Giordano Bruno es una de las figuras más interesantes del Renacimiento italiano. Resulta, con todo, menos conocido que el amplio abanico de hombres de letras, artistas plásticos, escultores del momento y, desde luego, que la mayor parte de los papas y demás hombres de Iglesia. De modo que su vida y obra podrían llegar a pasar inadvertidas en medio del maremágnum y bullir de personajes poderosos y relevantes. Por eso, para contribuir a su conocimiento, inauguramos con éste una breve serie de artículos que se harán cargo, respectivamente, de la inspiradora biografía y de los escritos legados por este cultivador de múltiples saberes. Astronomía, matemática, teología y poesía fueron las ocupaciones de Filippo Bruno, llamado Giordano al tomar los hábitos. Su vocación es la de un “filósofo”, en el sentido literal y etimológico del término. Su vida, una constante huida de las consecuencias de su pensamiento fuera de lo común.

Orígenes y primeros pasos de Giordano Bruno

El año 1548 y Nola, a pocos kilómetros de Nápoles, son las coordenadas espacio temporales del nacimiento de Filippo Bruno. En la época, la región se encontraba bajo dominio de las tropas españolas, a cuyo servicio se encontraba su padre, Giovanni. Poco se sabe de lo que hizo nuestro hombre durante su infancia. Probablemente, aprendería a leer y daría sus primeros pasos en su ciudad natal. Sí tenemos noticia, en cambio, de su traslado a Nápoles a los catorce años. Una vez allí, recibe clases en el Studium Generale, institución de estudio fundada y financiada por la Iglesia, aunque no limitada, en principio, a la formación de los clérigos. Los hombres de letras más relevantes del momento alimentan estos primeros pasos de Giordano Bruno en la sabiduría, en un periodo que se extiende tres años.

Retrato moderno de Giordano Bruno

Retrato moderno de Giordano Bruno basado en una ilustración de una obra suya de 1578.

En 1565, al cumplir los diecisiete, marcha al monasterio de Santo Domingo Mayor de Nápoles para ingresar en la Orden de los Dominicos. Pero no es hasta siete años después, en 1572 cuando toma los hábitos y cambia de manera definitiva su nombre, de Filippo a Giordano. Tras dedicar su estancia en el monasterio a profundizar en el estudio de la filosofía aristotélica y en la teología de Santo Tomás, alcanza el título de doctor en teología en 1575.

Desde muy pronto, Bruno comienza a dar señas de un carácter marcadamente díscolo, teniendo en cuenta los estándares de la Iglesia. Varios procesos consecutivos y simultáneos lo llevan a huir en 1576 del convento. El rechazo de imágenes de santos en su celda, admitiendo tan sólo el símbolo del crucifijo, parece uno de los primeros motivos de denuncia contra el joven Giordano. Poco después, se habría permitido sugerir a un compañero del monasterio que dejase de leer libros sobre la Virgen y se dedicase a “lecturas más importantes”. Finalmente, parece que lo que más pesa para escapar en estos momentos resulta una acusación formal de ser arriano, una herejía contraria al dogma de la Trinidad

Puedes ampliar los datos sobre su vida leyendo este artículo o este otro.

El intelectual peregrino

“Toda la tierra es patria para un filósofo” es toda una declaración de intenciones por parte de Giordano Bruno, así como la síntesis perfecta de sus vivencias a partir de entonces. Desde muy pronto, la Inquisición sumó un total de ciento treinta acusaciones contra Giordano Bruno. Desde luego, no resultó la mejor motivación para abandonar la “prisión angosta y negra del convento” y comenzar sus andanzas por todo el norte de Italia. Bruno pasa por Génova, Padua, Turín o Venecia enseñando gramática y cosmogonía a los jóvenes, haciendo de sus enseñanzas un medio de vida, al igual que los antiguos sofistas. Pero su espíritu inquieto no deja de buscar y sigue estudiando las obras de autores cruciales en el Renacimiento, como el germano Nicolás de Cusa. La adhesión al sistema de otro Nicolás, esta vez de Copérnico, le causa nuevas enemistades entre las filas católicas, pero también entre las protestantes. Son tiempos complejos para el heliocentrismo, entre otras ideas.

Su deriva vital lo conduce después a otras regiones. En Ginebra, termina por abandonar los hábitos, antes de inscribirse en la Universidad. De allí tendrá que huir nuevamente, debido a la publicación de un escrito donde saca a la luz los errores de Antoine de La Faye, un profesor de aquella institución. Logra evitar el arresto y se dirige hasta Francia. En ese país gozará de un periodo de cierta estabilidad y aprecio institucional: consigue el doctorado en teología en Toulouse, donde llega a impartir clases durante dos años (1580-1581). Poco más adelante en París, obtiene reconocimiento como profesor de su Universidad por parte del rey, Enrique III.

Inglaterra es el siguiente hito del camino de Giordano Bruno. En 1583 trabajará allí como secretario del embajador francés y enseñará durante un tiempo en la Universidad de Oxford, atacando las ideas cosmológicas tradicionales y partiendo siempre de Copérnico para apoyar sus teorías. Nuevas enemistades y discusiones provocadas por sus revolucionarias enseñanzas terminarán llevándolo a regresar de manera provisional a París.

Diversos países y escenarios vieron todavía las andanzas de Bruno durante los siguientes cinco años de su vida: la Sorbona, Cambrai, Wittenberg, Praga o la Universidad de Helmstedt, en la Baja Sajonia… De muchos de ellos tuvo que huir repetidamente, hasta que en 1590 logra ser acogido en el convento carmelita de Zurich. Un nuevo lapso sin diatribas científicas ni teológicas públicas le permitiría escribir su obra poética.

Otro periodo de estabilidad aparente le llega con su regreso a Italia, a instancias de Giovanni Mocenigo, un noble veneciano que se convierte en su protector y que fija su residencia en Venecia. Aquí tienes más información sobre esta parte de su vida.

Delación, juicio y condena

Si alguna conclusión puede extraerse a la luz de tantas huidas sucesivas, es que la vida de Giordano Bruno nunca se dedica a la calma. El seísmo definitivo llega cuando su propio protector y mecenas, Mocenigo, acude ante la Inquisición para denunciarlo por sus “discursos heréticos”. En mayo de 1592 el sabio va a parar a una prisión de Venecia. El peregrinaje continúa, pero esta vez en cautividad: meses más tarde, es trasladado a Roma y a comienzos de 1593 encerrado en el Palacio del Santo Oficio.

Ocho largos años duró el encarcelamiento de Bruno hasta que estuvo preparado su juicio. Se le achacaron cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad. Aquí puedes encontrar más detalles sobre este particular.

Actas del proceso de Giordano Bruno

Las Actas del proceso han sido traducidas al español, editadas y comentadas:

También la brujería figura entre los cargos, así como el haber difundido sus enseñanzas sobre la transmigración de las almas, la infinitud del universo y la existencia de múltiples sistemas solares. Bruno se dedicó a escribir una declaración para su defensa, que terminó de redactar en 1594. El 20 de diciembre del mismo año presentó su alegato final ante el Santo Oficio. El juicio fue interrumpido durante seis meses, tiempo durante el cual Bruno continuó defendiendo activamente su teoría de los infinitos mundos, declarando las más de las veces fidelidad absoluta a sus ideas. El proceso fue conducido por el cardenal Roberto Belarmino, célebre por haber llevado en 1616 el juicio contra Galileo Galilei. Belarmino ofreció en múltiples ocasiones a Bruno la ocasión de retractarse, sin éxito. En 1600, Bruno se reafirma definitivamente en sus ideas. Ello resulta motivo suficiente para que el papa Clemente VIII lo lleve ante las autoridades civiles. Fue excomulgado y sus trabajos quemados en la plaza pública. Fue encontrado herético, impenitente, pertinaz y obstinado y, en virtud de todo ello, condenado a muerte.

Aquí resulta muy relevante el testimonio de un tal Gaspar Schopp, luterano convertido al catolicismo, que presenció la sentencia y la ejecución de Bruno. Según escribe Schopp en la Carta que le escribe a Conrad Ritterhausen el diecisiete de febrero, Giordano se habría dirigido a sus jueces al final del proceso con estas desafiantes palabras:

Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam

Tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla

La ejecución y la larga sombra de Giordano Bruno

¿Tuvo Clemente VIII algún tipo de reparo en el momento de ejecutar la sentencia de Giordano Bruno? ¿Pensaba que el acceder a su muerte convertiría al filósofo en mártir? La célebre frase con la que supuestamente se habría despedido el condenado antes de acatar la sentencia de su tribunal podría apuntar en esta dirección. El Papa temía y Bruno sabía de dicho temor.

Estatua de Giordano Bruno

Estatua de Giordano Bruno en Roma

El testimonio de Schopp sigue mostrándose relevante para arrojar luz acerca del último día de Bruno. El lugar donde se desarrolló la ejecución era el habitual: la plaza romana llamada actualmente con un nombre que quiere ocultar su pasado sangriento, Campo Dei Fiori. Según la costumbre, los acusados de herejía eran primero ejecutados y después se procedía a quemar su cuerpo. Pero la condición es que se hubieran retractado antes. El caso de Giordano Bruno fue diferente: ni siquiera el temor al tormento lo hizo retractarse, de manera que terminó siendo quemado vivo. Cuenta Schopp que uno de los monjes que lo custodiaban al pie del patíbulo le ofreció un crucifijo para que lo besara. Bruno no sólo se negó, sino que además proclamó que su alma ascendería al cielo, gracias a la acción purificadora del fuego.