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NARRATIVA PICARESCA ÁRABE EN EL SIGLO X

Es muy probable que si os sugiero que imaginéis una escena donde un niño de origen humilde come uvas en compañía de un ciego, identifiquéis rápidamente al Lazarillo de Tormes. A continuación, quizás os preguntéis qué tiene que ver la novela picaresca y la España del siglo XVI con la literatura árabe. A priori, parece que no demasiado. ¿Tuvo tanta influencia la literatura de Al-Andalus en la evolución posterior de algunos géneros propios de la literatura española? De momento se sigue investigando y las opiniones son diversas, así que mientras dejamos trabajar a los investigadores, echaremos un vistazo a lo que se conoce como narrativa picaresca árabe. Y vaya por delante que evito la palabra novela conscientemente.

Bagdad y El Prodigio de la Época

Situémonos en el Bagdad del siglo X, en pleno califato abasí. La capital y la corte del califa conservaban el esplendor, pero se veía obligada a compartir su papel con ciudades como Alepo, Nisapur, Isfahan, Rayy… donde proliferaban las cortes y los príncipes independientes que fomentaban el mecenazgo artístico. Todos querían tener un poeta, un escritor, un artista de la palabra en la corte, y es en este entorno de efervescencia cultural donde nos encontramos con nuestro protagonista de hoy, Abu l-Fath Ahmad ibn Al-Husayn al-Hamadani, también conocido por sus coetáneos como El Prodigio de la Época.

El origen de la narrativa picaresca:Al-Hamadani (969-1007) era persa, de familia humilde y con una capacidad de trabajo y una memoria prodigiosa que le llevó a la excelencia en sus estudios lingüísticos. Dominaba la lengua árabe a la perfección y eso le ayudó a desempeñar un papel cultural importante en la sociedad cortesana de la época. Le gustaba dejar a sus compañeros boquiabiertos con ejercicios estilísticos, de poco valor literario pero que le servían como entrenamiento y, sobre todo, para presumir de sus innegables capacidades en el uso de la lengua. Por ejemplo, era capaz de escribir una carta y que leyéndola al revés se obtuviera la respuesta, o podía redactar un texto complejo sin utilizar algunas letras o grupos de letras.

Su ciudad natal, Hamadan, tenía cierta importancia pero él quería progresar socialmente, y con veinte años cumplidos se trasladó a Rayy, al norte de Persia. Allí pudo acogerse al mecenazgo del visir y entrar plenamente en la vida literaria cortesana. Aunque no solamente de exquisiteces y tertulias poéticas vivía nuestro inquieto Al-Hamadani, sino que frecuentaba la compañía de truhanes locales, poetas bohemios y gente de los bajos fondos. Este punto, más allá de la nota de color biográfica, será importante para el desarrollo de su obra literaria posterior.

Un nuevo género literario: maqama

¿Os acordáis de nuestro Lazarillo de Tormes y de la novela picaresca del siglo XVI?  Pues el califato abasí del siglo X fue testigo de la invención de un género literario desconocido hasta entonces en la literatura árabe. Se lo inventó Al-Hamadani y lleva por nombre maqama, en plural maqamat. La palabra maqama es difícil de traducir: escena, cuadro, sainete… El género consiste en pequeñas narraciones fragmentadas escritas en prosa rimada –cosa que permitía realizar todo tipo de lucimientos retóricos y estilísticos– con un personaje único que le da unidad a la obra. El personaje en cuestión se llama Abu l-Fath de Alejandría y es un pícaro que se mueve por el mundo intentando sobrevivir a base de engañar a los incautos gracias a su ingenio y a su labia.

Las maqamat no están narradas en primera persona. Tienen un narrador llamado ‘Isa ibn Hisham, un tipo que vaya donde vaya se encuentra con Abu l-Fath y es testigo o víctima de sus tropelías. ‘Isa es engañado continuamente por el pícaro de Alejandría, pero es tal la fascinación que siente por los trucos del embaucador que sigue tras él como una polilla cerca de la luz. Él mismo se asombra de su propia ingenuidad. ¿Cómo es posible que caiga en la trampa una y otra vez? Pero no puede evitar reconocerle el mérito y ahí sigue, explicando las aventuras y desventuras de Abu l-Fath, el rey del disfraz y del movimiento ágil. Así, por ejemplo, un día se hace pasar por ciego y recita poemas a cambio de dinero. ‘Isa, conmovido, le da una moneda de escaso valor y el falso ciego se delata a sí mismo cuando protesta por la escasez de la limosna. Aun así, a ‘Isa le parece graciosísima la situación y nos lo explica como la proeza del gran timador porque la capacidad para recitar poesía era un valor auténtico en la sociedad de momento; y Abu l-Fath no tendrá donde caerse muerto, pero sabe recitar poemas con gran maestría.

Ofensas en el S. X

Narrativa picaresca: la maqmata

Ilustración de Yahia Ibn Mahmoud al Wasiti de las maqamat de Al-Hariri

¿Queréis una muestra de terribles ofensas típicas del Bagdad del siglo X? Nos explica ‘Isa Ibn Hisham que había hecho voto de dar una limosna al mayor pordiosero de Bagdad. Preguntando por las calles, encuentra un hombre que afirma ser él. Se trata del pícaro Abu l-Fath difrazado. Inmediatamente, otro replica que no, que es él. Nuestro narrador no sabe qué hacer y les pide que se ofendan entre ellos y el que mejor insulte recibirá la moneda. A continuación se desarrolla una lista maravillosa de insultos a cual más variopinto: “Amaestrador de monos, garrapata de judío, halitosis de león, pedorreta en la prosternación, no ser en la existencia, cuesco de novia, perro en la refriega, mono en la alfombra, sopa de calabaza con habas indias, humo de nafta, fetidez de sobaco, ocaso del poder, luna de muerte, agua en día de ayuno, orejas sucias, escalofrío de fiebre, gotera de la casa, caldo de ajos, gusano de retrete, meada de eunucos…” y así siguen y siguen, hasta que el pobre ‘Isa se reconoce incapaz de darle el mérito a ninguno de los dos, deja la moneda en medio y se va maravillado ante tanta verborrea.

Aunque Al-Hamadani fue el inventor del género hubo otros autores que siguieron su estela, llegando incluso a superarlo en fama y destreza. Es el caso de Al-Hariri de Basora (1054-1122) y su pícaro Abu Zayd. Las maqamat de Al-Hariri no han sido traducidas al español. En el año 1237 Yahia Ibn Mahmoud al Wasiti las copió y las decoró con 99 magníficas ilustraciones. El manuscrito original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, en París.

Cómo leer al inventor de la narrativa picaresca

Es curioso saber que la Unión Astronómica Internacional bautizó en 1979 un cráter del planeta Mercurio con el nombre de Al-Hamadani en honor al escritor persa.

Si os apetece leer las aventuras de Abu l-Fath de Alejandría. encontraréis una buena traducción al español en Alianza Editorial. La traducción y el prólogo son del arabista Serafín Fanjul. Es una delicia de retórica, citas coránicas, hechizos, supersticiones, poemas, jurisprudencia, refranes… que dan forma a la vida de un antihéroe y su quizás no tan involuntario seguidor.

 

Si tenéis alguna curiosidad o duda sobre las maqamat, o queréis proponer algún tema para el futuro, no dudéis en dejar vuestros comentarios.