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Agosto ya es historia. De hecho, si las cuentas no me fallan, cuando estas líneas vean la luz ya estaremos en otoño o nos faltará muy poco, una estación que me produce tristeza y una gran nostalgia. Una buena época para la poesía, otra de mis pasiones. Por eso este primer artículo de la nueva temporada se lo dedico a uno de nuestros autores más grandes, poeta y brillante dramaturgo: Federico García Lorca.

Primeros años de Federico García Lorca

Federico García LorcaFederico García Lorca nació un 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, un pequeño pueblo de la provincia de Granada. Lo hace en el seno de una familia acomodada, ya que su padre, Federico García Rodríguez, era un hacendado de la zona que contrae matrimonio en segundas nupcias con Vicenta Lorca Romera, maestra de escuela en el pueblo. Federico obtendría los recursos económicos de su padre, pero su afición a las letras lo heredaría de su madre, que fomentó en él el gusto literario que le daría fama en todo el mundo.

Cuando la familia se traslada a Granada en 1909, Federico contaba tan sólo con 11 años y su interés en ese momento se inclinaba más hacia la música que a las letras. De hecho, durante la adolescencia e incluso en la universidad, se le conocía más por su faceta como músico que por la de escritor novel.

Juventud de Federico García Lorca

Se sabe que en 1914 se matricula en la Universidad de Granada para iniciar estudios en Filosofía y Letras y Derecho. Dicen que los viajes realizados de la mano de su profesor de Teoría de la Literatura y de las Artes por toda España fueron los que despertaron su verdadera vocación: las letras. Fue en esta época precisamente cuando publica su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, donde da rienda suelta a su visión estética de los lugares visitados y a temas políticos.

En 1919 se traslada a Madrid y consigue entrar en la “Residencia de Estudiantes”, toda una institución de la época, donde entra en contacto con parte la élite artística de aquellos tiempos. Buñuel, Dalí y Alberti serían algunos de ellos. Es en esta institución donde Lorca se encuentra no sólo con la cultura española, sino con la de fuera de nuestras fronteras y se da cuenta de la gran responsabilidad que los autores tienen sobre los problemas sociales. Aquí conocería a grandes conferenciantes y artistas de la época, como por ejemplo H.G. Wells, autor que, curiosamente, se interesaría por su situación personal cuando se corrió la voz de su detención por el bando nacional.
En 1921 Lorca vuelve a Granada y de la mano de Manuel de Falla emprende varios proyectos relacionados con la música. También hay que destacar un segundo foco cultural en el que se ve envuelto, la tertulia “El Rinconcillo” que se celebraba en el café Alameda, donde se origina uno de los engaños literarios más curiosos de la época, en este interesante  artículo,  Jesús Arias nos pone al tanto de ello.

[bctt tweet=»Agosto de 1936. Queipo de Llano al Gobernador Civil de Granada “Dale café, mucho café”» username=»JecobeJess»]

Los viajes y su final

En 1929,  su gran amigo Fernando de los Ríos le propuso que le acompañara a Nueva York y Lorca acepta. Esta etapa le abre un nuevo mundo, aprende inglés y se convierte en una de las experiencias más importantes de su vida. Un año más tarde viaja a Cuba, donde explora su música y cultura. Y aunque vuelve  Madrid el mismo año, viaja a México y Sudamérica hasta que vuelve a España en 1936. Pocas fechas antes del alzamiento, y aunque los embajadores de Colombia y México le ofrecen exiliarse en sus países, Lorca lo rechaza y vuelve a su casa para reunirse con su familia en los días previos al golpe de estado. El resto de la historia es bien conocida. Un mes después, el 18 de Agosto de 1936. Lorca era fusilado junto con un grupo de anarquistas. Según el prestigioso historiador Ian Gibson “por ser espía de los rusos, haber sido secretario de Fernando Ríos y ser homosexual”  Lo cierto es que cuando el gobernador Civil  de Granada preguntó a Queipo de Llano qué debía hacer, este le contestó “Dale café, mucho café”

De su vida tenemos un pequeño resumen en este programa, interesante y completo para los amantes de la imagen.

La generación del 27

A Federico García Lorca se le incluye en la llamada Generación del 27. Esta tiene su origen  según algunos estudiosos en la reunión de varios poetas en el Ateneo de Sevilla para homenajear a Góngora. Y al margen de algunas polémicas sobre quién debe estar o no , lo cierto es que coincide con la mejor época de la poesía de nuestro autor.

Los estudiosos de su obra identifican un elemento temático central en ella: el enfrentamiento entre la libertad individual y la realidad social que termina anulando los deseos del individuo para terminar claudicando. Esto se ve claramente en muchos de sus personajes, marginados que no logran integrarse en el sistema y cuya inadaptación suele llevarles a un final doloroso y trágico.

La obra de Federico García Lorca

Es en 1927 y 1928 cuando publica  Canciones y Romancero gitano que, al igual que casi toda, su obra se encuentra llena de obsesiones y frustración. La utilización de la simbología y la metáfora está muy presente en su poesía y aunque conoce y utiliza de forma magistral las novedades literarias de la época, toda su obra está empapada de tradición, observándose grandes dosis de valentía, pasión y sobre todo melancolía y un desgarro amoroso profundo.

La poesía y el teatro son los géneros que más trabaja y donde se encuentran grandes obras de la literatura, me atrevería a decir, universal. Entre ellas se Romancero gitano y Poeta en Nueva York dentro de la poesía  y Bodas de Sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba en Teatro.

Se dice de Lorca que es un hombre de teatro en su sentido más amplio. Él mismo dibujaba los figurines, decidía sobre los decorados e incluso dirigía la representación. En los años treinta, y de la mano del grupo teatral “La Barraca”, recorrió muchos pueblos de España con la intención de hacer llegar al teatro a todas las clases sociales, sin distinción. Al igual que en su obra poética, en su teatro se puede ver la lucha por la libertad, el amor y la muerte como motivos principales sobre los que se fundamenta el teatro lorquiano. Otros aspectos a resaltar de sus obras es la importancia que se le otorga a los personajes femeninos, normalmente reprimidos, así como a los grupos marginados socialmente.

En fin, la intransigencia, el autoritarismo y las diferencias ideológicas que al final anteponen el interés personal y de clase al bienestar de toda la sociedad se lo llevaron por delante, como desgraciadamente a tantos otros, cuando se encontraba en su mejor momento, literariamente hablando. Lo cierto es que acabó como lo hace cualquiera de sus personajes: de una manera dolorosa y trágica.

Sed buenos y leed mucho.