El detective como personaje narrativo: Su evolución

¿Por qué un detective como personaje narrativo?

Hace ya algunos post que hablamos de la base de la novela negra: la ruptura social. Hoy hablaremos del encargado de arreglar esa ruptura: el detective como personaje.

El detective como personajeUn crimen, sobre todo si es un asesinato, que es el crimen por excelencia, supone una fractura social, una herida que debe ser curada. Teniendo esto siempre en mente, veremos que el curandero que se ocupará de desentrañar al culpable, de informarnos de por qué lo hizo y, en definitiva, devolver la paz social perdida, es el detective. La salsa de este guiso. Su objetivo seré siempre devolver el orden a través de una herramienta muy poderosa: la verdad.

Es evidente que tanto la víctima como el criminal son personajes relevantes, pero es la figura del detective la que debe generar en el lector la sensación de normalidad, la fe en el orden establecido. Esto es, el mundo como relato. Con sus hampas, con sus ironías, dando como producto a personajes que habitan las situaciones límite como quien come el pan de cada día. Produciendo normalidad. Aunque este término sea confuso.

Además, cuando hablamos de detective como personaje, no estamos necesariamente hablando de un policía. Este puede ser un detective privado, un periodista o, incluso, una adorable anciana. Pero todos ellos tendrán unas características comunes que le configuran y le dan solidez dentro del genero y que evolucionará con él. Veamos cuales son.

¿Quién es el detective? Características

Los inicios del detective como personajeLo primero que hay que decir del detective como personaje es que es un representante social. Es el elegido, por su peculiar forma de ser, para desentrañar la verdad y devolver la paz social arrebatada. Ya con esto nos damos cuenta de que debe tener algo especial. Aunque no cumpla el estereotipo de héroe al uso, es más, aunque sea todo un antihéroe, se trata de un tipo excepcional. Con todo, y ya lo analizaremos un poco más tarde, no ha sido siempre el mismo, ha evolucionado de una forma muy contundente. Los primeros detectives cumplían una serie de características, que pasamos a detallar siguiendo el análisis de Iván Martín Cerezo:

  1. Generalmente era una persona con formación y proveniente de una familia de alto status socioeconómico. Valga el ejemplo por excelencia, el de Sherlock Holmes, aunque nos valdría también Dupin, Vance o Wimsey. Esto cambiará con el tiempo para pasar a ser un hombre pobre, todo hay que decirlo.
  2. Generalmente no pertenecen a organismos funcionariales, es decir, no suelen estar dentro de las fuerzas del orden. Sobre todo en el origen del género como tal suelen ir por libre, aunque esto no siempre se cumple y tenemos claros ejemplos de policías ocupando la plaza de detective, como Maigret, Bevilacqua, Plinio, Wallander, etc. Estos, probablemente, son fruto de la evolución misma de las fuerzas del orden como institución. De nuevo, se producen cambios en esto también.
  3. Se diferencia del común de los mortales por su excentricidad. Gustos raros, distinguidos, propios de una élite social a la que casi siempre pertenecen. Esto no ha sufrido grandes variaciones. Algunos son personas atormentadas, otros desapasionados, pero siempre con una chispa de excentricidad.
  4. Una falta importante de inteligencia emocional. Sensiblerías varias, sin gracejo en sus movimientos, con pobre psicomotricidad. Algunos, ni siquiera se levantan del sillón para cumplir su cometido. Algunos, son ciegos. Solitarios y, a veces, algo grotescos.
  5. Suele ser un hombre. Es fruto de su tiempo. La primera mujer que aparece como protagonista en una novela negra es Violet Strange, en la obra de Anna Catherine Green que lleva por título The Golden Slippers y fue publicada en 1915. Ni que decir tiene que también hay que contar con Mrs. Marple. Hay otras, pero el genero masculino es, con mucho, más frecuente.
  6. Casi siempre es de raza blanca. Lo mismo que sucede con el genero, los personajes no son algo ajeno a lo social, y hay que decir que con el paso del tiempo y la evolución del ámbito social, actualmente hay mucha más plasticidad en estas características.
  7. La religiosidad no es un factor importante, salvo el caso del padre Brown, del autor inglés Chesterton.
  8. Son prácticamente superdotados a nivel intelectual. Esto, además, es algo que no se cansan de recordar al lector y todo el elenco de personajes. Esto forma parte de su imagen de persona independiente y solvente, a la que hemos aludido en el punto número dos. No hay que olvidar que, sobre todo en origen, la narrativa negra era “casi” un problema matemático. Es la aplicación de un método científico (recordemos que nace el genero al mismo tiempo que un positivismo feroz), al que acompaña las reglas de la lógica.

 

El detective como personaje narrativo

El detective como personaje narrativoToda la narración noir se desliza sobre la figura del detective, avanza con él y es a través de él que el lector también avanza o se confunde. Como personaje protagonista que es, abandera la investigación, que ya hemos dicho que es el alma de la novela negra. Tiene algo de melancólico, puesto que el propio personaje nos da muestras de una sociedad que, aunque en orden, no es justa. Su propia forma de ser dará buena cuenta de ello, en un in crescendo hasta nuestros detectives más jóvenes. Citando a Chandler:

El autor realista de novelas policiacas habla de un mundo en el que los gángsteres pueden dirigir países: un mundo en el que un juez que tiene una bodega clandestina llena de alcohol puede enviar a la cárcel a un hombre apresado con una botella de whisky encima. Es un mundo que no huele bien, pero es el mundo en el que usted vive. No es extraño que un hombre sea asesinado pero es extraño que su muerte sea la marca de lo que llamamos civilización.

 

Cuatro ojos ven más que dos: el compañero fiel

Es llamativo que la figura del fiel lacayo que aparece como segundón en un sinnúmero de obras noir sea tan relevante. ¿Acaso podemos imaginar a un Sherlock Holmes sin la compañía de Watson, a un Dupin sin su anónimo compañero, a Philo Vance sin Van Dice y así un largo etcétera? Esto tiene, obviamente, una explicación técnica. La información que se aporta y la forma de manejarla se amplía notablemente. Sobre todo si los dos personajes son radicalmente opuestos, como es habitual. La idea del contraste hace destacar aún más al personaje principal.

 

La evolución del personaje. Conclusiones finales

Si la novela negra es un retrato de la sociedad de su tiempo, es evidente pensar que sus personajes también lo son. Por eso su gran dinamismo y sus cambios constantes. Evolución que no solo se da en un espacio temporal, sino físico. Buen ejemplo de esto es la peculiar forma de narrativa, de personajes y de espacios literarios que caracteriza al género propio de los países nórdicos, tan diferente del americano, del español, etc.

Incluso el propio ritmo de la narración se ha visto modificado con el paso del tiempo, lo que condiciona el paso de una narrativa de caja negra, de puzzle, a una anclada en la acción. Los referentes sociales son cambiantes, y eso, por la propia naturaleza de la novela negra, también lo es. A fin de cuentas, el noir no es otra cosa sino un testimonio social, un corte transversal a una época.

Hemos pasado de un detective estático, de salón, que despliega todo su talento desde un punto de vista puramente racional, a otro dinámico, con menos anclaje moral pero un gran sentido de la justicia, inmerso en una sociedad convulsa —como lo era la americana en tiempos del pulp—, un simple mortal con sangre en las venas, sangre que puede ser derramada; ha dejado de ser algo casi divino. Lo mismo que lo serán sus métodos, mucho menos intelectuales, con delincuentes que han dejado de ser entelequias para convertirse en personas reales.

Con esto, vemos que no hay un estereotipo claro del detective como personaje, sino formas de expresión que dependen de un tiempo y de un espacio. Con todo, quizá sí podamos decir que si alguna vez hubo un patrón claro, este se dio en los orígenes del genero para irse disipando cada vez más hasta nuestros días. Aunque, claro, el propio genero se ha convertido en algo difuso, polifónico. Pero esto ya es otra historia.