Colaboración gratis. Si no te cuesta nada…

Hace años, una de las personas más importantes en mi vida me dijo: “Teo, necesitaría un cuento para ilustrarlo en el proyecto de fin de carrera. ¿Tú me lo escribirías?”. Le dije que sí de mil amores y esa misma tarde empecé a escribirle un cuento siguiendo las dos únicas premisas que me dio: debían aparecer tanto un hada como una bruja.

Hace algo más de un año me propusieron participar en una antología solidaria: todo lo recaudado iría a parar a la ONG Save the Children. Dije que sí en el mismo momento en el que me lo propusieron y a los pocos días envié mi relato solidario.

El problema de la colaboración gratis

En ambos casos (y en alguno más que no menciono) lo hice sin cobrar nada, de forma altruista y encantado de la vida. El problema viene cuando la gente quiere que hagas eso a todas horas. Son muchos los que dicen: “anda, pero si tú escribes 10 páginas en un rato, ¿qué te cuesta?”. Y cuesta. Cuesta muchísimo. Cuesta horrores: búsqueda de información, creación de tramas y personajes, correcciones, revisiones… Para un relato pequeño, las 15 o 20 horas de trabajo no te las quita nadie. Todas esas horas las tienes que quitar de otras actividades, ya sean de otro trabajo por el que sí te pagan, o de pasar tu tiempo con la familia, o de sentarte a ver una película con tu pareja.

Pero, ¿qué es trabajar?

Colaboración gratisHe usado el término trabajo. Y lo repito: “trabajo”. Porque el trabajo es la “acción o efecto de trabajar”, entendiendo por trabajar cualquiera de las siguientes acepciones:

1  Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual.

2. Tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución,

3. Ejercer determinada profesión u oficio.

A los escritores se nos pide a menudo que colaboremos gratis en muchas cosas. A mí me propusieron en varias ocasiones, tras el éxito que tuvimos en el programa de radio Apalabrados, que conduzca sendos programas de televisión dedicados a la literatura. Eso sí, de forma gratuita, “que la cosa está muy mal y no hay para pagar. Además, eso ya te sirve de promoción, la gente te conoce y venderás más libros”.

Solo mi trabajo resulta en una colaboración gratis

Ahora bien, el cámara sí cobra. El encargado de la iluminación sí cobra. La señora que limpia el plató cobra. La cadena cobra (por publicidad, por ejemplo). Pero el presentador, director y guionista del programa, ese no. Ese no cobra, porque la promoción ya es bastante pago.

El problema al que nos enfrentamos los escritores es que la gente no suele ver nuestra actividad como lo que es: un oficio. Una ocupación habitual, una profesión. A nadie se le ocurre ir al carpintero, pedirle un mueble y decirle que nos lo haga, que no le pagaremos porque la cosa está muy mal, pero que invitaremos a nuestra familia a casa y le hablaremos del mueble y de lo buen profesional que es para darle publicidad y que otros puedan conocerlo. Con el escritor sí se hace.

Es un problema de base. Y en gran parte son los propios escritores los culpables, los que regalan su trabajo para que otros se lucren sin pensar en que se están perjudicando ellos mismos y a sus compañeros de profesión.

La colaboración gratis en los certámenes literarios

Ocurre igual con los certámenes literarios. Hasta hace unos años, los escritores cobraban cuando asistían como invitados a un certamen literario, porque forma parte de su trabajo. Van a hablar de cómo escribir una novela, por ejemplo. Y cobramos, claro que sí; como cobra cualquier otro ponente de cualquier otra actividad. César Millán, por ejemplo, el “encantador de perros”, cobra un pastizal por la entrada a sus conferencias. Los políticos retirados ni te cuento. Los profesores de universidad, los gurús informáticos, los especialistas, los analistas, los periodistas… Todos cobran por realizar una ponencia. A día de hoy, los escritores que cobran por asistir a un certamen literario se cuentan con los dedos de una mano. Es más: a día de hoy, la mayoría de certámenes literarios te dicen que les gustaría contar contigo, pero que tienes que pagar de tu bolsillo viaje, estancia y comidas. No solo no te pagan, sino que, además, te cuesta el dinero ejercer tu profesión.

Colaboración gratis: Al pagar tus facturas, presenta el artículo con el que colaboraste gratis.Y cada vez que uno accede a algo así se rebaja un poco más la profesión, se pierde dignidad y se deprecia el valor que se le da al trabajo del autor. No te equivoques, la mayoría de los que te piden que trabajes gratis, no están dispuesto a hacerlo ellos mismos. Esa revista que te pide un relato o un artículo. Ese magazine que quieres que entrevistes a autores “porque tienes muchos contactos y no te cuesta nada”, los programas de radio o televisión que te proponen que “colabores”, cobran. Todos ellos. Les estás haciendo su trabajo. Ellos tendrán efectivo cuando el día uno tengan que pagar su hipoteca. Tú igual, con suerte, podrás pagar con el e-mail de algún seguidor al que le ha gustado mucho tu artículo.