Uno a veces tiene una percepción clarísima de cuándo se enciende la chispa de lo que será su nueva novela. Hay momentos en el que el fogonazo es tan fuerte que deja una huella imborrable en el recuerdo.

En otras ocasiones, en cambio, eso no es así, y a medida que retrocedes hacia la idea primigenia, la bruma se espesa y terminas en una de esas nubes de gas, una nebulosa de la que se forman las estrellas, sin saber exactamente cuál ha sido el origen, el pensamiento, que te ha llevado a escribir.

Esto último es lo que me ocurre con La boca del diablo, mi nueva novela, que llegará a las librerías en el mes de mayo sin que tengamos, a día de hoy, fecha exacta de salida. Sé que la idea de escribir una novela histórica en la que se mezclen ciertos misterios paranormales me acompaña desde hace mucho tiempo, pero no puedo precisar el momento exacto en que me llegó por primera vez.

Lo que sí sé es el momento en el que supe cómo llevar a cabo esa idea, en qué época ambientarla y qué tono debía darle.

Líbranos del mal

Me encantan las películas de terror. No las gore, ni las muy explícitas en cuanto a asesinatos. No soy un seguidor de sagas como Saw, por ejemplo. Pero sí de las historias de posesiones demoníacas, de fantasmas, de espíritus. Si me entero de alguna película de este tipo, corro al cine para verla.

Por eso, cuando se estrenó, en el año 2014, Líbranos del mal (Deliver us from evil en idioma original) no tardé en ir a verla. Y fue al salir cuando se encendió la bombilla.

Llevaba ya bastante tiempo con el deseo de escribir una novela de posesiones, pero no había encontrado el modo de hacerlo. Lo que yo quería no era algo del estilo El exorcista, sino más bien una aventura, una investigación, la búsqueda de lo que se cocía en un pequeño pueblo en el que sucedieran cosas extrañas.

Pero me encontraba con una serie de incógnitas que no era capaz de despejar, en especial la época y los personajes envueltos. Cuando salí de ver Líbranos del mal, me di cuenta de que, justamente eso, era lo que yo quería hacer, pero en otra época: un policía investigando un caso que le lleva a verse envuelto en una serie de situaciones imposibles cuando los demonios intervienen.

Salí pensando en ello. Pero claro, yo escribo novela histórica. No podía escribir eso mismo. Y entonces, como un relámpago, me llegó la respuesta. Había estado ahí todo el tiempo pero no había sabido verlo. En España, durante siglos, hubo personas que investigaban casos en los que las brujas y los demonios estaban envueltos. Esas personas fueron los inquisidores.

Fray Gonzalo, fray Bernardo y Juan Lobo

Ya sabía quiénes debían ser mi pareja investigadora. Ahora “solo” me faltaba crearlos y darles vida.

La boca del diablo - Juan LoboSuelo dedicar mucho tiempo a la creación de mis personajes, son uno de los pilares básicos de toda novela, el único modo que tiene el lector de introducirse en el mundo que le proponemos; si no están bien trabajados, tu novela no funciona.

Estos dos personajes son completamente diferentes. No voy a desvelar detalles, pero mientras uno es un fiel seguidor de la doctrina inquisitorial, casi un fanático, el otro es un amante del razonamiento, de la verdad, del conocimiento.

Y como no puede ser de otra forma, ambos puntos de vista chocarán en varias ocasiones a lo largo de toda la novela.

Juan Lobo es, en realidad, el lector. Es el personaje que, casi obligado por las circunstancias, debe acompañarlos en su investigación y se ve envuelto en una serie de situaciones que ni comprende ni es capaz de asimilar. Ese no es su mundo. Las brujas, los demonios y sus malas artes no deberían tener nada que ver con el mundo de los Hombres. Es a través de los ojos de Juan Lobo que el lector será testigo de los acontecimientos.

La historia de La boca del diablo

La armada invencible, punto de partida de La boca del diabloLa boca del diablo arranca en septiembre de 1588, cuando un barco tripulado por un grupo de hombres medio muertos arriba a San Sebastián. Vienen de alta mar, en un barco que se ha separado de la armada que Felipe II ha enviado a invadir Inglaterra, con la misión de dar noticias del enorme desastre en el que han acabado todos los planes hechos.

Al poco, Juan Lobo está de regreso en su Galicia natal, donde las cosas no van como debieran, pero apenas tiene tiempo de empezar a poner orden en el hogar de su madre, mucho menos en su vida, cuando Baltasar de Zúñiga, su señor, le pide que acompañe a un par de inquisidores como protección por los caminos.

Así llegan los tres a Casarrubios del monte, un pueblo importante hasta no hace mucho, al que los inquisidores han sido enviados para investigar la desaparición de algunas mujeres. Un lugar en el que se encontrarán con las rencillas vecinales, el poder de una gran señora, un clima de terror propiciado por la aparición de algunas brujas y porque en la villa han sido vistos los demonios campando a sus anchas, y mentiras. Muchas mentiras.

 

La boca del diablo es la fusión de dos de mis grandes pasiones: la novela histórica y las historias de espíritus y posesiones. Una novela en la que la fusión de géneros es de tal calibre que no sé decir cuál es más importante: la historia, la investigación, las aventuras o el terror. Una novela que se ha ido desarrollando a fuego lento a lo largo de muchos años y que cuando presenté el boceto a Penélope, mi editora de Edhasa, la editorial con la que, una vez más, mi obra llegará a librerías, en seguida quiso que me pusiera a escribirla.

Es una novela diferente, pocas veces, si acaso alguna, se habrá escrito algo parecido. Solo queda esperar la respuesta de los lectores.

Por cierto: la portada dice mucho del ambiente, oscuro y tenebroso, que vamos a encontrar en la obra, y es todo un acierto de Studio Calderón.