La literatura nos ha ofrecido grandes historias de ciencia ficción y, sin duda, La mosca de George Langelaan es una de ellas. El relato fue publicado, inicialmente, en las páginas de la revista Playboy, allá por el verano de 1957. Sin embargo, no fue hasta 1962 cuando los lectores pudieron verlo reunido, junto a otras cinco historias, en un libro titulado Relatos del antimundo.

Es evidente que esta narración del escritor francés ha motivado a varios directores de cine, durante años, a procurar adaptarla. Con mayor o menor parecido, sin duda es un gusto poder disfrutar de cada una de las versiones que tenemos a nuestro alcance a día de hoy.

La mosca nos adentra en un frío laboratorio, la vida de una familia y el cambio de esta en cada uno de sus componentes. La historia de un científico que posee una visión del futuro, de cómo el día a día de la gente mejorará gracias a sus descubrimientos y creaciones. Entonces, da un paso hacia delante, seguro, aunque consciente de que dar otro puede entrañar diversos peligros desconocidos, incalculables para cualquier persona. Porque, ¿acaso el ser humano habría obtenido avances sin asumir ningún riesgo?

Títulos iniciales de la película.
Fuente: Propia

PASANDO PÁGINAS

LA MOSCA

De nuevo me ha vuelto a pasar que descubro texto y película al mismo tiempo. Antes de leer La mosca de Langelaan, tuve la oportunidad de ver la adaptación de David Cronenberg de 1986, con Jeff Goldblum y Geena Davis. Si bien su visión dista mucho de la idea original del relato, creo que es una visión totalmente disfrutable.

La misma persona que me recomendó la película de Cronenberg, hizo lo propio con la del director Kurt Neumann y con La mosca de Langelaan. Sin duda, salvo algunos momentos y detalles, que repasaremos más adelante, podría decirse que ambas versiones son un calco.

Como apasionado de las ediciones antiguas, o clásicas, incluidas sus llamativas portadas, hice por conseguir un ejemplar acorde a mis gustos. En mi búsqueda, me crucé con una edición de los años 70, que residía en una librería de viejo, debido a que Relatos del antimundo se encuentra más que descatalogado. De esta manera, encontré el libro perfecto en el que basarnos para el artículo.

Se trata de una primera edición de la Editorial Caralt, en la que podemos leer George Langelaan. Relatos del antimundoen su portada. La traducción es de Fernando Sánchez Dragó y, en las primeras páginas, se halla un prólogo del ingeniero químico Jacques Bergier.

El formato es de bolsillo, tapa blanda, con una textura semi rugosa. Tanto en la portada como en el lomo confirmamos que es el número dos de una colección de ciencia ficción. Esta consta de 35 títulos, que incluye a autores de la talla de Arthur C. Clarke, Isaac Asimov o George R. R. Martin. Finalmente, en la contraportada hay una breve introducción de su autor, George Langelaan.

Portada del libro
Fuente: Propia

CONOCIENDO A…

GEORGE LANGELAAN

George Langelaan nació en París el mes de enero de 1908. Escritor francés, sus inicios fueron de la mano del periodismo, además de ser espía durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto, fue capturado y condenado a muerte por los nazis, aunque, más tarde, logró huir de sus captores. Llegó incluso a participar en el desembarco de Normandía, además de recibir la Cruz de Guerra francesa.

Poco tiempo después, comenzó a escribir relatos de ciencia ficción, entre los que destaca La mosca. Como hemos comentado, este relato fue publicado y premiado por la revista Playboy en el verano de 1957. Es decir, un año antes de ver cómo Kurt Neumann lo llevaba al cine por primera vez.

En la recopilación llamada Relatos del antimundo (1962), podemos encontrar también La dama de ninguna parte, La otra mano, Salida de emergencia, Deducciones desde la butaca y Vuelta a empezar. Sin embargo, fue La mosca el que le otorgó, sin duda, su mayor logro literario. También cabe destacar que otra de sus historias, Extraño milagro, fue adaptada a la pequeña pantalla para el mítico programa Alfred Hitchcock presenta.

Además de relatos cortos, en los años 60 también escribió sus memorias (The masks of war, 2015), además de varias novelas. Finalmente, el 9 de febrero de 1972, George Langelaan fallecía a la temprana edad de 64 años, dejando un legado literario sumamente interesante.

Fotografía de George Langelaan
Fuente: Isfdb

DETRÁS DE LAS CÁMARAS

LA VISIÓN DE KURT NEUMANN

Kurt Neumann navegó a través de varios géneros a lo largo de su carrera: ciencia ficción, western, incluso el de aventuras, en el que dirigió hasta tres películas de Tarzán con el mítico Johnny Weissmuller. Fue casi al final de su vida cuando encaró la adaptación de La mosca de Langelaan, y lo hizo junto al autor de Shogun, James Clavell.

La película está protagonizada por una maravillosa Patricia Owens (Helene Delambre), Al Hedison (André Delambre) y Vincent Price (François Delambre), de los cuales hablaremos más adelante. Podríamos decir que la semejanza de la versión de Neumann con La mosca de Langelaan es casi absoluta. Este es el motivo por el que su esencia se mantiene durante todo el metraje, a pesar de algunos detalles que comprobaremos.

Personalmente, me sorprendió la manera en que usa la cámara, acostumbrado, hoy día, a constantes cortes en algunas producciones. Neumann aprovecha la amplitud del escenario, tanto en la cercanía como más allá, mediante la profundidad, para ampliar sensaciones en el espectador: desasosiego, inquietud, tensión. Es capaz de mantener nuestro corazón en un puño con tan solo un paneo sobre el personaje de Patricia Owens, o generarnos una extraña serenidad, como el instante en que observa a su marido en el jardín, después de abrir la ventana de la cocina.

Al parecer, fue la propia Twentieth Century Fox quien decidió que la película tuviera un final feliz, a diferencia del relato. Sin duda, esta inclusión final es muy evidente en comparación al cierre del texto. Sea como fuere, se convirtió en el mayor éxito de la compañía en 1958, llegando a realizar una secuela al año siguiente, protagonizada, una vez más, por Vincent Price. Lamentablemente, Kurt Neumann no disfrutó del éxito de su película, debido a su fallecimiento tan solo unos días antes del estreno.

Fotografía de Kurt Neumann
Fuente: Find a grave

ENTRE EL PAPEL Y EL CELULOIDE

“Siempre me han dado horror los timbres. Incluso durante el día, cuando trabajo en mi despacho, contesto al teléfono con cierto malestar”. Así arranca La mosca de Langelaan, en la que Arthur Browning describe, durante buena parte del relato, qué sucede tras esa terrible llamada.

Arthur responde, en la película, al nombre de François. Como veremos en la segunda parte de este artículo, este cambio de nombres recae sobre todos los personajes del relato. De hecho, no deja de ser curioso descubrir cómo en la narración los nombres son ingleses, de un autor francés, y en la filmación son franceses, de un director alemán.

El relato no especifica directamente dónde se desarrolla la acción. Sin embargo, la opción de que tenga lugar en Reino Unido es más que palpable, debido a la mención del Instituto Broadmoore para criminales con problemas mentales. Todo lo contrario que en la película, que transcurre íntegramente en la ciudad canadiense de Montreal.

Los detalles dejados en cada momento de importancia son muy parecidos. El funcionamiento del mecanismo de la plancha o martillo pilón, las letras al revés del cenicero, la presencia de la gata y las circunstancias de la apertura del champán. Otros, en cambio, aunque diferentes, son sutiles, como puede ser el cambio de lado de la garra, el color del pañuelo sobre la cabeza o el estamento para el que trabaja el científico protagonista.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de la banda sonora, del compositor Paul Sawtell, que busca diferenciar claramente los momentos de felicidad con aquellos en penumbra. Cuerda suave para los primeros, y toda la energía y potencia del viento para la tensión, los descubrimientos y el terror de la transformación contenidos en los segundos.

Vincent Price en su primera aparición en la película
Fuente: Propia

LA MOSCA DE LANGELAAN

ESTRUCTURA Y RECURSOS

El relato de La mosca de Langelaan está narrado, al completo, utilizando la primera persona. De la primera parte se encarga Arthur Browning, hermano del científico protagonista del texto. Podría decirse que es el nexo perfecto entre este y su esposa, Lady Anne. De esta forma, el avance del personaje de Arthur da pie al inicio de la segunda parte del relato, de la cual se encarga la mencionada Lady Anne.

En mi opinión, ella es el personaje más relevante de la narración. A modo de confesión escrita, algo que sucede de forma diferente en la película, conocemos toda la historia relacionada con su marido, Robert Browning. Sus descripciones conmueven, no solo durante la lectura, sino también más allá de la conclusión del relato.

Otro recurso que Langelaan utiliza en su historia es la pistola de Chejov. Para ello, te recomiendo que leas este artículo, en el que hallarás la relación que guarda La mosca con este recurso tan utilizado, tanto en la literatura como en el cine.

Finalmente, unas pocas líneas después de ver finalizada su confesión manuscrita, regresamos a la voz de Arthur, que nos lleva hacia un final quizá algo inesperado.

Caja de cerillas y la mosca de cabeza blanca

FIN DEL VOLUMEN I

Hacemos un alto en el camino para revisar las cabinas de teletransporte y sustituir los fusibles por unos recién salidos de fábrica. En la próxima experimentación, profundizaremos en los personajes principales que aparecen, tanto en el relato, como en la película.

Si piensas que este artículo le puede interesar a alguien o quieres compartirlo, hazlo golpeando tres veces la puerta. Sabiendo que estás ahí, te deslizaremos una nota por debajo de esta, mostrándote nuestro agradecimiento. Y si te apetece que hablemos de algún libro o una película en particular, deposita tu comentario en una de las cabinas y lo recogeremos con mucho gusto. Muchas gracias y nos vemos en la próxima.