El placer de leer, el placer de escribir

por | Ene 21, 2021 | Psicología & escritura

Escribir y leer son dos actividades que se complementan la una con la otra, el escritor no existe sin el lector y viceversa. Se trata de una relación anacrónica que queda impresa en la celulosa, pero que se da solo en el momento en el que alguien decide abrir un libro entre sus manos y empezar a leer.

Antes de adentrarme en este tópico tan interesante os voy a contar mi relación con la escritura y la lectura, ya que estas dos actividades ocupan la mayoría del tiempo de la vida de un autor que son leer y escribir.

De hecho una novela tiene dos fases, la lectura que antecede a la segunda fase de la escritura: leer escribir, leer escribir, leer escribir…

Leer es como viajar

Las páginas de los libros que leemos marcan nuestras vidas. A través de la lectura podemos experimentar lo que estamos leyendo casi como si lo estuviéramos viviendo en primera persona. Gracias a la capacidad que tienen los libros de trasportarnos hacia otros mundos.

Así mismo, cada vez que nos dejamos llevar por las palabras de una novela estamos explorando una nueva realidad compartida por el escritor, los personajes y el lector: una experiencia única que activa nuestra imaginación.

Deteneros por un momento y leed el siguiente fragmento:

“La novela comienza en una estación de ferrocarril, resopla una locomotora, un vaivén de pistones cubre la apertura del capítulo, una nube de humo esconde parte del primer párrafo. Entre el olor a estación pasa una ráfaga de olor a cantina de la estación. Hay alguien que está mirando a través de los vidrios empañados, abre la puerta encristalada del bar, todo es neblinoso, incluso dentro, como visto por ojos de miope, o bien por ojos irritados por granitos de carbón. Son las páginas del libro las que están empañadas como los cristales de un viejo tren, sobre las frases se posa la nube de humo. Es una noche lluviosa; el hombre entra en el bar; se desabrocha la gabardina húmeda; una nube de vapor lo envuelve; un silbido parte a lo largo de los rieles brillantes de lluvia hasta perderse de vista.”

Leyendo el párrafo de la famosa novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, todos hemos creado en nuestra mente un escenario repleto de detalles. Incluso nos habremos situado dentro de la misma escena sin darnos cuenta. Pero seguramente cada uno de nosotros lo ha imaginado de forma completamente diferente, aplicando un criterio individual y subjetivo.

La experiencia subjetiva de la lectura

Leer es un acto muy singular que nos permite activar una especie de piloto automático. Las palabras del escritor son las que nos guían. Podemos imaginar escenarios, entretanto las descripciones, los personajes y el autor nos acompañan. Durante la lectura estamos a solas sin estarlo. Aunque hay quienes comparten este momento leyendo en compañía.

Para muchos se trata de una actividad que aporta placer, un momento de ocio, un nuevo estímulo, un espacio en el que se mezcla lo ficticio con lo real. Pero como hemos visto cada persona vive la lectura a su manera, y esto no se limita solo en cómo representamos lo que estamos leyendo sino también en la manera en que la misma lectura influye sobre nosotros.

Para mí leer es todo esto. Pero, sobre todo, es una actividad que me aporta paz. Me relaja, me conecta conmigo mismo.

Afinidades de género literario

Es importante también recordar que existen una infinidad de géneros que producen una reacción diferente en cada persona. De esta manera terminamos construyendo nuestros gustos y a veces incluso descubrimos una mayor afinidad con un género con respecto a otro.

Yo como sabéis leo mucha novela histórica. Pero me gusta también la novela de aventura, con Clive Cussler a la cabeza, y tengo momentos en los que me enfoco en otros géneros. Por ejemplo, hubo una época, hace ya bastantes años, que leía todo lo que caía en mis manos de Robin Cook, que escribe thriller médico.

La búsqueda de un género favorito es algo que surge de manera espontánea… leyendo os daréis cuenta de cuál es el vuestro.

Escribir es como pintar

En el acto de escribir el escritor crea el destino al que sus lectores podrán viajar. Pinta con sus palabras el mundo de los personajes, los elementos que quiere mostrar y los que prefiere esconder para que el lector mismo los descubra.

Escribir es un lugar sin lugar, es un profundo intercambio, es una forma de comunicación que no tiene tiempo. Autores que ya no nos acompañan y escritores contemporáneos se dejan conocer por el lector.

Yo diría que la escritura es un refugio, un espacio que es solo mío, en el que me evado de otras cosas y me convierto en Dios para crear otros universos, otras personas, y manejar sus vidas. Es un espacio de disfrute, de vivir otras vidas.

¡Todo el mundo debería probarlo!

La experiencia de escribir

La mayoría en algún momento de nuestras vidas hemos aprendido a escribir. Esto se da en la etapa evolutiva de la niñez y aprender a escribir viene después de aprender a leer, así que se empieza con el viaje para un día poder pintar un destino.

Mi primera imagen de mí escribiendo que recuerdo fue hacia mis 9 o 10 años… recuerdo que tenía un lápiz en la mano en el suelo en casa de mis padres y escribía historias de piratas porque justo había descubierto El corsario negro.

Leo desde siempre. Escribo desde casi siempre.

Mi primera experiencia como escritor

Yo he sido afortunado, un auténtico privilegiado, en ese sentido: la primera novela que escribí, aunque no se publicara, me abrió las puertas de una agencia muy importante.

No me sentí fracasado, porque era evidente que la novela tenía cierta calidad, de lo contrario no habría firmado con la agencia. Pero algo fallaba, algo no tenía bien trabajado. Descubrirlo no fue un proceso rápido ni simple. Me tocó investigar mucho, estudiar mucha teoría narrativa para descubrir qué hace que una novela sea buena, interese a los lectores.

Fue un tiempo complejo, dedicado a aprender algo que no dominaba en absoluto y que, en algunos aspectos, me sonaba a chino. Pero lejos de sentirme frustrado, o enfadarme con las editoriales, procuré hacerme responsable. Al fin y al cabo, la novela que se rechazaba la había escrito yo. Algo tendría para que nadie quisiera publicarla. Me comprometí a saber qué era. Desde que hice eso, todas mis otras novelas han sido publicadas.

Creo que esta es una lección importante para los escritores noveles.

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Hace 10 años yo era como tú, un autor más con una novela bajo el brazo que nadie quería publicar. Hoy tengo cinco novelas publicadas por editoriales internacionales en ocho países, tengo firmados los contratos de dos novelas que aún no he escrito y ¡vivo de la literatura!

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