La historia de Cartago y Roma

por | Feb 16, 2022 | Notas autobiográficas, Novela histórica

Las ciudades de Cartago y Roma fueron las más importantes de la región del Mediterráneo Occidental. Ambas se percibían a sí mismas de manera negativa, ya que eran prósperas y poderosas, y, por ende, rivales. Se trató de dos ciudades Estado que luego se convirtieron en Imperios, y el deseo de expansión territorial de ambas era innegable. 

Frente a este panorama potencialmente conflictivo, se decidió que lo más sabio para hacer, y lo mejor para el destino del Imperio Romano, era firmar tratados entre las dos ciudades, con el fin de regular las relaciones diplomáticas, económicas y, sobre todo, políticas. Era fundamental organizar los intereses en común y el dominio de los territorios sobre los cuales tenían una gran influencia. Gracias a esta serie de tratados, se transformaron de enemigas en aliadas, y fusionaron sus intereses y sus métodos de expansión.

Un tema histórico tratado frecuentemente en el género de la novela histórica, y del que ya hablamos en el blog anteriormente en este podcast.

Puntos Principales de Cartago y Roma

Cartago fue fundada en el año 814 a.C por los fenicios que provenían del Líbano. Se destacaban por ejercer el comercio marítimo. Los comerciantes cartagineses eran populares en todo el Mediterráneo por sus habilidades para la negociación. Hacia el siglo VI a.c, ya se constituían como una potencia naval y el dinero obtenido de esto era utilizado para financiar a las milicias y hacer la guerra. Los cartagineses lograron conquistar una gran serie de territorios, como Cerdeña, Córcega, la actual Libia, entre otros.

Por otro lado, Roma se fundó, aproximadamente, en el año 753 a.C. Ya desde sus inicios, tuvo que enfrentar innumerables guerras con las regiones aledañas. Cientos de años de conflictos hicieron que los romanos fueran excelentes soldados y formaron un ejército altamente cualificado y especializado. Todos los enemigos vencidos dependían económicamente de los romanos, con lo cual ellos ejercían el control de esta manera: a través de impuestos y tributos.

Los tratados entre Roma y Cartago datan desde el año 509 a.C y se cree que, en este año, se firmó el primero de los cuatro. Con ellos, lograron complementarse política y económicamente. 

En primer lugar, no debería haber injerencia romana en el mar, ya que este era el territorio de los cartagineses. Por su parte, Cartago, cuya debilidad era el área terrestre, ya que no contaba con un ejército fuerte, desistió de una política expansionista. Los comerciantes manifestaron que lo ideal sería explorar nuevas rutas comerciales por mar. 

En el primer tratado, se impartieron una serie de condiciones a Cartago. Estas tenían que ver con el territorio colonial del Lacio, que Roma lo consideraba como propio. Por ende, los cartagineses y sus aliados debían comprometerse a no ejercer ningún tipo de ataque sobre ese territorio. Tampoco les estaba permitido construir ningún tipo de fuerte o pasar la noche allí, así como no podrían conquistar ni lanzarse contra ninguna ciudad independiente. 

Por fortuna, a los cartagineses realmente no les afectaba renunciar a un ataque militar en el territorio del Lacio, dado que era un área pequeña, en la cual no tenían interés alguno. 

Segundo Tratado

En el segundo tratado, las condiciones las dispuso Cartago a Roma. Lo que se buscaba era copiar el primer tratado e incluir a otras ciudades. Los cartagineses exigían que los romanos no podían comercializar ni construir ciudades más allá del Bello Promontorio.  Esta era una locación geográfica que delimitaba el golfo de Cartago. Se desconoce con exactitud qué área representa hoy en día. Lo que sí es certero es que a los romanos les estaba prohibido ir más allá de este punto. 

En caso de que Cartago atacara alguna ciudad del Lacio que no estuviera dominada por los romanos, el botín de guerra y los rehenes quedarían para sí. Sin embargo, deberían restaurar la ciudad y arreglar los daños ocasionados.

Estos requisitos funcionaron del mismo modo para los romanos. En caso de que ellos consumieran agua o víveres de algún territorio dominado por Cartago, no habría problema, siempre y cuando esa región estuviera en paz y fuera aliada de los cartagineses. 

A ninguno de los dos les estaba autorizado hacer justicia por mano propia, ya que estaba considerado como un crimen público. Se debía recurrir a los tribunales correspondientes. 

Los romanos no podían comerciar ni construir ciudades en Cerdeña y África. La única justificación para realizar algún tipo de acción era en caso de que necesitaran tomar víveres o reparar alguno de sus barcos. Si el clima era de tormenta y no era seguro salir de allí, tenían un plazo de cinco días para abandonar la región.

Donde mandaban los cartagineses, los romanos tenían la libertad de comerciar, al igual que cualquier otro ciudadano. Este mismo derecho también fue otorgado a los cartagineses en Roma. 

Es interesante observar que, evidentemente, Cartago concebía a Roma como un posible adversario, ya que se trataba de una gran potencia con vastos recursos militares. Por este motivo, fue una muy buena estrategia, por parte de los cartagineses, el hecho de prohibir a los romanos fundar ciudades en su territorio.

Tercer y Cuarto Tratado 

En el tercer tratado, se agregaron más áreas geográficas, donde, a una o a la otra, les estaba prohibido entrar. A Roma no se le permitió poner un pie en Sicilia, mientras que Cartago tenía vetado el ingreso a la península itálica. Estas restricciones, a Cartago no le afectaban, ya que poseía otras rutas comerciales y distintos clientes fuera de esa área. Sin embargo, Roma quedó en inferioridad de condiciones, ya que antes podía comerciar en Sicilia, y esto le suponía un gran beneficio, pero ya no podía hacerlo. 

Con respecto al tercer tratado, existen algunas inconsistencias históricas en cuanto a la veracidad del mismo. Por un lado, Polibio asegura que el tratado nunca existió y que, en realidad, se trató de un documento falsificado por el historiador griego llamado Filino de Agrigento. No obstante, la gran mayoría de los historiadores defienden la existencia del tratado, ya que Polibio, en sus escritos, realizaba una constante apología a Roma y defendió su posición hegemónica. Los tratados se conservaban en tablas de bronce, junto al templo de Júpiter.

El cuarto tratado se firmó en el año 279 a.C. En este se añade la ayuda mutua en caso de un ataque. Si cualquiera de ambos necesitaba asistencia, tanto los cartagineses como los romanos pondrían a disposición sus tropas o barcos para el combate. Cada pueblo pagaría a sus tropas, respectivamente, y se auxiliarían de forma bilateral.

Estos cuatro tratados principales, los cuales fueron puestos en común por las dos ciudades con motivo de aliviar las hostilidades, no fueron suficientes para afirmar que se construyó un vínculo de confianza conjunta. Aun así, generaron una gran tolerancia que duró varios años.

Paz entre Cartago y Roma

Pese a los intentos por crear armonía entre los dos pueblos, quince años más tarde, en el año 264 a.C sucedió la primera guerra púnica. Cartago quedó en una situación financiera gravísima, con una enorme deuda que debía pagar a los vencedores a modo de compensación y liberar a todos los presos de guerra. Perdió el territorio de Sicilia, pasando a formar parte de Roma.

Realizaron un quinto tratado, el cual estipulaba que habría amistad entre los cartagineses y los romanos, siempre y cuando Cartago se retirara oficialmente de Sicilia y de las islas aledañas.

Más allá de que ambos pueblos finalmente fueron a la guerra, es importante destacar el valor de los tratados y la voluntad de buscar la paz entre ellos. Es difícil de conseguir y de alcanzar, pero es un norte al que se puede aspirar. 

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