Dos años y siete meses. Ese es el tiempo que ha pasado desde que publiqué Hijos de Heracles con Edhasa. Parecía que lo mío iba a ir sobre ruedas, que publicar con una editorial tan seria e importante haría que todo lo demás viniera cuesta abajo, en especial cuando a los dos meses hubo que imprimir una segunda edición de la novela. Pero dos años y siete meses después, sigo sin sacar nada nuevo. No es porque haya estado parado. En este tiempo he escrito dos obras nuevas. Y ya tenía antes de eso otras dos escritas. ¿Entonces? Pues ha pasado que las cosas son muy difíciles y que el mercado está muy, muy complicado. Pecado Capital, obra sobre la que ya he hablado aquí en varias ocasiones, fue analizada por Edhasa. Me reuní con ellos hace ahora justo un año. Me comentaron que les gustaba la historia que contaba, los personajes, la época, el argumento… Pero que no les gustaba la FORMA. Y es que Pecado Capital no es una novela, sino más bien una crónica novelada. Hace unos meses empecé a trabajar en su rescritura, pero tuve que dejarla por otros proyectos más urgentes. Uno de ellos es El Collar Maya, un Thriller que tiene como telón de fondo el fin del mundo maya. La escribí en 2009 y se la pasé a la que por entonces era mi agente. El problema fue que se encontró con la rampa de salida de Hijos de Heracles. Mi agente, entiendo que con buen criterio, quiso esperar para ver cómo funcionaba la novela publicada antes de mover esta. Pero cuando empezó a trabajar con ella, resultó que la mayoría de las editoriales ya habían comprado sus títulos sobre ese tema con el fin de publicarlos este año y no estaban interesados en otra novela sobre eso, a pesar de que es una obra que no va sobre el fin del mundo, ni mucho menos, pero sí es uno de los pilares en los que se asienta. La novela llegó así a una editorial importante, con muchos años de recorrido y gran prestigio. Las cosas estaban avanzadas, pero entonces hubo restructuración en la editorial, el editor que estaba llevando el tema dejó su puesto, y la novela quedó perdida en el limbo. Todo esto pasó hacia octubre del año pasado. Era imposible enviarla a una editorial tradicional, que se valorara, aprobaran su publicación y encontrara hueco dentro de la programación de este año. Y fuera de este año la novela pierde parte de su interés por motivos obvios. Además, para entonces ya no tenía agente, con lo que el proceso sería indudablemente más lento. La tercera novela que tengo parada es, en realidad, la primera. La primera que escribí cuando me tomé en serio todo esto de intentar hacer de la escritura un oficio. Se trata de una novela de fantasía épica clásica. Ya sabéis: mundo nuevo, con personajes heroicos, misiones casi imposibles de realizar, etc. Tiene una serie de características que se salen del molde típico, pero vamos, os podéis hacer una idea. Fue la novela con la que conseguí firmar contrato con la agencia que me representó. Sin embargo, no llegó a tener salida. En la agencia me decían que no era problema de la novela, que era buena y estaba bien escrita. ¿Qué problema tenía? Pues, sinceramente, nunca me lo explicaron. La cuestión es que nadie la quiso. Ni siquiera sé si se llegó a presentar a editoriales, a cuáles se presentó. Digo esto porque tan pronto como firme con la agencia se pusieron a trabajar con Hijos de Heracles, que se vendió con mucha rapidez, y me imagino que ésta quedó relegada a la sombra de la histórica y a esperas de ver cómo funcionaba. Los dos últimos años, contados hasta noviembre del año pasado, los he pasado trabajando en el que hasta ahora ha sido el proyecto más largo y complejo que he acometido. Se trata de una novela histórica ambientada en el S. XI, plena época de Reinos de Taifas, un periodo muy convulso de la historia de la Península pero a la vez apasionante, con una riqueza cultural que los estudiosos dicen que hasta el Renacimiento no se vivió un momento histórico de un nivel tan brillante en aspectos como la literatura, la astronomía, botánica, etc. Justo cuando la terminé, resolvimos el contrato de representación con mi agencia, así que tenía que moverla por mi cuenta. Me encontré con 4 novelas terminadas y sin agente. Pero, ¿quién dijo miedo? Me puse a trabajar en un tema que hasta entonces no había tenido que hacer: vender mi trabajo a una editorial. Empecé por lo seguro: la novela que acababa de terminar sobre el S. XI. La envié a varias editoriales y muy pronto hubo algunas que mostraron su interés. Si todo va bien, muy pronto podré dar noticias al respecto. La siguiente que empecé a mover fue El Collar Maya, por motivos obvios: o sale antes de que termine el año, o pierde gran parte de su interés. Hubo varios amigos que me comentaron la posibilidad de subirla en formato digital a Amazon. Respeto profundamente al autor que toma ese camino, me parece muy valiente. Yo, quizá porque trabajo como corrector editorial, no termino de atreverme, así que me puse en contacto con una editorial para publicarla en formato digital. La editorial se puso a estudiarle y le gustó, aunque me comentó, con buen criterio, la posibilidad de hacer algunos cambios. En ellos he estado trabajando durante un par de meses. Ahora la cosa vuelve a estar muy avanzada, así que, una vez más, espero poder dar buenas noticias dentro de poco tiempo. Mientras esta editorial estudiaba la publicación de la novela, me puse a trabajar en la de fantasía. Una persona de la que respeto profundamente su criterio en cuanto a novela de fantasía se refiere, me había indicado algunos aspectos que se podían mejorar. Así que aproveché el impass y añadí
No solo es escribir
Cuando uno quiere dedicarse a algo, lo menos que puede hacer es preocuparse por conocer bien dónde se mete. Así, un aprendiz de carpintero tendrá que aprender a manejar el martillo y el serrucho antes de coger la sierra eléctrica. Los arquitectos deben pasar varios años estudiando una carrera, manejando planos y escalas y perfeccionando sus matemáticas antes de tener un título con el que iniciar su primer proyecto profesional. Y así con todo. Para el escritor, esto no es así. Cualquiera puede ponerse a escribir sin tener conocimientos previos, sin tener siquiera una carrera universitaria. Y, ojo, puede hacerlo tan bien como el que más. Aun así, personalmente no le perdono a alguien que quiera dedicarse a escribir que no se preocupe por conocer el mundillo en el que se mete. Es un mundo extraño, oscuro y bastante hermético, cierto. Es un mundo hasta feo en algunos aspectos. Desagradable y desagradecido, donde a menudo el escritor es la parte menos importante, la más ninguneada. Un mundo en el que muchos están cómodos con esa oscuridad, con ese mundo enrevesado y laberíntico. Incluso así, no lo perdono. Y no lo perdono porque hay muchos lugares en los que un escritor que empieza puede enterarse de qué cosas debe hacer, y cómo hacerlas, y qué cosas no debe hacer. Y voy a poner un ejemplo. Lo primero que tiene que hacer un escritor que quiere que publiquen su obra es saber, exactamente, a quién le envía su obra. He perdido la cuenta, pero deben ser cientos las veces que he escuchado, o leído, a un escritor demonizar a las editoriales porque no contestan a las propuestas de publicación. Estoy de acuerdo, las editoriales deberían contestar esas propuestas. ¿Por qué no lo hacen? Porque están saturadas de trabajo. Porque, cada una de ellas, y las grandes ya ni hablemos, recibe centenares de propuestas de publicación. Lamentablemente, y lo digo con conocimiento de causa puesto que colaboro con alguna editorial, muchas, la enorme mayoría de esas propuestas, son impublicables. Por varios motivos: están mal escritas (y cuando digo mal escritas me refiero a que contienen múltiples faltas de ortografía y necesitan una corrección larga y profunda que encarecería muchísimo el producto final), tienen argumentos manidos y repetitivos que no aportan nada nuevo, las líneas argumentales no están bien desarrolladas o los personajes son calcos de novelas de éxito. O todo ello junto. Siendo todo eso una mala noticia, es perdonable. A escribir se aprende escribiendo, y probablemente los primeros textos de los grandes genios de la literatura universal no fueran mucho mejores que los de cualquier otro. Hay tiempo de aprender, y lugares donde hacerlo. No es nada malo asistir a un curso de narrativa, o contratar servicios como los de corrección o informes de lectura. Lo que no perdono es la falta de interés. La falta de atención. La falta de preocupación por nuestro trabajo. Me explico: nuestro texto no encajará en cualquier editorial. Las editoriales tienen unas líneas marcadas, unas «especialidades», por llamarlas de algún modo, y fuera de ahí no tocan otra cosa. Y es obligación del autor saber si su obra encajará o no en esa editorial Hace cosa de un mes se levantó cierto malestar en Facebook cuando una editorial anunció que desde ese instante pasaba a recibir originales de novela romántica escrita por autoras españolas para su colección. Hubo algunas dudas, y fueron contestadas en un mensaje público por parte de la editorial. Entre otras cuestiones, se especificó que se aceptarían novelas «románticas, pero no sentimentales». Puede parecer un texto extraño si uno no conoce el mundillo de la novela romántica. Pero, claro, si uno ESCRIBE novela romántica, ¿qué menos que conocer ese mundillo? La cuestión es que, semanas más tarde, la editorial tuvo que poner un nuevo mensaje pidiendo a la gente que se fijara en qué tipo de textos enviaban, que estaban recibiendo novelas que no encajaban con su línea editorial porque no tenían escenas de sexo. Y se formó el problema, porque algunos decían que la editorial no había sido clara, que qué se quería decir con eso de «novela romántica, pero no sentimental». Pues si uno quiere enviar una novela a una editorial, y se encuentra con que piden algo que no sabe lo que es, lo mínimo que debe hacer es preguntar qué demonios es eso, en lugar de enviar su texto sin más. ¿Por qué? Pues porque satura a la editorial innecesariamente, le envía un texto que jamás publicará, quema balas y posibilidades de publicar y encima se envenena contra el mundo editorial porque no recibe respuestas y si las recibe son negativas. Se carga de razones en contra del mundo editorial sin ser capaz de reconocer su responsabilidad y, de paso, complica un poco más el proceso para todos aquellos compañeros escritores que sí hacen bien su trabajo. Seamos responsables. Hagamos nuestro trabajo, que no consiste solo en poner unas letras detrás de otras… Ser escritor es mucho más que eso. Si elegimos esta profesión, porque profesión es aunque la mayoría no podamos vivir de ello, hagamos bien nuestro trabajo. Es lo mínimo, ¿no?
¿Quieres escribir, o ser escritor?
Hace algún tiempo, en las redes sociales se habló muchísimo de este video. En él, Andreu Martin habla del mundo de la edición, de cómo funciona, por qué se publican determinados libros, etc. Formó bastante ruido. Andreu Martin no es un cualquiera, es un reputado escritor que ha ganado un buen puñado de premios y tiene a sus espaldas una trayectoria envidiable, además de impartir cursos de narrativa. Es un autor que, además, defiende abiertamente la publicación digital. Pues bien, cuando lo entrevistaron el año pasado, después de recibir el premio Pepe Carvalho, le preguntaron qué aconsejaría a un futuro escritor (o lo que es lo mismo, a un escritor que está empezando). Dijo lo siguiente: «A un futuro escritor le aconsejaría paciencia y que disfrute mucho, leyendo y escribiendo. Si no disfruta mucho (…) que no se dedique a escribir. El trabajo de escritor es muy sacrificado, no siempre satisfactorio. El placer tienes que obtenerlo del mismo trabajo, no esperes satisfacciones extras. De entrada, solo para publicar la primera novela ya necesitará mucha paciencia y mucha moral». Paciencia. Esa es la palabra clave hoy día para el escritor. Lao Tse dijo: «El hombre vulgar, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla». Desgraciadamente, esto ocurre con demasiada frecuencia en el caso de los nuevos escritores, gente que llega con toda la fuerza y la ilusión pero que, viendo que publicar es muy difícil, se lanzan tras las primeras negativas a la coedición o la autopublicación. En muchas ocasiones, y cada vez más, gracias a las nuevas tecnologías, a la publicación digital en portales de los que Amazon se ha convertido en la enseña de las oportunidades. Pero, si tenemos en cuenta las palabras de Lao Tsé: ¿qué puede echa a perder un escritor que no tiene paciencia? Pues en el mejor de los casos estropeará una novela. En el peor, toda su carrera literaria. Hace unos años, como mencionaba en una entrada anterior, escribí una novela. A mi me parecía que tenía un tema potente y que está “de moda”. Tenía ritmo. Creía que estaba bastante bien. Pero nadie la quiso. Y me encontré que, además, era una novela que tiene fecha de caducidad. Es decir, o sale antes de que concluya este año, o no tendrá interés por el trasfondo de la historia. Hubo buenos amigos que me animaron a publicarla en Amazon por mi cuenta, pero yo no lo veía… Siempre he creído que el trabajo que hace un editor (corrección, maquetación, edición del texto, lo que comprende la posibilidad de añadir o eliminar pasajes) es importantísimo. Hoy por hoy, estoy trabajando esa novela con una editorial de nueva creación. Me hicieron ver algunas debilidades de la obra y, si todo va bien, saldrá pronto en edición digital. Tengo que reconocer que la novela ha mejorado sustancialmente, que ha ganado profundidad e interés. Podía haber publicado por mi cuenta esa obra y tal vez cosechar cierto éxito. Nunca lo sabré. No lo hice. Tuve paciencia. Hoy, la novela es MEJOR. Y tal vez venda menos si llega a salir, entre otras cosas porque no será a un precio de 1 o 2 €. Pero no me importa. Mi trabajo es MEJOR. Y es mejor porque tuve paciencia. Ciertamente hay autores que publican en Amazon y triunfan. Y muchos que ven eso piensan: «si tal o cuál lo ha hecho, yo también puedo». Pocos se preocupan en conocer la trayectoria de esos autores. Blanca Miosi, por poner el ejemplo que está en boca de muchos en los últimos tiempos, no era una recién llegada cuando optó por publicar sus novelas en Amazon. Ya tenía dos obras publicadas y ambas con muy buena recepción por parte del público. Marta Querol, por poner otro ejemplo, había sido ni más ni menos que finalista del Premio Planeta. Luego el mercado no les dio salida a sus textos, de acuerdo. La suerte también es un factor. Pero no se lanzaron a autopublicar de la noche a la mañana. Fueron pacientes durante varios años. Intentaron abrirse camino durante mucho tiempo. Y al final, viendo que no lo lograban, optaron por una opción que, evidentemente, ha sido muy buena para ellas. Con mis compañeros de Biblioforum (tema del que tengo pendiente hablar) hablamos a menudo de que en realidad, entre los que escriben, hay dos tipos de personas: Los que quieren escribir. Los que quieren ser escritores. Y no, no es lo mismo. Andreu Martín lo dice claro: lo que debemos es querer escribir. Disfrutar del proceso. Disfrutar de la creación de personajes, de tramas, de historias… Lo contrario es ser escritor. El escritor lo que quiere es fama, ventas, su nombre en entrevistas. Estar en el candelero. Pero, ¡ay! No se puede ser escritor si no queremos escribir. Y para escribir, al menos, para escribir BIEN, hay que tener paciencia. Si lo que uno quiere es escribir, es muy probable que antes o después se convierta en escritor. Pero para ello, necesitará aprender muchas cosas en el camino. La primera de ellas, a tener paciencia.
El Fin Del Mundo Maya Ha Llegado
El fin de semana pasado estuve en Málaga, en las III Jornadas Mejor con un Libro, impartiendo junto a Concha Perea (atentos al nombre porque próximamente escucharéis hablar mucho de ella) un taller sobre creación de personajes. Fue la guinda del pastel… Me refiero a que para mí fue la guinda del pastel, porque llevo ya 2 meses sin tener un solo día de descanso. El motivo es sencillo: tengo varios frentes abiertos. Ya os hable hace unas semanas de que había retomado la historia de Pecado Capital. Sin embargo, he tenido que aparcarla porque un proyecto más urgente se ha puesto en marcha después de varios meses de espera. Pronto podré dar más detalles. Por ahora, decir que estoy ilusionado con el tema. Esta noche toca rescribir un capítulo, añadir pequeñas escenas. Os dejo la primera de ellas: “Hacía media hora que habían pasado la media noche en Panchagarh, al norte de Bangladesh. La familia de Benoy, su mujer y dos niñas, dormían hacía rato. Él, en cambio, llevaba toda la tarde con una extraña irritación que había ido creciendo más y más. También se había acostado, pero, cansado de dar vueltas, y temiendo despertar a su mujer, decidió levantarse. Estaba asomado a la ventana desde que llegara la media noche. Simplemente. Sin hacer nada más que mirar la oscuridad en la que había ido cayendo la ciudad. De repente, se encaminó hacia la cocina, con los ojos febriles y el sudor mojando sus axilas. Tomó un cuchillo largo y salió. No le importó dejar la puerta abierta. Ni siquiera se dio cuenta. Caminó por la calle un centenar de metros hasta que se cruzó con un joven. El chico alzó la cabeza y sonrió de puro nerviosismo. No llegó a gritar: el cuchillo le segó el cuello. Benoy ni siquiera se detuvo a contemplar lo que había hecho. Continuó caminando, dirigiéndose al centro de la ciudad, donde habría mucha más gente a la que matar”.
LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO
En noviembre terminaba de escribir mi última novela. Se titula LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO, y está ambientada en el siglo XI, en una Sevilla convulsa que pretende convertirse en el mayor reino de Al-Ándalus. Me llevó dos años escribirla, desde el momento que empecé a darle forma a la idea hasta el punto final. Es una historia de amistad y amor y de lo que estamos dispuestos a hacer para conseguir nuestros objetivos. Incluso para vengarnos. Si todo va bien, dentro de muy poco tiempo podré dar buenas noticias sobre la novela. De momento, aquí dejo un pequeño fragmento. La desesperanza me rodeaba como una manta calurosa; mi piel se quemaba; mis ropas terminaron de hacerse jirones. Pero era en mi interior donde me asomaba al verdadero abismo. No pensaba en lo que me esperaba más adelante, sino en lo que había dejado atrás. No podía dejar de ver a Atira en manos de otro hombre, alguien a quien no amaba. Lloraba cada uno de los besos que no había podido darle, que jamás podría darle; cada caricia que recibiría su piel levantaba llagas en la mía, y el ardor que sentía en mis entrañas era más abrasador que el abrazo del sol. ¿Por qué iba a preocuparme de lo que le pasara a mi cuerpo en aquel viaje si mi vida había dejado de tener importancia? Huí de Silves por amor, atravesé reinos y ciudades para encontrar el olvido a las puertas del desierto; justamente allí, dónde casi nada puede crecer, fue donde volvió a florecer mi corazón. Y cuando ya acariciaba la felicidad, lo había perdido todo nuevamente. Ni siquiera era consciente del paso de los días. Simplemente caminaba con la cabeza clavada en mis pies, trotando siempre, como si hubiera dejado de ser persona y no fuera más que la cáscara de una nuez rellena con la única voluntad de llegar a un lugar en el que ser quebrada. A mi alrededor hablaban los guardias, restallaban los látigos y gemían los hombres, que clamaban por agua y comida cuando las lenguas aún estaban frescas. Y mientras todo eso ocurría, yo trotaba en silencio por aquel lugar que debía formar parte del itinerario que tomó el Profeta cuando visitó el Infierno. Un amanecer tras otro. Miles de pasos detrás de otro esclavo. Con los labios resecos y la piel cuarteada, los andrajos rozando las llagas que nos cubrían. Con los hombros llenos de ampollas y los pies plagados de heridas. Y la imagen de unos ojos enmarcados por unas cejas como alas de gaviota revoloteando en mi cabeza. Porque allí, bajo el sol abrasador del desierto, sentí de nuevo el gélido vacío que te envuelve cuando una persona que estaba destinada a ser importante en tu vida sale de ella de repente. Así cruzamos la Hamada del Draa y Tinduf: desollados, sedientos y hundidos. Muchos con las espaldas marcadas por los latigazos, aunque los guardias conocían bien su trabajo y no golpeaban para debilitar más al que caía, sino con la fuerza justa para que el dolor le hiciera levantarse y retomar su camino.
Trabajo presente… y trabajo para el futuro
Os hablaba hace unos días que había retomado el proyecto que había escrito sobre el Duque de Lerma. Este fue un personaje importantísimo en la España de finales del s. XVI y principios del XVII. A pesar de que provenía de una familia noble empobrecida y venida a menos, consiguió convertirse en el valido de Felipe III. Prácticamente tenía al rey secuestrado, y nada se hacía en la Corte sin contar con él. Se llamaba Francisco de Sandoval y Rojas, I Duque de Lerma. Escribí su historia hace ya bastante tiempo, la concluí en noviembre de 2008. De hecho, aquí podéis ver en el texto que colgué en este blog cuando la terminé y la sensación que me dejó. La envié a mi agente por aquel entonces. Tiempo después (años después) se envió por fin a una editorial para valorar su posible publicación. Era Edhasa, la editorial que había publicado Hijos de Heracles. La leyeron y les gustó la historia, la época, el personaje… Pero no la quería publicar por los motivos que os comentaba en la entrada anterior: estaba escrito como crónica, no como novela. Me invitaron a rescribirla, y es lo que estoy haciendo. Es un trabajo que voy a afrontar en varias fases. La primera ha sido una búsqueda de nueva información. ¿Por qué? Porque voy a mezclar la historia del S. XVI con otra posterior, en el s.XIX con la invasión napoleónica. Esa fase ya está prácticamente concluida. Ahora estoy en una segunda fase. Lo que estoy haciendo es, básicamente, rescribir el texto original para adecuarlo a los cambios que se producen en la historia. Para empezar, es un texto que pasa de ser narrado por un narrador omnisciente a ser contad un narrador en segunda persona a un narratario explícito. Además, estoy eliminando gran parte de los datos históricos. Al haber estado escrita como crónica, contiene multitud de datos que, en realidad, no son necesarios para una novela. Dan mucha información sobre la época, la forma de gobernar, las ciudades, villas, palacios, etc. Pero entorpecen en avance de las tramas de la novela, así que toca eliminar datos. Ahora bien, no los estoy “borrando”. Al contrario, estoy organizándoles por temas. ¿Por qué? Pues porque creo que serán una información adicional maravillosa para los curiosos que quieran conocer más sobre lo que se narra en el texto. Si llega a publicarse, crearé una página web en la que habrá toneladas de información adicional. Os dejo un ejemplo, para que veáis de qué os hablo y abriros el apetito. De por qué Felipe III fue nombrado rey El camino que había llevado a Felipe a ser heredero de España y Portugal había resultado tortuoso. El primer hijo y heredero de Felipe II, Carlos, tras sus repetidos intentos de levantarse contra su padre, fue confinado por mandato del rey casi veinte años antes, con órdenes de no recibir correspondencia y con acceso limitado a su persona. El príncipe amenazó con quitarse la vida, de modo que fueron retirados de su alcance cuchillos, tenedores y cualquier objeto con el que pudiera llevar a cabo sus planes. Finalmente, Carlos inició una huelga de hambre, y más tarde, al no poder mantener su primera intención, comenzó a comer sin medida. Todos estos excesos llevaron al príncipe a la muerte en el verano de aquel mismo año. Con todo, puesto que el rey había sido extremadamente ambiguo con respecto al confinamiento de su hijo, comenzaron a correr rumores por los reinos, acusándolo de haber dictado una secreta sentencia de muerte contra su heredero. Tres años después de estos acontecimientos nacía, del tercer matrimonio de Felipe II, su hijo Fernando. Sin embargo murió joven, en 1577. Dos años después, vio la luz Carlos Lorenzo, que moriría con tan solo dos años. Igual suerte correría el tercer hijo del matrimonio de Felipe II con Ana de Austria, Diego, nacido antes de que transcurrieran dos meses del fallecimiento de su hermano Carlos Lorenzo, y a quien la muerte lo encontraría cuatro años después que a su hermano Fernando, en 1582, cuando ya era heredero de España y Portugal. Todos estos acontecimientos y muertes no podían ser casuales. El pueblo comenzó a creer firmemente que Felipe, el último hijo del rey, había sido elegido directamente por Dios para llevar las riendas de la monarquía española y empezó a venerarlo, puesto que por intervención divina había quedado como la única opción para que la monarquía continuara reinando. Por tanto, todos los reinos juraron sin mayores problemas al heredero de la monarquía.
Volver a Empezar
Casi un año. Ese es el tiempo que ha pasado desde la última entrada del blog. Ya por entonces la frecuencia de las entradas había bajado considerablemente, era incluso errático. Son muchos los que me han preguntado qué pasa con él, por qué no lo actualizo. La verdad es que ha sido un año durísimo a nivel personal. Mucho. Pero no voy a entrar en esos detalles. Aun así, hay otro motivo por el que lo fui dejando de lado: cuando lo puse en marcha tenía un objetivo concreto, el de explicar cómo estaba el mercado editorial en esas fechas, qué cosas se podían hacer para intentar meter la cabeza en el mundo editorial. Al menos, para facilitar un poco el proceso. Y fue bien, muy bien, tanto que incluso hoy me siguen entrando mensajes de los artículos que iba escribiendo. Sigue recibiendo una media de más de 500 visitas al mes. En fin, creo que la cosa salió bien. Pero desde hace unas semanas estoy dándole vueltas a volver a darle un poco de atención. Eso sí, cambiando el tema. En este caso hablaría, en especial, sobre mi trabajo, mis proyectos, los textos que voy escribiendo, noticias editoriales (cuando las tenga, que el patio está fatal), etc. Y aquí estoy. Voy a empezar hablando de una obra de la que ya hablé en su día, aquí: http://fantasticaliteratura.blogspot.com.es/2008/09/pecado-capital.html Es aquella historia sobre el Duque de Lerma. El año pasado, cuando visité a mis editores en Barcelona, me comentaron que habían leído el texto. Les había gustado la historia, el personaje, la ambientación, la época, la trama… TODO. Pero que no la iban a publicar. Al menos, no la iban a publicar tal como estaba escrita. ¿Por qué? Pues porque, como yo mismo les había advertido en su momento, no era una novela, sino más bien una crónica novelada. Me comentaron que la rescribiera. Bien, pues llevo ya cosa de un mes trabajando en el nuevo texto. No estoy escribiendo, no. Lo que estoy haciendo ahora mismo es reconstruir la historia. A lo largo del tiempo he ido desarrollando un método de trabajo con el que me siento cómodo. Uno de los primeros pasos es crear un resumen de cada uno de los capítulos de lo que será la novela. Con esta obra he retomado la idea original, que consistía en narrar la historia de dos personajes separados por 200 años. Ahora mismo estoy “creando” la historia del segundo de estos personajes. Y, para ello, esta señora de la que os pongo una imagen tendrá una importancia crucial. Se trata de Therese Figueur. Os prometo que volveré a hablaros de ella.
Preparando Maletas
Hace tiempo que estoy muy orgulloso de decir que Sandra Bruna es la agente que me representa. Hace poco leía en un periódico que empiezan a llamarla “la nueva Carmen Balcells”. Pues bien, la agencia cumple ya diez años desde que se puso en marcha, y han preparado una fiesta en Barcelona para celebrarlo. ¡Y para allá que me voy! Es de esas cosas que no se puede uno perder. Además, tendré la oportunidad de darle un abrazo enorme a Montse para felicitarla por su Minotauro, a Lola para que me cuente qué viene después de su Katmandú, a Care, que hace tiempo que no hablo con ella o a Jordi, que es el tío más apañado de toda Barcelona con un “Astrolabi” que no se puede dejar de visitar. Tengo además pendiente conocer a algún que otro autor más de la agencia, como por ejemplo a Silvia Adela Kohan, que espero esté en la fiesta porque llevo una maleta entera cargada de saludos para ella. En fin, que la cosa promete y promete mucho y bien. Pero, además, los dos días, 29 y 30 (miércoles y jueves de la semana que viene) que voy a estar en Barcelona estarán repletos de actividades literarias… Para empezar, el mismo miércoles a primera hora de la tarde me reuniré con mis editores, y al día siguiente, por la mañana, con Sandra, que hace mucho que no podemos sentarnos a hablar tranquilamente, así que espero volver cargado de noticias,¡ y espero que sean buenas! Pero…tengo huequitos, concretamente dos, a la hora de comer tanto el miércoles como el jueves. Así que, teniendo en cuenta que más de uno de los que solían pasar por aquí cuando no tenía el blog tan abandonado sois de Barcelona, ¿qué os parece si quedamos para comer? Mi horario en cualquiera de los dos días sería el mismo: de 13.30 a 15.30 aproximadamente. Sí, un poco pronto, pero es lo que tengo. ¿Alguien se anima a una comida y una charla?
Haciendo maletas
Hace tiempo que estoy muy orgulloso de decir que Sandra Bruna es la agente que me representa. Hace poco leía en un periódico que empiezan a llamarla “la nueva Carmen Balcells”. Pues bien, la agencia cumple ya diez años desde que se puso en marcha, y han preparado una fiesta en Barcelona para celebrarlo. ¡Y para allá que me voy! Es de esas cosas que no se puede uno perder. Además, tendré la oportunidad de darle un abrazo enorme a Montse para felicitarla por su Minotauro, a Lola para que me cuente qué viene después de su Katmandú, a Care, que hace tiempo que no hablo con ella o a Jordi, que es el tío más apañado de toda Barcelona con un “Astrolabi” que no se puede dejar de visitar. Tengo además pendiente conocer a algún que otro autor más de la agencia, como por ejemplo a Silvia Adela Kohan, que espero esté en la fiesta porque llevo una maleta entera cargada de saludos para ella. En fin, que la cosa promete y promete mucho y bien. Pero, además, los dos días, 29 y 30 (miércoles y jueves de la semana que viene) que voy a estar en Barcelona estarán repletos de actividades literarias… Para empezar, el mismo miércoles a primera hora de la tarde me reuniré con mis editores, y al día siguiente, por la mañana, con Sandra, que hace mucho que no podemos sentarnos a hablar tranquilamente, así que espero volver cargado de noticias,¡ y espero que sean buenas! Pero…tengo huequitos, concretamente dos, a la hora de comer tanto el miércoles como el jueves. Así que, teniendo en cuenta que más de uno de los que solían pasar por aquí cuando no tenía el blog tan abandonado sois de Barcelona, ¿qué os parece si quedamos para comer? Mi horario en cualquiera de los dos días sería el mismo: de 13.30 a 15.30 aproximadamente. Sí, un poco pronto, pero es lo que tengo. ¿Alguien se anima a una comida y una charla?
Esfuerzos y Recompensas
Qué queréis que os diga… cada vez que alguien que se entera que me dedico a escribir me mira como diciendo: “¡tú sí que te lo has montado bien!”, me entra una depresión de caballo. La imagen del escritor como triunfador en la vida, como persona que hace lo que quiere, cuando y como quiere, es uno de los estigmas de la profesión. Pero nadie se para a pensar en los esfuerzos… Nadie piensa en las cosas que deben quedar atrás, empezando por las horas de sueño. Nadie piensa en las familias y las personas a las que quieres, a las que, inevitablemente, aunque de forma involuntaria y completamente indeseada, les robas horas y gestos de cariño. Nadie piensa en las cosas a las que tienes que renunciar, incluyendo en muchos casos una estabilidad económica que te permita, si es que eso existe, porque yo ya no lo recuerdo, llegar a final de mes sin un suspiro de alivio cuando ves que has podido hacer frente a todos los pagos, aunque no te quede ni para comprar coca-cola. Porque todas esas cosas también van implícitas más de una vez en la profesión de escritor, a ver si la gente va enterándose de una vez… Y a pesar de todo, uno lo acepta; acepta el juego, acepta los sacrificios, acepta las caras de incredulidad cuando dices que no sales porque tienes que escribir. ¡Cuán bichos raros somos los escritores! Nadie piensa en que necesitas, porque es una necesidad, exorcizar ideas y sentimientos en una hoja de papel en blanco, porque de lo contrario te ahogarían. Pero nada en la vida queda sin recompensa. En las últimas semanas, yo he tenido alguna que otra. Para poder capear todos y cada uno de los meses que me toca vivir, comencé hará pronto un par de años a impartir cursos de narrativa. No pensaba en las recompensas que me aportaría, los momentos felices, de risas y de compañerismo, con esa gente que desea aprender, que bebe de tus conocimientos y tu experiencia, porque, a pesar de estar al inicio del camino, te ven como ejemplo a seguir. Hace unas semanas, una de las alumnas que asistió al primer curso que impartía me dio una alegría inmensa. Como proyecto de fin de curso, debían estructurar, planificar, una novela. Eligieron el género y se decidieron por la novela histórica. Esta alumna no sólo planificó y preparó el proyecto, sino que continuó con el trabajo y concluyó la novela, lo que ya es todo un logro. Pero no se detuvo ahí. Envió a finales de año el original a varias agencias editoriales de primera fila. Todas ellas, TODAS, se han interesado por su trabajo y le han pedido el texto completo. Y ya sabemos lo difícil que es conseguir algo así. Repito: agencias de primera línea, posiblemente las más poderosas de nuestro país. Me alegré enormemente, entre otras cosas, porque el esfuerzo de esa alumna en concreto por superarse fue más que evidente. Y todo esfuerzo tiene su recompensa. No os podéis imaginar lo orgulloso que me siento… al menos, puse en marcha un proyecto que, quien sabe, igual vemos dentro de un tiempo en los escaparates. Llamadme soñador si queréis… pero me gusta pensar que tal vez pude enseñarle algo para ponerla en el camino. Otra recompensa está ahora mismo en los kioscos de toda España. La revista La Aventura de la Historia vuelve a publicar un artículo mío, en este caso haciendo un recorrido por la ruta que seguían las caravanas de camellos en el S. XI para cruzar África de norte a sur, llevando sal y devolviendo oro y esclavos. Es el segundo artículo que me publican, con un resultado magistral de maquetación. Y no sólo eso, sino que me han pedido un nuevo artículo en el que ya trabajo, y en el que volveré a visitar la época en la que se desarrolla Hijos de Heracles. Y es que, mi primera novela publicada vuelve a darme satisfacciones un año después de su llegada a las librerías. El prestigioso, conocido y especializado Portal HISLIBRIS organiza por segundo año consecutivo sus premios de literatura histórica. Aparezco nominado en la categoría de Mejor Autor Novel del 2010, compartiendo lugar con el bueno de Blas Malo y alguno más. Es el primer premio al que opto, y no puede hacerme mayor ilusión, puesto que estoy entre los finalistas por votación popular, y yo ni siquiera he comentado que estaba nominado a dichos premios: quienes han votado lo han hecho sin siquiera conocerme. Y eso es todo un logro, un motivo de satisfacción. ¡Que grandes recompensas! Pero qué enormes, ¡qué ciclópeos esfuerzos!