Seleccionar página

La tristeza es una emoción que nos acompaña desde el inicio de nuestro nacimiento. Se expresa a través del llanto cuando nos caemos, de las palabras cuando escribimos una carta a quien echamos de menos, de la ropa cuando vestimos de luto porque no nos apetece ponernos prendas más vivas, más alegres. Nadie es ajeno al sentimiento de tristeza. Estoy segura de que tú también te has sentido triste o, quizá, incluso te sientes triste ahora. Si le presentamos a un grupo de estudiantes un chico que está triste porque su familia no le deja asistir a una oportunidad única en la vida, es posible que consigamos el afecto de dicho grupo. Pero, ¿y si añadimos que ese chico está, además, enfermo? ¿Y si esa oportunidad es realmente única en su vida? Muchas personas sentirán simpatía por el personaje, querrán saber si consigue o no ese sueño que anhela, desearán conocer mejor la historia e incluso un tipo de final, que puede coincidir o no con el que le demos nosotros. La tristeza es importante para el ser humano y, en consecuencia, la tristeza en la literatura es un elemento clave para tu novela. De eso trata este artículo.

Existe consuelo en la propia tristeza

La importancia de la tristeza en nuestro día a día se basa en que es el principal motivo de la búsqueda de la felicidad. Cuando nos sentimos tristes solemos leer historias trágicas, escuchar música triste, ver películas que nos hagan llorar… pero lo que no sabemos es que gracias a estos recursos nuestro estado de ánimo mejora. Cuando leemos alguna historia triste nos sentimos consolados y comprendidos: el ser humano busca el desahogo a través de la comprensión. Cuando no tenemos la oportunidad de desahogarnos con alguna amistad, encontramos el apoyo en un libro, una película o en la música, llegando incluso a establecer una conexión similar a la que establecemos con nuestros semejantes.

La tristeza en la literatura

La tristeza es un recurso artístico muy utilizado, tanto por quienes crean como por quienes consumen. Por un lado, es habitual que necesitemos expresar nuestra tristeza de alguna forma, buscar consuelo en alguien o en algo, como he explicado antes. Por otro lado, nos identificaremos mejor y sentiremos más simpatía hacia aquellas creaciones capaces de plasmar algo íntimo que somos capaces de experimentar. ¿No es acaso, la tristeza, una de las emociones más íntimas que tenemos? Está relacionada, a fin de cuentas, con nuestra vulnerabilidad.

Si la tristeza es algo tan íntimo y representa una vulnerabilidad, ¿por qué nos gusta leer relatos tristes? ¿Por qué quien lee se engancha más fácilmente cuando hay elementos de tristeza?

El alivio del final feliz y la tristeza en la literatura

Antes he propuesto, a modo de ejemplo, un personaje adolescente enfermo cuya familia le ha prohibido asistir a una oportunidad única en su vida. He mencionado, asimismo, que eso genera simpatía de quien lee hacia el personaje, así como un deseo por saber el final o, incluso, la expectativa concreta de un final feliz (recuerda cuando hablábamos de la relación entre personaje y lector). Este cambio de una emoción triste a una más agradable puede explicarse, entre otras, por la llamada teoría de la transferencia de excitación.

Esta teoría se basa, justamente, en el cambio de emoción a través de la exposición de una historia triste con final feliz. A lo largo de toda la historia el receptor de la narración se siente triste debido a la conexión establecida con el personaje; sin embargo, en el final suele sentir un alivio si ha empatizado con al menos uno de los personajes. Un ejemplo de ello sería, como me ha sugerido una buena amiga, la película En busca de la felicidad, dirigida por Gabriele Muccino, en la que aparece un padre y un hijo superando todas las adversidades a las que se enfrentan diariamente como la pobreza o la búsqueda de empleo. Otro ejemplo pero más literario podría ser Sentido y sensibilidad de Jane Auste, donde uno de los personajes femeninos más bondadosos piensa que no es correspondido y muchas lectoras deseamos que sí lo sea finalmente.

La tristeza en la literatura y los personajes como consuelo social

La importancia de la tristeza también se fundamenta en el consuelo social. Cuando nos sentimos tristes elegimos historias que traten sobre los problemas a los que nos estamos enfrentando en la actualidad o que, de algún modo, puedan representar metafóricamente nuestra experiencia de tristeza. De esta forma nos vemos reflejados en los personajes y sentimos que no somos los únicos con problemas, y como dice el refrán “Mal de muchos, consuelo de tontos”, pero consuelo, a fin de cuentas. Otra explicación teórica sobre este asunto sugiere que a algunas personas les gustan las historias tristes para comprobar que su vida es satisfactoria, por lo que de esta forma las personas valoran su vida al comprobar que hay personas que lo están pasando peor que ellas. Sería algo así como un consuelo social por comparación, que permite relativizar los problemas propios.

Un ejemplo literario sobre este uso de la tristeza lo tenemos en el libro La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida” de Elvira Sastre, en el cual la autora plasma en poesía la desilusión por no ser correspondida en el amor y a su vez el orgullo por haber dejado atrás una relación en la que no era correspondida.

Tristeza y vulnerabilidad

En última instancia, cabe mencionar que existen personas que se interesan por las historias tristes porque quieren comprobar su vulnerabilidad ante situaciones amenazantes. También de esta forma comprueban su fortaleza en posibles vivencias en las que la vida les expondrá en algún momento como la muerte de un familiar o el desarrollo de una enfermedad. Las personas mayores son los que más utilizan este recurso, simpatizando con los personajes e imaginando cómo lo afrontarían ellas mismas. Un ejemplo de ello sería el libro “Un monstruo viene a verme” de Patrick Ness, en el cual un niño tiene que vivir y soportar la enfermedad de su madre hasta que fallece.

La tristeza es una emoción inherente a la realidad humana. Del mismo modo, es inherente a la vida de nuestros personajes. La historia de vida o las circunstancias que creemos para ellos deben tener en cuenta la dimensión emocional y, en especial, la tristeza. La tristeza como efecto de alivio para un final feliz, la tristeza como consuelo social que permita a quienes nos leen encontrar realidades similares a las propias, la tristeza como muestra de la propia vulnerabilidad… La tristeza, en definitiva, como un elemento clave de la narrativa para conseguir que el lector simpatice con nuestro personaje.

Y, ahora, os pregunto: ¿sabríais identificar el uso que se le ha dado a la tristeza en alguno de los libros que habéis leído?