Los que me conocéis por las historias que he escrito o por mis artículos sabréis que pongo especial énfasis en la construcción de personajes. Son los que van a dar profundidad y cohesión a la trama, los que van a vivirla y a permitir que el lector la viva junto a ellos. En este artículo os voy a seguir hablando sobre los narradores orales en la historia, pero también sobre los personajes de la narración, en especial de los estereotipos en la literatura. Toca meternos de lleno en la Edad Media europea.

¿Qué narradores orales medievales nos encontramos? Los trovadores y juglares coinciden en este tiempo histórico y por eso tienen muchas cosas en común, pero también las diferencias son marcadas. ¿Y las trobairitz? ¿Os suena ese término? Confieso que antes de escribir este artículo, a mí no. Pero como casi todo es esta vida tiene remedio. Lo que sí conoceréis es el amor cortés. ¿Qué os han contado sobre este género literario? ¿Y qué tienen que ver los juglares, trovadores y trobairitz con el amor cortés y los estereotipos en la literatura? Para eso estoy yo: para contároslo.

Los narradores orales medievales: juglares, trovadores y trobairitz

Juglares

Tras los druidas y los bardos (que bebieron de las enseñanzas de los primeros), y de los que os hablé en mi anterior artículo, los narradores medievales que poblaron las calles de toda Europa con sus cantos y sus historias fueron los juglares.

El juglar y los estereotipos en la literatura

Los juglares interpretaban las obras heredadas de los bardos y sus antecesores, y de los poetas coetáneos. Es decir, no componían sus versos, solo los interpretaban. Podíamos decir que eran hombres orquesta. Se movían de corte en corte (eran nómadas) y ofrecían su espectáculo: historias, música, malabares… Pertenecían a clases bajas y en sus actuaciones utilizaban el lenguaje de la plebe.

Eran esperados en las ciudades y los pueblos porque eran los portadores de las noticias de lo que ocurría en el mundo: guerras, chismes, muertes y sucesiones. Además del simple entretenimiento: un momento de risas, miedo o tristeza que le hiciera olvidar la vida diaria. A ninguna persona (sea de la Edad Media o no) le amarga un dulce. Todos les escuchaban: la gente del pueblo se reunía en las plazas y los reyes los invitaban a sus cortes. Sus relatos estaban armados en verso. Como he dicho en otras ocasiones, las rimas son mucho más fáciles de memorizar. Sin embargo, ellos no eran los auténticos protagonistas en cuanto al amor cortés se refiere.

Trovadores

En un punto más concreto de  Europa, concretamente en el sur de Francia, y alrededor del siglo XI, aparecen otros narradores orales medievales: los trovadores. A diferencia de los juglares, que se ganaban las habichuelas con sus espectáculos, los trovadores eran poetas de un estatus social elevado y otras ocupaciones.Es decir, componían sus versos por entretenimiento. Pertenecían a la corte y se movían como pez en el agua entre las relaciones de poder de los nobles. Sus creaciones están compuestas en el lenguaje de Oc. Porque sí, los trovadores creaban e interpretaban sus propias obras. Se inspiraron en el antiguo concepto griego de poema lírico y sus composiciones figuran entre las primeras muestras literarias en una lengua distinta del latín, lengua literaria por excelencia durante la Edad Media. Sus poemas emplean nuevas formas, melodías y ritmos, originales o copiados, de la música popular. El primer trovador del que se tiene noticia fue Guillermo IX de Aquitania. Por lo tanto jugaban en otra liga, tanto por el público al que dirigían sus actuaciones y el lugar en el que las ofrecían, como por la formación cultural de la que presumían.

Otra diferencia con los juglares son los temas de los trataban en sus poemas: el amor cortés.

Trobairitz

¡Oh, vaya! Resulta que había otro grupo de narradores orales medievales. Y resulta que también  cantaban composiciones sobre el amor cortés. ¿Por qué no he escuchado hablar sobre este grupo? Quizá porque son del género femenino… De estatus social elevado, como sus homólogos trovadores masculinos, estas mujeres compusieron poemas y música secular (no religiosa) en las cortes de la región de Occitania.

Trobairitz y los estereotipos en la literatura

Las trobairitz son una figura poco conocida dentro del mundo medieval

Una mujer que se dedicase a ser trovadora debía ser culta, así como saber componer música y tener talento para la poesía. Decía Robert de Blois en uno de sus manuales para la mujer de la corte:

Llevaba y hacía volar halcón y azor,

sabía jugar bien al ajedrez y a las damas,

leer cuentos y contarlos,

cantar canciones.

¿Y en el caso de los artistas ambulantes que no pertenecían a la élite culta? ¿Había mujeres que se dedicaban al espectáculo? La lógica nos dice que sí, pero su historia no ha quedado reflejada en ningún texto. De las Trobairitz sabemos por lo que nos han contado sus homólogos varones y por sus propias composiciones. Así han pasado a la historia: Bieris de Romans, de quien solo ha sobrevivido al tiempo esta canción, o Beatriz de Día, condesa de la que se conoce poco más que sus partituras que se acompañaban con la música de las flautas. Pero por lo menos sabemos que han existido, sí, aunque la historia ha dejado de lado a estas compositoras. Hay historiadores que apuntan a una autoría masculina para ciertas creaciones de las tobairitz, en los libros aparecen apenas nombradas y muy pocos hablan con mayor profundidad de sus obras. Como en la mayor parte de las crónicas de la humanidad, las mujeres han sido relegadas a unas sombras que no les pertenecían.

Las creaciones del amor cortés: los estereotipos en la literatura

Os he contado un poco más arriba que los trovadores y las tobarairitz se diferenciaban de los juglares en unas composiciones únicas que se movían exclusivamente en el ambiente de las cortes europeas. Se trata de las narraciones sobre el amor cortés.

¿Qué es el amor cortés? El amor cortés es una idealización del afecto amoroso en el que la sumisión a la amada es total. Sí, digo a la amada porque la mayoría de las composiciones sobre este amor cortés que han perdurado hasta nuestros días provienen de trovadores. En este tipo de literatura, el objeto amoroso es inalcanzable, pero se le rinde pleitesía para conseguir su favor. En una sociedad en la que su razón de ser era el vasallaje, la analogía estaba clara. El vasallo se rinde a su superior moral (el señor feudal estaba sobre el bien y el mal) para así beber de su sabiduría e intentar trascender mediante la servidumbre. Todo esto disfrazado de relación amorosa, que queda más mono.

Juglares y trobadores trabajaban sobre los estereotipos de la época

Estas creaciones literarias sobre el amor cortés eran además un auténtico manual para las damas de bien: la mujer objeto de amor era distante y repleta de virtudes, pura y cristalina. Vamos, olía como las nubes y sentía poco más o menos. Estamos ante un claro estereotipo en la literatura: uno de los primeros y del que no nos hemos desprendido del todo.

¿Todo el mundo sabe a qué me refiero cuando hablo de estereotipos en la literatura?

Es una imagen representativa de un colectivo. Hablamos de estereotipo en la literatura cuando un personaje es plano y su comportamiento resulta predecible gracias a unos patrones ya conocidos.

¿Quién no ha descrito a su protagonista como un dechado de virtudes? ¿Quién no ha leído a un personaje que sabe siempre lo que hay que hacer y cómo? ¿Un súmmum de la perfección?

Desde estos primeros trovadores, los poetas han sido especialistas en crear estereotipos en la literatura, han cantado a la mujer ideal, a una musa inalcanzable. En sus creaciones, la mujer (objeto) representada por el trovador del amor cortés es una dama culta, refinada, de altos ideales, bondadosa, justa y fiel al código ético de la época. ¿Cómo se comporta la dama ante el galanteo del protagonista? Aceptando su amor, pero sin ceder a las bajas pasiones. Convirtiéndolo en mejor persona mediante su ejemplo. Sus reacciones son predecibles, sus pensamientos planos y su imagen idealizada: bella, elegante, sabia. No se despeina, no es infiel, no se deprime, no se enfada. ¿Os parece que este tipo de personajes son cosa de la Edad Media? Cuidado con ellos porque los escritores solemos dejarnos llevar por idealizaciones si no trabajamos lo suficiente nuestros personajes.

¿Y las tobairitz? ¿A quién cantaban ellas?

Desde el lado femenino, estas narradoras orales medievales definen las cualidades que desearían en sus parejas. Por lo tanto, sus personajes responden a un canon establecido, a un comportamiento predecible también. Sus personajes masculinos son asimismo estereotipos de la literatura: responden al deseo de lo que les gustaría encontrar en el mundo real. Pero la diferencia entre las historias de los trovadores y las de las tobairitz es que los personajes femeninos de estas últimas pueden elegir o rechazar a quien reclamaba su amor, dependiendo de si cumplía ese código de comportamiento deseado. En el caso de las historias de los trovadores, los personajes femeninos no tenían ni voz ni voto en cuanto a ser el objeto de deseo de los protagonistas.

¿Cuál es el problema de los estereotipos en la literatura? ¿Por qué debemos huir de estos personajes?

Lo primero de todo es que no estamos en la Edad Media. Como lectores no nos conformamos con unos protagonistas planos y cuadriculados de los que podemos anticipar cada reacción porque nos sabemos el guión establecido. Ahora la literatura es otra cosa, los personajes hay que trabajarlos y dotarles de capas y matices. Queremos que nos sorprendan, nos emocionen y nos atrapen las historias. Como escritores, nuestro trabajo es guiar al lector sin que este se dé cuenta de que le estamos manejando. Queremos que viva nuestra historia. ¿Ahora mismo nos deleitaríamos con las creaciones del amor cortés? ¿Nos emocionaría? ¿Nos dejaría huella? Sin embargo hay novelas en las que los patrones de hace siglos continúan repitiéndose. La mujer objeto de amor como un ente difuso y etéreo, y el protagonista que lo da todo por ella.

¿Aun seguimos en el siglo XI? Autor, no me seas medieval y cúrrate buenos personajes.

Hasta aquí mi artículo mensual. ¿Os he sorprendido, enseñado, hecho pensar? Si es así, puedo darme por satisfecha. Si no, puedes contarme tus impresiones. ¡Nos leemos en el próximo!