Siempre que pensamos en un autor, se nos viene a la cabeza una persona mayor de edad, formado y en plenas facultades. Sin embargo, la vida es tan caprichosa que podemos encontrarnos con supuestos que difieran en mucho de lo que nos parece normal  y que también deben encontrar encaje en el mundo jurídico.  Dándole vueltas a esta idea, me han venido a la cabeza dos posibles situaciones que si bien no son normales podrían darse: ¿qué haremos si el autor es menor de edad o una persona que no se encuentra en plenitud de facultades mentales? ¿Quién puede firmar un contrato editorial?

¿Puede firmar un contrato editorial un menor de edad?

¿Puede un menor firmar un contrato editorial?

Imaginad un menor de edad que escriba y publique su primer libro. No es nada extraño, ni tampoco sería el primer caso en que una persona joven resulta extraordinariamente prometedora. Recordad el caso de Cristopher Paolini, que si bien publicó su primera novela El Legado siendo ya mayor de edad, comenzó a escribirla con quince años. En España se me viene a la cabeza Laura Gallego, que comenzó a escribir con once años, aunque publicaría su primera novela diez años después. La problemática no llegó a plantearse en ninguno de los dos casos, pero podría haberse dado.

Podría suceder que alguien quiera publicar su primera novela antes de cumplir los dieciocho años. ¿Qué sucedería? ¿Podría hacerlo? ¿Cómo se instrumentalizaría ese contrato de edición?

[bctt tweet=»¿Puede un menor firmar un contrato editorial? Sí, en determinadas circunstancias» via=»no»]

 

Lo que dice la ley sobre si un menor puede firmar un contrato

En nuestro ordenamiento se presume que los menores no tienen suficiente capacidad para obrar, más allá de pequeñas disposiciones (cuando vamos a por chuches o realizamos pequeñas compras), para el resto de actuaciones necesitan autorización o asistencia. Nos podemos encontrar con dos situaciones diferentes:

  • Que el autor sea menor de edad sin emancipar. En este caso serían sus progenitores ostentando la patria potestad (o sus tutores en caso de que no tenga padres o se hayan visto privados de la patria potestad) quienes autorizarán la firma del contrato de edición.
  • Menor de edad emancipado. La emancipación se produce en determinadas situaciones cuando un mayor de dieciséis años, pero menor de dieciocho, puede realizar por sí mismo determinadas actuaciones como si fuera mayor de edad. En principio podría disponer y firmar por sí mismo el contrato de edición sin mayor problema, ya que las únicas limitaciones establecidas para estos menores es la necesidad de consentimiento cuando vaya a pedir préstamos, gravar o transmitir bienes inmuebles, establecimientos mercantiles o industriales.

¿Puede alguien firmar un contrato editorial si ha perdido sus facultades?

¿Puede firmar un contrato editorial alguien que ha perdido sus facultades?El segundo caso que me he planteado sería el de una persona que ha perdido sus facultades por cualquier motivo (un accidente, una enfermedad mental, degenerativa…). No sé si Leopoldo María Panero llegó a estar incapacitado, pero sí que pasó largas temporadas en centros de salud mental. ¿Qué sucede cuando el autor no puede gobernarse por sí mismo? ¿Quién puede firmar un contrato editorial en este caso concreto? De nuevo tenemos que acudir a nuestra ley para aclarar la situación.

En primer lugar es necesario poner de manifiesto que nuestro ordenamiento jurídico presume la capacidad de obrar de cualquier persona mayor de edad. Para ser privado de esa presunción de capacidad, una persona debe ser sometida a un proceso judicial de incapacitación. En el mismo, y tras los trámites oportunos, podrá ser declarado incapaz.

Imaginemos que esa persona ha sido un escritor y que su obra puede ser editada. No está muerto, no hay herederos. Está vivo y coleando ¿quién puede firmar el contrato de edición en ese caso?

Diferentes grados de pérdida de facultades

Desde mi punto de vista, en primer lugar habría que acudir a la sentencia en la que se declara la incapacitación de esa persona. En esa sentencia se nombrará un tutor legal (persona física o jurídica) que se encargará se suplir las facultades que se hayan entendido que esa persona ha perdido.

  • Si la persona fuera parcialmente incapacitada, lo que sucede por ejemplo con los pródigos (personas que no son capaces de administrar sus bienes), se le nombrará un curador que se encarga de asistirlo en todas las actuaciones que determine la sentencia judicial. Si expresamente no se dijese nada, se entiende que la asistencia se extiende a lo mismos actos que amparan al tutor judicialmente nombrado. El curador no autoriza, sino que asiste al incapaz, que es quien toma la decisión de firmar o no.
  • Si la incapacitación fuera total, será el tutor quien podrá firmar los contratos de edición del autor. Entiendo que, antes de suscribir el contrato, el tutor deberá solicitar al juez autorización, ya que estamos hablando de un acto en el que se va a disponer de determinados derechos patrimoniales y morales del incapacitado (artículo 271.2 C.c.). El Juez procederá a autorizar la firma del contrato, previo traslado de la mencionada petición al Ministerio Fiscal, siempre que se entienda que el contrato de edición puede resultar beneficioso para el incapacitado.

La decisión sobre quién puede firmar un contrato editorial en estos casos es del juez

¿Podría negarse el juez a dar la autorización? Evidentemente, siempre que entienda que la misma va a suponer un perjuicio para el patrimonio o persona del incapaz Y es que no puede olvidarse que las funciones tutelares constituyen un deber, se ejercerán en beneficio del tutelado y estarán bajo la salvaguarda de la autoridad judicial.

También es necesario recordar que el tutor deberá rendir cuentas anualmente de su gestión, y así las partidas correspondientes a liquidación de derechos de autor deberán incluirse en la mencionada rendición de cuentas.

En definitiva, la capacidad de obrar del autor determina cómo puede firmarse el contrato de edición, y dado que la esperanza de vida va incrementándose, no está de más tener en cuenta los anteriores aspectos.

Y con esto quedarían contemplados los diferentes casos. Como podéis comprobar, la ley aclara, con algunas luces o sombras, quién puede firmar un contrato de edición y quién no puede hacerlo.

¿Te habías planteado algo así?, ¿sí? No dudes en compartir esta entrada si crees que puede ser útil a alguien.