Este mes nos vamos a centrar en José Cadalso, un autor no demasiado conocido, y adentrarnos en las entrañas del XVIII, un siglo donde la prosa es esencialmente didáctica con el propósito de difundir las ideas de la ilustración, por lo que el género más utilizado durante estos años es el ensayo. La prosa de ficción que nuestro escritor trabaja,  apenas se desarrolla.

José Cadalso, su niñez y juventud

José Cadalso y Vázquez de Andrade nació en Cádiz un 8 de octubre de 1741. De raíces vascas, sufrió la pérdida de su madre cuando esta le dio a luz, lo que, unido a la marcha de su padre por los negocios que tenía en América, hizo que hasta los trece años la educación de nuestro autor recayera en su tío, jesuita conocido como el padre Mateo.

Este tuvo a bien enviarle a estudiar a Francia, donde cursó sus primeros estudios hasta que, siguiendo la estela de su padre, que se había instalado en Londres, marchó a Inglaterra. Cadalso siguió recorriendo Europa y ampliando sus conocimientos: pasó por Italia y la actual Alemania aumentando su interés por las lenguas vivas y el latín. Tras un breve paso de nuevo por París y Flandes regresaría a España.

José Cadalso viajó por gran parte de Europa en su juventudCon tan solo dieciséis años, su cultura y bagaje es ya tan elevado que el choque cultural y social con la “rancia” España, como él la llama, lo marcaría al extremo de reflejar su desencanto  en una de sus obras más conocidas: “Cartas Marruecas” . Su padre, que ya tenía marcado el futuro que quería para su hijo, le hizo ingresar en el Seminario de Nobles de Madrid, institución fundada en 1725 donde se educaban los hijos de los nobles y militares de la época, para que preparara su salto a un puesto de “covachista”,  término despectivo que se utilizaba para los que se dedicaban al funcionariado de la época.  Aquello suponía un verdadero castigo para Cadalso, por lo que simuló querer ingresar en la orden jesuita, algo que su padre detestaba pues odiaba a la Compañía, así que le sacó de allí. No contento con seguir en España, hizo creer que la carrera militar era lo suyo. Dos años después de haber llegado a la península, Cadalso volvía a Europa; París y Londres fueron sus destinos hasta que a los veinte años tuvo que volver a España. Su padre había fallecido en Copenhague y la herencia y el papeleo que esta conllevaba le obligaron a ello.

José Cadalso y el ejército

Cómo solucionó los papeles testamentarios es todo un enigma. Lo cierto es que poco tiempo después se encontraba en la ruina. El patrimonio familiar había desaparecido por arte de magia. Dicen que esto le obligó a  ingresar en el regimiento de caballería de Borbón en 1762. Es curioso que lo que supuso una excusa para huir de España se convirtió en una realidad al volver a ella. Curioso el destino a veces.

Tras participar en la campaña de Portugal, sus huesos dieron en Madrid justo en el momento en que se produjo el Motín de Esquilache, 1766,  donde le salvó la vida al Conde de OReilly y quizás por ello se le concedió el hábito de caballero de la Orden de Santiago – en esta época todavía era una mención honorífica militar- trabando amistad con Manuel María de Aguirre, literato ilustrado de la época.

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Destierro y amores de José Cadalso

Debido a la falsa atribución de una obra satírica que circulaba por Madrid ridiculizando las costumbres amorosas de la nobleza, Cadalso fue desterrado de la Villa. Este destierro no le supuso trauma alguno. Por el contrario, el tiempo que estuvo fuera de la capital lo dedicó de forma intensa a una de sus pasiones, la poesía.

Cuando regresa del destierro empieza su etapa amorosa. Se enamoró de María Ignacia Aguirre, una famosa actriz. Ese amor daría lugar a una de las leyendas románticas que corrieron por los mentideros de la época. La repentina muerte de ella y el afán por despedirse de él le llevaron a desenterrarla para darle el último adiós, hecho que quedaría reflejado en su obra “Noches lúgubres”.

Cadalso ya no fue el mismo a partir de este momento. Se sumió en una profunda depresión de la que sus amistades intentaron sacarle, sin éxito. Es cierto que su mejor obra poética la realiza en estos años, hasta que su participación en la campaña del asedio de Gibraltar terminó con su vida cuando tan solo contaba cuarenta años. Un cascote de metralla le golpeó en la sien, acabando con él y dejando eliminada de raíz una brillante carrera literaria que nos hubiera dejado grandes obras.

Aquí os dejo un pequeño audio donde se da un resumen completo de su vida y de la leyenda negra que se le atribuye y que ya os he comentado en este apartado. Muy recomendable.

 

Noches lúgubres, de José CadalsoLa obra de José Cadalso

José Cadalso, aunque es autor de poesía y teatro, es más conocido por su obra en prosa.

Como el resto de autores contemporáneos, entre los que se encuentra su amigo Fernández de Moratín o Feijoo, Cadalso imprime a sus obras el afán didáctico con el que se pretende difundir las nuevas ideas de la Ilustración mediante los ensayos y la llamada prosa de ficción, donde nuestro autor es considerado como el más relevante.

Dentro de la obra en prosa hay que destacar las más conocidas, “Noches lúgubres” y «Cartas Marruecas”, ambas publicadas de forma póstuma. De la primera destacaremos su carácter íntimo y personal. La pérdida de su gran amor, la actriz María Ignacia Ibáñez, la convierte en una lamentación por la muerte de su amada. Algunos críticos dicen que, a pesar de esto, la obra contiene mucho de los elementos y tópicos comunes de su tiempo, que Cadalso parece  quiso adaptar a lo español la literatura europea de carácter sepulcral. No obstante, y debido a la exaltación de los sentimientos personales del autor, “Noches lúgubres” está considerada por algunos críticos como el precedente del género Romántico que predominó en el siguiente siglo, el XIX.

Cartas Marruecas, de José CadalsoEn  “Cartas marruecas” dicen los críticos que Cadalso se inspiró en las “Cartas persas” que Montesquieu escribió. El libro consta de noventa cartas que, escritas por tres personajes, van desmenuzando la realidad española. En estas cartas deja ver tres puntos de vista distintos: la del español que conoce la patria; la del extranjero que la observa e intenta comprenderla y la del experimentado sabio que sabe distinguir lo anecdótico de lo esencial. En fin, lo que pretende Cadalso es acercarse de forma objetiva a la realidad política y social de la época, pero realmente el tratamiento que da nos deja ver en sus líneas las tremendas contradicciones internas que el autor tenía. Su añoranza del pasado y el deseo de forjar un futuro mejor; el vitalismo frente al moralismo; antibelicismo y elogio del heroísmo y otras que sería largo enumerar. Lo cierto es que a lo largo de la novela se distingue la comparación entre lo pasado y la problemática actual de su tiempo, analizando la realidad española de una forma didáctica. No obstante, se aprecian los elementos suficientes para considerarla como prosa de ficción, el género en que se considera a Cadalso máximo exponente.

Su obra poética se centra prácticamente en “Ocios de mi juventud”, poemas escritos durante su destierro de Madrid que toca todos los géneros típicos del momento. En cuanto a teatro se refiere, nos han llegado dos obras. Dicen que había una tercera que desapareció, “La numantina”, pero en las dos se reconocen los cánones clásicos del teatro de la ilustración  que da origen al teatro neoclásico.

 

Y con esto doy fin a estas líneas donde he intentado dar a conocer a este autor que junto a autores tan famosos como Voltaire, Rousseau y Defoe compartió las ideas ilustradas transmitidas de forma didáctica a través de sus ensayos y obras en prosa para que los lectores fueran capaces de reflexionar sobre la naturaleza del hombre, la sociedad y la educación.