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No sé cómo nos las hemos apañado para llegar desde febrero hasta octubre hablando de Harry Potter una vez al mes  sin apenas mencionar la magia. Piénsalo un momento ¿Qué es Harry Potter? Un mago que estudia en una escuela de magia que se ubica en un mundo mágico. Y nosotros aquí, hablando de caracterizar personajes, de conflictos, de obstáculos, de nombres… ¿Pero qué pasa con la piedra angular de todo el sistema? ¿Cómo se consigue la atmósfera en la narración?

 

¿Recuerdas cuáles son las preguntas que debes contestar cuando empiezas a escribir?

No, no te las he hecho yo, pero están por todas partes:  Quién, qué, cuándo, dónde y cómo. Esas son las preguntas básicas que deben plantearse y resolverse a la hora de contar cualquier historia si quieres trabajar bien los elementos de una novela. Pues bien en estos tres artículos en los que hablaremos de magia (o de su ausencia), vamos a responder a la cuarta de esas preguntas: dónde.

Toda la saga de Harry Potter y, por supuesto, su primera entrega, de la que todavía no hemos salido, basan su encanto y su poder de atracción en esa sola palabra: MAGIA. J.K. Rowling construye las atmósferas de sus escenarios alrededor de ella; y es ella, la magia, la que es capaz de transportarnos como lectores a lugares de fantasía poblados por animales fantásticos donde poderes extraordinarios son posibles.

De hecho, el gran acierto, por encima de todos los demás, de la autora, es convencernos de que la magia es posible en nuestro mundo… o casi: en un mundo tan cercano a este en el que vivimos que las fronteras entre ambos se confunden. Así nos lleva a creer que todos podemos ser magos y, en fin ¿tú no quieres ser un mago?

Escenarios básicos en Hary Potter y la Piedra filosofal

Hay dos escenarios principales en el mundo de Harry Potter: el Londres Muggle donde vivimos los pobres humanos no mágicos y el mundo mágico, que es donde sucede la mayor parte de la historia y del que a priori no sabemos mucho, aunque parece que es un mundo amplio; de hecho, tan grande como toda la Tierra, aunque existe en otro nivel.

Es en este segundo gran territorio donde se desarrolla la trama de la saga; pero no en todo él, sino, sobre todo en esta primera entrega, en algunos puntos muy concretos:  Hogwarts, Hogsmeade y el Bosque Prohibido.

A los potterheads de pro no les hace falta nada más que esas pocas palabras para que un montón de imágenes se agolpen en sus cabezas: escaleras que se mueven, barcas que avanzan en la oscuridad, el tren expreso que todos queremos tomar, centauros, un extraño vampiro, sangre de unicornio, fantasmas… Magia, en fin.

Pero todo comienza en Muggleworld

Sí, como tantas otras veces, es conveniente empezar por el principio, y el principio de Harry Potter y la Piedra Filosofal es este:

“El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente.”

Private Drive, Los Dursley viven en la Calle Privada número 4. Un nombre soso, un nombre común para unas personas que eran muy normales, ya lo sabemos, afortunadamente.

“Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región”

Más y más color gris para identificar la absoluta normalidad de este mundo nuestro. Y así termina el capítulo que describe el mundo no mágico:

“Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La calle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo, sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche”.

Y así comienza el segundo capítulo:

“Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley[…]”.

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¿Qué conclusiones podemos sacar de estas pocas citas?

¿Veis alguna descripción en ellas? Normal, gris, color tinta, último lugar donde podría suceder algo asombroso… Desde luego, no se trata de párrafos con una profusión de detalles exhaustiva. Apenas sabemos que Private Drive no es grande, que las casas son ordenadas y que se las numera con piezas de latón.

Como todos hemos visto las películas, la imagen que tenemos es la de estos cuadrados de ladrillo visto de la imagen, pero poco más.

Secretillo: la foto es mía. De los estudios de Warner Bross en Londres. Sé que ahora me odiais, pero seguid leyendo, que lo más importante del artículo está justo al final.

Bien ¿Por qué creéis que no hay descripciones en esta parte? Al fin y al cabo es el inicio del libro, se nos dan muchos datos acerca de la historia aquí, pero el modo de ubicarnos en el espacio es breve, muy breve, somerísimo, escaso, inexistente incluso.

El motivo es simple: porque no importa cómo es Private Drive. No importa cómo sea Londres. Este es solo un punto de partida y lo único que necesitamos saber de él es lo que nos cuentan: que es normal.

¿Por qué “normal” es una palabra tan poderosa en este caso?

Porque la normalidad es algo que todo el mundo cree conocer; se supone que la normalidad es algo común pero en realidad es diferente para cada persona. Si Rowling hubiera dicho que Private Drive era una casa de estilo Tudor, no habría habido vuelta atrás; pero al decir que algo es “normal”, le das permiso al lector para imaginarlo como prefiera. Tal y como está mencionado el hogar de los Dursley, podría ser la vivienda de cualquier niño de cualquier país del mundo.

Dosificar a la hora de describir

Este es uno de los trucos de equilibrista más complejos a la hora de escribir. Hay que dar la información necesaria para que el lector no se pierda entre tus páginas, pero solo la necesaria, la que cause el efecto que deseas como escritor. En algún momento necesitarás hablar de cómo son los tejados y hasta la rugosidad de las piedras, de si crece hierba a los bordes del camino o si no.

Es tarea tuya y solo tuya distinguir qué momento es el adecuado y J.K. Rowling estuvo muy acertada al dejar el grueso de sus adjetivos e imágenes para la parte de su mundo que realmente importaba: el mundo mágico.