¡Hola, compañeros de teclas! Hoy continuamos la serie de creación de personajes con el análisis y la deconstrucción del Joker, y no de cualquiera de ellos, sino de aquel al que ha dado vida recientemente el magnífico actor Joaquin Phoenix en el film titulado The Joker, de Todd Phillips. Y es que, a mi parecer, este personaje es el perfecto ejemplo de cómo aplicar los cuatro puntos elementales para la creación de personajes interesantes que vimos en la entrada anterior. De manera que en este artículo vamos a estar deconstruyendo al Joker.

Todos conocemos en mayor o medida al príncipe payaso del crimen de Gotham, el archienemigo por excelencia de Batman. Y, si bien ya ha cobrado vida en la gran pantalla con actores de la talla de Jack Nicholson o Heath Ledger, la reinvención del personaje para este nuevo largometraje no deja de ser sino brillante, y aquí vamos a analizar por qué, desde un punto de vista literario.

Deconstruyendo al Joker: la importancia del Character Building y el Worldbuilding

Hasta la fecha, el auténtico origen del payaso de Gotham había sido algo incierto, y lo que se nos mostraba habitualmente era a un lunático criminal con la cara pintada cuyo único propósito era disfrutar viendo al mundo arder entre el caos y la locura. Sin embargo, en este film vemos que este misterioso personaje fue una vez un hombre corriente, Arthur Fleck, que padecía un trastorno psicológico real llamado incontinencia afectiva, que le provoca ataques descontrolados e inoportunos de risa en cualquier situación, impidiéndole llevar una vida normal. Además, se nos muestra huérfano de padre y al cuidado de una madre anciana y medio senil sin apenas medios económicos con los que subsistir en una ciudad cada vez más desmoralizada, cruda y peligrosa. Él es una persona originalmente buena, amable, que sueña con ganarse la vida como un gran cómico y ser aceptado por la sociedad… Pero esta no deja de acosarle, de burlarse de él, de darle la espalda por ser “un bicho raro”. Además, más tarde, descubriremos que Arthur fue abusado violentamente en multitud de ocasiones por un novio de juventud de su madre cuando él era solo un niño…

¿Y qué es todo esto? Pues es dotar a nuestro personaje de una psique determinada, de luces y sombras, de virtudes y defectos, de un trasfondo… un contexto biográfico, familiar, social e incluso político muy concreto que explica por qué Arthur Fleck es como es, y no de otra manera, cubriéndolo de un realismo y una humanidad aplastante.

La importancia de los antecedentes

Pensemos: ¿Sería así este personaje si no hubiese pasado por los horrores que pasó en su niñez? ¿Si hubiera crecido en un ambiente familiar sano y sin tantas carencias? Si en lugar de haber crecido en Gotham; una ciudad decadente, agresiva, oscura y peligrosa que da la espalda a la gente con problemas como su trastorno; hubiese nacido en otra ciudad muy distinta: una próspera, abierta, con medios y disposición para cuidar de todos sus ciudadanos con una sociedad más amable, empática y humanitaria… ¿Arthur Fleck habría acabado convirtiéndose en el Joker que todos conocemos? Probablemente no.

Gotham y su influencia en el Joker

Y es que, como ya decíamos en la anterior entrada, debemos procurar crear personajes realistas, coherentes y humanos. Evitemos hacer que nuestro héroe sea bueno porque sí y nuestro villano un malvado porque sí. Todo tiene un por qué. Los motivos son importantes. Y, para ello, nosotros, como escritores, deberíamos tener muy clara esa biografía extensa y completa de nuestros personajes: sus rasgos físicos y psicológicos, sus deseos y miedos, sus experiencias claves desde su niñez, sus virtudes y defectos, su familia, su trabajo, sus relaciones amorosas y de amistad… el lugar donde creció. Así estaremos hilando fino, construyendo un personaje complejo y único y, sobre todo, coherente con quién es y qué hace en el presente de nuestra novela, y en quién puede llegar a convertirse.

Deconstruyendo al Joker: el poder magnético de las emociones

¿Pero qué nos hace verdaderamente empatizar con este personaje? ¿Qué nos hace avanzar más allá de la lástima o compasión inicial que nos pueda generar tras conocer su triste pasado o su precaria actual forma de vida? Si tu respuesta es “las emociones”, enhorabuena, eso es que has hecho los deberes.

Se cree que los psicópatas nacen genéticamente con una predisposición a la falta de empatía y emociones hacia los demás, y que esto puede acentuarse, o no, según las experiencias vividas a lo largo de los años. Ya hemos hablado de que la vida de Arthur Fleck está plagada de abusos, desprecio y violencia ya desde su más temprana edad. Pero en esta historia de descenso a los infiernos vemos a un personaje que siente y padece, que se resiste inicialmente a caer, a pesar de que la vida le termina por ganar el pulso.

Antes de verse convertido en el psicópata definitivo al que nos tienen acostumbrados, nos encontramos con un personaje que posee inicialmente la inocencia y credulidad de un niño, que sueña con agradar y hacer reír a los demás, que cuida y quiere a su complicada madre, que busca desesperadamente la aprobación y el orgullo de una figura paterna ausente, que se enamora, que quiere ser comprendido y escuchado… Todo un abanico de emociones reales y humanas por las que todos podemos haber pasado y que hace que empaticemos con él, a pesar de que no aprobemos los actos delictivos que acaba cometiendo al ver frustrados todos y cada uno de sus deseos…

Deconstruyendo al Joker. La importancia de las emociones

Lo que, por cierto, nos lleva al siguiente punto.

Deconstruyendo al Joker: anhelos y deseos del personaje

Otro de los pilares fundamentales para la construcción de un buen personaje, y que podemos observar con claridad deconstruyendo al Joker, es la de dotarles de anhelos y deseos, de uno o varios propósitos lo suficientemente importantes para que el lector quiera ver si lo consigue, o no, al final.

En el caso de Arthur Fleck, alias el Joker, encontramos varios deseos muy bien justificados y acordes con su character building.

Por un lado, vemos que su mayor deseo es convertirse en un afamado cómico profesional, ya que le gusta hacer reír a la gente, siendo su peculiar forma de aportar algo a la dura y despiadada sociedad de Gotham. Concretamente, sueña con trabajar en el late night show de Murray Franklin, un programa que ve todas las noches con su madre desde casa y a cuyo presentador, Murray, Arthur ve como la figura paterna ausente al que quiere impresionar y hacer sentir orgulloso.

Otros deseos patentes en él son el de no sufrir el trastorno de la risa que padece, ser aceptado por la sociedad, poder llevar una vida normal pese a su condición, o conocer y ser aceptado por el que él más tarde creerá que es su verdadero padre.

Todos ellos son deseos sumamente potentes en tanto que los obstáculos a los que se tiene que enfrentar para verlos cumplidos son muy difíciles: su falta de talento humorístico, su trastorno de la risa incurable, la retirada de fondos del gobierno a las ayudas psico farmacéuticas que recibía, una sociedad totalmente deshumanizada y cruel que se ensaña con los más vulnerables… o ser directamente ridiculizado públicamente por el presentador al que él tanto admiraba y quería, en su dañada mente, como a un padre.

Deseos potentes confrontados a obstáculos potentes, una receta mágica para nuestros personajes.

Deconstruyendo al Joker: de cómico frustrado a rey del crimen.

Y como esta es una historia del nacimiento de un villano, de la caída a los infiernos de un pobre hombre y su resurgir como criminal no podemos pasar por alto la última característica que hace que nuestros personajes en general, y este Joker en particular, sea un personaje redondo. Y es su capacidad de transformación: algo que queda muy evidente deconstruyendo al Joker.

Arthur Fleck es un claro ejemplo, quizá uno muy radical, de que debemos trabajar para que nuestros personajes sean una persona distinta al acabar que al empezar nuestra historia, ya que en el transcurso de ella le van a pasar cosas; sucesos, acciones, errores, interacciones con otros personajes, etc; que tú, como escritor, no debes dejar que el personaje pase por alto, sino que le afecten de una u otra forma con coherencia y credibilidad.

La evolución del personaje del Joker

Como decíamos, la historia de Arthur es un descenso a la oscuridad más absoluta a medida que cada uno de sus deseos va siendo fuertemente frustrado, no solo no alcanzándolos, sino siendo duramente castigado, física y mentalmente, por esos obstáculos que no va a poder superar:

Le despiden del único y precario trabajo que tenía por llevar encima un arma para defenderse de las constantes palizas y vejaciones que sufría en las calles de Gotham, el que creía su amigo le traiciona, el gobierno retira las ayudas psicológicas y farmacéuticas con las que mantenía a raya su enfermedad mental, Thomas Wayne, al que cree su padre, lo rechaza y expulsa tras darle un puñetazo, el presentador al que tanto admiraba se burla públicamente de él en su programa, descubre que su madre permitió que su ex pareja abusara física y sexualmente de él cuando tan solo era un niño…

Todas y cada una de estas situaciones van pasando factura en él, lo va moldeando, corrompiendo por dentro hasta que finalmente desata el psicópata criminal que llevaba dentro y se convierte en el príncipe payaso del crimen que todos conocemos en una maravillosa escena en la que vemos tres nacimientos completamente interconectados: la de Arthur Fleck como el Joker, la del pequeño Bruce Wayne como Batman y la de la ciudad de Gotham a la que conocemos por los comics y otros films del hombre-murciélago.

Deconstruyendo al Joker: la evolución del personaje

Reinventarse o morir

Sabemos que son malos tiempos para la creatividad, que ya está “todo inventado”. Y puede que de alguna forma así sea. Sin embargo, aún podemos trabajar para crear personajes únicos e irrepetibles con una biografía, unas emociones y unos deseos y obstáculos determinados. Si Todd Phillips y Joaquin Phoenix lo han conseguido con un personaje tan sumamente trillado como el Joker, ¿por qué no nosotros?