Empiezo por fin a retomar la normalidad que pretendo para este blog, más personal y en el que quiero tratar temas históricos entre otras cosas, y para ello nada mejor que volver con un nuevo episodio del podcast que ya puse en marcha en julio. Como creo que estar todos los meses hablando yo solo puede ser un rollo para todos, he decidido que intentaré hacer dos episodios mensuales, uno en el que yo mismo cuente alguna historia, y otro con un invitado que nos hable de alguna otra. Y para empezar este nuevo formato no podía traer a nadie mejor que a Javier Pellicer, buen amigo y excelente escritor que acaba de publicar Leones de Aníbal, con el fin de que nos hablara de Aníbal contra Roma, ese paso increíble del ejército cartagines hacia la Península Itálica, las Guerras Púnicas y todo lo que hubo alrededor.

Aníbal contra Roma en la nueva novela de Javier Pellicer

Portada de la última novela de Javier Pellicer

La primera Guerra Púnica: antes de Aníbal contra Roma

Antes de meternos a fondo con la rivalidad de Aníbal contra Roma nos dedicamos a analizar los antecedentes. En el podcast descubrirás que dedicamos unos veinticinco minutos a hablar de lo que ocurrió antes del magistral movimiento de Aníbal y su ejército. Así nos enteramos que Roma ganó la I Guerra Púnica contra pronóstico e in extremis en una batalla naval. Esto provocó unas sanciones durísimas para Cartago que no le fue fácil abordar. Además, provocó que la falta de liquidez llevara a los mercenarios del ejército cartaginés a una auténtica revuelta que tuvo en jaque a los cartagineses. De hecho, las primeras escaramuzas de esta guerra cayeron del lado mercenario.

Fue entonces cuando surgió una figura importantísima: Amilcar Barca. Este general, que provenía de una de las familias más poderosas de Cartago, pudo poner fin a la revuelta. Y como no podía ser de otra forma, una vez solucionado un problema le pidieron que pusiera fin a otro: ¿de dónde iba Cartago a obtener el dinero suficiente para pagar a Roma? Amílcar sorprendió a todos cuando propuso volver la vista hacia Hispania.

Hasta entonces, en Hispania había algunas colonias, pero nadie le había prestado demasiada atención, por lo que sus riquezas estaban intactas.

Hispania y el germen de la idea de cruzar los Alpes

Pero había un enorme problema: para poder conquistar los territorios hispanos se necesitaba un ejército, y Cartago no podía, en virtud del tratado de rendición que había firmado con Roma, utilizar ninguna nave para fines militares. Es decir: el ejército cartaginés no podía viajar en barco desde la actual Túnez hasta Hispania.

Amilcar resolvió ese problema de una forma brillante: reunió a su ejército y avanzó por tierra por todo el norte de África hasta llegar a las Columnas de Hércules. Allí, en botes y barcas, trasladó al otro lado del estrecho a todos sus hombres. Roma ni siquiera llegó a enterarse de la jugada: cuando quiso darse cuenta, el ejército cartaginés ya campaba por Hispania a sus anchas.

Para entonces Aníbal ya había nacido, algunos dicen que su madre fue una princesa Íbera, aunque el hecho de que naciera en Cartago parece descartar esa idea. Viajó junto a su padre y seguramente aquella marcha le dio la experiencia necesaria para, años más tarde, emprender el viaje por los Pirineos y los Alpes.

Los motivos para la II Guerra Púnica

Aníbal contra Roma

Busto de Aníbal

Amilcar encontró la muerte en Hispania en uno de los pocos movimientos íberos que lograron sorprenderle: soltaron contra su ejército una manada de toros embolados que causaron estragos en el campamento. El mismo Amilcar murió en un río debido a la estampida. Quien le sucedió fue su yerno, Asdrúbal.

Asdrúbal tenía un caracter bien diferente al de su suegro: mucho más comedido y diplomático, se dedicó, principalmente, a negociar y llegar a acuerdos con los hispanos, como bien demuestra el hecho de que casara a Aníbal con una princesa local. Pero tanta diplomacia no le sirvió de mucho y al final terminó muriendo asesinado. Así llegó la hora de Aníbal.

Porque la rivalidad de Aníbal contra Roma pronto encontró una forma de canalizarse: Sagunto. El tratado de paz firmado tras la I Guerra Púnica establecía que Roma no podía mantener ciudades por debajo del Ebro. Sagunto se encontraba en la orilla sur del gran río y era aliada de Roma. Cierto es que había tratados anteriores que establecían otras cosas… El caso es que Sagunto fue el motivo por el que Cartago y Roma volvieron a alzarse en armas.

La II Guerra Púnica

Aníbal contra roma: el viaje por las montañasFue entonces cuando salió a la luz el verdadero genio militar que se escondía bajo Aníbal. Dividió sus tropas para no dejar desguarnecida ni Cartago ni Hispania, y lo hizo de un modo sorprendente: trajo a las tropas africanas a la península ibérica y se llevó a los hispanos al norte de África: de este modo se reducían las posibilidades de deserción pues, en realidad, los hombres estaban demasiado alejados de sus hogares como para sentir la tentación de regresar a ellos.

Aníbal, por su parte, tomó el grueso del ejército. Las fuentes romanas llegan a decir que sumaban cien mil efectivos, aunque los historiadores actuales son más comedidos y hablan de un ejército de unos cuarenta mil hombres, que no es poca broma. Con semejante monstruo comienza Aníbal su viaje. Cruza primero los Pirineos y más tarde los Alpes, luchando por el camino, o forjando alianzas, con todo el que se encuentra.

Pisando ya suelo italiano se encuentra con Escipión, el padre. Por entonces, el hijo, que más tarde sería el famoso general conocido como El Africano, mandaba solo un contingente de hombres dentro del ejército de su padre. Y menos mal que fue así, ya que de no haber sido por la actuación del hijo, Escipión padre hubiera muerto en aquella primera batalla en la que los romanos fueron derrotados.

Nada se opuso a Aníbal. Derrotó a todo el que se enfrentó a él y llegó a las puertas de Roma. Pero no atacó la ciudad. Los motivos no están claros pero en el podcast apuntamos a la posibilidad de que no contara con las fuerzas suficientes. Sea como sea, planteó una guerra de desgaste… en el que fue él el desgastado.

Sin refuerzos desde Cartago, y enviando los romanos sus ejércitos a Hispania y la propia Cartago, Aníbal no tuvo más opciones que dejar Italia tras varios años en los que derrotó a los romanos tantas veces como se enfrentó a ellos.

El fin de Cartago y de Aníbal

Con la derrota final, Cartago se enfrentó a condiciones aún más duras que tras la Primera Guerra Púnica: tuvo que pagar un castigo aún mayor en plata y además perdía todas sus posesiones.

Políticamente, a Aníbal le fue francamente mal. Tuvo que terminar exiliándose de su patria y entró al servicio de otros reyes como general, aunque ya no consiguió grandes victorias. Su muerte se produjo de forma casi simultánea a la de su gran enemigo: Escipión el Africano.

Todo esto lo ampliamos en el podcast. ¡No te lo pierdas!