¡Hola a todos! Inauguramos esta sección del blog sobre fantasía como no puede ser de otra forma: con un grande entre los grandes, un escritor que sentó cátedra y sin el que muchísima gente hubiera visto huérfana su  afición por la literatura. Imagino que ya lo habréis leído en el título del artículo: así es, hoy vamos a hablar de la biografía de Tolkien.

Biografía de Tolkien

Familia y nacimiento de Tolkien

Pues sí: John Rober Rodríguez Tolkien… Ehm… Vale, me habéis pillado. No se llama así…

Biografía de Tolkien: Primeros años

Postal de Mabel Tolkien. Creo que habría sido una gran escritora de terror. El pequeñajo es John Ronald con 10 meses.

John Ronald Reuel Tolkien. Ése es su nombre completo, y nació en 1892, cien años antes de que esa abominación llamada Curro apareciera en la Expo de Sevilla.  Pero no os lieis; el Curro importante en su vida es otro, ya lo veremos luego. Su nacionalidad era británica, pero nació en Bloemfontein. Y no, Bloemfontein no es una palabra pronunciada en la lengua de Mordor, sino una de las tres capitales que hoy día tiene Sudáfrica. La razón por la que, siendo hijo de británicos, nació allí se debe a que su padre, Arthur Tolkien, trabajaba en aquel lugar para el Banco de África.

Dos años después de nacer John Ronald, vino al mundo su hermano Hilary. Apenas un año después, en 1895, debido a que el clima de la ciudad sudafricana afectaba a la salud de J. R., Mabel, la madre de los niños, se trasladó con ambos a Inglaterra. Una fiebre reumática impidió al padre reunirse con su familia al año siguiente, ya que le provocó una  hemorragia que acabaría causándole la muerte.

Primeros años de Tolkien en Inglaterra y su amor por la naturaleza

Ante la falta de ingresos, Mabel tuvo que irse con sus hijos a Birmingham para vivir con su familia. Allí, J. R. tendría su primer encuentro con una lengua “extraña”, el galés, al ver escritos en camiones y vagones ferroviarios nombres que le parecían muy curiosos. Aprendió así que, no muy lejos, existían otras lenguas con sonoridades muy llamativas y distintas del inglés.

Una segunda mudanza les llevaría a Sarehole, una pequeña población rural que Tolkien disfrutaba explorando como si fuera un gran parque de aventuras, y que acabaría inspirando múltiples parajes de su obra como Bolsón Cerrado o el Bosque Negro.

Mabel se encargó de la educación de los niños y J. R. mostró muy pronto un gran interés por las plantas y lenguas como el francés o el latín. Tan en serio se tomaba los idiomas que, con cuatro años, ya era capaz de leer latín y poco después podría escribirlo. Impresionante.

J. R., durante toda su vida, sería un gran amante de plantas y árboles y odiaría sin cortapisas el maltrato al que el ser humano los sometía. Llegó a decir, de hecho, que en todos sus trabajos se ponía tanto del lado de los árboles como en contra de los enemigos de éstos. Claramente, prefería la naturaleza por encima del mundo tecnológico moderno.

La muerte de Mabel Tolkien

El estreno del siglo XX trajo consigo la conversión de Mabel y sus hijos al catolicismo. La familia de ésta, baptista, se opuso y dejó de prestarle asistencia económica. Éste es un ejemplo claro de uno de esos tipos de conflicto que Teo os puede enseñar en las lecciones dedicadas a tal fin dentro del primer curso del Método PEN. Si le decís que vais de mi parte os tratará especialmente bien, así que no lo dudéis. 😉

Y llegó el fatídico año 1904. J. R. (llamémosle Tolkien en adelante) estaba ya entrando en la adolescencia y una complicación en la diabetes de Mabel le causó la muerte, dejando huérfanos a los dos chicos. Hagamos notar que la insulina no se descubrió hasta 1921. Durante toda su vida, Tolkien la consideró una mártir de su fe debido al tesón con el que se mantuvo fiel a sus creencias pese a las dificultades que tuvieron que soportar. Esa misma fe quedó impregnada en él, lo que quedará claro a lo largo de toda la biografía de Tolkien, incluso en el nombre de sus hijos, como ya veremos.

Adolescencia y juventud de Tolkien

El tío Curro

A partir de ese momento, los niños fueron educados por el padre Francis Xavier Morgan. El sacerdote católico, nacido como Francisco Javier Morgan Osborne en El Puerto de Santa María (Cádiz) y de padre galés, era conocido en su tierra natal como El Tío Curro. Un dato curioso sobre este personaje es que provenía de familia bodeguera y, como podéis sospechar, está emparentado con uno de los mayores seductores ibéricos de pata negra: Bertín Osborne. Si es que el mundo es un pañuelo… Os dejo aquí una cancioncilla suya para que podáis amenizar la tarde y disfrutar de su galantería, pero primero terminad de leer el artículo, ¿vale?

¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! ¡El Tío Curro!

El amable sacerdote estuvo ayudando económicamente a la familia y, cuando Mabel falleció, se llevó a los niños a vivir con él al Oratorio de Birmingham. En su celda tenía una biblioteca que Tolkien usaba con mucha frecuencia. También aprendió de su tutor algo de español, conocimientos que usaría más adelante para crear un idioma llamado naffarin.

Hasta tal punto fue importante la influencia del Tío Curro que una de sus frases trascendió la barrera entre el mundo real y ése imaginario que Tolkien acabaría escribiendo, haciendo así que el mismísimo Gandalf la pronunciase: “No es importante saber cuánto tiempo te queda, sino qué hacer con el tiempo que se te concede”.

Portada del Kalevala en su edición de 1849.

Cuando Beren conoció a Luthien

El Tío Curro alojó a los hermanos en una pensión junto al Oratorio. Fue allí donde Tolkien, que entonces contaba dieciséis primaveras, conoció a una huérfana que acabaría siendo el amor de su vida: Edith Mary Bratt, de la que se enamoró sin remedio aunque ésta tuviera tres años más que él. Edith fue la inspiración de Tolkien para crear al personaje de Lúthien Tinúviel, princesa élfica conocida como “la más bella entre los hijos de Ilúvatar”. Él, por su parte, se identificaría como Beren, un humano mortal que compartiría su amor con Lúthien. Sobre estas dos representaciones ficticias de ellos dos, Tolkien escribiría una bella historia basada en sus propias vivencias, sin duda uno de los momentos álgidos de la biografía de Tolkien.

¡Por favor! ¡Qué bonito! Este momento se merece escuchar “Unchained Melody”, de los Righteous Brothers. Aquí la tenéis.

Si ya ha acabado la canción, secad vuestras lagrimitas y sigamos.

Pues resulta que el Tío Curro prohibió a Tolkien tener ningún tipo de comunicación con esa muchacha hasta que cumpliera los veintiún años, ya que consideraba que una relación tan temprana perjudicaría al chico en su prometedora carrera estudiantil. Tolkien cumplió esta imposición al pie de la letra y con un respeto absoluto… o casi.

El amor de Tolkien por la literatura

No podemos hablar de la biografía de Tolkien y pasar por alto su amor por la literatura. Mientras estudiaba en el colegio King Edward de Birmingham comenzó a tener una relación más estrecha con la literatura, leyendo por primera vez Beowulf, y conociendo así el inglés medio.

Durante su adolescencia, Tolkien ya echaba en falta una mitología propia para su país al estilo de la griega o la nórdica, y se propuso crear una propia que desarrollaría durante toda su vida. Esta mitología (monoteísta, por cierto) acabaría dando vida y exponiéndose en lo que es hoy día “El Silmarillion”, llamado por el autor en su día “El Libro de los Cuentos Perdidos”. A Tolkien le resultó muy inspirador para escribir las historias que formarían esta mitología una recopilación de historias de la mitología finlandesa recogidas en un libro llamado Kalevala.

En 1910, Tolkien fue aceptado en la Universidad de Oxford y accedió a la facultad de Lengua y literatura inglesas. Hastiado de los clásicos griegos, comenzó entonces a sumergirse en las culturas germánicas. En paralelo, escribiría poesía empleando ya sus lenguas inventadas.

Compromiso y boda de Tolkien y Edith

Tras superar las muchas trabas que le impuso el Tío Curro, el día que cumplió los veinte años, Tolkien escribió una carta a Edith en la que le declaró su amor y le pidió matrimonio. Edith ya estaba comprometida por aquel entonces, pero rompió su compromiso y se comprometió con Tolkien tras encontrarse bajo un viaducto. Era enero de 1913. ¡Pocas historias de amor tan bonitas se han vivido bajo un puente! Poned otra vez, si queréis, la canción de “Ghost”. 😉

En 1915, Tolkien se licenció con matrícula de honor en Lengua inglesa en el Exeter College.

Edith, que era anglicana, se convirtió al catolicismo debido a la insistencia de Tolkien y ambos contrajeron nupcias en 1916. Se casaron con gran celeridad porque él fue llamado a filas para combatir en la I Guerra Mundial, conflicto del que ambos pensaban que no regresaría con vida.

La I Guerra Mundial y Tolkien

biografía de Tolkien, su participación en la I Guerra Mundial

John Ronald Tolkien, en 1916, hecho un mozo recio y rebosando elegancia británica.

“Les prometo que ésta va a ser la última guerra, la guerra que acabará con todas las guerras.”, dijo Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos por aquel entonces. Menudo iluminado…

Tolkien fue enviado a Francia como miembro de la Fuerza Expedicionaria Británica, lo que se convertiría en uno de los capítulos más duros de la biografía de Tolkien. Allí sirvió como oficial de comunicaciones en la cruenta batalla de Somme, llamada así por el río a cuyas orillas tuvo lugar.

Fue una de las batallas más largas y sangrientas de todo el conflicto: los británicos sufrieron más de cincuenta y siete mil bajas, casi veinte mil de ellas mortales. Por suerte para todos los amantes de la literatura, Tolkien sobrevivió, a diferencia de la gran mayoría de sus amigos. Tuvo que ser apartado del frente y repatriado en noviembre de ese año por contraer poco antes la denominada “fiebre de las trincheras”, transmitida por el piojo humano. Esta afección provoca una fiebre muy alta durante varios días y dolor en las piernas.

Tolkien empieza a escribir su obra en el frente francés

En cierto modo debemos estar agradecidos a los piojos que infectaron a Tolkien, puesto que, sin ellos, no hubiera abandonado el conflicto ni habría estado convaleciente. Fue en este periodo de convalecencia cuando comenzó a trabajar en sus historias. Sufrió diversas recaídas entre 1917 y 1918, pero ya no necesitaba permanecer encamado.

Su hijo Christopher, de hecho, afirma en el prólogo de “Los Cuentos Perdidos” que su padre comenzó a escribir la historia de la Tierra Media en la guerra, bajo intenso fuego de artillería.

Los horrores de los ingenios empleados en la guerra y la capacidad destructiva que éstos demostraron hicieron en Tolkien aún más profundos los ideales sobre la perversión que la industria causaba no sólo sobre el planeta, sino sobre el propio espíritu humano. Para Tolkien la naturaleza no era algo opcional.

El baile de Luthien Tinuviel y sus consecuencias

Un día, durante su recuperación, paseando con su esposa por los bosques de Roos, Edith bailó para él rodeada de flores blancas en una densa arboleda. Esta escena inspiró el pasaje del encuentro de Beren y Lúthien.

En 1917, la pareja tuvo a su primer hijo, John Francis Reuel, y en 1920 tuvieron al segundo, Michael Hilary Reuel. Fue, precisamente, ese año cuando ocupó un puesto de profesor de Lengua inglesa en la Universidad de Leeds.

En 1924 nació el tercer hijo de la pareja, Christopher John Reuel, al que debemos la publicación de todas las obras póstumas de Tolkien a partir del batiburrillo de escritos que éste dejó por toda su casa.

Tolkien y su papel de profesor

Por fin llegamos a la madurez y la tranquilidad en la biografía de Tolkien.

Un año después, regresó a la Universidad de Oxford, pero esta vez como profesor de Anglosajón. Durante esta estancia Tolkien escribió las que se consideran sus magnum opus: “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”. En Oxford, Tolkien conoció a C. S. Lewis, también profesor y autor de Las Crónicas de Narnia, y ambos formarían, junto a otros escritores, un club literario al que llamaron Los Inklings. El objetivo principal de este club era que sus miembros expusieran lo que escribían y el resto opinase e hiciese crítica constructiva. En esos tiempos, 1929 para más exactitud, nació la hija del matrimonio Tolkien: Priscilla Anne Reuel.

¿Sabéis por qué tanto Reuel en la familia? Reuel es una palabra que procede del hebreo antiguo, y significa “cercano a Dios”. Como podéis comprobar, otra cosa quizá no, pero católico era. Y no poco.

El hobbit y El señor de los anillos

Tras una serie de azarosas circunstancias, “El Hobbit”, que en sus inicios fue una historia que contaba a sus hijos para que se durmieran, llega a manos de la editorial George Allen & Unwin, que publica la obra. Debido al gran éxito que tuvo la novela entre jóvenes y adultos, la editorial pidió a Tolkien una continuación de esta historia.

La continuación a esta historia fue “El Señor de los Anillos”. Su éxito fue tremendo.

Tolkien invirtió el resto de su vida en retocar una y otra vez las historias de “El Silmarillion”. Se planteaba preguntas sobre su mundo y escribía nuevas historias para resolverlas. Así, fue engrosando más y más los mitos de su legendarium.

Reconocimientos y sinsabores de Tolkien

En la biografía de Tolkien también hay espacio para los premios. A finales de los años sesenta, Tolkien fue nombrado doctor honoris causa en diversas universidades, vicepresidente de la Philological Society, miembro de la Royal Society of Literature y Comendador de la Orden del Imperio Británico.

Pero no todo fueron premios y reconocimiento.

El periódico británico “The Guardian” publicó hace algún tiempo unos documentos sobre el dictamen del premio Nobel de 1961 en los que se afirma que Tolkien no consiguió el premio Nobel por ser considerado un escritor de “segunda categoría”. Un miembro del jurado escribió que la prosa de Tolkien “no está a la altura de la narración de alta calidad”. El galardón se lo llevaría el yugoslavo Ivo Andric. No deseo desmerecer a Andric en ningún sentido, pero ahí está uno y allá está el otro. A buen entendedor…

La muerte de Edith y el fin de Tolkien

La muerte de Tolkien y Edith

Lápida en la tumba de los Tolkien, ubicada en el cementerio de Wolvercote, Oxford.

Edith murió en noviembre de 1971, y fue enterrada con una lápida que la identificaba como Lúthien. Veintiún meses después, con 82 años, Tolkien sería enterrado en la misma tumba que su querida esposa, escribiendo en la misma lápida el nombre de su alter ego ficticio: Beren.

Tolkien, hombre de placeres sencillos, se consideraba a sí mismo un hobbit en todo salvo en la estatura: le gustaban los árboles, las plantas, los campos labrados al modo tradicional, la comida sencilla, fumar en pipa, levantarse y acostarse tarde… Fue también un devoto creyente y un entregado padre y esposo. Sufrió la orfandad y los horrores de la guerra y temía los derroteros a los que el desarrollo tecnológico estaba llevando a la humanidad. Consideraba que la verdad de las cosas estaba impregnada en sus respectivos nombres y se maravillaba ante el folklore con el que se desarrollaron las diversas culturas y pueblos del mundo. Todo esto quedó plasmado, de un modo u otro, en su obra, de la que hablaremos el mes que viene después de habernos ocupado este mes de la biografía de Tolkien, el rey de la literatura fantástica.