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¿Estamos ante una nueva edad de oro de la ciencia ficción española?

La mayoría está de acuerdo en situar el inicio de la edad de oro de la ciencia ficción española hacia los años noventa. En esa década surgen varios fanzines de los que cabe destacar BEM y GIGAMESH. Otro hecho importante que ayudó a impulsar y crear el inicio de la edad de oro fue el cambio de la periodicidad con que se celebraba el Congreso Nacional de Fantasía y Ciencia-Ficción, que desde 1991 pasó a ser anual. Ese mismo año se instauraron los premios Ignotus, un equivalente español a los premios HUGO de los EE. UU.

La edad de oro de los bolsilibros

La edad de oro de la ciencia ficción española: La saga de los AznarPor primera vez la ciencia ficción y fantasía española dejaban atrás parcialmente el sambenito de literatura de segunda o tercera categoría. Un estigma que nació en la Guerra Civil y se prolongó hasta después de la dictadura franquista. Los seguidores del dictador depreciaban este tipo de literatura y las corrientes más izquierdistas no tenían una opinión distinta al no considerarla realista. Por tanto, mientras que en los EE. UU. vivían una edad de oro de la llamada literatura Pulp, con revistas como Amazing Stories en cuyas páginas se publicaron historias de autores como H.G. Wells, Asimov y muchos otros, en nuestro país tuvieron que transcurrir veinte años para que surgiera una corriente similar a lo ocurrido al otro lado del Atlántico. Y fue de la mano de las míticas editoriales como la Valenciana, Toray y Bruguera de las que nació la verdadera primera edad de oro de la ciencia-ficción española, y de muchos otros géneros. En el caso de la ciencia-ficción, es sin duda el género del que más colecciones surgieron, entre las que cabe destacar Luchadores del Espacio, La Conquista del Espacio, Héroes del Espacio y muchas más. Seguramente habréis oído que esas novelas de a duro, o bolsilibros, eran historias mediocres, de baja calidad, y en algunos casos es cierto. No obstante, no debemos olvidar que las editoriales exigían una novela a la semana, y con una acotación de cien páginas. ¿Os imagináis escribir alrededor de 20.000 palabras en una semana?

Esta constante producción de historias fue la que hizo despegar el género en esa primera edad de oro de la ciencia-ficción. De esa literatura de a duro surgieron grandes autores que se abrieron paso más allá de esa primera toma de contacto.

La edad de oro de la ciencia ficción española: la saga de los AznarDe la época Pulp española hay que mencionar la memorable Saga de los Aznar, publicada dentro de la colección Luchadores del Espacio de la Editorial Valenciana. La saga se compone de 54 novelas, más dos obras añadidas en su reedición. La Saga de los Aznar fue escrita bajo el seudónimo de George H. White por Pascual Enguídanos y como digo destaca por su calidad por encima de la media del total de 253 títulos publicados a lo largo de 10 años en dicha colección. Es más, en 1978 recibió el premio a la mejor serie de ciencia-ficción europea. (En el blog Bolsilibros, Novela Popular de Kiosko podéis adentraros de lleno en el mundo de los bolsilibros, en él encontraréis información de todas las colecciones y géneros que se publicaron.)

La nueva ola de autores españoles de ciencia ficción

Esa semilla iniciada en los años 50 fue la que mantuvo la llama durante las siguientes décadas, dando paso a obras de mayor calidad. De entre esos autores quiero destacar a Domingo Santos, que ya había publicado algunos títulos en las novelas de a duro bajo el seudónimo de P. Danger, y varias novelas en otras editoriales. A él se le unieron otros autores como Rafael Marín, Juan Miguel Aguilera, Rodolfo Martínez (os recomiendo visitar su web Escrito en el Agua ), Javier Negrete y nos llevaron a la nueva edad de oro de la ciencia-ficción española.

Una edad de oro que se ha prolongado, con más o menos ímpetu hasta la actualidad. De entre las obras publicadas debo destacar Lágrimas en la lluvia (2011) de Rosa Montero, que toma como base el universo expuesto en Blade Runner. Aquí hay que matizar que Rosa Montero usa como base la película de Ridley Scott y no la novela de Philip K. Dick. En 2015 publicó El peso del corazón, que retoma ese mismo universo.

La edad de oro de la ciencia ficción españolaSin embargo, uno de los autores que más renombre ha obtenido dentro de la ciencia-ficción española, e internacional, es Felix J. Palma, y es sorprendente pues lo ha hecho con un subgénero de la ciencia-ficción que no es muy conocido en España, como es el Steampunk, también conocido como retrofuturismo.  Las novelas de Felix J. Palma han logrado cautivar a lectores que tildaban la ciencia-ficción como un género de segunda categoría.

El Steampunk es un subgénero de la ciencia-ficción que a transcendido más allá de la mera literatura, abarcando el mundo de los cosplay, de la música y de los comics, mención especial merece el espectacular Lady Mechanika de Joe Benitez.

¿Vivimos una nueva edad de oro de la ciencia ficción española?

Volviendo a la edad de oro de la ciencia ficción española, debo aclarar que estas líneas son mi modesta opinión y que soy consciente de que muchos no estarán de acuerdo en calificarla como tal. Pero, permitidme una pequeña reflexión. Tengamos en cuenta, que durante la explosión de las novelas de bolsillo se publicó una ingente cantidad de libros como no los habían publicado antes y que no se repitió. Vivimos en un país en que la mayoría de los autores escriben novela mainstream y novela histórica, y el número de libros de ciencia-ficción de escritores españoles que salen a la venta ha aumentado considerablemente en los últimos años, ya que muchos de ellos han optado por la autopublicación. Algunos incluso han recreado el formato de los bolsilibros.

La edad de oro de la ciencia ficción españolaNuestros escritores no solo deben competir con el mercado español si no que tienen que hacerlo con los libros anglosajones que se traducen y publican en nuestro país. Una batalla en la que están en desventaja numérica, y eso no solo ocurre con la ciencia-ficción española: las novelas de suspense están una tesitura parecida o peor, pues muchas sagas anglosajonas son llevadas al formato de serie televisiva dándoles una publicidad a la que los autores españoles no tienen acceso. Y mucho peor está el género de terror. ¿Cuántos autores de terror españoles conocéis? ¿Y anglosajones? Pues eso.

En ese aspecto, nuestro concepto de literatura es diametralmente opuesto al que tienen los norteamericanos o los británicos. En esos países el número de libros publicados al año es muy superior al nuestro, y eso es debido, desde mi humilde opinión, a que ellos ven la escritura como una forma de entretener a los lectores, sin un trasfondo filosófico o moralista, que para eso ya están los libros de autoayuda. Algo que también se ve en las producciones cinematográficas. En cambio, los españoles pensamos que sólo puede tener el calificativo de “literatura” obras como La familia de Pascual Duarte, que por cierto me pareció soporífera, y el resto lo consideramos noveluchas comerciales. Creo que ya va siendo hora de cambiar ese concepto que tenemos acerca de la literatura y dejar de subir el listón tan alto; es como si pretendiéramos que todo lo que no es música clásica no merece el calificativo de música.

Aún así, tal como comentaba antes, el número de obras de ciencia-ficción de autores españoles que sale a la venta es mucho mayor que antes del estallido de la década de los 90, y cada año aparecen nuevos títulos. Quizás yo esté equivocado y la verdadera edad de oro de la ciencia ficción española no se haya producido todavía. Aunque, si es así, la opción de la autopublicación nos esté llevando a ella de forma imparable, y quizás cambié nuestra concepción de la literatura y dejemos de considerar la ciencia-ficción como un género de segunda categoría y las editoriales tomen cartas en el asunto apostando por autores españoles en la misma medida en que lo hacen con autores anglosajones.

Quizás al fin estamos mirando el amanecer de la nueva edad de oro de la ciencia ficción española. Una edad de oro que respete a sus autores y que apueste por ellos, dejando de una vez por todas de lado ese desprecio hacia la producción española y  de considerarla inferior a lo que se hace en otras tierras.