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Es muy posible que, si pensáis en literatura árabe, una de las primeras cosas que os venga a la cabeza sean Las mil y una noches. De hecho, es bastante probable que gran parte del imaginario árabe que manejáis sea erróneo y venga de Las mil y una noches. En concreto de su versión occidental y decimonónica, que tiene muy poco que ver con sus orígenes y su realidad.

Ilustración de las mil y una noches, s. XIX

Ilustración de Las mil y una noches del siglo XIX de Sani ol-Molk (1814-1866)

¿Tenéis en mente algún cuento de Las mil y una noches? Aladino, quizás, cuya alfombra voladora y su genio de la lámpara han sido recreados tantas veces en la literatura y el cine. O Alí Babá y su «Ábrete  Sésamo». O Simbad el Marino. Pues bien, ninguno de los tres cuentos formaba parte de Las mil y una noches hasta que los añadió Antoine Galland, de quien hablaremos después, en el siglo XVIII.

Pero es que, además, en un principio ni siquiera el título del libro era Las mil y una noches. Y los árabes no pensaron que era buena literatura, de la que debe entrar en el canon y formar parte de los temarios de los cursos y de las estanterías de las librerías, hasta que los occidentales empezaron a traducirla y a entusiasmarse con ella. Y a censurarla.

Entonces, ¿de dónde viene las mil y una noches?

Primero es importante aclarar que se trata de literatura sin autor conocido y de tradición oral. Es por ello que hay diferentes versiones que se van ampliando o modificando a gusto del consumidor, formado así una especie de autoría colectiva muy típica de la literatura popular.

El manuscrito más antiguo de las mil y una noches

El manuscrito más antiguo de Las mil y una noches (879) Universidad de Chicago

Parece ser que el orígen debemos buscarlo en Persia, en una antigua colección de relatos llamada Los mil cuentos. En realidad no tenían que ser ni mil cuentos ni mil noches exactas. Decir mil era como decir muchos, muchísimos, infinitos. Según documentos del siglo IX, la persona que tradujo estos primeros cuentos del persa al árabe fue Al-Muqaffa que si recordáis fue también el traductor de Kalila y Dimma. Si queréis leer o releer el artículo sobre Kalila y Dimma os dejo aquí el enlace.

De hecho son varios los autores árabes del siglo X, como Tawhidi en el Libro del placer y la buena compañía, que dejan constancia de la existencia de este tipo de cuentos populares, pero dejando claro que no enseñan nada y que están llenos de mentiras y cosas inverosímiles que solo hacen reír.

También Ibn Annadim, en El libro del índice, habla sobre los cuentos de Los mil cuentos insistiendo en que no tiene ningún sentido ni valor literario. Solo magia y fantasía. También comenta que a Alejandro Magno le encantaban y que le gustaba que se los explicaran por la noche antes de ir a dormir. 

Los manuscritos más antiguos relacionados con las mil y una noches

El manuscrito más antiguo es un pequeño trozo de papel (y el hecho de que el soporte sea papel también tiene su interés) de orígen iraquí en el que consta una fecha, 879. Fue encontrado en El Cairo en 1947 y descifrado por la paleógrafa Nadia Abbott un par de años después. Es el documento literario árabe en papel más antiguo del mundo y actualmente se conserva en la Universidad de Chicago.

Las mil y una noches

Manuscrito del médico judío donde explica que ha prestado Las mil y una noches (1150)

Otro manuscrito interesante es uno encontrado en la Gueniza del Cairo en 1890. La Gueniza es el almacén que tienen las sinagogas para guardar los manuscritos y los textos sagrados que quedan en desuso. No los guardan para conservarlos sino para evitar que cualquier escrito que contenga el nombre de Dios sea tratado de manera poco apropiada. Cuando se llena del todo se quema el material y se entierra. La Gueniza que descubrieron en El Cairo en el siglo XIX estaba llena de manuscritos interesantes. Entre otros una lista de la biblioteca de un médico judío que se dedicaba a prestar libros en 1150. Parece ser que le prestó Las mil y una noches a un tal Majd Ibn Alaziz, que no se lo devolvió.

En París se conserva un manuscrito del siglo XV de origen sirio. Es un documento incompleto. Solo se conservan 282 cuentos distribuidos en tres volúmenes. Se considera una obra abierta porque entre el siglo XV y el XIX, cuando fue encontrado, se le fueron añadiendo cuentos al más puro estilo de transmisión oral.

Uno de los manuscritos que se han encontrado de manera más recientes es precisamente de Las cien y una noches. Se trata de un documento escrito en Al-Andalús en el siglo XIII que estaba en una exposición de un museo de Berlín sin que nadie le diera mucha importancia hasta que lo vio la arabista Claudia Ott, se dio cuenta de lo que era y se dedicó a estudiarlo e interpretarlo. Desde 2012, y gracias a esta mujer, se pueden leer Las cien y una noches, semilla de Las mil y una noches, en alemán.

Las mil y una noches llegan a occidente

Manuscrito de las mil y una noches, s. XV

Manuscrito del siglo XV conservado en París

Antoine Galland (1646-1715) fue un orientalista y arqueólogo francés. Era de familia humilde y cuando acabó sus estudios básicos le llegó el momento de aprender un oficio. Pero a él lo que le gustaba eran los idiomas y se escapó a París para estudiar árabe, latín y griego. Gracias a su conocimiento de idiomas le contrataron en la Sorbona para catalogar manuscritos orientales y trabajó para los servicios diplomáticos franceses en la embajada de Constantinopla y en la Compañía francesa de las Indias orientales. En 1688 viajó a Siria, donde compró el que en aquel momento era el manuscrito más antiguo que se conocía de Las mil y una noches y empezó a traducirlo años después, en 1704. Antes de ello, había traducido la novela Sindbad el Marino. ¿Recordáis al principio de este artículo cuando os dije que ni Sindbad ni Aladino ni Alí Baba formaban parte del corpus original de Las mil y una noches? Fue Antoine Galland quien los añadió. De hecho, eran cuentos que le explicaba su amigo Hanna Diab, sirio afincado en París, y que a Antoine le gustaban tanto que decidió incluirlos en su traducción como parte de la obra. La verdad es que el libro gustó muchísimo en la corte de Luis XIV. Tanto que los editores no se cortaban un pelo a la hora de añadir cuentos de cosecha propia, como hacía por ejemplo la viuda del impresor Claude Barbin, quien con buen ojo empresarial, y viendo el éxito que tenía el libro, le iba añadiendo cuentos a sus ediciones para incentivar a los lectores a comprar las nuevas versiones.

Como traductor, Antoine Galland intentaba ser lo más fiel posible a la lengua árabe y él mismo decía que solo se apartaba de la fidelidad al texto cuando el decoro le obligaba. O sea, que censuró todas las partes que le parecían demasiado explícitas sexualmente. Y eso quiere decir mucha censura y muchas partes adaptadas al gusto puritano occidental. De hecho, hasta hace bien poco las versiones que nos han llegado de Las mil y una noches estaban ampliamente censuradas y llenas de cuentos añadidos que no pertenecían al libro original.

Si somos un poco flexibles podemos llegar a aceptar los cuentos añadidos como parte del juego al que pertenece un libro como Las mil y una noches. Empezarons siendo cien noches. O cien cuentos, quién sabe. El autor no importaba, se explicaban, se modificaban, se añadían… lo hacían los sirios del siglo IX y los franceses del XVIII. Aunque la eliminación o adaptación de las partes sexuales tiene más implicaciones, porque la visión del mundo árabe que nos llega a través de estos cuentos es la que les interesó a los señores de la corte francesa del siglo XVIII; y es por ese motivo, entre otros, que tenemos una visión distorsionada del mundo árabe. Edward Said, de quien quizás hablemos en alguna ocasión,  explicó muy bien esta distorsión y lo que implica en su libro Orientalismo.

Las mil y una noches, GalladLas mil y una noches después de Galland

¿Qué pasó cuando los europeos descubrieron la maravilla que eran Las mil y una noches? Pues llegó más gente a aportar su grano de arena. Llegó el inglés Richard Burton, llegó el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, llegó Borges… Y llegó el siglo XXI y nuevos descubrimientos muy interesantes. Llegó por fin la valoración positiva del mundo árabe hacia su gran obra y llegaron algunas feministas queriendo matar, literalmente, a Sherezade.

Llegado este punto voy a imitar a Sherezade y voy a dejar el cuento a medias. Si queréis saber cómo continua la historia de las traducciones y los manuscritos, y si os interesa, que os explique lo que vais a encontrar de verdad si leéis una traducción actual de Las mil y una noches, tendréis que esperar al mes que viene.

“Qué historia tan extraordinaria e increíble!’, exclamó su hermana Dinarsad. ‘Pues si la próxima noche aún sigo con vida y su majestad el rey me lo permite, os contaré el resto, que es mucho más sorprendete todavía’, replicó Sherezade».