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Hoy vengo a presentaros a un hombre que vivió a caballo de la dualidad. Se trata de Abdallah Ibn Al-Muqaffa conocido también como Abdalá Benalmocaffa en Abdalla Ibn al-Muqtafasu versión castellanizada. Nació en el año 720 en la ciudad de Gur, que actualmente se conoce como Firuzabad y que se encuentra en Irán. Murió en el 757 en Basora, Irak, de manera que su vida transcurrió en el momento de cambio de la dinastía omeya a la dinastía abasida. Además, aunque su familia era de religión zoroastriana se convirtió al Islam con más o menos convicción y devoción. Así pues, su lengua materna era el persa pero escribió en árabe y se convirtió en uno de los grandes representantes de la prosa en esta lengua. Recordemos que no todos los árabes son musulmanes ni todos los musulmanes hablan árabe, ni hoy en día ni en la época en que vivió nuestro Benalmocaffa. Te invito a visitar un artículo anterior para resolver tus dudas sobre este tema.

¿Por qué es importante para la vida y obra de Al-Muqaffa el hecho de vivir a caballo entre los omeyas y los abásidas? La dinastía omeya le dio prioridad a la creación de un nuevo Estado árabe focalizado especialmente en la arabidad de sus miembros y no la islamidad. Los abásidas, por otra parte, pretenden recuperar el lazo que unía la autoridad política y la religiosa de manera que entienden que los vínculos entre la comunidad tienen más que ver con el hecho religiosos que con la cuestión étnica o tribal. Estos cambios políticos afectan también a la literatura y la cultura porque la administración de origen persa –recordemos que Al-Muqaffa, nace en Irán y por lo tanto es persa y no árabe- es obligada a arabizarse y los circulos de poder cortesano deben adoptar el árabe como lengua de cultura. Nuestro escritor se introduce en estos círculos cortesanos y empieza a escribir lo que se conoce como libro de adab a los cuales dedicaremos algún artículo próximamente.

Calila Y Dimna: Espejo de príncipes

Os avanzamos que el adab es un género misceláneo medieval que abarca todo el saber, las normas de conducta y de urbanismo y todo aquello que le puede servir a un árabe para educarse más allá de la moral religiosa. Al-Muqaffa lo reelabora de manera que convierte este tipo de prosa en los textos que establecerán las bases de la educación política de los príncipes. Nace así la prosa literaria árabe culta. Esta literatura didáctica dirigida a los gobernantes se conoce como Espejo de Príncipes y se pone de moda en occidente en el siglo XII gracias a la recepción de la obra Calila y Dimna cuya traducción al árabe le dio fama a Al-Muqaffa.

Abdallah-Ibn-Al-Muqaffa

Manuscrito de Calila y Dimna de Egipto o Siria, siglo XIII (Biblioteca Nacional de Francia, París)

Calila y Dimna es una antología de cuentos protagonizada por animales. Parece ser que formaba parte del Panchtantra hindú, otro recopilatorio de fabulas también de tipo didáctico escritas en sánscrito en el siglo II a. C. que Al-Muqaffa traduce al árabe en el año 750 orden del califa abásida Al-Mans’ur. Parece ser que existían dos versiones anteriores del Calila y Dimna, una en sánscrito y otra en pahlavi (persa literario) que se habría perdido. A partir de la traducción al árabe se hicieron hasta siete versiones más entre los siglos XI y XIII a diferentes lenguas y de estas versiones todavía derivan doce versiones más entre los siglos XIV y XVIII. El hecho de ir produciendo tantas versiones diferentes es lo que hizo que se le diera más importancia a la adaptación y las aportaciones personales de los diferentes traductores y no tanto a la traducción fiel del texto.

El propio Al-Muqaffa aporta su introducción al texto explicando el propósito de los cuentos y la manera en que debe ser leída la obra desde cuatro puntos de vista diferentes. En primer lugar, el hecho de que los protagonistas sean animales hará que los jóvenes disfruten la lectura por diversión; en segundo lugar, los reyes encontrarán inspiradoras las aventuras de los animales en cuestión; en tercer lugar el autor espera que los reyes y gobernantes valoren la calidad del texto y que de esta manera se multipliquen los ejemplares y no se pierda la obra; el último propósito de reserva en exclusiva y misteriosamente para los filósofos, sin que se nos den más detalles al respecto.

El libro hindú que enamoró a Alfonso X

Si nos centramos en la traducción árabe vemos que presenta la estructura típica de las muñecas rusas, es decir, una historia encajada dentro de otra y enmarcada dentro de una narración principal. Esta narración principal tiene como protagonistas al sabio Paydeba que alecciona a su discípulo, el rey Dibxalim, mediante las historietas que protagonizan Calila y Dimna, dos linces que tendrán las función de enseñar al príncipe a discernir entre los buenos amigos y los aduladores, los buenos consejeros y los malos. El arte, en definitiva, de conocer la auténtica naturaleza humana más allá de la fachada que adopta el súbdito ante el rey. El espejo de príncipes, el modelo a seguir por aquel que aspire a convertirse en un buen gobernante desde el punto de vista moral, social, cultural y filosófico.

A lo largo del libro encontramos sentencias, máximas, planteamientos que sitúan a los protagonistas animales en auténticos conflictos morales: En La paloma collarada los animales son atrapados por su imprudencia, en El mono y la tortuga deben decidir el valor de la amistad y el matrimonio. Y aunque el recurso al diálogo es importante a lo largo del texto para ir planteando las situaciones entre maestro y discípulo, hay disertaciones solitarias tanto del rey como del filósofo, moralejas finales, sentencias que van guiando al lector en este recorrido fabulador con la intención de aumentar el valor didáctico de la obra definitiva.

Como hemos comentado antes, la traducción árabe de Ibn Al-Muqaffa dio pie a la aparición de diferentes versiones en otras lenguas: italiano, griego, latín, turco, danés, holandés, hebreo, inglés y castellano. La traducción al castellano fue encargada el año 1251 por Alfonso X el Sabio de cuyo interés por las traducciones orientales ya hablamos en otra ocasión.

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Manuscrito del Calila y Dimna del taller del infante Fadrique de Castilla (m.1277), hermano de Alfonso X

Alfonso X fue consciente de que aquella obra era mucho más que una recopilación de fábulas y pensó que le podrían ser muy útiles en su afán de convertirse en un buen rey. Gracias a él fue la primera obra narrativa de origen oriental que se tradujo a una lengua vulgar europea.

En la época abásida de nuestro al-Muqaffa, el árabe entra en contacto con el griego, el persa y el siríaco y los abásidas supieron aprovechar el legado cultural bizantino para  traducir toda su herencia cultural al árabe. Como si se tratara de un espejo donde reflejar la historia, en la época de Alfonso X la herencia cultural de Al-Andalus cae en manos cristianas y se inicia la gran aventura de las traducciones al romance. Este hecho supone un reto de actualización para una lengua castellana todavía falta de recursos lingüísticos adecuados para expresar algunos de los conceptos que se encontraban en manuscritos orientales. Hasta entonces las traducciones que se hacían en la escuela de traductores de Toledo implicaban un equipo de varias personas que pasaban el texto del árabe al latín y del latín al romance. La época alfonsina cambiará esta dinàmica de trabajo y se pasará a traducir directamente del árabe a la lengua vulgar favoreciendo así la consolidación de una nueva consciencia lingüística.

Entre 1287 i 1289, el mallorquín Ramon Llull escribe en París el Llibre de Meravelles, obra de intención didàctica y estilo dialogal entre un maestro y un discípulo. Una de sus partes es el Llibre de les bèsties: Félix, el protagonista, es informado por unos frailes de que cerca del lugar donde se encuentra se celebra una reunión de animales que están debatiendo para elegir a quien será su rey. Como vemos el eco del Calila y Dimna nos llega con claridad. Si además pensamos que la obra de Llull está dedicada al rey Felipe IV de Francia con la intención de que aprendiera a dirigir la corte y a ser un buen gobernante, la relación con el libro de A-Muqaffa se nos hace más evidente. Lo que los estudiosos no tienen claro es si Ramon Llull pudo acceder al texto árabe o lo leyó en la traducción de Alfonso X.

Todavía un siglo después de Alfonso X, Don Juan Manuel incluirá en su libro El conde Lucanor contenidos, estructuras e influencias que recordaran de nuevos las fabulas árabes.

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Portada de El Conde Lucanor impresa en Sevilla por Hernando Diaz en 1575 (Biblioteca Nacional de España)

En definitiva, Calila y Dimna viaja desde la India del Panchatantra hasta nuestros días. Sea en la traducción árabe de Al-Muqaffa en el siglo VIII (con sus aportaciones personales incluidas) sea en la versión de Alfonso X y su equipo de traductores cuyo número exacto no nos ha llegado,  representa un ejemplo de espejo de príncipes, de obra didáctica destinada a la educación del futuro gobernante que debía ser capaz de captar con sabiduría la naturaleza del alma humana para convertirse en un buen rey. Es una obra aluvial que  a lo largo de los siglos ha sabido mantener su carácter atemporal ofreciéndonos la posibilidad de profundizar en las preocupaciones morales de quien pretende  hacerse sabio en el arte del conocimiento del alma humana y sus contradicciones.

Aquí tenéis un enlace a un video con un trabajo de animación muy bonito donde podéis escuchar una las fabulas del Calila y Dimna en árabe con subtítulos en inglés.