[et_pb_section bb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] NOTA: No pongáis en práctica ninguno de los consejos/ideas/pautas que aquí describo y que están sacados de mi cruda realidad. Haced caso a los maestros que os llevarán por el buen camino, NO me hagáis caso a mí ahora que os voy a hablar de lo que no debes hacer para gestionar tus redes sociales como autor. Permitidme que os cuente una historia. Me dedico a eso, ¿no? A escribir. ¿O no? Yo he venido hasta aquí para leer un artículo sobre escritura, ¿no? Me diréis con toda la razón. Sí, sí… sobre escribir va el asunto. Dejad que hoy os ofrezca un artículo algo peculiar, pero que me va a servir de desahogo. Cuando terminéis de leerlo, me contáis si os habéis identificado en algo. ¿Os atrevéis a hacerlo? [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IiJ9fQ==@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}” /][et_pb_text _builder_version=”4.18.0″ hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″ background_pattern_color=”rgba(0,0,0,0.2)” background_mask_color=”#ffffff” text_text_shadow_horizontal_length=”text_text_shadow_style,%91object Object%93″ text_text_shadow_horizontal_length_tablet=”0px” text_text_shadow_vertical_length=”text_text_shadow_style,%91object Object%93″ text_text_shadow_vertical_length_tablet=”0px” text_text_shadow_blur_strength=”text_text_shadow_style,%91object Object%93″ text_text_shadow_blur_strength_tablet=”1px” link_text_shadow_horizontal_length=”link_text_shadow_style,%91object Object%93″ 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z_index_tablet=”0″] La historia de alguien Érase una vez alguien al que le burbujeaban las ideas en la mente y le cosquilleaban los dedos porque necesitaba sacarlas de ahí. Ese alguien se sentaba en los ratos libres y escribía con letra apretada en hojas que guardaba en un cajón. O llenaba el ordenador de archivos sin nombre. Esos momentos eran suyos, entraba en su mundo y se perdía en él. Disfrutaba de la soledad, de descubrir zonas inexploradas en su cabeza, aunque muchos caminos se quedaban a medias y eso le frustraba. Aún así, necesitaba seguir escribiendo. Un día acabó una historia. La idea tomó forma, maduró y fue capaz de expresarla como quería. Sus personajes vivieron en ella y se quedaron en ese mundo que había creado, ya inmortales. Alguien suspiró satisfecho y, tras un gesto de su mentón que se podía traducir como un “yo puedo”, se dijo que le gustaría que muchos álguienes conocieran su historia. Ese sería su segundo paso, porque el primero ya lo había hecho. La felicitación de sus amigos por su logro le había dado alas para abrirse al mundo. Alguien probó lo normal: concursos, editoriales… ¡Ah! Pero enseguida le dijeron que los escritores con una historia eran legión. Debía destacar, que su nombre resonara en el mundillo, sacar la cabeza del pelotón. ¿Qué pasó entonces? Se adentró en el lado oscuro. La jungla de las redes sociales Facebook, Twitter, Instagram, foros, blogs… La red es algo vivo que se alimenta de las publicaciones. Alguien comenzó a escribir cosillas para mantenerla contenta. Al principio fueron pequeñas historias, relatos que presentaba a concursos, descartados que retomaba y retocaba, ideas que cazaba en los ratos libres. Pero la red cada vez exigía más: esos retazos no le sacaban del anonimato. Era una hoguera descontrolada, devoradora de cualquier ofrenda, siempre hambrienta. Más “me gusta”, más corazones, más interacción. Nunca era suficiente. Artículos, reflexiones, alguna bronca (el público del circo romano necesita algún león y algún sacrificado de vez en cuando), fotos personales, que no solo de escritura viven los escritores. Alguien comenzó a pensar que los días deberían tener treinta horas o más; el tiempo se convirtió en un enemigo. Alguien era más bien introvertido, pero tenía mil quinientos amigos en las redes a los que debía dar de comer. Alguien necesitaba tiempo a solas para escribir, pero escribía para los demás. Alguien hacía encaje de bolillos entre el trabajo, su círculo social y la promoción de su obra. Sus amigos le miraban raro cuando no dejaba de consultar el móvil, sinfonía de diferentes pitidos y alarmas. Alguien, el calmado y tímido alguien, enviaba mensajes agresivos para publicitar su historia. Nadie sabía que cada vez que lo hacía, una parte de sí mismo moría. Es lo que había que hacer: lo leía en un blog de otro alguien que había destacado recientemente del pelotón tan solo por media cabeza. Lo siguiente era fabricar una marca de autor. Intentó ordenar sus tareas ineludibles, sus encuentros con la familia y el alimento para las redes. ¡Un hueco el sábado por la mañana para escribir otra historia! ¿Y cuándo leo? Se preguntó mientras miraba la pila de novelas pendientes que crecía a un lado del ordenador. Ya no había ratos de calma, dejaron de existir los momentos a solas para explorar su mundo. Fechas de entrega, días programados para publicaciones, notificaciones que debía contestar. El caos en el que la red se movía, siempre hambrienta, le obligaba a innovar para no caer en el olvido. Pero un día, alguien sacó un momento para sentarse frente al teclado. Encendió la pantalla y, como ella, el mundo al que recurría para sus historias, estaba en blanco. ¿Qué había pasado? Sobre cómo te fagocitan las redes sociales Es tan solo una relato, ¿verdad? Nada que ver con la realidad. Yo una vez fui alguien que gracias a la planificación, terminó una historia. Y aquí os lo cuento, pero yo solo quería escribir… ¿Cómo acabé en las redes de la red? Pues como todos: ahora, para que te lean, no solo debes terminar esa historia, debes realizar un curso acelerado de márketing. Confieso que yo no me identifico por completo con este alguien porque aún (sí, digo aún) no he sufrido un bloqueo creativo. Un bloqueo creativo es la incapacidad para idear, desarrollar y
Cómo mejorar el ego y la autoestima del escritor
El ego y autoestima Vamos a aclarar primero la diferencia entre ego y autoestima. Como nos explican en este artículo, son las dos caras de una misma moneda. Mientras el ego es lo que pensamos que los demás opinan de nosotros (la consideración externa), la autoestima es lo que pensamos de nosotros mismos (consideración interna). Es habitual que un ego desmesurado sea consecuencia de una baja autoestima, es decir, un pobre concepto de uno mismo necesita de confirmación externa para que estemos contentos con nuestro trabajo. Por lo tanto, como escritores, que nos guste o no vamos a tener una idea propia sobre lo que escribimos y una idea de los demás sobre lo que escribimos, debemos trabajar el ego y la autoestima del escritor. El ego del escritor Los escritores nos tenemos por observadores e intérpretes del mundo. Es una cualidad más. Así somos capaces de plasmar emociones, estados e historias mediante un código. Los músicos hacen lo mismo mediante otro diferente, por ejemplo. Sin embargo, no estamos por encima del bien y del mal, no somos más especiales que la mayoría. Simplemente, tenemos una capacidad que hay que trabajar. Y para eso nos tienen que señalar nuestros errores. Vencer nuestro ego y dejar que nos ayuden es básico para contar mejor nuestras historias. Lo malo de todo esto es que cuando recibimos una crítica negativa, no solo sufre nuestro ego, una autoestima en equilibrio precario se tambalea peligrosamente. La autoestima del escritor ¿Crees que tu obra no está a la altura? ¿Que no eres un escritor de verdad? No te preocupes, te pasa lo mismo que a Steinbeck. La fragilidad emocional de la que os hablaba en el artículo anterior en el que te daba ocho consejos sobre cómo enfrentarte a las críticas si eres escritor tiene que ver con esto. La autoexigencia, el perfeccionismo y esa necesidad de superarse a uno mismo y a todos los demás nos hace bascular en la montaña rusa. Exponer nuestra creatividad al desnudo nos vuelve frágiles. Caminamos sobre la cuerda floja y necesitamos mantener ese equilibrio entre ego y autoestima para seguir adelante. Hundirnos y pensar que nada de lo que creamos es lo suficientemente bueno es uno de los motivos para dejar de escribir. Al igual que las técnicas de escritura se aprenden y se mejoran con la práctica, nuestra respuesta a los estados emocionales también se puede trabajar. Reconocer qué es lo que nos está pasando y saber que no somos los únicos a los que nos pasa es suficiente para encontrar una cierta estabilidad. ¿Y yo? Pues yo lo sigo llevando bastante mal, la verdad. Pero algo he aprendido en este tiempo que llevo escribiendo: Tengo un ego elevado y baja autoestima. Me sientan fatal las críticas negativas y tiendo a personalizarlas. Necesito llorar un poco en un rincón cuando las recibo. Siempre me levanto después y me pongo a trabajar sobre lo que me han señalado. Nunca me rindo. Así que no, compañeros, no estáis solos en esta aventura. Aunque el proceso de escritura es más bien solitario, todos pasamos por lo mismo respecto a las críticas. ¿Quieres contarme tu experiencia? ¡Aquí te espero! Y el próximo mes veremos cómo conseguir arañar tiempo para escribir y cómo vencer los bloqueos creativos. ¡No me falléis!
Cómo enfrentarte a las críticas si eres escritor: 8 consejos
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] En el anterior artículo os contaba cómo cada paso que dábamos en esto de la escritura conllevaba un estado emocional diferente que se sumaba a los propios durante el proceso creativo. Pero ahora debemos buscar esa retroalimentación de la que os hablaba. Hemos escrito algo y vamos a buscar opiniones externas sobre nuestra obra. Según el guión que os mostraba el mes pasado, vamos a hablar sobre la gestión de las críticas y sobre el ego y la autoestima, así que aquí van ocho consejos sobre cómo enfrentarte a las críticas [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Gestión de las críticas Enseñamos nuestro manuscrito a nuestros lectores cero. Esperamos pacientemente (o no) su veredicto y llega el momento de asumir lo que nos cuentan. Si les hemos pasado un guion con las cuestiones que nos preocupan, será más sencillo incluir las conclusiones en nuestra obra, pero siempre quedarán flecos y observaciones que no hemos pedido, o la impresión general del lector. Tanto si las opiniones son positivas como si son negativas, debemos andarnos con pies de plomo. En unas ocasiones os tendréis que atar una cuerda de realidad a los tobillos para evitar flotar sin rumbo y otras os enfadareis y os esconderéis en un rincón a rumiar vuestras penas. Es inevitable. ¿Cómo enfrentarnos a las críticas sin morir de éxito o de pena? ¿Cómo utilizarlas para mejorar nuestra obra? Al fin y al cabo es de lo que se trata, no de inflar o desinflar nuestro ego… Aquí os señalo ocho cuestiones para que las críticas nos ayuden a crecer como escritores. Lectores que se ponen de acuerdo. Lo más obvio es reparar los errores que nos han señalado repetidamente o, por el contrario, dejar sin tocar partes que a la mayoría les han gustado. Para esto debemos pasarle nuestro trabajo a más de un lector, por supuesto. Sexto sentido. Siempre hay una parte en nuestros escritos con la que no quedamos del todo satisfechos, aunque no nos lo reconozcamos a nosotros mismos. Pero en cuanto nos la señalan de forma externa, decimos: “si ya sabía yo que…” Renovarse o morir. Esto tenedlo en cuenta: todo texto es susceptible de cambio continuo. Hasta que estemos satisfechos con él o hasta que otra historia nos queme los dedos y nos pongamos con ella. No tengáis miedo de modificar tiempos, voces narrativas o argumento. Reescribid. Diferenciar entre gusto subjetivo y mejora objetiva. A veces pasa que el lector hubiera querido leer una historia distinta a la que le ofrecemos. Eso no es culpa suya ni nuestra. No todas las historias son para todos los lectores. Un buen lector cero sabrá distanciarse lo suficiente como para evaluar la historia dejando de lado su gusto personal. No escribáis para agradar a los demás, hacedlo para que vosotros quedéis satisfechos. Mantener un criterio personal. Podemos caer en la tentación de escribir para recibir críticas positivas, para gustar. Lo que nunca debemos perder de vista en nuestro propio criterio, nuestro gusto, nuestra forma de hacer las cosas. Es imposible agradar a todo el mundo. Pero si escribís lo que queréis, nunca os decepcionaréis a vosotros mismos. Asociación de escritores anónimos. Cuando estéis en plena vorágine de críticas, desbordados por intentar pegar vuestro ego herido y sin ganas de retomar vuestro trabajo para hacer cambios, hablad con un compañero. Compartir las penas con alguien que entienda por lo que estáis pasando templa el ánimo. Comprobado. ¿Y si a nadie le gusta lo que escribo? Nunca te rindas. Escribir no se trata de gustar a los demás, es liberar aquello que llevas dentro. Escribir es una forma de vida, es dar rienda suelta a nuestra naturaleza. Pero quizá nuestra autoestima se resienta con las críticas negativas porque a todo el mundo le gusta recibir alabanzas, que a los lectores les guste lo que tenemos dentro, lo que mostramos al mundo. ¿Y si nos inflan el ego? A todos nos gustan los halagos, pero cuando todo son halagos, desconfía. El cariño o la adulación para conseguir algo de nosotros puede llevarnos a recibir opiniones sesgadas que no nos hacen bien. Tener los pies en el suelo es esencial para no salir volando gracias a un ego inflado. Y precisamente de eso, de cómo gestionar el ego y evitar salir volando por las nubes ante cualquier halago o por el contrario evitar hundirnos en la miseria porque nos baje la autoestima ante las críticas os hablaré en el próximo artículo. ¿Te han parecido interesante estos consejos? ¿Por qué no los compartes con otros?[/et_pb_text][et_pb_code _builder_version=”4.4.8″ global_colors_info=”{}”][/et_pb_code][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]
Los estados emocionales del escritor (I Parte)
Cada persona es un caleidoscopio de emociones. Yo lo soy. Escribo una escena u otra dependiendo del color con el que vea las cosas. También me empapo de las emociones de los demás y analizo cómo se comportan para plasmarlo luego en el papel. En definitiva, los escritores manejamos y jugamos con las emociones continuamente. ¿Cómo nos afecta esto? Una curiosidad: Alcoholismo entre escritores famosos. ¿El alcohol tiene que ver con la literatura o con la situación emocional de los que escriben? ¿Qué existió primero, el huevo o la gallina? ¿El desequilibrio emocional te hace escribir o el hecho de escribir te desequilibra? ¿Se necesita una cierta desinhibición emocional para sacar todo lo que llevamos dentro? No tengo respuesta. Yo puedo hablar de lo que me pasa a mí. El porqué tengo la necesidad de escribir varía de unas personas a otras, pero cómo nos afecta todo lo que rodea la escritura es común (o bastante común entre los que juntamos letras). Luego podéis comentarme si esto mismo que voy a analizar os pasa a vosotros o lo vivís de forma diferente. Reflexionando, he recopilado las fases por las que he ido pasando en esta aventura desde que empecé a escribir y tomé la decisión de hacer públicas mis historias. Euforia y errores de novato Gestión de las críticas Falta de autoestima Compatibilizar vida laboral y familiar Bloqueo creativo Esta primera parte la dedicaré a analizar esa euforia del principio y los errores de novato que todos cometemos. La Euforia y los errores de novato Todos los comienzos son embriagadores, tenemos mucha energía y estamos motivados. Pero a veces esa adrenalina que nos recorre el cuerpo cuando comenzamos a escribir nos juega malas pasadas y desencadena estados emocionales posteriores que si se gestionan mal, pueden llevarnos a abandonar la escritura. Primer paso: comenzamos a escribir Todos conocemos los síntomas de la euforia. La adrenalina se libera en nuestro torrente sanguíneo: se acelera el ritmo cardiaco, se dilatan nuestras pupilas y estamos en un estado de alerta extrema. Cuando creamos algo de la nada, nos duele. Sacamos experiencias, recuerdos, emociones… Trabajamos sobre ellos para que la historia crezca. Invertimos tiempo y esfuerzo. Tras una escena especialmente difícil o intensa nos quedamos vacíos, pero tras el dolor del proceso, llega la satisfacción al terminar. Lo hemos conseguido. Es nuestro niño y es perfecto. Pero no, por mucho que nos guste nuestra criatura, siempre se puede mejorar. Enseguida os cuento los errores de novato por los que todos hemos pasado: Los peligros de no planificar Nos queman los dedos. Necesitamos sacar esas emociones o esas historias que llevamos dentro y nos ponemos a escribir sin pensar demasiado en cómo hacerlo. Sobre la planificación ya hemos hablado en este artículo anterior. ¿Os acordáis? Tenemos tanta prisa por escribir la historia que el argumento no encaja o nos sacamos de la manga un final deux ex machina para poder cerrarla. ¿Alguien tiene en mente el final de Perdidos? Sí, sí, sí… Yo tuve un pasado en el que no planificaba, el cajón donde guardo una novela desastrosa es testigo de ello. Lo tengo claro en mi cabeza y pienso que todos lo entienden igual que yo Eso es muy típico. Tener la imagen de cómo transcurre el argumento y verlo, pero no saber plasmarlo en el papel para que otros lo entiendan. Siempre lo cuento, pero mi primer relato de terror no lo entendió nadie, eso sí, para mí era cristalino. El equilibro que se debe encontrar para no contar demasiado (y no aburrir al lector) y explicar lo imprescindible para que se pueda seguir el argumento es precario. Y eso solo se consigue con la práctica, y con lectores que te cuenten su opinión, claro. Pero eso lo veremos en la sección de “críticas”. Los repasos son para los que no escriben bien A veces nos lanzamos al ruedo sin el bagaje necesario y nos estrellamos contra la arena. El exceso de confianza o simplemente el ignorar lo que estamos haciendo mal por no tener la preparación suficiente. Para escribir es fundamental manejar la ortografía y las técnicas estilísticas, pero también se debe pulir el texto siempre al finalizar. Un truco es leerlo en voz alta, y otro, dejar pasar unos días para distanciarte del texto, así se detectan los fallos mejor. ¿Habéis oído hablar alguna vez de la curva del aprendizaje? Primero, no somos conscientes de nuestra propia incompetencia. Luego evolucionamos hacia un incompetencia consciente (nos damos cuenta de que tenemos que aprender), más tarde adquirimos una competencia consciente, es decir, aplicamos lo que hemos aprendido con nuestro trabajo. Para finalizar con una competencia inconsciente: las cosas nos salen bien sin un esfuerzo continuado. Errores comunes de estilo Repeticiones, cacofonías, frases excesivamente elaboradas, cambios de tiempo verbal, mala utilización del gerundio o proliferación de adjetivos innecesarios… Todo esto tiene fácil solución cuando se sabe. Podéis echar un vistazo a los errores del novato, aquí. En nuestra primera vez, el nivel de energía que tenemos es máximo. Lo que escribimos es estupendo, sin duda… ¿sin duda? Segundo paso: hacerlo público Hay quien escribe para sí mismo. La escritura es terapéutica. Pero la mayoría de los escritores tienen algo que contar a los demás y el fin último es que alguien nos lea. Pero somos humanos y la duda, la vergüenza y el miedo a lo que opinen de nosotros puede dilatar este momento. Tened en cuenta una cosa muy importante: se juzga el relato, no al escritor que hay detrás, por mucho que hayamos puesto de nosotros en él. Vencer los temores Hay que lanzarse a la piscina. Solo si conocemos lo que opinan los lectores podemos mejorar. Los más osados no tienen miedo a lo que opinen los demás de algo que nos ha costado parir sangre, sudor y lágrimas. En lo que escribiremos plasmamos nuestras emociones, nuestra forma de percibir las cosas, experiencias… Es lógico que intentemos defender a nuestras criaturas, pero también debemos
La voz del narrador: Cómo saber quién debe contar tu historia
Yo cuento la historia, ¿no? Pues no. Yo soy quien escribe las palabras, pero puedo utilizar diferentes voces para guiar al lector, para formar un puente entre el escritor y quien lee. No hay que confundir al novelista con el narrador. Es cierto que muchas veces se puede “ver” en cierto modo al escritor tras el narrador por la exposición de creencias o puntos de vista personales. Esto se llama autor implícito. Pero la mayoría de las veces, nuestros narradores van a estar alejados de nuestra propia voz. ¿Cómo puedes elegir entonces la voz del narrador? Vamos a jugar a ser dioses para escoger la mejor voz del narrador por la cual vamos a dirigirnos al lector. Cada historia nos va a pedir un narrador diferente y muchas veces debemos experimentar con varios hasta encontrar la voz del narrador adecuada. La voz del narrador respecto al mundo narrado Todo esto que te voy a contar es teoría de la narración y no voy a poner un tostón al respecto. Solo quiero que lo sepas para que puedas jugar con tus personajes y con el modo de narrar tu novela. Porque, y esto tenlo claro, la voz del narrador que elijas cambiará el alma de tu historia (y te marcará el tono, el ritmo y la pauta de trabajo, pero eso ya lo veremos). Hace unos cuantos años, un señor llamado Genette hizo una clasificación de los narradores que más o menos es como explico a continuación. Aquí podéis ampliar información. ¿Qué es la diégesis? Es el desarrollo narrativo de los hechos, pero a la vez es el mundo que hemos creado y en el que transcurre la narración. Cuando hablamos de narradores, pueden formar parte de esa diéreris (ser personajes reales en ese mundo ficticio) o estar fuera de él. Si queréis saber el origen de esta palabra, pinchad aquí. Ahora, lo importante es que conozcamos los principales tipos de narrador Narrador autodiegético Es aquel que nos cuenta la historia desde dentro porque la ha vivido. Ha formado parte de ella y nos narra sus experiencias. No es un narrador protagonista, es decir, la historia no gira en torno a él. Modo de usar este tipo de narrador: tomamos entonces un personaje de ese mundo que hemos creado y le damos voz. Si elegimos este narrador, el personaje que creemos para ello debe estar bien creado para que resulte coherente y veraz, pero a la vez, no debe comerse al protagonista con patatas. Debe estar equilibrado. Tener fuerza, pero ceder el protagonismo a quien lo tiene. Además, debemos tener cuidado en cómo describe el mundo y las situaciones porque está dentro de él. Narrador extradiegético Es ajeno a la historia y nos cuenta lo que ocurre desde fuera. Modo de usar este tipo de narrador: tenemos un narrador que puede describir el mundo como queramos porque no pertenece a él, pero al mismo tiempo, esta vez es menos potente porque no se implica emocionalmente en la historia. Narrador homodiegético Es el narrador que nos cuenta su historia, pero que a la vez es el centro de ella. Es un narrador protagonista. Modo de usar este tipo de narrador: debemos construir un personaje sólido. Y debemos buscar su propia voz: es decir, su modo de hablar y de expresarse marcará el tono y el ritmo de la novela. Cuidado con todo lo que hace que un personaje sea coherente: educación, valores, experiencias… Eso influirá en el léxico y los giros que utilice el protagonista Narrador metadiegético Se trata de aquel narrador que nos encontramos como personaje dentro de la historia y al que el narrador principal le cede el turno de contar otros acontecimientos que han sucedido durante la misma. Sería una historia dentro de la historia. Modo de usar este tipo de narrador: deberemos asegurarnos de que tenga una voz distinta a la del narrador principal para que quede muy claro quién está contando la historia. Así que este narrador deberá construirse a fondo en cuestión de cultura, sentimientos, creencias… Inciso: cuando elegimos un narrador personaje de la historia, debemos preguntarnos si queremos que sea un narrador confiable o si queremos que engañe al lector de alguna forma para conseguir un fin. Un fin que se desvelará en un giro de acontecimientos. También puede engañar al lector de una forma inconsciente, porque… ¿qué ser humano es un narrador fidedigno de los hechos? Y esta opción me parece muy interesante de trabajar. Es decir, tenemos una voz que puede estar dentro de la historia, que puede ser o no ser el protagonista y hablar de sus experiencias o de las de otros. Las posibilidades son infinitas. Pero esto no solo acaba aquí. También debemos elegir lo que sabe el narrador sobre los acontecimientos. ¿Queremos que se meta dentro de los sentimientos de los personajes o que solo nos narre las acciones? Dependiendo de lo que queremos mostrar al lector, tenemos otra clasificación para usar en nuestro texto narrativo La voz del narrador según el punto de vista Narrador omnisciente Nos cuenta los hechos y se mete dentro de los protagonistas como si fuera dueño y señor del tiempo y del espacio. Vamos, que es un dios que maneja toda la información. Se narra en tercera persona (a no ser, claro está, que el narrador sea un dios o similar. Entonces se contará en primera persona). Narrador observador Cuenta al lector los que está sucediendo desde fuera como si fuera una cámara, por lo que no participa de los pensamientos y sentimientos de los personajes y tiene solo la información de lo que se ve: es parcial. Se suele narrar en tercera persona. Es bastante complicado contenerse y muy fácil contar de más si usas esta voz narrativa. Narrador protagonista Nos contará su propia percepción de los hechos y sus sentimientos ante ellos. Su información también es parcial. Se narra en primera persona o en segunda persona. La ventaja de la primera persona es la capacidad para mostrar las emociones desde
Tres razones (y cuatro métodos) para planificar una novela
Igual piensas que lo de planificar una novela es encorsetarla, o que no necesitas tenerlo todo escrito porque está grabado a fuego en tu mente. Entonces eres igual que yo antes de escribir mi primera novela. Tal vez no sepas que la novela en la que trabajo ahora, la que ha dado pie a este diario, no es la primera, no. Tengo un archivo por ahí que contiene una novelita corta de ciencia ficción… que no planifiqué. Nació así, sin esperarlo y sin tener nada preparado. Un parto sin gestación previa, vaya. ¿Eso significa que la quiera menos? Por supuesto que no. Como todas mis creaciones, tiene un hueco en mi corazón, pero es un desastre. Está esperando el momento adecuado para poder dedicarle trabajo, porque necesita una reescritura. Primero comenzó como un relato de mil palabras, pero la historia me gustó y la fui alargando… Y añadí trozos, y luego capítulos… Corté, pegué, cosí y remendé. Hasta llegar al final. Cuando la leí del tirón me llevé las manos a la cabeza. ¿Por qué deberías planificar tu novela? Evitarás el bloqueo creativo Esto es muy común. Comienzas con mucho entusiasmo esa historia que te hormiguea en los dedos y cuando vas por la mitad, miras la pantalla en blanco y tu mente se queda como el monitor, en stand-by. No sabes cómo continuar. Si tienes una planificación previa, esto no te va a pasar porque existe un guión. Sabes hacia dónde va tu historia o qué van a hacer tus personajes. ¿Esto está reñido con la improvisación o con no jugar con otras ideas que se te ocurran sobre la marcha? Por supuesto que no. Puedes cambiar tu planificación en cualquier momento del proceso creativo. Pero debes tener en cuenta que, si has modificado algo de la estructura previa, debes volver a planificar después para no cometer errores. Ejemplo: El ratoncillo sale de su agujero y corretea hacia el trozo de queso cuando la zarpa de un enorme gato se interpone en su camino. Y te quedas pensando… ¿qué quiero que haga el ratón? Si huye, debo contar cómo lo hace y hacia dónde va. Si no huye… ¿consigue salir vivo? ¿Y cómo lo hace? ¿Si muere qué hago con el resto de la historia? Conclusión: abandonas. Evitar incoherencias y lagunas en la trama Y esto va en dos sentidos diferentes: la trama y la narración. La trama Odio encontrarme flecos en las novelas, o descosidos… o directamente rotos. Soy una lectora que necesita coherencia en la historia. No quiere decir que deben darme todo mascado para no tener que sacar conclusiones propias, no. No es eso. Quiero que todo tenga su porqué y sea consecuente. La planificación está para eso: antes de ponernos a escribir, pensamos qué recorrido debe tener nuestra historia con la trama principal y las secundarias. Es como tejer o bordar, cada nudo debe estar en su lugar y apretado para que nada se pierda. Cuando volví a leer la novelita de cifi, ni siquiera me cuadraban los tiempos de las diferentes acciones y tendré que hacer encaje de bolillos para que las subtramas casen adecuadamente unas con otras (y esto enlaza con el punto 3 de este artículo). La narración Tan simple como no cambiar el nombre de un personaje, ponerle en un momento dado ojos negros de medianoche y en el siguiente, describir cómo sus iris son dorados al atardecer. O como me pasó a mí en la novela actual, otorgarle a uno de mis personajes el grado de teniente en un capítulo y al siguiente, el de capitán. ¿Y por qué me pasó eso? Porque era un personaje que no había planificado desde el principio y no me pareció que un secundario tuviera que tener una biografía completa (y tenerla a mano cuando se escribe). Gran error. Ejemplo: El ratoncillo sale de su agujero y corretea hacia el trozo de queso, cuando la zarpa de un enorme gato se interpone en su camino. El roedor da un doble salto mortal y aterriza sobre sus patas mientras emite un grito de guerra que rompe los tímpanos del zorro. La sangre empapa el trozo de salchicha, pero el ratoncillo se la lleva igualmente a su cabaña del bosque. Evitar la duplicidad del trabajo Corregir una novela es un trabajo arduo. Cuanto menos errores y fallos en la trama, más fácilmente llegaremos a las revisiones finales. A mí me da mucha pereza ponerme a reescribir la novelita de cifi por este motivo. No es solo repasar la narración, es leer, encontrar los agujeros, remendarlos y, en algunos casos, romper la tela y elegir otro patrón para coser un nuevo traje. Una odisea. ¡Planificad, malditos! ¿Y cómo lo hacemos? Me preguntaréis con toda la razón… A ello vamos. Formas de planificar una novela Decía el autor de la saga de Juego de tronos en una entrevista que había dos tipos de escritores, los arquitectos y los jardineros. Podéis leer la entrevista a George R.R. Martín en inglés aquí Es decir, los que han planificado los cimientos, los pisos y la cantidad de argamasa que hay que echar para que la trama se sostenga, y los que han pensado previamente qué semillas van a plantar en su jardín y luego las dejan crecer a ver qué pasa. Yo voy un poco más allá, no creo que los escritores se puedan meter en dos sacos diferenciados. Por ejemplo, un arquitecto puede hacer las mediciones básicas sobre plano y definir la estructura final, pero jugar con varias posibilidades mientras va construyendo, y un jardinero puede tener perfectamente planificado el jardín que quiere conseguir: este arbusto allí, estas flores aquí. En ambos caben las sorpresas. Hay por ahí varios métodos que puedes probar para estructurar tu novela. De hecho, es uno de los temas más estudiados. En este tríptico te señalan nada más y nada menos que siete métodos para empezar a planificar una novela. Yo voy a centrarme en cuatro, porque creo que algunos son más de lo
Cómo crear personajes usando el método de las esferas
¿Cómo se puede dar vida a una historia? Solo hay una respuesta a esa pregunta: debes crear personajes para que la vivan. Esa es la clave al crear personajes para una novela. El lector necesita alguien con quien identificarse y poder sentir todo lo que él siente, alguien con quien enfadarse cuando las cosas no toman el rumbo previsto por una mala decisión o con quien llorar cuando le pasa algo malo. También alguien con quien enfadarse y propinarle una colleja al equivocarse. Si el narrador lleva de la mano al lector para que se cuele en la historia, y el ambiente y la documentación crean un nido para que crezca, los personajes la hacen real. Como si fuéramos el doctor Frankenstein, crearemos nuestro propio monstruo al que dotaremos de vida. Pero, ¡cuidado! El modo en de crear a los personajes para una novela hará que nuestros lectores se rindan a ellos o que cierren el libro con una sensación de fracaso o engaño. ¿Cómo crear personajes y que sean buenos? El ser humano se compone de varias esferas y todas hemos de desarrollarlas para tener un personaje creíble. No me voy a meter a una disección psicológica porque no es mi campo, pero resumiendo mucho, tres son los aspectos que debemos tratar para nuestros protagonistas: biológico, psicológico y social. Esfera biológica: Está claro que las características físicas pueden determinar el comportamiento o la historia del personaje. Por ejemplo, un adolescente parapléjico en un instituto tendrá una red compleja de limitaciones físicas que pueden derivar, o no, en fortalezas psicológicas y en relaciones sociales más o menos complicadas. Yo tengo una peculiaridad con las descripciones físicas: no suelo poner demasiados datos a no ser que sea algo realmente importante para la historia. Como lectora, no necesito muchos detalles para imaginarme a los protagonistas, con un par me basta. De hecho, ¿quién no se ha sentido decepcionado con la elección de un actor para una película basada en un libro que nos ha gustado porque no es lo que nos esperábamos? También os confieso que tengo debilidad por los ojos. La descripción de los ojos de alguien y su mirada dice mucho de cómo es, y puede dar mucho juego para escenas futuras. ¿No dicen que los ojos son el espejo del alma? Otra cosa en la que me gusta recrearme un poco más es en el vestuario. Por la forma de vestir, los adornos, las telas… podemos mostrar mucho de un personaje: de su estatus social, del momento histórico, incluso de sus creencias o motivaciones. En mi novela tengo especial cuidado en mostrar estos detalles: colores de uniformes, herramientas, incluso la longitud del cabello. ¿Os acordáis de lo que os comentaba en el anterior artículo sobre el atrezzo gracias a la documentación? Pero no seáis demasiado exhaustivos con nada. Dos detalles bien puestos pueden marcar y definir a un protagonista. El resto lo hará la imaginación del lector si nuestro personaje está bien construido. Esfera psicológica: ¿Qué es lo que mueve al protagonista? ¿Cómo actúa? ¿Qué respuesta tiene hacia los conflictos? Son preguntas que debemos poder contestar para que la historia fluya como es debido. No es fácil construir una mente que no existe y hacerlo de modo complejo: eso es un buen personaje. Estamos compuestos de capas y capas en las que se mezclan vivencias pasadas, personalidad y pulsiones. Ante una misma situación, cada persona actúa de forma diferente. Por ejemplo, ante una amenaza directa hay gente que huye, otra que se bloquea y otra que se enfrenta. Y este ejemplo es muy sencillo. ¿Qué hacer ante un dilema moral? ¿Cómo responder en un diálogo importante? Aquí os recomiendo dos herramientas: -Los estudios psicológicos: en psicología hay varias corrientes, pero podemos picar un poco de todas ellas. Una herramienta que muchos escritores utilizan es la del eneagrama. Podéis leer más aquí. En realidad se basa en ciertas personalidades tipo y relaciona estas con las respuestas esperadas mediante un diagrama de interacción. Cada tipo de personalidad está motivado por una pulsión (pereza, ira, orgullo, lujuria, gula, cobardía, avaricia, envidia, vanidad). -Observación: es lo que yo utilizo. Si nos fijamos, en nuestro medio podemos encontrar modelos para crear relaciones, distintas respuestas y personalidades varias. También analizándose a uno mismo. Es un ejercicio muy bueno y confieso que mis protagonistas están desarrollados sobre distintos aspectos de mi propia personalidad, a veces llevados al extremo, eso sí. En ocasiones también he recreado conversaciones que he escuchado en la calle o en la cola del supermercado y que me han parecido geniales. Pero sí que debéis tener en cuenta la personalidad de vuestro personaje durante toda la novela, incluso para su evolución. ¿Y los protagonistas deben evolucionar? Por supuesto. Os he comentado que estamos hechos de vivencias, por lo que lo que va a pasar en nuestra historia debe modificar al personaje desde dentro. Por ejemplo, la víctima de una violación puede tomar varios caminos, pero nunca se quedará igual después de haber sufrido una agresión de esa magnitud. A veces no es necesario un acontecimiento tan brutal para modificar el pensamiento de alguien: la edad, las relaciones, una emoción… modela nuestro comportamiento y nuestra respuesta puede ser diferente en un momento dado que en otro. Pero todo esto lo debemos tener claro antes de ponernos a escribir para no meter la pata y que el lector no levante la vista del papel y diga: “Es imposible que Fulanito haya hecho esto”. Esfera social No estamos solos. Nos relacionamos, nacemos y crecemos en un entorno determinado que nos influye para bien o para mal. El nacer en un sitio o en otro puede fijar nuestras creencias religiosas, nuestra forma de ver la vida por un estatus social o el trato que dispensamos al resto de personas. El pasado de nuestros personajes debe estar claro, así como su entorno de crecimiento para poder describir su personalidad. Incluso su forma de hablar. Una de las características que más se recuerdan es el discurso de una persona.
Diario de una novela: Cómo documentarme para escribir una novela
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Cómo documentarme para escribir una novela Ha pasado. ¡Por fin! Ha sucedido lo que más temíamos y lo que más deseábamos. Una idea ha arraigado en nosotros, y no cualquier idea: LA IDEA. Eso ya lo vimos en el anterior artículo. ¡Qué responsabilidad! ¿Sabremos parirla? ¿Se desarrollará adecuadamente? ¿Qué necesitamos para que crezca y se convierta en una novela como Dios manda? ¿Sabremos darle lo adecuado: temperatura, luz, ritmo, trama? Empecemos por el principio, padres primerizos: debemos construir un buen nido, y eso pasa por saber cómo documentarme para escribir una novela. Construyendo un hogar Nuestra idea es pequeñita, apenas un esbozo de lo que será cuando terminemos con ella. Para que, cuando crezca, no se derrumbe, debemos regalarle unos buenos cimientos. Para eso, el trabajo previo a la escritura es fundamental y la base para conseguirlo es la documentación. Ya escribas novela histórica, fantástica, ci-fi o romántica, la documentación es esencial para que la idea no se desmorone. En este artículo voy a distinguir tres tipos de documentación: la documentación general, la de planificación y la específica. Así que veamos cómo documentarme para escribir una novela. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ global_colors_info=”{}”] Documentación general La debemos estudiar antes de ponernos a escribir y antes de planificar. Es el marco general en el que se desarrollará la historia y que ambientará todo lo demás. Por ejemplo, si yo estoy pensando escribir una novela sobre la Primera Guerra Mundial, tendré que saber cuándo, por qué y qué sucedió en ese periodo de tiempo. Eso abarca tanto sucesos como localizaciones, pensamiento, política… El periodo de tiempo en el que van a vivir mis protagonistas definirá su modo de pensar, de actuar y de vivir. Pero si escribes fantasía, tampoco te libras de crear tu worldbuilding: tu mundo único debe tener también su historia, sus localizaciones, sucesos, pensamiento y política que marcará la personalidad de los personajes. Estos son los cimientos del hogar que vamos a construir para nuestra idea. ¿Dónde me documento? Sobre todo, en los libros. Lee todo lo que tenga que ver con tu idea. En mi caso, la estantería soporta unos cuantos libros sobre la Primera Guerra Mundial. Simplemente lee, toma algunas notas y empápate del halo que desprenden esas ideas generales. Intenta comprender de qué están hechos esos cimientos para que puedas construir sobre ellos. Si no comprendes los materiales con los que vas a trabajar, será muy difícil que la edificación sea sólida. Las nuevas tecnologías son muy útiles, pero hay que utilizarlas bien: blogs, páginas de internet, Google… Para una primera aproximación están bien, pero si buscáis información más específica, cuidado: leed si hay referencias en los artículos, por ejemplo, y buscad los originales. Pero esto lo veremos después. Cómo documentarme para escribir una novela: la planificación Aún no hemos comenzado a planificar, pero creo que es mejor que os agrupe los diferentes tipos de documentación por algo que veremos al final. Cuando planifiquemos nuestra historia, ya sea con una secuencia temporal o por capítulos (o como queramos, pero hay que organizar la información), también debemos documentarnos. Por ejemplo, cuando planifiqué mi novela, me encontré con que uno de mis personajes principales es histórico. Es decir, sus actividades están documentadas. Yo quería que mi novela transcurriera en cierta batalla, pero resulta que en las fechas en las que sucedió, mi personaje estaba en otro lugar. ¡Oh, el Apocalipsis! Pues toca buscar otro suceso que cuadre para la historia, otro lugar, otro tiempo. Y lo encontré. Una fechas en las que no se puede asegurar que mi personaje no estuviera en un cierto sitio donde estalló otra batalla. Si te estás dedicando a una historia de fantasía, igual. Tus personajes están sujetos a las leyes de su mundo y a la cronología de este. Por eso la documentación es esencial en el trabajo de planificación. Muchas veces tendrás que modelar tu idea según crece, debe tener capacidad de adaptación al hogar que le estamos montando para que quepa en él. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeño. Documentación específica Ya llegaremos a ella a su momento, pero nunca vais a dejar de buscar información mientras escribís, eso os lo aseguro. Por eso es importante que guardéis todos los enlaces, artículos, libros, mapas…, aunque muchas veces necesitaréis cositas nuevas. ¿Conocéis por ejemplo qué relieve aparecía en el casco de un cazador alpino en la Primera Guerra Mundial? Yo sí. Esos detalles, y a los que yo llamo el atrezzo de la novela, son los que dotan de atmósfera y verosimilitud. Atended, este tipo de documentación solo es necesaria cuando lo es. Quiero decir, ¿de qué te sirve saber lo del casco si no lo vais a utilizar en el desarrollo de la historia? Y dicho esto, enlazo con uno de los grandes problemas que existen en la fase de búsqueda de documentación y que ya he apuntado en la documentación general: Liarte y buscar, buscar… y almacenar, seguir acumulando datos… pero nunca te pones frente al teclado para dar el siguiente paso. Nos encontramos atrapados por el ansia de la perfección, por no fallar ni en un solo detalle. Y una referencia te lleva a otra y lees una historia, y esta te lleva a buscar otra curiosidad… Y así puedes estar creando carpetas en tu ordenador hasta el límite de su capacidad. Aquí subyace también el miedo al papel en blanco, a no dar la talla, a no ser capaz de enfrentarte a tu propia historia. En algún momento debes decir “basta” y ponerte a escribir. Primera regla sobre la documentación: Efectiva y necesaria. Está fenomenal que sepas muchísimo sobre algo, pero no lo puedes saberlo todo y además, igual no te interesa saberlo todo. Tienes una historia que escribir. Ya le has dado un nido donde desarrollarse, así
Cómo reconocer la idea para escribir una novela
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Capítulo 1 (o sobre cómo aparece la idea y no se va aunque la soples bien fuerte) Estoy escribiendo una novela. Esto no es nada novedoso ni original, lo están haciendo miles de escritores con más talento que yo en este momento. Pero es la mía y, para mí, la más importante, aunque no la lea nadie. Es mi mundo, lo estoy pariendo yo. Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Como buena novata, he cometido muchos y variados errores (y voy a seguir haciéndolo, no lo dudéis). Esta serie de artículos nacen para hablar sobre esto, sobre cómo las páginas escritas se van acumulando y cómo se van sorteando los obstáculos que todo escritor novel encuentra en cada capítulo. Hoy quiero hablaros de cómo reconocer la idea para escribir una novela. ¿Queréis acompañarme? Un pequeño prólogo autobiográfico Un día, me dio por leer todo lo que caía entre mis manos. No, no es el comienzo de la novela, es el principio de esta adicción, la dependencia por la lectura. Esto pasó desde muy pequeña. Los Hollister, Los cinco, Los siete secretos, Puck… dieron paso a Julio Verne, a descubrir la fantasía de la mano de Ende y a pasear por Tierra media con Tolkien. Ya no pude parar. El ratoncito Perez me dejaba un libro bajo la almohada y a medio día ya lo había leído. Recuerdo que mis padres me reñían por enfrascarme en la lectura en vez de hacer los deberes. Y no he podido, ni quiero, desengancharme. Son muchos los autores que nos han dejado su opinión o su sentir sobre este tema y estarán más acertados que yo, como podéis leer aquí o también en estas citas. Dejadme que haga un inciso para contaros, a mi modo, lo que significa la literatura. Adicción “El crujir de las hojas al despegarse unas de otras rasgó el aire y se mantuvo ahí, suspendido, como las motas de polvo que se arremolinaron sobre las estanterías cuando se había abierto la puerta, momentos antes. El cliente aspiró el aroma y las moléculas de tinta se desprendieron con la cadencia de cada bocanada. Se introdujeron en su garganta, invadiendo las sinapsis neuronales y las imágenes estallaron en su cerebro: la mirada del autor penetrando en sus ojos, viendo lo que él vio, sintiendo lo que él sintió. La adrenalina palpitaba en sus venas con cada frase que murmuraban sus labios, prendidos los puntos y las comas en cada poro de su piel. Supo que no podía parar. —Me lo llevo. —Y temblaron sus dedos al dejar el billete en el mostrador. —Excelente elección, caballero, no le defraudará. Pero sus palabras se perdieron entre las motas de polvo que se levantaron al cerrarse la puerta de la librería, de nuevo”. Un día, me dio por escribir. La lectura es solo la mitad de mi camino, porque en el otro carril, y en la misma dirección, casi, casi desde el principio, está la necesidad de relatar mis propios mundos, esos que aparecen de repente en mi cabeza y no hay forma de que desaparezcan hasta que les doy forma a golpe de letra. Tras un libro que nos hace soñar, amar, llorar, odiar… está el sueño, la lucha, la pasión de otra persona. Sí, sí… yo también tuve un pasado en el que me inventaba historias como la de la imagen (es un dibujo mío del instituto). Y hablando del sistema educativo, saludos a mi profesora de quinto de EGB, que me castigó al no creerse que cierto cuento lo había escrito sola. Eso es motivar, señora, gracias. No voy a perderme en disquisiciones de por qué los que jugamos en este lado de la acera lo hacemos. No lo sé. No me considero nadie especial, ni creo que tenga una sensibilidad distinta. Es algo que necesito hacer. Si no escribiera, la vida se me quedaría corta, me ahogaría con mis propias emociones, moriría un poquito cada día. Punto. Escribir es un modo de vida, te dediques a ello profesionalmente o no. Pero si queréis leer ensayos sobre este tema, los pensadores lo diseccionan mucho mejor que yo, aquí. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.4.8″ global_colors_info=”{}”] Cómo reconocer la idea para escribir una novela Que de eso va esta entrada, de cuando aparece esa historia que no te deja en paz. Por un motivo o por otro, sientes la necesidad de escribirla. Y pueden pasar tres cosas: – Que te lances al teclado o al papel como si no hubiera un mañana. Primer peligro: a las pocas páginas no sabrás por dónde seguir y la frustración puede ser bastante importante. – Que intentes mirar a otro lado porque no te sientes capaz de enfrentarla. Segundo peligro: la idea te persigue y la vas dejando de lado, con el agobio de no considerarte lo suficientemente bueno. Los miedos son inherentes a cualquiera que expone una parte íntima suya (y en todos los escritos mostramos partes más o menos importantes de nosotros). Además, está ese ego que crece con las ofrendas de los demás y es tan fácil herir con una pequeña crítica. (Ya hablaremos más adelante de cómo sobrellevar las opiniones de los demás). – Que ignores las vocecitas anteriores, la del miedo y la del impulso irracional, y leas lo que tengo que contarte. ¿Cómo sabemos que es ella, la que merece nuestro trabajo y esfuerzo? ¿Cómo reconocer la idea para escribir una novela? 1- Te gusta. Parece una perogrullada, pero a veces escribimos por escribir. Por no perder la fluidez, por un reto, por encargo… Pero la pulsión y la pasión que aparecen cuando algo llega para quedarse solo se da cuando tienes ESA idea. La tuya, la que te llama. 2- Es original. Que conste que a mí la originalidad me parece sobrevalorada porque los