En esta serie de artículos me he abierto un poco más a vosotros, a que conozcan de forma breve un poco más de mí.

Quien es escritor sabe que su profesión es de lo mejor que tiene en su vida; como en mi caso, que soy escritor por encima de cualquier cosa. He desarrollado mi obra en el género de la novela histórica, tocando diferentes épocas y escenarios, desde la Grecia Arcaica al Siglo de Oro español.

Mis novelas tienen dos vertientes: la narración de un momento histórico concreto o el misterio y la investigación de un acontecimiento ficticio en una época histórica.

Eso es lo que hecho y me apasiona, pero representa mucho más.

Novela histórica

La realidad detrás del escritor 

Mucha gente piensa que un escritor lleva una vida glamurosa, de grandes lujos, con un aura cultureta y todo el cuento, pero no es tan así. La verdad es que se trata de alguien que pasa muchas horas encerrado delante de su escritorio, leyendo, tomando apuntes, desarrollando tramas, historias, personajes… pero esto me ha permitido vivir una vida que nunca hubiera imaginado. 

Por la mente y la imaginación del escritor pasa de todo y solo el trabajo arduo es capaz de materializar estos sueños.

En mi caso, yo he sido espartano, he sido noble en el siglo de oro español, poeta musulmán en el siglo XI tras la caída del Califato y voy a seguir siendo cosas que no soy, pero en que en realidad enriquecen mi vida. 

Además, me permite conocer mucho más del espíritu humano, comprender mejor las opiniones de la gente y hasta la historia en sí que hemos vivido… y repetido. 

Ser escritor de novelas históricas me ha permitido también entender mejor las ideas y convicciones de la gente y me ayudó a comprender que estamos muy lejos de tener la verdad. ¿Por qué? Porque existen tantas verdades como personas en el mundo. 

Y esas son verdades para cada uno porque cada quien se mide por parámetros de vida diferentes. 

En este sentido, ser escritor también me ha permitido tener una mente mucho más abierta, ser mucho más flexible y más empático. Tener la oportunidad de ponerme en el lugar de otras personas que tienen opiniones diferentes y que son tan respetables como las mías me ha hecho ver la vida de otro modo. Por supuesto, exceptuando aquellos temas muy evidentes relacionados con la ética y la moral. 

Ser escritor de novelas también me ha permitido disfrutar de la vida que quiero. Honestamente, antes de dedicarme a esto enfermaba con frecuencia, desde una gripe hasta malestar del estómago, pero la realidad era que mi vida no me gustaba. Hay estudios que indican claramente que un trabajo en el que no te sientes realizado afectan al estado de salud. Y yo no disfrutaba con mis trabajos… Llevaba una vida que no me gustaba.

¡Y vaya que si admitir esto! 

Pero es la verdad, no me gustaba mi vida, no me sentía conforme con ella. 

Por fortuna, eso ya cambió. Hoy me encanta lo que tengo, lo que hago y lo que soy.

Y lo digo desde la humildad de mi corazón, porque me costó mucho conseguir esta plenitud que siento. 

Ser escritor no me permite tener grandes lujos, es cierto, pero sí una vida tranquila, llena de paz y muchos aprendizajes. Disfruto de mi día a día, como hoy, por ejemplo, que veo un monte rodeado de árboles desde mi despacho.

La gente vive buscando la felicidad y no se da cuenta que lo que realmente vale la pena tiene que ver con estar tranquilo en casa, con los amigos, ir un día de paseo a la playa o de paseo con los perros. Todo esto y más me lo ha permitido ser escritor.

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