Mi querido compañero Rober Rodríguez me lanzó una propuesta en uno de sus interesantes artículos, en el cual mencionaba el miedo a los payasos. Y a mí, que no hay nada que me mueva más que un reto, me ha faltado tiempo para ponerme a ello. Sin embargo, voy a ir a algo más básico que el miedo a los payasos, y es al miedo mismo. ¿Por qué? Porque el miedo es una emoción básica y universal. Todas las personas hemos sentido miedo y todas las personas tenemos miedos todavía. Nadie escapa a esta realidad emocional. ¿Por qué, entonces, se deberían escapar de ella nuestros personajes? A continuación explicaré cómo usar el miedo al crear un personaje literario.

Para usar el miedo debemos conocer el miedo

El miedo, según la Real Academia Española, tiene dos acepciones que varían en la intensidad de dicha emoción. Por un lado, el miedo es la angustia que experimenta la persona por un riesgo o daño real o imaginario; y, por otro lado, el miedo es el recelo o aprensión de que suceda algo contrario a lo que se desea.

Por ejemplo, se puede sentir miedo ante la idea de salir a hablar a un escenario, durante un examen académico, en una entrevista de trabajo, ante la posible pérdida de algo o alguien querido… A menudo, sin embargo, las personas utilizan otras palabras para referirse a esta emoción, tales como ansiedad, fobia, angustia, pánico… llegando a considerarlas sinónimos.

El miedo es una emoción funcional, adaptativa y necesaria para la supervivencia. Nos alerta, activa y moviliza psicológicamente y fisiológicamente ante un peligro que amenace nuestra integridad física o moral. El miedo, por tanto, es una emoción normativa que forma parte integral del desarrollo humano.

De la misma forma, nuestros personajes deben tener miedos y reaccionar a ellos de forma coherente para que quien lea la novela pueda empatizar con ellos. Es el primer paso para saber cómo usar el miedo al crear un personaje literario.

Cómo usar el miedo al crear un personaje literario: de la emoción a la acción

El siguiente paso en esto de aprender cómo usar el miedo al crear un personaje literario es comprender la conducta asociada a dicha emoción. Y es que, como toda emoción, el miedo va ligado a una reacción. En este caso, la conducta asociada es de huida, que puede verse desde la perspectiva del escape o de la evitación. La evitación consistiría en eliminar el estímulo antes de que aparezca, en prevenir el contacto en encuentro con él, y el escape se produciría después de la exposición del estímulo que produce la aversión.

Cada uno se enfrenta al miedo de un modo diferente

Para entendernos, imaginemos a un personaje que tiene miedo a las palomas: su conducta de evitación sería no cruzar el parque donde sabe que se reúnen. Si otro personaje tiene miedo, por ejemplo, al fracaso, la evitación podría llevarle a no empezar un proyecto. ¿Y qué hay de la conducta de escape? Pues, en el primer caso, el personaje saldría corriendo tras ver a las palomas y, en el segundo, el personaje se vendría abajo tras el fracaso, huiría mediante el aislamiento, la agresividad o cualquier otra forma desadaptativa de gestionar el miedo.

Y es que sí, el miedo puede manejarse adecuadamente… o no. El miedo se convierte en un problema cuando la actitud y las competencias emocionales que poseemos no tienen la suficiente fuerza para dominar dicha emoción. Cuando el miedo toma el control, el personaje reaccionaría de forma desadaptativa a situaciones cotidianas, llegando a tener otro tipo de alteraciones fisiológicas que podrían derivar en un trastorno de ansiedad generalizada.

Cómo usar el miedo al crear un personaje literario: del miedo a la ansiedad

Si se quiere saber cómo usar el miedo al crear un personaje literario, es imprescindible conocer la ansiedad, ya que son conceptos íntimamente relacionados pero no iguales. El miedo, como he explicado, es una emoción básica, universal y necesaria, que podemos manejar más o menos adecuadamente, y que va ligada a dos tipos de reacciones de huida.

El miedo es una reacción universal. Deberías saber cómo usar el miedo al crear un personaje literario

El trastorno de ansiedad generalizada consiste, según el DSM V, en una preocupación excesiva durante, al menos, seis meses, relacionada con diversos ámbitos, como el laboral y familiar. Quien sufre un trastorno de ansiedad es incapaz de controlar la preocupación y de llevar una vida funcional, por lo que la persona siente un malestar clínicamente significativo que le afecta en el ámbito social, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento.

De esta forma, si nuestro personaje siente miedo de manera estable e intensa, no puede no afectarle en todo lo demás. Todo esto, al margen de que menudo las personas llaman ansiedad a lo que, sencillamente, es miedo, y viven como una patología una emoción natural que no han aprendido a manejar todavía. Esto también puede usarse en una novela, ya que asumir que se tiene ansiedad cuando solo se siente miedo, puede menguar nuestra capacidad competencial para afrontar las amenazas reales o imaginarias, y puede hacernos errar en el afrontamiento del problema, lo cual también le puede ocurrir a nuestros personajes.

La interpretación del personaje

Este fenómeno estímulo-emoción-acción que he explicado se produce en un contexto específico. Los contextos son considerados estímulos ambientales y pueden producir respuestas emocionales también, dependiendo del significado que la persona le otorgue a los elementos de dicho contexto. Un hospital, por ejemplo, puede generar emociones distintas en personas diferentes. En algunas, miedo, en otras, tristeza… Y la conducta asociada, por tanto, será también diversa.

Esta diversidad de respuestas fisiológicas y conductuales se debe a la mediación cognitiva, es decir, al proceso mediante el cual interpretamos los estímulos que nos rodean. Esta interpretación no es, necesariamente, consciente ni racional, de ahí que las respuestas puedan ser adaptativas o desadaptativas.

Por ejemplo, si una niña está jugando en una habitación, sola, y de repente se va la luz, la reacción refleja emocional será de miedo y se manifestará de distintas formas (llanto, grito…), como una llamada de socorro. Con el tiempo, esta reacción va cambiando, y los mismos estímulos no evocan los mismos reflejos emocionales a lo largo de la vida de las personas; de esta forma, esa niña, con quince años, ante un apagón, puede no sentir miedo y buscar una linterna, o sentir miedo y quedarse quieta. Las emociones evolucionan con los personajes, de la misma forma que lo hacemos las personas.

Los elementos que dan miedo pueden ser visuales, auditivos, mediante el tacto, a través del olfato o mediante el gusto. Según cómo se presente el estímulo, será la respuesta afectiva consecuente. También  se pueden experimentar emociones a través del recuerdo o de la imaginación emocional, es decir, sin un estímulo externo e independiente a nosotros.

En resumen, el miedo es una emoción necesaria y universal, ligada a una reacción, la cual está mediada por la interpretación que nosotros, o nuestros personajes, hacemos de aquello que nos ha asustado. Y esa interpretación depende de nuestra historia de vida, de nuestra personalidad y de otros factores que debemos tener en cuenta al crear nuestro personaje.

Si quieres emocionar al lector, es indispensable que conozcas los miedos de tus personajes y cómo usar ese miedo.