Agosto ya es historia. De hecho, si las cuentas no me fallan, cuando estas líneas vean la luz ya estaremos en otoño o nos faltará muy poco, una estación que me produce tristeza y una gran nostalgia. Una buena época para la poesía, otra de mis pasiones. Por eso este primer artículo de la nueva temporada se lo dedico a uno de nuestros autores más grandes, poeta y brillante dramaturgo: Federico García Lorca. Primeros años de Federico García Lorca Federico García Lorca nació un 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, un pequeño pueblo de la provincia de Granada. Lo hace en el seno de una familia acomodada, ya que su padre, Federico García Rodríguez, era un hacendado de la zona que contrae matrimonio en segundas nupcias con Vicenta Lorca Romera, maestra de escuela en el pueblo. Federico obtendría los recursos económicos de su padre, pero su afición a las letras lo heredaría de su madre, que fomentó en él el gusto literario que le daría fama en todo el mundo. Cuando la familia se traslada a Granada en 1909, Federico contaba tan sólo con 11 años y su interés en ese momento se inclinaba más hacia la música que a las letras. De hecho, durante la adolescencia e incluso en la universidad, se le conocía más por su faceta como músico que por la de escritor novel. Juventud de Federico García Lorca Se sabe que en 1914 se matricula en la Universidad de Granada para iniciar estudios en Filosofía y Letras y Derecho. Dicen que los viajes realizados de la mano de su profesor de Teoría de la Literatura y de las Artes por toda España fueron los que despertaron su verdadera vocación: las letras. Fue en esta época precisamente cuando publica su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, donde da rienda suelta a su visión estética de los lugares visitados y a temas políticos. En 1919 se traslada a Madrid y consigue entrar en la “Residencia de Estudiantes”, toda una institución de la época, donde entra en contacto con parte la élite artística de aquellos tiempos. Buñuel, Dalí y Alberti serían algunos de ellos. Es en esta institución donde Lorca se encuentra no sólo con la cultura española, sino con la de fuera de nuestras fronteras y se da cuenta de la gran responsabilidad que los autores tienen sobre los problemas sociales. Aquí conocería a grandes conferenciantes y artistas de la época, como por ejemplo H.G. Wells, autor que, curiosamente, se interesaría por su situación personal cuando se corrió la voz de su detención por el bando nacional. En 1921 Lorca vuelve a Granada y de la mano de Manuel de Falla emprende varios proyectos relacionados con la música. También hay que destacar un segundo foco cultural en el que se ve envuelto, la tertulia “El Rinconcillo” que se celebraba en el café Alameda, donde se origina uno de los engaños literarios más curiosos de la época, en este interesante artículo, Jesús Arias nos pone al tanto de ello. Los viajes y su final En 1929, su gran amigo Fernando de los Ríos le propuso que le acompañara a Nueva York y Lorca acepta. Esta etapa le abre un nuevo mundo, aprende inglés y se convierte en una de las experiencias más importantes de su vida. Un año más tarde viaja a Cuba, donde explora su música y cultura. Y aunque vuelve Madrid el mismo año, viaja a México y Sudamérica hasta que vuelve a España en 1936. Pocas fechas antes del alzamiento, y aunque los embajadores de Colombia y México le ofrecen exiliarse en sus países, Lorca lo rechaza y vuelve a su casa para reunirse con su familia en los días previos al golpe de estado. El resto de la historia es bien conocida. Un mes después, el 18 de Agosto de 1936. Lorca era fusilado junto con un grupo de anarquistas. Según el prestigioso historiador Ian Gibson “por ser espía de los rusos, haber sido secretario de Fernando Ríos y ser homosexual” Lo cierto es que cuando el gobernador Civil de Granada preguntó a Queipo de Llano qué debía hacer, este le contestó “Dale café, mucho café” De su vida tenemos un pequeño resumen en este programa, interesante y completo para los amantes de la imagen. La generación del 27 A Federico García Lorca se le incluye en la llamada Generación del 27. Esta tiene su origen según algunos estudiosos en la reunión de varios poetas en el Ateneo de Sevilla para homenajear a Góngora. Y al margen de algunas polémicas sobre quién debe estar o no , lo cierto es que coincide con la mejor época de la poesía de nuestro autor. Los estudiosos de su obra identifican un elemento temático central en ella: el enfrentamiento entre la libertad individual y la realidad social que termina anulando los deseos del individuo para terminar claudicando. Esto se ve claramente en muchos de sus personajes, marginados que no logran integrarse en el sistema y cuya inadaptación suele llevarles a un final doloroso y trágico. La obra de Federico García Lorca Es en 1927 y 1928 cuando publica Canciones y Romancero gitano que, al igual que casi toda, su obra se encuentra llena de obsesiones y frustración. La utilización de la simbología y la metáfora está muy presente en su poesía y aunque conoce y utiliza de forma magistral las novedades literarias de la época, toda su obra está empapada de tradición, observándose grandes dosis de valentía, pasión y sobre todo melancolía y un desgarro amoroso profundo. La poesía y el teatro son los géneros que más trabaja y donde se encuentran grandes obras de la literatura, me atrevería a decir, universal. Entre ellas se Romancero gitano y Poeta en Nueva York dentro de la poesía y Bodas de Sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba en Teatro. Se dice de Lorca que es un hombre de teatro en su sentido más amplio. Él mismo dibujaba los figurines, decidía sobre los decorados e incluso dirigía la representación.
Grandes autores españoles: José Martínez Ruíz “Azorín”
En los últimos cuatro artículos de este curso de literatura hemos hablado de grandes autores españoles, todos ellos de la llamada Edad de Oro de la literatura española. Pero en esta ocasión vamos a poner a funcionar el condensador de fluzo y nos vamos a trasladar unos cuantos años hacia el futuro. Cambiamos de metal precioso y nos trasladamos a la denominada Edad de Plata, que según los estudiosos es el periodo comprendido entre 1898 y 1936. Y me vais a permitir hablaros de un autor de la “terreta”, de la mía, Alicante: José Martínez Ruiz, conocido mucho más por su seudónimo, “Azorín”, y del que se celebra este año 2017 el cincuenta aniversario de su muerte por estos lares. Vamos a ello. Los primeros años de Azorín José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido como Azorín, nace un domingo 8 de junio de 1873 en Monóvar, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante. Lo hace en el seno de una familia acomodada, tradicional y católica. Su padre, Isidro Martínez, era abogado y alcalde del pueblo; su madre, María Luisa Ruíz, era una rica hacendada de la zona. Ocho hermanos le siguieron, completando el lote familiar. Los estudios de bachillerato los realiza interno, con el beneplácito de su padre, en el centro de los padres Escolapios que estos tenían en Yecla, una localidad cercana a Monóvar, donde termina permaneciendo ocho años. Más tarde, en 1888, se traslada a Valencia para cursar los estudios de Derecho en la Universidad de esta localidad, siendo en esta ciudad donde descubrirá la literatura europea, aprendiendo francés e italiano. Es curioso descubrir que Azorín no ve el mar que tanta luminosidad aportó a su obra, esto lo dice él, hasta 1892, cuando pasa un verano en Alicante, en un piso alquilado en la calle Labradores, en pleno casco antiguo. Aquí podéis ver y saber un poco más de donde nace y crece. Los inicios de Azorín en esto de las letras Como el mismo diría en sus comienzos, sólo tenía una meta: “lograr la fama en la república de las letras“. Para ello comienza en 1893 pronunciando una conferencia: “La crítica literaria en España” en Valencia que más tarde publicaría con el seudónimo “Cándido”. En este punto quiero aclarar que el seudónimo de “Azorín” lo empieza a utilizar a partir del año 1904, hasta ese momento sus trabajos los firmaría siempre con seudónimo, más de uno. La Valencia de la época se le queda corta, y eso que publica en varios periódicos de la zona entre los que incluimos El Pueblo, dirigido por aquel entonces por Blasco Ibáñez, y termina trasladándose a Madrid en 1896. Es en la capital donde empieza su historia como escritor, haciéndose notar en sus críticas y artículos de prensa, sobre todo en los de crónica política. El País termina expulsándole de la redacción tachándole de radical. El Motín le mantiene, pero se hace notar por la dureza de sus artículos hacía el mundo literario del momento y hacia la iglesia. Pero su fuerte discurso ya es reconocido y admirado, así que es requerido por los editores de la época y termina publicando en los periódicos y revistas más importantes de esos años. En 1902 publica la novela La voluntad, la primera de una trilogía de donde sale el seudónimo por el que se le conoce “Antonio Azorín”. Comenzará a utilizarlo a partir de 1904. A partir de este momento su carrera como escritor ya no necesitará de más empujones. Azorín y la Edad de Plata Antes de ir más allá, creo interesante mencionar algunos apuntes de la realidad social y política en la que se mueve nuestro autor. Es un periodo convulso que tiene como arranque los acontecimientos de 1898, la pérdida de Cuba, y termina con el inicio de la guerra civil en 1936. Esto tiene como consecuencia un cambio en la mentalidad de la época, dejando fluir un pensamiento irracional que se centra en la existencia del hombre, dando más importancia a los impulsos vitales que a la razón. y que termina sustituyendo al positivismo y empirismo que marcó a los años previos en la literatura. En este periodo aparecen y conviven tres grandes generaciones de escritores. La primera, “la de fin de siglo“, da como resultado dos formas de ver la literatura; los modernistas, que rechazan la realidad y centran sus obras en la evasión negándose a plasmar las circunstancias negativas de la época en que surge y donde podemos ver a autores como Machado, en sus inicios, o Juan Ramón Jiménez. La otra visión del momento es a la que se denominó como “Generación del 98” (año del desastre de Cuba), que está formada por escritores que preferían mostrar su disconformidad de forma mucho más directa mediante la oposición y la crítica. Aquí incluiremos a nuestro autor, Azorín, junto a otros como Unamuno o Pío Baroja. Estas dos líneas están conformadas por autores que se centraron sobre todo en el ensayo y la prosa. La segunda generación sería la denomina “del 14”. Estos reconocen su admiración por la del 98 pero se distinguen por defender la modernización de España y su europeización, y como dijo Ortega Y Gasset, miembro de la misma, “eliminar los elementos humanos, demasiado humanos, que dominaban en la producción romántica y naturalista”. Y por último la generación del 27, poblada de poetas afines y buenos amigos cuya máxima intención era compartir la voluntad de integrar vanguardia y tradición, donde podemos encontrar a poetas tan ilustres como el gran Federico García Lorca. Azorín y la política Un par de puntos más arriba dejábamos a nuestro autor en 1904, cuando ya despuntaba como ensayista y crítico en prensa y revistas emblemáticas a nivel nacional. La característica que predominaba hasta ese momento era la de un discurso radical y muy duro que entroncaba con una mentalidad netamente anarquista. Pero dicen los estudiosos de su biografía que a partir de 1905 su mentalidad cambia y su forma de pensar y su literatura se
Grandes autores españoles: Francisco de Quevedo
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, más conocido como Francisco de Quevedo, o incluso como Quevedo, es el autor que este mes nos ocupa. Una vez más, la cuarta para ser exacto, vamos a hablar de un escritor del denominado “Siglo de Oro”, el más brillante, según algunos, de nuestras letras. Lo cierto es que con compañeros de rimas como Cervantes, Lope de Vega y Góngora, todos contemporáneos al escritor en cuestión, no me extraña que se le conozca con el nombre de ese noble metal. En fin, vamos a ello. Primeros años de Francisco de Quevedo Francisco de Quevedo nace un mes de septiembre de 1580 en Madrid. De los escritores más importantes de su época, en realidad destaca más por sus poemas que por sus escritos en prosa. Aunque nace en el seno de una familia noble, el destino quiso que lo hiciera con una deformidad en los pies, de la que dio buena cuenta su compañero de letras y tiempo Lope de Vega en algunos de sus escritos, y una fuerte miopía. Como consecuencia de esto, y debido a la crueldad de los niños de la nobleza con los que convivía en la Corte, su niñez fue solitaria y amarga, llevándole de forma compulsiva, según se cuenta, a evadirse en la lectura. Quedó huérfano de padre a los seis años y, debido a su precocidad, comenzó a estudiar tempranamente en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús que esta Orden tenía en Madrid. Más tarde estudió Teología sin llegar a ordenarse, además de lenguas antiguas y modernas. Francisco de Quevedo en la Corte española Tras unos años en Valladolid, donde estaba la corte en ese momento, vuelve a Madrid al trasladarse esta a la Villa (recordemos que sus padres eran nobles ligados a la misma). Estuvo volcado en las letras hasta 1611. Establece una relación muy afable con el Duque de Osuna, al cual acompaña como secretario en 1613 en su viaje a Italia desempeñando funciones diplomáticas, hasta el extremo de conseguirle, según cuentan, en 1616 su nombramiento como virrey de Nápoles. Dicen que la caída en desgracia del Duque de Osuna le regaló un destierro en Villanueva de los Infantes hasta que Felipe IV sube al trono y vuelve a granjearse los favores de la corte haciendo buenas migas con el Conde Duque de Olivares, llegando a ser, según cuentan, secretario del Rey allá por el 1632, máximo puesto alcanzado en su época cortesana. Se casa con Esperanza de Mendoza en 1634 por las presiones del Duque de Medinacelli, más concretamente por las que la mujer de este ejercía sobre el Duque, pero el matrimonio dura tres meses. En 1639, por motivos un tanto extraños, se enemista con el rey y su valido, lo que le lleva a ser detenido y encerrado. Primero en el Convento de San Marcos de León, y más tarde en Loeches. Permanece preso hasta 1643, momento en que el Conde Duque de Olivares cae en desgracia y Quevedo es puesto en libertad. Una libertad relativa, ya que sale del encierro muy tocado de salud, retirándose de la vida en la Corte de forma definitiva y trasladándose para pasar sus últimos días a su señorío en la Torre de Juan Abad, donde fallece en 1645. Quevedo versus Góngora Como era habitual en esta época, todo autor famoso tenía un rival en el de enfrente, y Quevedo no iba a ser menos. Lo encontró en Góngora, con el que mantuvo una disputa literaria pública a la altura de sus genios. Dicen que fue precisamente Quevedo quien dio comienzo al enfrentamiento cuando publicó, estando en la Corte de Valladolid, unos poemas que según Góngora minaban su reputación y obtenía fama a su costa y que dicha enemistad no terminó hasta la muerte del escritor cordobés después de que este le contestará con los siguientes versos Musa que sopla y no inspira Y sabe que es lo traidor Poner los dedos mejor En mi bolsa que en su lira, No es de Apolo, que es mentira. No obstante, estudiosos actuales de la época no están del todo de acuerdo con esas disputas de por vida, más bien lo ven como algo normal y habitual en los autores del Siglo de Oro. Quevedo y el conceptismo Tanto Quevedo como Góngora y Lope de Vega se mueven dentro de la lírica barroca, movimiento que busca romper con el equilibrio en la forma y el contenido del periodo anterior, el Renacimiento, generándose dos estilos opuestos: el culteranismo, cuyo máximo representante fue Góngora, y el conceptismo, donde Quevedo se alza como exponente único. Del culteranismo ya hablamos en el artículo dedicado a Luis de Góngora. Del conceptismo, donde Quevedo se mueve como pez en el agua, tan solo diremos que se centra en el contenido de lo escrito más que en su forma, como hacía el culteranismo, empleando lo que se ha dado en llamar recursos de ingenio, es decir, juegos de palabras, asociaciones de ideas, dobles sentidos y otras fórmulas similares, llenando los versos de ironía, paradojas, antítesis e incluso de caricatura. Quevedo demostró manejar de forma magistral el uso del lenguaje haciendo un uso perfecto de las paronomasias (juegos de palabras con parecido fónico) y en las dilogías (doble sentido), recurriendo además a expresiones vulgares y coloquialismos, incluso creando nuevas voces (neologismos). En fin, algunos estudiosos llegan incluso a decir que Quevedo mantenía una actitud de juego constante con el lenguaje. Quevedo y su obra A Francisco de Quevedo se le conoce quizás más por su obra poética, pero lo cierto es que su obra es de lo más variada, trabajando también de forma magistral con la prosa. En poesía descubrimos a un Quevedo burlesco y satírico con unos versos en los que junto al tono humorístico se percibe un trasfondo pesimista que entroncan con los temas de la época. Aunque sus poemas más famosos son los dedicados a sus rivales literarios, así como a las parodias de personajes mitológicos, Quevedo escribe poemas de tono
Grandes autores españoles: Luis de Góngora
Si nuestros dos autores anteriores, Cervantes y Lope de Vega , han sido y son importantes en la historia de nuestra literatura pasada y presente, el que nos ocupa este mes en nuestro taller de literatura española no lo es menos. Creador y máximo exponente de uno de los géneros más importantes del Siglo de Oro, vamos a conocer un poquito a Luis de Góngora. Biografía de Luis de Góngora: Primeros años Luis de Góngora y Argote nace en Córdoba un 11 de julio de 1561. Dicen que lo hizo en casa de su tío D. Francisco de Góngora, junto a la catedral. Éste ostentaba beneficios eclesiásticos importantes, así como cierto número de bienes con los que formó un mayorazgo. A Juan, el hermano menor de Góngora, le dejó el mayorazgo. A nuestro autor, dotado intelectualmente por encima de su hermano, le concedió los beneficios eclesiásticos que le llevaron a convertirse en clérigo a los catorce años. Que tuviera o no vocación religiosa era lo de menos. Sus primeros pasos educacionales los realiza en el colegio que los padres de la Compañía de Jesús tenía en Córdoba. Más tarde, y gracias al dinero de su tío, continuará sus estudios en la Universidad de Salamanca, junto a los hijos de familias nobles y, aunque no se conoce que obtuviera título alguno, sí que parecer ser que su paso por esta institución determinó su verdadera vocación: la literatura. De hecho, su primera obra documentada aparece en esta época, 1580. Luis de Góngora: clérigo y viajero He comentado que fue su tío el que le ordenó clérigo, y aunque era proclive a dejar de lado ciertas obligaciones de su cargo, es conocida su propensión a visitar lugares y realizar tareas poco recomendables para su condición, como los toros, representantes de comedia, el juego y el escribir coplas ligeras que él rechaza como suyas, también es cierto que la fidelidad a sus compañeros le lleva a ostentar cargos eclesiásticos que eran asignados por votación. Y tan sólo tenía veintiocho años por aquel entonces. Tras unos años de viajes que le relacionaron con obispos y personajes nobles, su salud resentida y las decepciones que esta vida cortesana le trajo tanto a nivel personal como económico, regresa a Córdoba en 1603 cuando contaba cuarenta y dos años. A partir de este momento, su máxima preocupación fue buscar un nuevo mecenas, consiguiendo su propósito hasta que en 1617 se traslada a Madrid, cerca de la Corte y del Duque de Lerma, que le apoya para que Felipe III le conceda una capellanía real, lo que le obliga a ordenarse sacerdote. Cuando el rey retira su favor a Lerma, Góngora cae en desgracia y las rentas, que para Córdoba serían suficientes, no lo son para vivir en Madrid y permitirle una vida acomodada, dedicada, entre otras cosas, al juego, una de sus aficiones favoritas. Tras vender la mayoría de sus bienes y ya gravemente enfermo, vuelve a su Córdoba natal donde fallecerá un 23 de mayo de 1627. Luis de Góngora y el culteranismo Ya desde sus primeros versos se deja ver a un Góngora culto, conocedor de las técnicas de la época, entre las que destacan sus sonetos y dos de sus extensos poemas: “La Fábula de Polifemo y Galatea” y “Las Soledades”. Pero también se presenta como un autor que domina composiciones llenas de humor e ingenio con un tono claramente popular en los que predominan romances y letrillas que tocan temas diversos con un tono satírico poco recomendable para su cargo eclesiástico y con la utilización de un lenguaje menos complejo y más cercano al estilo renacentista que le precede. Ambos estilos coexistirán a lo largo de toda su obra. Aunque si por algo es famoso Góngora es por ser la punta de lanza del culteranismo, considerándosele su máximo exponente. Con este estilo se pretende romper el equilibrio existente en la literatura renacentista, que unido al conceptismo inician la época barroca dentro de nuestra literatura; una época más oscura, consecuencia de la crisis económica y social que la caracterizó y que llegó como profundo desengaño de los ideales humanistas del Renacimiento. Con el culteranismo, o “gongorismo”, como se le ha llegado a llamar, lo que se persigue es la belleza formal mediante la utilización minuciosa del lenguaje, utilizando cultismos, tropos y metáforas y potenciando el valor de la expresión por encima del contenido, como hace el conceptismo, y que llevó consigo serias disputas entre los escritores de la época. Luis de Góngora & Francisco Quevedo Si Cervantes tuvo como rival a Lope, Góngora también tuvo su alter ego en Quevedo. Hemos de reconocer que si por algo se caracteriza el Siglo de Oro español es por las disputas que los escritores mantenían de forma pública a través de sus poemas, y la de Quevedo, mucho más joven, hacia Góngora fue extrema desde que ambos coinciden en la corte de Valladolid, llegando incluso a acusarle de ser judío, lo peor que podía ser uno en aquella época, pues era un motivo por el cual la Inquisición podía darte un verdadero disgusto. Os recomiendo que le echéis un vistazo a este entretenido corto de cuatro minutos donde os enteraréis de esto y mucho más. Aquí os dejo un soneto, especialidad de Góngora, en el que arremete contra Quevedo y sus pies zambos. Atentos a los últimos tres versos. De las lindezas que Quevedo le devuelve ya hablaremos el mes que viene. “Anacreonte español, no hay quien os tope, que no diga con mucha cortesía, que ya que vuestros pies son de elegía, que vuestras suavidades son de arrope. ¿No imitaréis al terenciano Lope, que al de Belerofonte cada día sobre zuecos de cómica poesía se calza espuelas y le da un galope? Con cuidado especial vuestros antojos dicen que quieren traducir al griego, no habiéndolo mirado vuestros ojos. Prestádselo un rato a mi ojo ciego, porque a la luz saque ciertos versos flojos, y entenderéis cualquier gregüesco luego.” La figura de Luis de Góngora
Grandes Autores Españoles: Lope de Vega
Grandes Autores Españoles: Lope de Vega Cuando me propusieron escribir sobre los grandes autores de la literatura española supe que el primero al que debía mencionar era a Cervantes. Pero ¿qué sería de Cervantes sin Lope de Vega? Posiblemente el mismo, o no. Luego os explico. Además, espero que en las líneas que expongo a continuación os podáis aproximar a uno más de los grandes autores de nuestro Siglo de Oro. Y puedo asegurar que son multitud. Vamos a por ello. Biografía de Lope de Vega: Sus primeros años. Félix Lope de Vega Carpio nace en Madrid un 25 de noviembre de 1.562, en el barrio de artesanos, muy cerca de la calle Mayor. De familia humilde, su padre era un bordador de origen montañés y su madre ama de casa. Solo se sabe a ciencia cierta, pues no existe documentación que nos hable de sus primeros años, que estudió en el Colegio Imperial que por aquel entonces regentaba la Compañía de Jesús, donde ya demostró tempranamente sus dotes para la escritura y la interpretación participando en los ejercicios teatrales que se realizaban en el mismo e incluso se cree que compuso algunas pequeñas piezas para representar en el teatro. De su preparación y estudios poco más se sabe. Se supone que completaría los mismos en la Universidad de Alcalá y Salamanca, pero no hay documentación ni título universitario que así lo corrobore. Sí se sabe que en 1.583 se alistó al mando de Don Álvaro de Bazán y participó en la conquista de las Azores, aunque de su alistamiento en la Armada Invencible se sigue discutiendo. Bueno, más que de su alistamiento, de la participación de este en la Batalla de Lepanto de la que tanto gustaba alardear. Sobre todo si te trataba de competir con Cervantes, pero de eso hablaremos más tarde. Al regresar de la conquista de las Azores, Lope de Vega se dedica a aquello por lo que más se le conoce, casi tanto como a sus obras: el galanteo. Cómo combinar amores y letras. El primero de los amores que se le conoce a Lope de Vega es el que mantuvo con Elena Osorio nada más llegar de las Azores. Algunos estudiosos la identifican con la “Filis” de sus poemas, la de “Dulce Filis, si me esperas, De favor has de ir mudando, Que es mucho para burlando, Y poco para de veras.” Lo cierto es que durante cinco años mantuvo amoríos con la tal Elena Osorio. Aunque lo verdaderamente importante no es que fuera hija de comediantes, si no que estuviera casada con un señor respetable que se encontraba por aquel entonces en América. Como fue normal en toda su obra, Lope de Vega solía dejar apuntes autobiográficos en ella, por eso se cree que este primer amor fue el origen e inspiración de su obra “La Dorotea” y de algunos de sus poemas más tormentosos. De hecho, al terminar esta relación, a Lope no se le ocurre otra cosa que difamarla con algunos escritos que hizo circular por Madrid, lo que le valió su destierro de la corte. Su primer matrimonio En 1588 contrae matrimonio por poderes con Isabel de Urbina, ya que Lope de Vega se encontraba alistado en ese momento. Un año más tarde se desplazan a Valencia. No pierde el tiempo, y aunque desterrado de la Villa, envía sus obras a esta para que sean publicadas y representadas. Es en esta época cuando entra al servicio del duque de Alba, cambiando su domicilio a Alba de Tormes. “La Arcadia” es escrita en estos tiempos de placidez para nuestro autor. Aunque esta situación no dura mucho, pues su esposa fallece en 1594 al dar a luz a su segunda hija. Pero la tristeza le dura poco tiempo. Cuando por fin llega el levantamiento del destierro de Madrid un año después, Lope ya se encuentra amancebado con una viuda, Antonia Trillo, comenzando contra él un nuevo proceso de destierro que por suerte termina favorablemente. Sin demora se vuelve a enamorar de Micaela de Lujan, que para variar está casada, y con la que se dice llegó a tener cinco hijos. Segundo matrimonio Su fama literaria crece tanto como su lista de amoríos, y aun estando liado con Micaela contrae matrimonio en 1598 con Juana Guardo, hija de un rico abastecedor de carne, probablemente, y como dicen las malas lenguas entre las que se encuentra la de Góngora, atraído por su dote. La que nunca cobró, ya que el padre de su nueva esposa se negó a darla por no aprobar esta boda. No hay que explicar el por qué. Como su economía no crece a la par que su obra, se ve obligado a entrar al servicio del duque de Sessa. Dicen que más que para ejercer de labores de escribano lo hizo para actuar de alcahuete en las relaciones que su señor tenía con las mancebas que Lope le buscaba. Su buen hacer en estas labores y la influencia del duque hacen que en 1610 se le nombre Familiar del Santo Oficio, alternando sus estancias tanto con su familia legítima como la que estableció con su amante, llegando incluso a comprar una casa en la calle de Francos –curiosamente hoy en día calle Cervantes– hasta que su protector es desterrado y su mujer enferma. No obstante, se sabe con certeza, pues se conoce el nombre de algunas de ellas, que Lope siguió manteniendo relaciones con mujeres, sobre todo de la farándula, durante todo este periodo. Mirad cómo refleja el carácter de nuestro autor en este pequeño y gracioso corte de la serie El Ministerio del Tiempo, donde podemos ver su querencia por las mujeres casadas. De su caída en desgracia y su ordenamiento como sacerdote En 1614 decide ordenarse sacerdote. La muerte de su hijo Felix en 1612, y al año siguiente de su hija Juana, llevan a nuestro autor a solicitar su ingreso. La buena racha ha terminado. En sus “Rimas Sacras” podemos ver su estado de ánimo.
Grandes Autores Españoles: Miguel de Cervantes Saavedra
Miguel de Cervantes Saavedra Cuando me plantean escribir sobre grandes autores clásicos de la literatura española, Miguel de Cervantes fue el primero que vino a mi cabeza. Evidentemente hablar de él a estas alturas es complicado, han corrido verdaderos ríos de tinta de mentes sesudas y extremadamente cultas que lo han analizado por todos los lados. Y a su obra cumbre, El Quijote, mucho más. Así que yo, simplemente, intentaré facilitaros algunos datos de su biografía y época en la que se movió uno de nuestros escritores más famosos e influyentes de la literatura mundial con el propósito de que todos lo conozcamos un poquito más. Y os aseguro que no es una vida normal. Vamos a por ello. Biografía de Miguel de Cervantes Sus primeros años Me ha resultado curioso comprobar que la fecha de nacimiento de D. Miguel de Cervantes Saavedra es todo un misterio. Lo único cierto es que fue bautizado, en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, un 9 de Octubre de 1547. Algunos aventuran que nació el 29 de septiembre del mismo año, día de San Miguel, simplemente por la costumbre existente en la época de poner el nombre al recién nacido del santo del día. Pero lo único cierto es la fecha del bautismo. Hijo de Rodrigo Cervantes (cirujano sangrador) y de Leonor (hija de un abogado de la época), es el cuarto de siete hermanos. Sus primeros años son casi un enigma. En 1551 se trasladan a Valladolid, donde su padre es encarcelado tras confiscarse sus bienes por tratos con usureros. Consigue ganar el juicio de hidalguía y, tras ser liberado, solo se sabe que debió de andar a caballo entre las ciudades de Alcalá de Henares, Córdoba y Sevilla hasta 1561, año en que Cervantes comienza a estudiar gramática con Juan López de Hoyos en Madrid: lo único cierto. Estudiosos de su biografía no tienen claro ni qué estudió, ni dónde, ya que la escasez de recursos económicos de su familia hace poco creíble su paso por la universidad de Salamanca, tal y como se ha especulado. Miguel de Cervantes, soldado y viajero Es conocida de sobra su participación en la guerra y su cautiverio en Argel, pero lo realmente curioso es cuándo comienza su aventura viajera y el motivo. Se sabe que, en 1569, Cervantes se encontraba en Roma. El motivo, una supuesta trifulca con Antonio de Sigura, al que llegó a herir, y por la que tuvo que solicitar “limpieza de sangre e hidalguía” con el fin de restituir su honor y quedar libre de la sentencia a la que tenía que responder en España. Los cardenales Gaspar de Cervantes (familiar) y Giulio Acquaviva tuvieron mucho que ver en la resolución a su favor. Para entonces, 1571, Cervantes ya era soldado de la compañía de Diego de Urbina, participando en la Batalla de Lepanto en 1571 bajo las órdenes de D. Juan de Austria. El resultado es conocido por todos: un arcabuzazo en el pecho y la inutilidad de su mano izquierda. Lo que quizás no sea tan conocido es la actitud heróica de Cervantes en la batalla, que queda refrendada por las declaraciones de sus superiores en Madrid a requerimiento de su padre. Hasta 1575 sirve como soldado, siendo en este momento, y mientras regresa a España con su hermano y cartas de recomendación de D Juan de Austria, cuando es apresado por el corsario albanés Arnauti Mamí tras una corta batalla. Éste los entrega como esclavos en Argel, donde estará cinco años preso debiendo su vida a las cartas de recomendación, ya que consideraron que era persona importante y buscaron obtener rescate por su entrega. No obstante, Cervantes intentó fugarse cuatro veces sin éxito. No fue hasta la llegada de los padres trinitarios Fray Juan Gil y Fray Antonio de la Bella que fue liberado tras la entrega de 500 escudos de rescate en el año 1580. Regreso a España de Miguel de Cervantes: boda y encarcelamiento Cuando Miguel de Cervantes llega a España tras once años de ausencia, se encuentra con una familia empobrecida a la que intenta rescatar buscando un trabajo que dura poco en Orán, intentando marchar a América sin obtener permiso para ello. Es en 1584 cuando Cervantes comienza su labor como escritor al vender su obra Galatea por 1336 reales a Blas de Robles por el privilegio de impresión. Seis meses después, contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios. Las desgracias no le abandonarían y le siguieron amargando la vida durante muchos años. Un ejemplo, lo acontecido tras conseguir el cargo de comisario real de abastos en 1587, por el que recorría Andalucía con la desagradable misión de requisar cereales y aceite para la expedición naval que Felipe II pretende contra Inglaterra, labor que realiza hasta 1594, no sin antes pasar por la prisión en 1592 al ser acusado de vender 300 fanegas de lo requisado para provecho propio. Este hecho se demostró que era falso. A quién se le ocurre requisar al clero parte de sus reservas de cereal y aceite… Más tarde, en 1594, se le encomienda el cobro de los atrasos de tercias y alcabalas del Reino de Granada, teniendo que depositar una gran cantidad de dinero en concepto de fianza para realizar este trabajo, cantidad que consigue gracias a la familia de su mujer, y que pierde cuando, al depositar todo lo recaudado en un banco de Sevilla, este termina quebrando, por lo que, al no poder responder, Cervantes vuelve a ser encarcelado en Sevilla ese mismo año. La vida en familia en Valladolid A partir de 1603 se documenta fehacientemente su estancia en Valladolid, donde se ve obligado a convivir con su mujer, hermanas, hijas e incluso su amante en un ambiente deprimente y del todo afrentoso, pues hay pruebas escritas de que las mujeres de la familia consiguen indemnizaciones deshonrosas por las denuncias a sus amantes. Incluso hay habladurías sobre la honradez de su mujer. No obstante, en 1604 El