Grandes autores españoles: Luis de Góngora

por | Jun 2, 2017 | Libros aconsejados

Si nuestros dos autores anteriores, Cervantes  y  Lope de Vega  ,  han sido y son importantes en la historia de nuestra literatura pasada y presente, el que nos ocupa este mes en nuestro taller de literatura española no lo es menos. Creador y máximo exponente de uno de los géneros más importantes del Siglo de Oro, vamos a conocer un poquito a Luis de Góngora.

Biografía de Luis de Góngora: Primeros años

Luis de Góngora y Argote nace en Córdoba un 11 de julio de 1561. Dicen que lo hizo en casa de su tío D. Francisco de Góngora, junto a la catedral. Éste ostentaba beneficios eclesiásticos importantes, así como cierto número de bienes con los que formó un mayorazgo. A Juan, el hermano menor de Góngora, le dejó el mayorazgo. A nuestro autor, dotado intelectualmente por encima de su hermano, le concedió los beneficios eclesiásticos que le llevaron a convertirse en clérigo a los catorce años. Que tuviera o no vocación religiosa era lo de menos.

Sus primeros pasos educacionales los realiza en el  colegio que los padres de la Compañía de Jesús tenía en Córdoba. Más tarde, y gracias al dinero de su tío, continuará sus estudios en la Universidad de Salamanca, junto a los hijos de familias nobles y, aunque no se conoce que obtuviera título alguno, sí que parecer ser que su paso por esta institución determinó su verdadera vocación: la literatura. De hecho, su primera obra documentada aparece en esta época, 1580.

Luis de Góngora: clérigo y viajero

He comentado que fue su tío el que le ordenó clérigo, y aunque era proclive a dejar de lado ciertas obligaciones de su cargo, es conocida su propensión a visitar lugares y realizar tareas poco recomendables para su condición, como los toros, representantes de comedia, el juego  y el escribir coplas ligeras que él rechaza como suyas, también es cierto que la fidelidad a sus compañeros le lleva a ostentar cargos eclesiásticos que eran asignados por votación. Y tan sólo tenía veintiocho años por aquel entonces.

Tras unos años de viajes que le relacionaron con obispos y personajes nobles, su salud resentida y las decepciones que esta vida cortesana le trajo tanto a nivel personal como económico, regresa a Córdoba en 1603 cuando contaba cuarenta y dos años.  A partir de este momento, su máxima preocupación fue buscar un nuevo mecenas, consiguiendo su propósito hasta que en 1617 se traslada a Madrid, cerca de la Corte y del Duque de Lerma, que le apoya para que Felipe III le conceda una capellanía real, lo que le obliga a ordenarse sacerdote. Cuando el rey retira su favor a Lerma, Góngora cae en desgracia y las rentas, que para Córdoba serían suficientes, no lo son para vivir en Madrid y permitirle una vida acomodada, dedicada, entre otras cosas, al juego, una de sus aficiones favoritas.

Tras vender la mayoría de sus bienes y ya gravemente enfermo, vuelve a su Córdoba natal donde fallecerá un 23 de mayo de 1627.

Luis de Góngora y el culteranismo

Ya desde sus primeros versos se deja ver a un Góngora culto, conocedor de las técnicas de la época, entre las que destacan sus sonetos y dos de sus extensos poemas: “La Fábula de Polifemo y Galatea” y “Las Soledades”. Pero también se presenta  como un autor que domina composiciones llenas de humor e ingenio con un tono claramente popular en los que predominan romances y letrillas que tocan temas diversos con un tono satírico poco recomendable para su cargo eclesiástico y con la utilización de un lenguaje menos complejo y más cercano al estilo renacentista que le precede. Ambos estilos coexistirán a lo largo de toda su obra.

Aunque si por algo es famoso Góngora es por ser la punta de lanza del culteranismo, considerándosele su máximo exponente. Con este estilo se pretende romper el equilibrio existente en la literatura renacentista, que unido al conceptismo inician la época barroca dentro de nuestra literatura; una época más oscura, consecuencia de la crisis económica y social que  la caracterizó y que llegó como profundo desengaño de los ideales humanistas del Renacimiento.

Con el culteranismo, o “gongorismo”, como se le ha llegado a llamar,  lo que se persigue es la belleza formal mediante la utilización minuciosa del lenguaje, utilizando cultismos, tropos y metáforas y  potenciando el valor de la expresión por encima del contenido, como hace el conceptismo, y que llevó consigo serias disputas entre los escritores de la época.

Luis de Góngora & Francisco Quevedo

Si Cervantes tuvo como rival a Lope, Góngora también tuvo su alter ego en Quevedo.

Hemos de reconocer que si por algo se caracteriza el Siglo de Oro español es por las disputas  que los escritores mantenían de forma pública a través de sus poemas, y la de Quevedo, mucho más joven, hacia Góngora fue extrema desde  que ambos coinciden en la corte de Valladolid, llegando incluso a acusarle de ser judío, lo peor que podía ser uno en aquella época, pues era un motivo por el cual la Inquisición podía darte un verdadero disgusto. Os recomiendo que le echéis un vistazo a este entretenido  corto de cuatro minutos donde os enteraréis de esto y mucho más.

Aquí os dejo un soneto, especialidad de Góngora, en el que arremete contra Quevedo y sus pies zambos. Atentos a los últimos tres versos. De las lindezas que Quevedo le devuelve ya hablaremos el mes que viene.

Anacreonte español, no hay quien os tope,

que no diga con mucha cortesía,

que ya que vuestros pies son de elegía,

que vuestras suavidades son de arrope.

 

¿No imitaréis al terenciano Lope,

que al de Belerofonte cada día

sobre zuecos de cómica poesía

se calza espuelas y le da un galope?

 

Con cuidado especial vuestros antojos

dicen que quieren traducir al griego,

no habiéndolo mirado vuestros ojos.

 

Prestádselo un rato a mi ojo ciego,

porque a la luz saque ciertos versos flojos,

y entenderéis cualquier gregüesco luego.”

La figura de Luis de Góngora

Lo cierto es que la figura de Góngora queda tocada y no es hasta el siglo XX cuando se rehabilitó la figura de un Góngora denostado en su época por sus coetáneos y que tuvo su máximo reflejó en los actos de divulgación de su obra por los autores de la Generación del 27, lo que ayudó a reconocerlo como uno de los mejores poetas en lengua española. Fue en estas fechas cuando se le rinde homenaje en el Ateneo de Sevilla, volviéndose a publicar numerosas antologías, destacando el trabajo de prosificación de su obra, que Dámaso Alonso llevó adelante.

Y hasta aquí estas pocas líneas para intentar introduciros en la vida de uno de nuestros más notables poetas, que supo ver y caricaturizar a personajes y tipos sociales de su época con un humor muy particular que impregnó todas sus obras; las serias y las no tan serias.

Sed buenos y leed mucho.

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