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Bendita planificación

Cuando te propones crear un álbum ilustrado, una de las primeras cosas que hay que decidir es la estructura de tu obra.

Una vez tienes la idea sobre la historia y has desarrollado el texto, lo siguiente es planificar la estructura de tu álbum porque, ¿qué pasaría si comenzaras a dibujar sin planificar?

Sin una estructura previa, puedes comenzar a crear ilustraciones maravillosas para después darte cuenta de que el texto y las imágenes cuentan lo mismo. O puedes terminar por descubrir que debes modificar o rehacer alguna de ellas debido a que no tiene el tamaño adecuado para encajar en la página del álbum.

Una buena planificación te permitirá que el proceso creativo sea placentero y eficaz. Y, sobretodo, te va a suponer ahorrar un montón de tiempo.

El texto

Al ser tú mismo quien va a ilustrar tu historia, posiblemente a medida que ibas creando el texto ya ibas visualizando las imágenes que podrían servir para acompañarlo. Una estrategia que va a ayudarte para estructurar bien tus páginas e ilustraciones es dividir el texto en fragmentos, teniendo claro cuál de ellos irá en cada página.

Usa los bocetos antes de crear un álbum ilustrado

Bocetos de “Carmen”, de Benjamin Lacombe. Exposición Museo ABC Edelvives de Madrid.

Yo lo que hago a posteriori de dividir el texto es asignarle un título a cada fragmento, por ejemplo “texto 1”, “texto 2”, “texto 3”, y así poder prever su colocación dentro de la página ilustrada.

El pensarlo así, todo como un conjunto, hará que la historia y las imágenes se complementen mejor y fluyan naturalmente. A mí en especial me gusta crear ilustraciones que aporten un extra a lo que nos narra el texto. Para ello será necesario probar diferentes escenas, diferentes puntos de vista e incluso diferentes materiales, para terminar dando con la imagen que más nos agrade.

Para realizar estas pruebas no hace falta que los dibujos sean grandes. Es más, mejor si son pequeños. Así me funciona a mí, tal y como nos dijo Benjamin Lacombe en el workshop de ilustración que dio en Sevilla hace casi dos años. Nos explicó que es más sencillo ver las distintas opciones en una misma hoja y así decidir cuál te va a funcionar mejor y, además, usas menos papel.

La forma

Una vez ya tenemos el texto, lo siguiente que tienes que decidir es el tamaño que tendrá tu álbum ilustrado. Para hacerlo, puedes observar los que tengas en casa, o ir a una librería a investigar. La decisión será tuya y elegirás la opción que mejor se ajuste a la naturaleza de tu álbum.

Nos decantaremos por una orientación vertical o apaisada y, a partir de ahí, elaboraremos nuestras ilustraciones a medida de nuestras páginas.

La medida de las hojas la decides tú, así como la extensión de tu álbum, pero en este caso, y  a modo de ejemplo, supondremos que nuestro álbum tendrá 32 páginas, contando la portada y la contraportada, las guardas y la página de créditos.

Las guardas son las páginas que encontramos nada más abrir el libro, justo después de la cubierta, y justo antes de terminarlo, antes de la contracubierta. Suelen tener un buen diseño, a menudo utilizando patrones muy elaborados. Si son bellas, aportan un gran valor estético a la obra, así que también será importante tenerlas muy en cuenta a la hora de ilustrar.

A mí me gusta planificar y dibujar a doble página, es decir, tal y como se vería el álbum al estar abierto. Personalmente me permite tener una visión más global del ritmo del texto y de las imágenes, y me resulta más fácil para ilustrar. Eso sí, si decides ilustrar así, debes tener en cuenta la línea central donde irá el pliegue del libro. Será de gran ayuda dibujar una línea muy delgada que nos marque el centro para evitar dibujar algo importante en esa zona. Al mismo tiempo, es importante también dejar entre uno y dos centímetros por cada lado de la hoja, creando un marco, para evitar que al imprimir y recortar se pierda parte de la ilustración.

El boceto

Como ya he dicho antes, necesitarás diferentes pruebas hasta llegar a la imagen que más aporte a tu texto.

He aquí la importancia del boceto.

Parar crear un álbum ilustrado has de hacer bocetos de tus personajes

Diseño de personajes de “Carmen”, de Benjamin Lacombe. Exposición Museo ABC Edelvives de Madrid.

En mi caso, cuando comencé a realizar ilustraciones, lo que me ocurría la mayoría de veces era que empezaba a bocetar y se me iba de las manos: terminaba dibujando todos los detalles, sombras y luces. Y esto es un error. Los primeros bocetos deben ser simples trazos para encontrar la buena composición de la imagen. Los detalles de la textura de un sombrero o de una cortina no van a ser importantes para permitirnos observar si la composición de la imagen funciona o no.

Si haces esto, habrás perdido un montón de tiempo detallando algo que quizás después no te sirve, teniendo que replantearlo. Así que te aconsejo que dibujes formas simples y, una vez encuentres la composición, empieces a marcar los detalles.

El segundo boceto ya sí será mucho más detallado y parecido al resultado que deseamos obtener. Cuanto más desarrollado esté este, menos nos costará crear la ilustración final, pues sabremos perfectamente dónde marcar sombras, luces y detalles, e iremos más rápido.

El boceto es muy importante también en la creación de los personajes. Dibujarlos en diferentes posiciones y realizando diferentes acciones, de perfil y de frente, nos llevará a estudiarlos y modificarlos hasta que expresen visualmente lo que queremos que transmitan. Es muy importante que los personajes sean semejantes siempre, aún presentándolos en diferentes posturas. Si no se asemejan, esto puede confundir al lector.

El storyboard

Se trata de dibujar las 32 páginas del álbum ilustrado en rectángulos pequeños y disponer dentro de cada uno las páginas de tu libro.

De esas 32 páginas, 2 se destinan a la cubierta y contracubierta, 4 a las guardas (delanteras y traseras), 2 a los créditos y portadilla, y las otras 24, a la tripa. Esas 12 páginas dobles centrales serán las destinadas a desarrollar tu historia.

El storyboard será crucial al crear tu álbum ilustrado

Storyboard de “Ahab y la ballena blanca”, de Manuel Marsol. Edelvives 2014.

Es una buena manera de tener una visión global de tu álbum, ya que de un solo vistazo puedes ver la composición de todas las páginas.

El storyboard te permite sentir el ritmo de la narrativa visual y comprobar que la colocación del texto es la adecuada, convirtiéndose así en un magnífico aliado.

Una vez compuesto el storyboard, queda lo más divertido: ¡Dibujar! ¡Pintar!

Una buena planificación nos permite mantener un buen ritmo de trabajo y nos da cierta estabilidad emocional en cuanto al proceso de creación.

Embarcarse en la quimera de crear un álbum ilustrado puede presentarse como una tarea difícil para quienes no se planifican bien por naturaleza. Yo soy una persona bastante impaciente, nada más tener la idea ya quiero tenerlo todo terminado, y el proceso de creación se me presentaba arduo y largo.

Seguir estos pasos me aporta tranquilidad, ya que me permite dividir la tarea grande (el álbum ilustrado), en sub-tareas, que voy viendo terminadas a corto plazo. Eso me anima a seguir con el resto y a ver cada vez más cerca el final el proyecto. ¡Y disfrutar!

Espero que os haya gustado el artículo, y si tenéis alguna aportación, duda o pregunta, sería un placer leeros. No dudéis en comentar. Y, si queréis, también podéis compartirlo con esa personita a quien le gustaría crear un proyecto de álbum ilustrado y no sabe por dónde empezar.

En los siguientes artículos, profundizaremos más en las técnicas de ilustración y las estructuras literarias más utilizadas en la creación de estas bellas obras de arte.

¡Os espero!