Todos sabemos de la importancia de la Biblia para miles de millones de personas en todo el mundo. No obstante, se habla muy poco de las prácticas de brujería en la Biblia, que las hubo. A pesar de que ya hemos hablado de brujería en alguna otra ocasión, en este artículo, que preparé para una edición de la revista Más Allá hace ya unos meses, quiero hablarte de este asunto.

La brujería, el Antiguo Egipto e Israel

El antiguo Egipto y la brujería

En el Antiguo Egipto, la magia formaba parte de los asuntos más cotidianos de sus habitantes. No se trataba solo de la magia negra que tanto ha explotado Hollywood; se utilizaba para la sanación, la protección de personas y viviendas y, por supuesto, para la adivinación. Los sacerdotes realizaban conjuros y rituales de todo tipo. La magia estaba en todos y cada uno de los aspectos del día a día del pueblo.

No es de extrañar que el pueblo de Israel, que sirvió como esclavo durante siglos para los egipcios, se hubiera impregnado de esas costumbres. De hecho, debía ser algo bastante arraigado, porque ya entre las primeras leyes que recibió el pueblo israelita durante su éxodo se le advirtió que al entrar en la Tierra Prometida no debía encontrarse entre ellos a nadie que practicara “adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.” (Deu. 18:9-13)

Las advertencias contra la brujería en la Biblia

Esto significa, por tanto, que entre los israelitas habría costumbres de este tipo, y es muy curioso que la magia la brujería prácticamente no se mencionen en la Biblia más que como advertencia.

Porque esa de Deuteronomio no es la única ocasión. Amonestaciones similares se repiten en multitud de ocasiones a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Se advierte contra la bujería en la Biblia.

Sin embargo, no parece que sirviera de mucho. Vez tras vez, por todo el texto bíblico se hace referencia a la consulta de adivinadores, como cuando el profeta Oseas, que vivió alrededor del siglo VIII a.C., menciona que en la región de Betel, a la que llama “Bet-aven” (cuyo significado viene a ser algo parecido a “casa perjudicial”) por la cantidad de actividades nocivas de acuerdo a la ley mosaica, los habitantes incluso consultaban las indicaciones de algún tipo de ídolo de madera.

La brujería en la biblia: las advertencias de la Ley Mosaica

La ley de Moisés advierte repetidamente contra la brujería.

No obstante, el caso más famoso de todos esos episodios de adivinación y hechicería es, sin duda, el de una mujer, y está directamente relacionado con el primer rey de Israel. Pero antes de explicarte el caso, deja que te ponga en antecedentes

Los antecedentes del rey Saúl

El pueblo, que hasta entonces había estado gobernado durante muchos años por los llamados “jueces”, deseaba un rey y el elegido fue Saúl.  Se trataba del hijo de una familia de cierta importancia de la tribu de Benjamín. Era un joven atractivo, alto, fuerte… Sobresalía, según las Escrituras, una cabeza por encima del resto de sus vecinos. A este joven fue a quien Jehová eligió en su momento para convertirlo en el primer rey israelita.

Durante mucho tiempo, Saúl se mantuvo fiel a las órdenes y los mandatos divinos, que le eran dados, en gran medida, por Samuel, uno de los mayores profetas bíblicos y el último de los jueces. No obstante, a medida que su reinado se alargaba, Saúl comenzó a actuar de forma cada vez más independiente y a no cumplir escrupulosamente las indicaciones que recibía.

Las primeras desobediencias de Saúl

Todos sus años como rey estuvieron marcados por un enemigo principal: los filisteos. Se enzarzaron en varias batallas en la que Israel obtuvo victorias importantes. En cierto momento, Jehová le ordenó que atacara a los amalecitas, otro de sus enemigos habituales, y que destruyera toda vida. No debía respetar hombre, mujer, niño ni animal alguno. Todos debían morir. Saúl reunió su ejército y marchó contra su enemigo. Pero no cumplió por completo el mandato que había recibido:

El rey de Israel perdonó la vida de Agag, el rey amalecita. Y tampoco dio muerte a todos los animales. Solo se dio muerte a los más enfermos y a los débiles, mientras que se respetó a los sanos y de buen aspecto. Fue la primera desobediencia seria de Saúl. Cuando Samuel se enteró estuvo rogando por el perdón del rey toda la noche, pero de poco sirvió, puesto que cuando se encontró con Saúl ya le indicó que el reino le sería quitado, a pesar de las razones que esgrimía el rey para la desobediencia, que no eran otras que evitar ponerse en contra a todo el ejército, que no deseaba dar muerte a todos aquellos animales por las buenas y que en cambio iban a ser sacrificados a su dios.

Esa fue la última ocasión en la que el profeta y el rey se encontraron en vida. A efectos prácticos significaba que Saúl había perdido la aprobación y, peor aún, la guía divina. Y el resultado de eso no tardó en llegar.

Saúl y David

A pesar de que seguía siendo rey, Dios ya había designado a quien debía suceder a Saúl: el joven David. Fue ungido para tal efecto y comenzó a servir en palacio como arpista. Desarrolló una fuerte amistad con Jonatán, el príncipe, y llegó incluso a casarse con una hija del rey, Mical. Pero los celos pudieron con el monarca, que intentó dar muerte a su sucesor; primero ordenó a su hijo que lo matara, pero debido a la amistad que los unía, en lugar de eso Jonatán le advirtió del peligro que corría, con lo que pudo salvar la vida. Sin embargo, y a pesar de que Saúl le había jurado a su hijo que no le causaría daño alguno a David, intentó darle muerte mientras tocaba el arpa arrojándole una lanza. Y aún trató de matarlo en varias ocasiones más, en las que David logró escapar a pesar de que los hombres del rey lo siguieran.

La enemistad entre Saúl y David

Saúl ataca a David. Oleo de Guercino

Todo esto eran, desde luego, rebeliones contra una decisión divina. Era evidente, pues, que Saúl se iba deslizando por un camino de lo más peligroso y cada vez más alejado de su dios. A tal punto, que llegó a dar muerte a ochenta y cinco sacerdotes porque uno de ellos había dado cobijo a David en su huida.

Jehová retira su protección al rey

Algún tiempo después, Samuel, el profeta, murió, y los filisteos volvieron a levantarse en pie de guerra contra los israelitas. El ejército filisteo debía ser enorme, ya que, en el momento en el que Saúl lo vio, “tuvo mucho miedo”. Entonces hizo algo que, probablemente, llevaba bastante tiempo sin practicar: buscó la guía de Jehová para que le indicara lo que debía hacer.

El dios de Israel, en cambio, no prestó la menor atención al rey que él mismo había elegido tiempo atrás. No respondió a plegarias, ni envió mensaje alguno, ya fuera mediante sueños ni mediante los profetas. Saúl se había quedado solo. No podía acudir a Samuel, quien había muerto. Y él mismo había expulsado tiempo atrás, cuando aún era fiel a su dios, a los adivinos y hechiceros.

Saúl y el mayor ejemplo de brujería en la Biblia

Ante esa situación, el rey hizo lo impensable: le pidió a sus hombres que encontraran a una espiritista que le permitiera ponerse en contacto con el difunto Samuel. Y este es el caso de mayor calado que se puede encontrar de brujería en la Biblia. Por supuesto, los soldados no tardaron mucho en decirle que había una mujer que podría servirle en En-dor, lo que demuestra que la brujería estaba más que extendida por la zona.

En-dor suele ser identificada como Khirbet Safsafeh, una población situada a unos once kilómetros de Nazaret. Se situaba en las llanuras del territorio asignado a la tribu de Isacar, por lo que era evidente que, o bien no todos los adivinos y médiums habían sido expulsados por Saúl, o bien la vigilancia en ese sentido se había relajado tanto que al menos algunos habían vuelto a sus actividades y cobrado la fama suficiente como para ser mencionados delante del rey.

El encuentro con la bruja de En-dor

Y una noche, Saúl fue a visitarla. Al principio la mujer se mostró recelosa, pero finalmente accedió a lo que le pedían, que no era otra cosa que llamar de entre los muertos al mismísimo Samuel. A partir de este punto, el relato es de lo más interesante, y el más explícito que se puede encontrar en cuanto a brujería en la Bilia, y puede leerse en el primer libro de Samuel, en el capítulo 28. Lo que allí se relata es lo siguiente:

Tan pronto como el espíritu se aparece ante la médium, la mujer da un grito tremendo, asustada, evidentemente, e increpa al rey, al que acusa de haberle ocultado su verdadera identidad. Cuando éste la tranquiliza, logra que la médium le explique lo que está viendo. No es otra cosa que “un espíritu que se levanta del suelo”. El rey le pregunta por su aspecto y la mujer le dice que es un anciano vestido con una capa. Saúl entonces entiende que, en efecto, Samuel ha vuelto de entre los muertos, y pasa a explicarle el motivo por el que lo ha conjurado: está desesperado puesto que los filisteos son un auténtico peligro y él ha perdido el favor divino.

Saúl y la bruja de Endor

Pintura en aceite de Benjamin West

El espíritu del profeta, entonces, le dice que no es nada nuevo, más bien al contrario, pues él ya le había dicho que todo eso iba a ocurrir. Y es más, le señala el desenlace de la batalla: tanto el rey como sus hijos encontrarán la muerte al día siguiente. Profecía que, en efecto, se realizó.

Algunas opiniones sobre este caso de brujería en la Biblia

¿Fue realmente el espíritu de Samuel el que acudió aquella noche ante la llamada de la médium de En-dor? No es, en absoluto, una pregunta nueva y es un tema sobre el que han escrito personajes como Lutero, sin ir más lejos.

Ya en el s. II, algunos indicaron que no era realmente una médium, sino una ventrílocua que se hizo pasar por Samuel. Los que piensan de este modo indican que la palabra utilizada en el original para referirse a la mujer es owb, que viene a significar algo así como “farfullar entre dientes”. Otro argumento de esta corriente indica que la mujer realmente se asustó cuando vio la figura ante ella, lo que indicaría que en realidad no tenía poderes reales y que se trataba de una embaucadora.

Durante mucho tiempo, hubo quien tildó este pasaje como una leyenda bíblica. Lord Byron, por su parte, decía que era el pasaje sobre brujas que mejor se hubiera escrito y que superaba a cualquier otra historia de fantasmas que hubiera leído nunca.

Pero para otros muchos, es un pasaje misterioso y hasta contradictorio. Lutero decía que, puesto que Samuel se había opuesto a los médiums, no habría acudido nunca a la llamada de uno de ellos, y que por tanto no se trataba de su espíritu, sino de un auténtico demonio que se hizo pasar por el profeta.

Temas a tener en cuenta sobre leste caso de brujería en la Biblia

Aquí hay que tener en cuenta un par de detalles importantes:

  • Según el pasaje bíblico, Saúl nunca llega a ver al espíritu. Es la médium quien se lo describe.
  • Además, Saúl se hallaba muy débil. Se menciona que casi no había comido en todo el día. Eso, unido al cansancio del viaje y a la preocupación por la batalla del día siguiente, pudieron haberlo hecho presa fácil de un engaño.

Es, por tanto, perfectamente posible que la médium quisiera aprovechar la posición desesperada del rey haciéndole creer que en realidad veía a una figura que podía ser Samuel. Puede que incluso intentara, simplemente, tranquilizarlo ofreciéndole lo que estaba buscando, algo habitual en estas situaciones.

Una corriente de opinión asegura que, en realidad, la mujer no era una médium, sino una profetisa que se ocultaba. No obstante, nadie ha podido dar una explicación razonable de por qué tendría que ocultarse, por lo que es una opinión poco seguida.

¿Habría acudido Samuel a la llamada de una bruja?

Los que siguen la posición de Lutero sobre que se trató en realidad de un demonio se basan en una serie de aspectos igualmente interesantes. Estas son sus posturas:

Para empezar, los adivinos no tienen poderes provenientes de Dios, por lo que cualquier actuación por su parte siempre ha de estar relacionado con Satanás y sus demonios. Además, si Samuel no había querido hablar en vida con Saúl en los últimos tiempos, no tiene mucho sentido que sí quisiera hacerlo una vez hubiera muerto y contradiciendo, para mayor problemática, un mandato divino evidente.

Hay incluso quien se aferra a las palabras de la médium, quien según algunas traducciones de la Biblia aseguró ver “dioses que suben de la tierra”. Es evidente que Samuel no era un dios, y además era uno solo. Por tanto, se relacionan esas palabras con la visión de huestes demoníacas y no de un profeta divino.

Para otros, en cambio, no hay duda

Y por supuesto, hay quien cree que, pese a todo, la figura que se apareció ante la médium fue, realmente, el espíritu de Samuel. Esgrimen para ello un “permiso especial divino” con el fin de entregar un mensaje final a un rey que se había apartado por completo de su camino: el de su muerte. Sería un caso en verdad excepcional, puesto que en el resto de las Santas Escrituras Dios no se comunica en ningún otro caso utilizando este método.

Lo cierto es que, aunque el episodio de la bruja de En-dor es probablemente el más explícito de brujería en la Biblia, en el texto sagrado se habla de algún otro hechicero, como Simón el mago. Una muestra de que la adivinación, el espiritismo, la hechicería y la brujería en la Biblia no aparecen por cuestiones que habrá que analizar, pues eran más comunes en tiempos bíblicos de lo que se podría esperar.