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¿Recordáis ese artículo de hace un par de meses en el que hablaba del Viaje del héroe, de Harry Potter y de cruzar umbrales? Pues en esta ocasión vamos a hablar de cómo hacer que la percepción que el lector tiene de tu novela cambie, pero como de la noche al día, gracias a un buen manejo de la creación de escenarios y la atmósfera. Veamos entonces cómo se abordó la creación de escenarios en Harry Potter.

Hablábamos hace unas semanas de que “el mundo normal” no necesitaba grandes adjetivos ni párrafos largos para ser descrito y asumido porque en realidad, en un libro como Harry Potter, centrado en la magia y lo extraordinario, esa normalidad importaba poco. Veamos ahora cómo ocurre todo lo contrario con el mundo mágico.

La Huida de los Dursley: un preludio al mundo mágico.

Es verdad que no es hasta la entrada de Harry en el Callejón Diagon cuando se nos presenta el mundo de magia en el que nos instalaremos con total comodidad durante siete largos libros, pero Rowling fue lo bastante lista para saber que un lector, sobre todo uno de ocho o diez años, que es la edad a la que los niños suelen acercarse por primera vez a Harry Potter, solo es muy joven, no tonto. Los niños quizá tengan una tolerancia mayor a lo maravilloso, pero les gusta tan poco como a estos que los saques de su zona de confort de un plumazo. Por eso J.K. escribió un capítulo completo acerca de cómo tío Vernon huye de la maldición de las cartas de Hogwarts. La parte que más nos interesa de ese capítulo es esta:

“En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa. El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda. Sólo había dos habitaciones.”

Como no parece razonable que Harry salga de su mundo común para caer en el mundo mágico con un simple cruzar de acera, nos encontramos con este párrafo lleno de peligro y hasta un poco de terror.  No en vano La Piedra Folosofal sigue formando parte de la tradición literaria británica; ya sabéis: La Tempestad de Shakespeare, los arrebatos de Byron y hasta Cumbres Borrascosas.

Es prácticamente imposible que un autor se escape a su herencia y Rowling es heredera de todos esos clásicos. No es mi intención comparar la calidad o la importancia, sino poner de manifiesto que el poso es importante, que las raíces asoman donde menos se espera; por ejemplo, en pequeñas descripciones y en los recovecos del camino. Las influencias se notan incluso en la creación de escenarios.

La creación de escenarios en Harry Potter: ¿El mundo mágico? ¿De verdad? ¿Por fin?

La creación de escenarios mágicos en Harry PotterSí, cuando Harry entra por fin en Diagon Alley, el mundo se da la vuelta y donde todo era gris, común y sin aliciente, entra en juego la magia:

(Hagrid) “Dio tres golpes a la pared, con la punta de su paraguas.

El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.

—Bienvenido —dijo Hagrid— al callejón Diagon.”

Aquí empezamos con la creación de escenarios en Harry Potter. Los escenarios que de verdad van a ser importantes, los mágicos, y J.K. describe lo que a mí, que reconozco que tengo alguna fijación con el tema, me recuerda mucho a un cordón umbilical. En todo caso, un túnel, un pasadizo que conecta un mundo con el otro. Y no se trata de un umbral sencillo de cruzar. La pared de ladrillo se retuerce y estremece igual que se retuerce y adapta la mente del lector para aceptar que por fin se encuentra en un mundo donde no solo las serpientes se comunican discretamente con un niño en concreto, sino que la magia existe.

Tomaos un momento y leed el principio de la cita: “Dio tres golpes a la pared con la punta de su paraguas”. El tres es un número mágico. En fotografía, los elementos tomados de tres en tres componen imágenes más atractivas que los pares. Jesucristo resucitó al tercer día, a la tercera va la vencida, y Dorothy debía golpear tres veces los talones de sus escarpines dorados (en el cine los pusieron de color rojo para aprovechar el reciente technicolor) para ir a donde quisiera. Harry tiene dos amigos y con él forman un trío, los Reyes Magos son tres y el tres determina el momento en que empieza una carrera. Las Parcas eran tres… Y así hasta el infinito. El lector no es consciente, pero la presencia del número tres le dice al subconsciente que debe esperar algo extraordinario. Y La Piedra Filosofal no decepciona en la creación de los escenarios mágicos.

Bienvenidos al Callejón Diagon

“Harry deseó tener ocho ojos más. Movía la cabeza en todas direcciones mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras. Una mujer regordeta negaba con la cabeza en la puerta de una droguería cuando ellos pasaron, diciendo: «Hígado de dragón a diecisiete sickles la onza, están locos…».

Un suave ulular llegaba de una tienda oscura que tenía un rótulo que decía: «El emporio de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco». Varios chicos de la edad de Harry pegaban la nariz contra un escaparate lleno de escobas. «Mirad —oyó Harry que decía uno—, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz.» Algunas tiendas vendían ropa; otras, telescopios y extraños instrumentos de plata que Harry nunca había visto. Escaparates repletos de bazos de murciélagos y ojos de anguilas, tambaleantes montones de libros de encantamientos, plumas y rollos de pergamino, frascos con pociones, globos con mapas de la luna…”

¿Por qué diríais que son importantes estos dos párrafos en lo que se refiere a la atmósfera y la creación de escenarios en Harry Potter?

No, no es por el hígado de dragón, ni por las lechuzas, ni por las pociones ni los libros de hechizos. Todo eso es atrezzo y podría usarse para describir el lugar de rodaje de una película. O un museo. Lo verdaderamente destacable es el inicio: “Harry deseó tener ocho ojos”. Esa sola frase hace que se desvanezcan todos los problemas domésticos de Potter y el cambio en el humor del personaje, que viene de El caldero Chorreante, de un encuentro abrumador con un montón de magos en un ambiente más bien oscuro, ya hace que cambie todo el tono de la narración. Como el libro se narra desde el punto de vista de Harry, sus emociones tiñen todas las escenas y también los escenarios.

Cuando Harry sonríe, la narración es más ligera y más ágil.

El segundo elemento de importancia vital es el modo en el que se introducen los elementos extraños que listaba un poco más arriba. En realidad, la Rowling está describiendo una calle comercial cualquiera. Es verdad que venden rollos de pergamino en lugar de apio, pero los elementos domésticos son tantos como los extraordinarios: niños pegados a un escaparate, una mujer que se queja de los precios, un cartel que anuncia mercancías, escaparates, tiendas de ropa.

En estos dos párrafos y con dos técnicas tan sencillas como transferir el estado de ánimo del protagonista al texto y añadir elementos rutinarios al lado de elementos muy raros, la autora ya nos ha metido en su mundo. Un mundo donde la magia existe y es la clave de la existencia; pero donde esa existencia es, sobre todo, normal, asequible. El mundo está organizado de un modo similar al nuestro, aunque es más colorido porque, bueno, tiene magia.

Esa es la clave a la hora de plantearnos la creación de escenarios: que transmitan las sensaciones que buscamos a partir de elementos cotidianos.