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Los mosqueteros: entre la ficción y la historia

En 1844, en el periódico francés Le Siècle, fundado por Armand Dutacq, se publicó por entregas un folletín que pasaría a la historia de la literatura y de la cultura popular. El primer capítulo se llamó «Los tres presentes del señor D’Artagnan padre», y creo que basta para que todos comprendáis de qué obra os estoy hablando. Sí, la inmortal historia de «Los tres mosqueteros», la obra más famosa que escribió Alejandro Dumas (con permiso de «El conde de Montecristo») y que un día como hoy tiene un significado especial (bien podría haber estado en mi lista de novelas de aventuras favoritas). Porque este 3 de octubre se celebra el Día Internacional del Mosquetero, y precisamente de eso vamos a hablar, de la verdad histórica de los mosqueteros. Así que preparaos. ¡Uno para todos, todos para uno!


Los mosqueteros… ¿franceses?

Es lo primero que pensamos, ¿verdad? Lo que nos imaginamos al visualizar la imagen de los mosqueteros son las pintas que llevaban los soldados franceses. Es comprensible: quien más popularizó la figura de los mosqueteros fue Dumas con su obra, que transcurría en Francia. Pero hay que destacar que este cuerpo de infantería existió en muchos otros lugares de aquella Europa del siglo XVI y posteriores. De hecho, el último país en el que dicha figura militar estuvo presente fue en Alemania, donde la denominación «mosquetero» permaneció hasta la Primera Guerra Mundial. En esa época todavía existió un cuerpo militar en el Ejército Imperial que respondía a ese nombre.

Es más, también hubo mosqueteros en nuestros Tercios españoles. En torno al 1567, el famosísimo Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III Duque de Alba para los amigos y la posteridad, dispuso que cada compañía de infantería llevaría consigo varios mosqueteros. Esto empezó a dejar en desuso a los no menos conocidos arcabuceros, santo y seña de los Tercios hasta entonces. Ya sabéis, renovarse o morir: el mosquete también era un arma de avancarga, como el arcabuz, pero tenía mayor potencia. Era mucho más largo y ello obligaba a utilizar una horquilla para apoyarlo a la hora de apuntar (aunque con el paso de los años se fue haciendo más ligero). Esta desventaja se suplía con un alcance mayor, el doble que el arcabuz.

estatuas mosqueteros


El origen de los mosqueteros

No se sabe muy bien quién inventó el mosquete o su predecesor, el arcabuz, pero sea como sea fue un arma que pronto se extendió entre los ejércitos de la época. En cualquier caso, ninguno alcanzaría tanta relevancia como aquellos que ambientaron la historia de Alejandro Dumas: los mosqueteros de la Guardia, que también fueron conocidos más adelante como «mosqueteros grises» y «mosqueteros negros». Fue una compañía creada en 1622 por el rey Luis XIII, que la integró de inmediato en la casa real de Francia. Fue una evolución de una antigua compañía de caballería ligera que ya actuaba con mosquetes, los carabins.

Los mosqueteros de la Guardia, como su propio nombre da a entender, se convirtieron en la guardia real del monarca, y tenían la labor de protegerlo cuando el rey estaba fuera de sus residencias oficiales. Dentro de palacio, sin embargo, dicha defensa recaía en los Garde suisses. Esa fue la primera compañía de mosqueteros franceses propiamente dicha, pero no la última. Porque no mucho después otro nombre conocido creó un segundo cuerpo: el cardenal Richelieu. Estos mosqueteros bajo mando eclesiástico fueron pasando de un cardenal a otro hasta ser absorbidos de nuevo por la realeza, en 1661. Luis XIV reorganizó ambas compañías, las reales y las cardenalicias, y las renombró basándose en el color de sus caballos: «mosqueteros grises» y «mosqueteros negros». El cuerpo siguió vigente hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando Luis XVI disolvió la compañía. Sólo retornó durante la Restauración borbónica, en 1814, pero fue anecdótico: dos años después desapareció para siempre.

origen de los mosqueteros


Los tres mosqueteros existieron

Cabe destacar que lo habitual era que las compañías de mosqueteros franceses estuvieran formadas por soldados de origen noble. Es lo que ocurre con los mosqueteros históricos que sirvieron de base a Alejandro Dumas para crear a sus personajes. Sí, en efecto, D’Artagnan y compañía no son totalmente ficticios, algo que mucha gente no sabe. La inspiración del más joven surge de Charles de Batz-Catelmore, conde de Artagnan, un capitán de la guardia de mosqueteros durante el reinado de Luis XIV. Aunque de origen burgués, su familia empezó a cobrar relevancia gracias al comercio y entró al fin en la nobleza a mediados del siglo XVI. D’Artagnan habría pasado sin pena ni gloria por la historia, ya que era el cuarto hijo de siete hermanos, de no haberse dedicado al oficio de las armas (bueno, de eso y de que Dumas lo tomara como inspiración).

Tras participar en diversas campañas, bajo la protección del cardenal Mazarino (sucesor de Richelieu como primer ministro) tuvo el enorme honor de entrar a formar parte de los mosqueteros de la Guardia. Llegó incluso a ser nombrado capitán de una compañía, y su desempeño debió ser tan satisfactorio para sus mandos que incluso ejerció de espía en una trama donde se desenmascaró al ministro de finanzas del rey, Nicolas Fouquet, el cual había estado sisando oro de las arcas reales. Eso le valió ser nombrado gobernador de Lille, pero nuestro querido Dartacán… perdón, D’Artagnan, era un hombre de acción. Así que no dudó en enrolarse en la guerra franco-holandesa. Gran error, porque fue precisamente en el sitio de Maastricht donde perdió la vida.

D'Artagnan


Conclusiones

También los otros protagonistas principales de su obra están basados en personajes históricos: Athos, Porthos, Aramis, Richelieu… Existieron como tales, aunque para Dumas sólo fueron bustos de arcilla que modeló a conveniencia de su argumento. Es más que probable que ni siquiera llegaran a conocerse entre sí, o en todo caso que coincidieran de pasada en alguna campaña militar. Con Athos lo tendría peor, ya que por lo poco que se sabe de él parece que murió joven, apenas un año después de que D’Artagnan ingresara en el cuerpo de mosqueteros. La razón no podía ser más adecuada para una novela: un duelo.

Sea como sea, este alejamiento de la historicidad no debería molestar al lector en absoluto. Hay que comprender que Dumas nunca quiso ser fiel en lo histórico. Su principal objetivo se limitaba a crear una historia de aventuras con cierto elemento moralizante, donde perdurara el ideal de la época dorada de Francia y el caballero gentil que, para la época de Dumas, era apenas un recuerdo.

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Sobre mí

Teo Palacios

Hace 10 años yo era como tú, un autor más con una novela bajo el brazo que nadie quería publicar. Hoy tengo cinco novelas publicadas por editoriales internacionales en ocho países, tengo firmados los contratos de dos novelas que aún no he escrito y ¡vivo de la literatura!

Teo Palacios

Escritor y creador del Método Pen

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