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La fundación de Tarento, una colonia espartana

De Satirio te hago el regalo

Y te concedo también poblar los parajes

De la feraz Tarento y ser el azote

Que debe sobre el yapigio ejercer sus estragos.

Con estas palabras del famoso Oráculo de Delfos se dio origen a la fundación de Tarento, la primera colonia espartana. Pero, ¿quiénes eran los yapigios a los que había que sojuzgar? ¿Cómo, y, sobre todo, por qué, era necesario crear esa colonia y dar paso así a la fundación de Tarento? ¿Quiénes serían sus pobladores?

¿Cuándo se lleva a cabo la fundación de Tarento?

Para contestar todas estas cuestiones, en primer lugar es necesario conocer en qué momento de la Historia se llevó a cabo la fundación de Tarento, la antigua Taras. Según la Crónica de Eusebio, este hecho tuvo lugar en el año 706 a.C. Esta fecha está respaldada por los hallazgos arqueológicos: además del descubrimiento de cerámica laconia importada de esa época, se sabe que las tumbas más antiguas de la ciudad datan de finales del S. VIII y principios del VII, lo que cuadra perfectamente con la fecha dada por el cronista.

Sin embargo, Esparta solo fundó dos colonias a lo largo de toda su historia: Taras, la que nos ocupa, y Heraclea, en la Dóride, muchos años más tarde, durante la guerra del Peloponeso. ¿Por qué crear una colonia justamente en ese momento, cuando Esparta todavía no era más que una Polis balbuceante y de futuro incierto?

El origen de la fundación de Taras: La I Guerra Mesenia

Apenas unos años antes, hacia el 710 a.C., había concluido la I Guerra Mesenia, que enfrentaba a mesenios y espartanos. Al finalizar ese conflicto, Esparta se había hecho con el control de fértiles llanuras, asegurándose así poner fin a las dificultades económicas y alimenticias que había estado sufriendo durante los años anteriores. No obstante, esa misma contienda,  trajo un nuevo problema a Lacedemonia. Un problema con nombre propio: partheníai.

Sobre este grupo recaen aún muchas sombras, pero de lo que no hay duda es de que se convirtieron en sinónimo de problemas, inestabilidad y tensiones políticas.

¿Quiénes eran los partheníai?

Para desvelar quienes eran, los especialistas suelen remitirse a la etimología de la palabra. Al parecer, el nombre deriva de parthénos, término que se utilizaba para designar a la mujer soltera, incluso virgen.

Antíoco explicaba que estos partheníai eran los hijos de algún núcleo de hombres que se habían negado a combatir en la guerra contra Mesenia, motivo por el cual habían sido declarados esclavos, ilotas. Éforo, en cambio, asegura que eran los hijos que habían nacido producto de uniones ilegítimas entre algunas mujeres y los hombres que habían quedado cuidando de las campiñas, dado los largos periodos de tiempo que los soldados espartanos dedicaban a la campaña mesenia.

No se conoce con certeza el origen, pero sí se sabe que, fuera éste cuál fuera, a estos partheníai se les negó la ciudadanía. Habían quedado relegados; dependían por completo en cuestiones jurídicas, sociales y económicas de lo que decidieran otros. No tenían derechos reales. Era un grupo discriminado. Y, por supuesto, no aceptaban esa situación.

Comenzaron entonces a plantear una serie de reivindicaciones políticas, que les permitieran ser ciudadanos de pleno derecho, y también socioeconómicas, puesto que se les negaba la parcela de tierra que recibía todo espartiata, así como los esclavos necesarios para que la trabajasen. Incluso podrían haber preparado algunas conspiraciones que no llegaron a buen puerto.

La segunda opción: los opositores de Amiclas

Otra opción que propone Paul Cartledge, uno de los principales especialistas en la época, consiste en que los partenios podrían haber formado parte de un grupo de opositores que podría seguir latiendo en Amiclas, la última de las cinco poblaciones que fue anexionada a la Polis espartana[1]. El estudioso británico se basa para ello en el hecho de que en Taras, en Tarento, se estableció un fuerte culto a Apolo Jacinto, tal como ocurría originariamente en Amiclas, donde Apolo era tan reverenciado o más que la propia Artemis, contando con un festival propio de gran renombre: el de las jacintias.

Puede que fuera solo uno de estos supuestos, o tal vez incluso la unión de todos ellos, pero lo cierto es que los partheníai fueron los que llevaron a cabo la fundación de Tarento, la antigua ciudad de Taras.

Falanto: el líder de los partheníai y fundador de Tarento

Lo que sí podemos hacer con total seguridad es poner nombre al líder de este grupo rebelde. Se trataba de un hombre llamado Falanto. Curiosamente, él mismo será el fundador de la colonia. Es muy interesante el hecho de que el nombre de este personaje signifique «calvo». Si algo identificaba a los espartanos era, además de sus capas rojas y los grandes hoplones, su largo cabello. Para los espartiatas, lucir una larga cabellera era sinónimo de haber nacido libre, de estatus, de jerarquía. Sin duda, la calvicie de Falanto conllevaría un gran número de burlas y sería una demostración más de su ostracismo social.

Este personaje tiene dos facetas muy diferencias: por un lado, su rebeldía, su oposición, su lucha por lograr un estatus que, es evidente, él creía un derecho propio. Por otro, el de héroe fundador, descendiente de Heracles, al que terminarán atribuyéndole una serie de honores divinos.

El viaje hasta Tarento

La fundación de Taras a manos de Falanto

Falanto viajando a lomos de un delfín en una moneda de la época

Los partenios partieron entonces, guiados por Falanto, en varias naves en dirección al sur de Italia, donde lo que inicialmente era una pequeña población autóctona, Tarento, estaba comenzando a convertirse en una ciudad próspera. Sin embargo, y a pesar de que los hombres dirigidos por Falanto lograron algunas victorias sobre los pobladores de la zona, no fueron capaces ni de hacerse con la ciudad ni tampoco de lograr un territorio propio. La misma llegada de Falanto a la costa fue accidental, pues al parecer su barco zozobró y tuvo que llegar a tierra a nado. La tradición dice que fue transportado a lomos de un delfín hasta la orilla, y tal vez esta historia es el origen de las inscripciones de algunas monedas tarentinas en las que se ve a una figura sobre un delfín.

Y es que, poco antes de que abandonaran Lacedemonia, el mismo Oráculo de Delfos había dictaminado que Falanto sólo conquistaría una ciudad cuando «la lluvia cayera de un cielo limpio y sereno». Evidentemente, un hecho así es completamente imposible, y Falanto creyó que precisamente eso era lo que quería decir el Oráculo: que él jamás lograría llevar a cabo la fundación de Tarento. Sin embargo, hay que recordar que los oráculos délficos no podían tomarse al pie de la letra. Solían ser simbólicos. En este caso, la esposa de Falanto se llamaba Etra, nombre que significa «Cielo Sereno». Al parecer, un día, mientras atendía a su esposo, comenzó a llorar, afligida por la pena y el desánimo que veía en su marido, cumpliéndose de ese modo la predicción délfica. De hecho, esa misma noche, Falanto consiguió apoderarse de la zona.

La conquista de la zona y la fundación de Tarento

La fundación de Tarento

El viaje de Falanto y los partenios desde Esparta a Tarento

Tal vez se hicieran en primer lugar con Satirio, ubicación localizada a unos doce kilómetros al norte de Tarento, donde se han encontrado restos de cerámica de la época geométrica tardía. De cualquier modo, no tardarían mucho en establecerse definitivamente en Tarento desplazando a los yapigios. Este era un pueblo originario de Iliria, zona que comprendía la parte occidental de la península Balcánica, que se había establecido mucho antes en la región italiana de Apulia. Así lo demuestra el hecho de que en esta fecha se hallan encontrado los fragmentos de cerámica laconia que comentábamos anteriormente.

De cualquier modo, y sea como sea la forma en la que los espartanos se hicieron con el control de Tarento, es curioso que el nombre elegido para la ciudad fuera Taras, un héroe local, el nombre del hijo de una ninfa y Posidón. Algunos defienden la idea de que Taras fuera el fundador del núcleo original de la ciudad, mientras que Falanto se habría encargado de ampliarla y engrandecerla. La importancia de ambas figuras es evidente en la historia tarantina, puesto que años más tarde incluso se envió a Delfos una escultura en la que aparecían representadas las figuras de ambos.

La fundación de Tarento y los siglos posteriores

La fundación de Tarento y los oráculos de Delfos

Ruinas del oráculo de Delfos, donde se predijo la fundación de Tarento

Por tanto, la fundación de Tarento está envuelta en brumas y mitos e ideas contradictorias que los especialistas son incapaces de solventar. Sin embargo, sabemos que había un grupo originario de pobladores que fueron derrotados, o al menos desplazados, por los partenios llegados de Esparta.

Poco más podemos decir de esta época, salvo que era gobernada en un régimen monárquico. Un par de siglos más tarde la situación se hace mucho más clara con respecto a la ciudad.

Tras una lucha contra los mesapios, Tarento es vencida y su régimen aristocrático cae, estableciéndose una democracia. La arqueología nos muestra después de esto a una villa independiente, que acuña su propia moneda de plata y que, gracias a su magnífica ubicación portuaria, consigue introducirse en los canales comerciales que unían la península griega con el Mediterráneo occidental. Sabemos, por ejemplo, que el comercio entre Esparta y su colonia era próspero y abundante. Sin embargo, ese mismo éxito influyó en la vida de sus ciudadanos, y Tarento pasó, a mediados del siglo V a.C., a ser famosa por el lujo y la desidia que dominaba su día a día.

Tarento y su sello espartano

Ahora bien, ¿no sería extraño que siendo una colonia de Lacedemonia, Polis famosa por su austeridad y capacidad de sacrificio, hubieran caído los habitantes de Tarento en ese estado? Lo cierto es que, hoy en día, los especialistas creen que es probable que esta imagen no sea más que la consecuencia directa de la traición de Tarento en la Segunda Guerra Púnica.

Por el contrario, es innegable el sello espartano en la zona tarentina. Tanto el dialecto como la escritura, así como los mitos, el culto a los dioses y las obras artísticas entroncan con la capital espartana. Los mismos alrededores de Tarento están salpicados de nombres espartanos. Así, por ejemplo, al río Galeso se le conocía como Eurotas, el río que bañaba la polis lacedemonia. Además, se han encontrado hallazgos como una tumba a Jacinto, personaje importantísimo en las celebraciones de Amiclas, e incluso un ánfora en el que se había inscrito el nombre de uno de los éforos.

Tarento, entre Grecia y Roma

La fundación de Tarento

Tarento, en el S. XVII

En el caso de que esa relajación a la que hacíamos mención fuera una realidad, puede que constituyera con el tiempo a crear una serie de problemas para la ciudad. Sus habitantes fueron derrotados en diversas batallas hasta que, llegado el S. III a.C., y a pesar de contar con la famosa falange conocida como Leucaspides debido a sus escudos de color blanco, se vieron obligados a elegir entre doblegarse ante Cartago o bien hacerlo a los romanos. Se decidieron por Roma y quedaron sujetos a ella, si bien mantenían su independencia y sus propias leyes. Tiempo más tarde, sin embargo, se rebelarían en la Segunda Guerra Púnica, apoyando a los cartagineses. Pero sus ambiciones quedaron destrozadas cuando la guarnición cartaginesa de la ciudad fue derrotada casi sin presentar batalla.

En este periodo, Tarento sufrió profundas heridas. A los botines y el saqueo se unieron los destrozos causados por la guerra. Además, el floreciente puerto de Brundisi hizo que la importancia tarentina en el comercio decayera.

No obstante, ya en el S. IV, se había recuperado y volvía a florecer. Esto propició que fuera un bocado goloso para diferentes pueblos, como los bizantinos y los musulmanes, que llegaron a disponer de un Emirato de Tarento durante unos años. Muchos tiempo más tarde, ya en 1600, se convirtió en principado y mantuvo ese estatus hasta su incorporación al estado italiano.

Pero, en el fondo, en los más profundos cimientos de su civilización, la impronta espartana sigue hablándonos a través de los mitos y leyendas de la antigua Tarento.

 

[1] Esparta estaba formada por cinco ciudades que habían establecido un pacto. La última en unirse a ellas fue Amiclas, que solo lo hizo tras ser conquistada por el rey Teleclo.