sujetos a las leyes de su mundo y a la cronología de este. Por eso la documentación es esencial en el trabajo de planificación.

Muchas veces tendrás que modelar tu idea según crece, debe tener capacidad de adaptación al hogar que le estamos montando para que quepa en él. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeño.

 

Documentación específica

Cómo documentarme para escribir una novela: La documentación afectará a lo que ocurra en tu historiaYa llegaremos a ella a su momento, pero nunca vais a dejar de buscar información mientras escribís, eso os lo aseguro. Por eso es importante que guardéis todos los enlaces, artículos, libros, mapas…, aunque muchas veces necesitaréis cositas nuevas. ¿Conocéis por ejemplo qué relieve aparecía en el casco de un cazador alpino en la Primera Guerra Mundial? Yo sí. Esos detalles, y a los que yo llamo el atrezzo de la novela, son los que dotan de atmósfera y verosimilitud. Atended, este tipo de documentación solo es necesaria cuando lo es. Quiero decir, ¿de qué te sirve saber lo del casco si no lo vais a utilizar en el desarrollo de la historia?

Y dicho esto, enlazo con uno de los grandes problemas que existen en la fase de búsqueda de documentación y que ya he apuntado en la documentación general:

Liarte y buscar, buscar… y almacenar, seguir acumulando datos… pero nunca te pones frente al teclado para dar el siguiente paso. Nos encontramos atrapados por el ansia de la perfección, por no fallar ni en un solo detalle. Y una referencia te lleva a otra y lees una historia, y esta te lleva a buscar otra curiosidad… Y así puedes estar creando carpetas en tu ordenador hasta el límite de su capacidad. Aquí subyace también el miedo al papel en blanco, a no dar la talla, a no ser capaz de enfrentarte a tu propia historia. En algún momento debes decir “basta” y ponerte a escribir.

 

Primera regla sobre la documentación: Efectiva y necesaria.

Está fenomenal que sepas muchísimo sobre algo, pero no lo puedes saberlo todo y además, igual no te interesa saberlo todo. Tienes una historia que escribir. Ya le has dado un nido donde desarrollarse, así que debes continuar y si te hace falta saber algo, lo buscas justo en el momento de escribirlo.

 

Segunda regla sobre la documentación: Si no lo encuentras, óbvialo.

Me ha pasado hace poco con uno de esos detallitos del atrezzo que os comentaba. Me empeñé en buscar cómo se llamaban los pantalones de ropa interior que llevaban las señoras parisinas en 1900. Bien, después de perder una tarde completa en esta bobada, dejé la frase en “se quitó la ropa interior”. No gastéis tiempo innecesario y una buena cantidad de energía con estas cosas.

 

Fuentes para conseguir documentación

Son muchas gracias a las nuevas tecnologías, pero deben ser fiables. Aquí os agrupo algunas de ellas:

  1. academia.edu: red social dirigida a académicos. Se pueden buscar documentos que otro usuario haya colgado.
  2. dialnet.unirioja.es: portal que recopila y proporciona acceso a documentos publicados en España.
  3. Google académico: buscador de Google enfocado al mundo académico, sobre todo técnico-científico.
  4. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: fondo bibliográfico de documentos de libre acceso en multitud de materias.
  5. Pares: portal de fondos digitalizados de la red de archivos estatales.
  6. Tesorillo: archivo numismático.
  7. Cer.es: red digital de catálogos de museos de España.
  8. Biblioteca digital hispánica. Miles de documentos digitalizados de la biblioteca nacional.
  9. Biblioteca digital mundial: documentos de interés cultural de todos los países.
  10. Googlebooks: miles de libros para buscar lo que necesites o incluso algún dato en la vista previa que se muestra por páginas.

¿Y si no puedes verlo in situ?

A veces se tiene la mala suerte de que lo que necesitas no está digitalizado y no lo puedes obtener a golpe de click. Entonces puedes recurrir al método tradicional: ir a la fuente. Ahora, si te pasa como a mí y la fuente está en un museo de París y no puedes escaparte para investigar, debes buscar otras opciones. Por ejemplo, preguntar a los expertos. Hay gente muy amable por ahí  a quien no le importa perder parte de su tiempo para contestarte dudas o enviarte información. Escribe correos, solicita, sé amable…

Yo contacté con un historiador francés que me envió un documento gráfico que él mismo fotografió en el museo de París al que yo no podía acceder.

Eso sí, es de buen nacido ser agradecido. Así que corresponded a ese esfuerzo con una línea cuando acabéis la novela.

 

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