All is bright, all is… no tan en calma, sobre todo si nos aproximamos a un centro comercial o a las calles principales de cualquier ciudad. Estamos seguros de que, mientras pasea bajo ingentes despliegues navideñas en forma de iluminación o incluso de nieve artificial, el lector habrá encontrado un momento para preguntarse por el origen de la Navidad, una fiesta que prácticamente todo occidente y una parte creciente de oriente, así como muchos países del hemisferio sur, se alza como una de las más relevantes del año. Pero la fiesta que, de manera oficial y mayoritaria, conmemora y celebra el nacimiento de Cristo hunde sus raíces en una retahíla multiforme de fiestas o manifestaciones de índole también religiosa, aunque politeísta y pagana. En este artículo, para felicitar la Navidad a nuestros lectores, vamos a preguntarnos por su origen y a pasar revista a las celebraciones que, a lo largo de toda la cuenca mediterránea, han alimentado progresivamente la Navidad, así como los avatares que ha afrontado hasta llegar a ser lo que es en nuestros días.

El origen de la navidad: en torno a la fecha del nacimiento de Cristo

Desde los primeros siglos del cristianismo se trató de alcanzar un acuerdo en torno a la fecha del nacimiento de Cristo, lo que muestra que el origen de la navidad nunca ha estado claro. Detrás estaba el intento de los Padres de la Iglesia de instaurar una celebración oficial del hecho. La Navidad se celebraría, por tanto, el 25 de diciembre porque se corresponde con la fecha propuesta por los primeros cristianos. Para ello, basaron sus cálculos en una curiosa tradición, la de la “edad integral”, según la cual los grandes hombres del judaísmo, tales como profetas y patriarcas, habrían muerto y nacido, o sido engendrados, el mismo día. Enseguida se acordó que la muerte de Cristo en la cruz había tenido lugar el 25 de marzo, así como la Encarnación. Así, suponiendo que el embarazo de la Virgen María hubiera sido corriente, el 25 de diciembre habría sido sin más el día del nacimiento de Jesucristo.

Otros cálculos apuntan en una dirección distinta. Así, los Evangelios proporcionan claves bien estudiadas para fechar el nacimiento de Cristo en septiembre. El punto de partida es Lucas 1.5-14, que ofrece datos tanto absolutos como relativos al respecto. Según él, Cristo había nacido seis meses después que su primo Juan Bautista. El padre de éste, Zacarías, había estado a cargo del templo de Jerusalén en el momento de la anunciación de su propia paternidad. Con estas referencias y un estudio pormenorizado de las fechas y los turnos sacerdotales en el templo, se acuerda que el mes real de la navidad habría sido septiembre.

El origen de la navidad: representación tradicional

Representación tradicional del nacimiento de Cristo.

A favor de esta hipótesis se suma un segundo testimonio, el de Lucas 2.8, muy familiar para los conocedores de la liturgia navideña cristiana: el texto en el que los ángeles se presentan ante unos pastores que guardan sus rebaños a la intemperie para anunciarles el nacimiento del Salvador del mundo. Y es que resulta muy sencillo rechazar el mes de diciembre, si tenemos en cuenta el clima en Palestina. En pleno invierno, es difícil que los pobres hombres hubieran podido pasar la noche con placidez, ni siquiera sin una incomodidad patente. Esto parece más verosímil si trasladamos el hecho a finales de verano.

El origen de la navidad: ¿por qué el 25 de diciembre?

Los primeros tiempos del cristianismo fueron convulsos, eso es claro. Por más que el cine y la literatura hayan contribuido a exagerar la realidad, la historia de Roma y de la Iglesia proporciona no pocos ejemplos de sangrientas persecuciones por parte de los emperadores. Nerón es uno de los nombres que más suenan en este sentido, en gran parte debido a la iconografía clásica de filmes como Quo vadis, entre otras. Pero hubo persecuciones mucho más duras, como la que Diocleciano llevó a cabo de manera sistemática (si quieres ampliar la información, puedes visitar su artículo en la Enciclopedia Católica on line).

Es de suponer que, durante las épocas en las que el cristianismo fue perseguido, los practicantes deberían ocultarse o, cuando menos, celebrar sus fiestas de manera extraoficial. Después de Diocleciano, sin embargo, llegaron tiempos mejores. En 313 d.C., por medio del Edicto de Milán, Constantino legalizó el cristianismo. Él mismo se convertiría en cristiano, dice la tradición, en su lecho de muerte, lo que sentaría un importante precedente para los dueños del mundo del momento. Más adelante, en 380, Teodosio hizo del cristianismo la única religión oficial del estado, al tiempo que prohibía la práctica de cultos paganos. La situación se había dado la vuelta del todo.

Con respecto al tema que nos ocupa, esto tuvo trascendentes consecuencias. A pesar de los castigos y las condenas, una gran parte de los hombres y mujeres de la Tardoantigüedad eran irremediablemente paganos. Sus creencias y prácticas resultaron tan difíciles de erradicar que el cristianismo no tuvo más remedio que asumir, adaptar y reutilizar motivos, divinidades, modos de celebrar e incluso fechas. De esta manera, y aunque en los últimos tiempos se han alzado ciertas voces en contra, entre las razones por las que se decidió la celebración de la Navidad a finales de diciembre se encuentra la abundancia de fiestas paganas, prácticamente imposibles de eliminar del pueblo. Por ahí hay que empezar a buscar el origen de la navidad.

Según la New Catholic Encyclopedia (tomo III, página 656), la adopción de la fecha se produjo ya en el siglo III d.C. y fue un autor cristiano, Sexto Julio Africano quien, en su historia sincrónica del pueblo griego y judío, las Chronographiai, de 221 d.C., apostó por popularizar el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo. Poco más tarde, en 386 d.C. y con las cosas mucho más fáciles para los cristianos, Juan Crisóstomo, uno de los grandes padres de la Iglesia de Oriente, animaría a la comunidad, propensa al sincretismo en sus celebraciones, a fundirlas la del nacimiento de Cristo.

Qué y cómo se celebraba el 25 de diciembre

Porque conocer este dato es importante para establecer el origen de la navidad. Es abrumadora la manera en que la luz va reduciéndose desde el comienzo del verano hasta el invierno. El que desde muy antiguo se celebrasen ambos solsticios, incluso antes de que la ciencia los estudiara y racionalizara, indica la importancia que las diversas comunidades conceden al sol y al día. Sin sol no hay vida y eso se sabe desde muy pronto. El crecimiento imparable de la oscuridad hasta casi final de año debía de ser terrorífico para muchas culturas, que esperaban con ganas el momento en que la situación se invirtiera. No es de extrañar, desde este punto de vista, que las fiestas relacionadas con el renacer del sol y el regreso de la luz diurna abunden a lo largo y ancho del mundo, no sólo en Europa, y a lo largo de milenios de historia.

El origen de la navidad: el motivo de la iluminación en las calles

Las ciudades se llenan de luz para atravesar el momento máximo de oscuridad…

Hemos de hacer referencia en este punto a dos ocasiones fundamentales en el Imperio Romano, cuya culminación llegaba en torno al 25 de diciembre (salvando siempre los problemas que da la evolución del calendario y sus cambios): la fiesta del Sol Invencible o Sol Invictus y las Saturnales. Por lo que respecta a la primera, existen discrepancias con respecto a su origen y su momento de esplendor. Sabemos que Aureliano la oficializó en el año 274 d.C., pero ello no quiere decir que fuera nueva o recién adoptada del mitraismo u otros cultos orientales en boga. Es perfectamente posible que se tratara de una fiesta más antigua que hubiera perdido fuelle y fuera necesario, por tanto, reinstaurar, frente a la pujanza creciente del cristianismo en el Imperio. Juliano el Apóstata, que consagró su mandato a buscar el modo de retornar al paganismo, hizo del Sol el centro de un panteón donde el resto de figuras divinas no eran más que réplicas o trasuntos de éste, en un modelo henoteísta típico. Para quienes quieren echar por tierra el argumento de que la Navidad bebe de las celebraciones del solsticio, el argumento de lo tardío es uno de los más empleados. Sea como fuere, la importancia del Sol es indiscutible en la Antigüedad, como hemos señalado y, aun cuando su culto llegara a oficializarse más o menos tarde, hunde sus raíces en tiempos remotos.

Mitra como sol invictus

Relieve en honor de Mitra como Sol Invictus (Museo Vaticano).

Acerca de las Saturnales hay bastantes menos dudas. Tenemos la certeza de que la celebración del día que Catulo llama “el mejor de los días” fue instaurada a finales del siglo III a.C. El objetivo contrarrestar el desánimo de los romanos tras una dura derrota en las Guerras Púnicas. Las fechas, muy similares a las del Sol Invicto y, por tanto, a la Navidad, iban desde aproximadamente el 17 al 24 de diciembre. Respecto a la manera, la fiesta incluía un sacrificio en honor al dios latino Saturno, uno de los pocos originales, no adoptados del panteón griego, así como un intercambio de roles entre amos y esclavos durante un día. Se decoraban las casas con plantas y se encendían velas que simbolizaban el renacer de la luz. Era tradición intercambiarse regalos como libros o figuras de arcilla.

Ave Caesar! Io, Saturnalia!, Sir Lawrence Alma-Tadema, 1880.

Más allá del Imperio: otros pueblos de Europa y del mundo

Y es que el origen de la navidad, o al menos de algunos aspectos navideños, bebe de aguas más amplias que el Imperio Romano. Otros pueblos de Europa y el mundo cuentan con celebraciones muy similares, de nuevo en honor al sol y la luz. Ciertos pueblos germanos y escandinavos celebraban a Frey, dios de la luminosidad, antes incluso del siglo III d.C., y en su honor decoraban un árbol, en la fiesta invernal conocida como Yule.

El origen de la navidad: Papá Noel

La figura de Papá Noel bebe, entre otros, del personaje llamado Holly King, protagonista de un conjunto de relatos de muerte y resurrección conmemorado en Yule.

Incluso los aztecas, al otro lado del océano, honraban el regreso del dios del sol y de la guerra con ocasión del solsticio de invierno. Los incas también lo celebraban, aunque para ellos no tenía lugar en diciembre, sino en junio, fecha en la que tiene lugar el invierno austral.

Huitzilopochtli, el dios cuyo nacimiento conmemoraban los aztecas en el solsticio de invierno.

La lista no acaba aquí: a estas fiestas que tan sintéticamente señalamos, sin ocasión para un estudio más profundo que otros ya han hecho, puede añadirse un curioso paralelo en Egipto. En el país africano, se rendía a Osiris un culto que también llegó a Grecia y a Roma en la Antigüedad Tardía.  Como otros dioses orientales, Osiris (¡otro dios de la luz y del sol!), símbolo de la creencia en la resurrección, tenía su celebración en el comienzo del invierno. Los cálculos incluyen de nuevo el 25 de diciembre, aunque, según otros se situaría, ¡sorpresa!, en torno al seis de enero, otra fiesta reciclada y reinterpretada de manera brillante por el cristianismo.

Puedes obtener una perspectiva sumaria de todo esto en el siguiente vídeo:

O en este artículo 

 Avatares de la Navidad a través de los siglos

Ahora que ya conoces los múltiples paralelos de las fiestas más familiares y entrañables del año, prepárate a disfrutar en condiciones de la comida, las luces, las canciones y las sesiones interminables de compra de regalos. No siempre existió esa posibilidad, como ya hemos anticipado poco más arriba. Y muchos de estos aspectos también están relacionados con el origen de la navidad.

De hecho, la Navidad no aparece citada entre las fiestas cristianas en las dos listas más antiguas que se conocen sobre el particular: las de Ireneo y Tertuliano, autores cristianos del siglo II y principios del III d.C. (puedes leer sobre los Padres de la Iglesia y, en concreto, sobre Ireneo y Tertuliano, en la Enciclopedia Católica on line: https://ec.aciprensa.com/wiki/Padres_de_la_Iglesia). Fue en el concilio de Nicea, de 325 d.C., auspiciado por el tolerante Constantino, donde se fijó como relevante la celebración del dies natalis Christi y se concretó la fecha de su conmemoración, así como la de la epifanía (nuestros Reyes).

El origen de la navidad, Cristo representado como Sol Invicto

Mosaico del siglo III d.C. que muestra a Cristo como Sol Invictus (Grutas vaticanas, techo de la tumba de Julio I).

Vinieron siglos en los que la Navidad fue arraigando cada vez más hondo en la comunidad cristiana del mundo. Pero, con la Reforma protestante, ocurrió algo muy curioso. La cercanía de esta celebración con el paganismo del que se había originado y que, al parecer, no se había adaptado de manera impoluta, causó la oposición de ciertas iglesias protestantes. Muchas consideraron la Navidad dañina y engañosa, llamándola incluso “Garras de la bestia” y otras lindezas. La situación culminó en 1647 con la prohibición puritana de celebrar la Navidad en Inglaterra. El decreto vino seguido de rebeliones y motines populares hasta que, en 1660, contra la opinión de numerosos miembros del clero reformista, se retiró la prohibición.

Considerada una costumbre inglesa y, por tanto, seña de identidad del enemigo colonialista, la Navidad fue más que impopular en Estados Unidos a resultas de la revolución y de la Guerra de Independencia. En Boston se declaró directamente ilegal de 1659 a 1681. Y en Francia, después de la Revolución, quedaría excluida del calendario republicano durante algún tiempo. Tras varios siglos convulsos, Inglaterra comenzó a echar de menos la celebración de la Navidad y se llevaron a cabo varios intentos por recuperarla. La célebre obra de Dickens, Cuento de Navidad, contribuyó a que se la mirase con mejores ojos.

En la actualidad, prácticamente todas las iglesias cristianas históricas, incluso muchas de las protestantes, confieren a la fiesta una solemnidad preeminente en el calendario litúrgico. Además, tal como señalamos en la introducción, prácticamente todo occidente participa de las fiestas y celebraciones estos días. Tan irresistible resulta la Navidad, con su mezcolanza de elementos de diversa y colorida procedencia, que existe incluso una Guía atea de 2009 en la que cuarenta y dos célebres ateos, desde científicos a humoristas, ofrecen consejos para que las creencias personales, o la ausencia de ellas, no impidan disfrutar de las celebraciones que todo lo invaden. Y es que, el origen de la navidad es el que es…

¡Felices Saturnales, feliz día del Sol Invicto, feliz Yule, feliz fiesta de Osiris!

¡Feliz Navidad a todos!

 

 

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