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Con este artículo inauguramos una serie de aportaciones en torno a historias de amor en la épica homérica, cuyo tratamiento de la guerra de Troya, sus antecedentes y sus consecuencias deja lugar también para escenas e historias de amor de diversa índole. La relación de Aquiles y Patroclo, que se inserta dentro de una serie de parámetros del amor apasionado, pero estable y duradero, es el objeto de esta primera entrega.

Historias de amor diverso: lo extraño del amor duradero en la épica homérica

Seguramente el lector esté pensando en Helena y Paris de Troya; no es de extrañar, puesto que se trata de la más célebre historia de amor de la épica homérica y cuenta con innumerables versiones y reelaboraciones hasta el día de hoy. No la trataremos por el momento, puesto que nuestro objetivo ahora es acercarnos a otro tipo de historias de amor, que hemos dado en llamar “duradero”.

Detengámonos ahora en dicho concepto y señalemos qué trataremos como tal en la épica homérica, bien entendida la dificultad que supone aplicar un concepto algo impreciso y actual a las fuentes antiguas. Las relaciones que clasificamos de esta manera habrán de cumplir las siguientes condiciones: deben ser voluntarias, entre iguales, no derivadas de un rapto, de un botín de guerra, de un capricho ni de una unión forzada o basada en la riqueza. Deben contar, por supuesto, con cierto grado de estabilidad; extenderse en el tiempo. Las parejas que iremos examinando aparecen unidas por un sentimiento que la literatura presenta como sincero, lo que no deja de resultar llamativo en la literatura antigua y, principalmente, en la épica homérica, donde el interés del poeta se centra en otro tipo de cuestiones, entre las que prima el honor guerrero.

Más extraño, si cabe, resulta hablar de amor duradero, casi como sinónimo de “auténtico”, y referirlo a relaciones entre hombre y mujer, un tipo de amor que la misógina literatura de la Antigüedad no contempla como amor stricto sensu. La consideración de la mujer como un ser inferior por parte de filósofos y hombres de letras en sentido amplio motiva que las relaciones heterosexuales no sean ejemplo de amor en el sentido en que lo usamos aquí. El único interés del matrimonio entre hombre y mujer, tanto en la épica como en la historia, suele ser el de emparentar entre familias nobles y, por descontado, la procreación, cuando no el establecimiento de relaciones de poder.

Pero la épica homérica nos proporciona una serie de excepciones, notables, aunque contadas, que vamos a ir examinando.

El amor de Aquiles y Patroclo: la controversia está servida

La historia de amor protagonizada por Aquiles y Patroclo ha recibido distintos tratamientos en el arte y la literatura de todos los tiempos, siempre en función de los deseos e intereses del autor y del contexto sociohistórico. En ocasiones, el enfoque es controvertido.

Aquiles y Patroclo

Aquiles ultrajando el cadáver de Héctor: hidria del Boston Museum of Fine Arts

En líneas generales, el relato, inserto en la trama general de la obra maestra de la épica homérica, Ilíada, es como sigue: víctima el gran héroe Aquiles de una ofensa de honor, se retira de la batalla; los troyanos avanzan sobre el campamento aqueo, causando innumerables muertes en dicho bando. El compañero de Aquiles, Patroclo, convencido de la necesidad de volver a la lucha, se disfraza del héroe y acude al campo de batalla, donde resulta asesinado por el troyano Héctor.

Homero relata que, encolerizado por la muerte de Patroclo, el héroe se venga de Héctor con especial virulencia: no contento con darle muerte, se ensaña con su cadáver, al que ultraja repetidamente. Sólo los dioses impiden que el cuerpo del troyano quede destrozado después que Aquiles le horade los tendones de los pies, desde el tobillo al talón, y lo arrastre varias vueltas en torno a la muralla, ante los ojos de los demás troyanos. Así lo reflejan el canto XXII de la Ilíada y algunas fuentes iconográficas.

Aquiles y Patroclo en la épica homérica

La épica homérica ahonda en algunos elementos de interés para nosotros en torno a este episodio que llamamos de amor “duradero” de acuerdo con los rasgos enumerados más arriba. Homero no pasa de largo por la emoción de Aquiles ante la muerte de Patroclo; presta también atención a su venganza desmesurada, lo que parece no dejar duda sobre la naturaleza de sus relaciones. Tales datos contradicen la forma en que la épica homérica elude retratarlos como paradigma de amor y los muestra, por el contrario, como una proverbial pareja de amigos.

Sin duda, el lector tiene fresco recuerdo del filme Troya, dirigido por Wolfgang Petersen, donde Aquiles es interpretado por un fornido Brad Pitt. Abundan las escenas en las que se insinúa o se muestra sin ambages la masculinidad del héroe, que se despierta entre dos esclavas con la misma naturalidad con que toma al asalto una costa o una población troyana. En este contexto, la relación que Petersen y Hollywood han reservado para Aquiles y Patroclo no es ni siquiera de amistad. Ambos… son primos.

Las razones de Petersen y de Homero, aun separados por veintisiete siglos, son comparables. La película escoge, sin género de dudas, resaltar la virilidad sin fisuras de un personaje encarnado por uno de los actores más rentables del universo cinematográfico. En la épica homérica, la negativa a mostrar con claridad el amor entre estos dos personajes tiene un paralelo en otros episodios que sobrepasan la moral aristocrática del público de Homero. En este sentido, es curioso cómo el poeta lima las versiones más duras, por violentas o por adúlteras. Así, presenta a Afrodita como hija del matrimonio legítimo de Zeus y Hera, frente al mito tradicional que recoge Hesíodo en la Teogonía, según el cual la diosa del amor nace de los genitales de Urano al caer al mar.

La historia de amor de Aquiles y Patroclo a la sombra de la institución de la pederastia: las fuentes clásicas al rescate

Que la de Aquiles y Patroclo es una historia de amor estable, en el sentido que perseguimos aquí, es del todo indudable, a pesar del timorato testimonio de la épica homérica. Las fuentes posteriores, sobre todo en época clásica, así lo entienden. En algún caso, incluso justifican el elocuente silencio de Homero al respecto en tanto que la relación amorosa de ambos héroes es consabida para el público culto.

Así, por ejemplo, dice el orador Esquines:

“Aunque Homero alude numerosas veces a Patroclo y a Aquiles, pasa silenciosamente sobre su deseo y evita referirse a su amor, al considerar que la intensidad de su afecto estaba clara para los lectores cultivados” (Contra Timarco, 142 – 143).

Aquiles y Patroclo: la Pederastia

Escena de pederastia: el adulto de mayor edad trata de cortejar al joven por medios bastante poco sutiles (detalle de un ánfora de figuras negras del siglo V.a.C.).

El célebre tragediógrafo Esquilo había desarrollado el mismo tema en una tragedia perdida, de título Mirmidones. Uno de los fragmentos recuperados representa sin rodeos a Aquiles llorando sobre el cuerpo de su amigo, mientras alaba la belleza de sus caderas y añora sus besos. La sensualidad del tono no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de la relación entre ambos.

Las fuentes, como vamos, asumen sin problema que Aquiles y Patroclo eran amigos y amantes; su única duda apunta en dirección a las reservas de Homero. Los autores clásicos reflexionan sobre la relación a la sombra de una institución perfectamente normal y asumida en la época y desde antes: la pederastia.

La pederastia y la relación entre Aquiles y Patroclo

El nombre del término incluye las raíces ped-, “niño, muchacho” y era-, “amar”. Por tanto, se trata de una forma de relación en la que un varón de cierta edad y posición social toma bajo su influencia a un muchacho más joven, al que introduce en los usos sociales, en el mundo cultural y político del momento y, normalmente, en la vida sexual. Para más datos acerca de las relaciones homosexuales en la Antigüedad y de la llamada pederastia, este artículo proporciona interesante y sumaria información e incluye también referencias a Aquiles y Patroclo.

Una de las cuestiones más discutidas gira en torno a la edad de uno y otro, así como a la distribución de roles en la relación. ¿Es Patroclo el erastés, normalmente el hombre de mayor edad y experiencia, o el erómeno, identificable con el joven inexperto que asume la tutoría del primero?

Tanto Esquilo como Esquines consideran que Aquiles es el erastés y Patroclo el erómeno, lo que encaja a la perfección con la imagen más extendida del imaginario colectivo occidental. Contradice, sin embargo, el testimonio de la mayoría de fuentes iconográficas, que suelen reflejar a Patroclo barbado y a Aquiles lampiño.

La misma idea la encontramos en Platón, que, en boca de Fedro, afirma que “Esquilo se equivoca al afirmar que Aquiles era el amante de Patroclo, cuando era más hermoso no sólo que Patroclo, sino también que todos los héroes juntos, y aún no le había crecido la barba, por lo que era mucho más joven, según afirma Homero” (Banquete, 180a)

Hasta aquí el primero de los artículos que dedicaremos al amor en la épica homérica. Como ya dijimos, el poeta por antonomasia de la guerra de Troya parece más preocupado por otras cuestiones relacionadas más bien con el sangriento dios Ares y con la aristocracia a la que dirige sus obras; sin embargo, también encontramos lugar para apasionantes e inspiradoras historias de amor que nos llevan a concluir que son muy pocas las cosas nuevas que hay bajo el sol.