Deconstruyendo a Harry Potter

No vamos a hacer un curso de escritura basándonos en Harry Potter. Pero sí que podemos hacer un estudio de el fenómeno que supuso para la literatura juvenil con el fin de sacar provecho y aplicarlo en nuestros propios escritos.

Para empezar, hablemos de cine. Si hay algún cinéfilo en la sala, sabrá que Woody Allen ya deconstruyó a un Harry; concretamente a Harry Block, a quien él mismo encarnaba y que se he venido identificando tanto con un personaje de Ingman Bergman (corran al Séptimo Sello en cuanto terminen de leer esto, insensatos) y con lo que a mí me interesa y lo que me ha traído hasta aquí: el bloqueo del escritor.

JK y el BE

Deconstruyendo a Harry Potter: Jack Nicholson y el bloqueo del escritor

El bloqueo del escritor puede ser algo muy malo… Que se lo digan a Jack Nicholson.

De entre todos los monstruos con siete cabezas a los que se les corta una y les nacen siete nuevas, el BE (Bloqueo del Escritor), se sitúa en el olimpo de los más desagradables y pegajosos. Se pega al cuerpo del pobre E (escritor), se adueña de su cabeza, de su voluntad y acaba con su cordura en menos de lo que se lanza un Patronus.

Yo soy una E del tipo a otro perro con ese hueso, así que la última vez que BE tocó a mi puerta le dije: JK. BE me miró con ojillos suplicantes y yo, que en aquel momento no pensaba más que en recitarle el abecedario a modo de oración exorcizante, me di cuenta de que JK no eran dos letras aleatorias, no. JK son las siglas con las que la creadora de Harry Potter firma sus libros. BE se batió en retirada en cuanto vio cómo yo, presa de cierta efervescencia investigadora, me dirigía a mis estanterías a buscar La Piedra Filosofal. Me refiero, por supuesto, al libro de JK, no al más grande de todos los descubrimientos alquímicos.

Morelaja: Si te ataca el bloqueo de escritor, dedícate a otra cosa, algo que te interese lo bastante como para olvidarte de que no eres capaz de poner ni una letra más en negro sobre blanco. Eso fue lo que yo hice. Cogí la primera entrega de Harry Potter y me propuse encontrarle el sentido al éxito abrumador de una obra que, por mucho que la había disfrutado, tampoco me parecía tan gran cosa. Y lo que os voy a contar de aquí en adelante es lo que he ido descubriendo y concluyendo al respecto en estos artículos en los que estaremos deconstruyendo a Harry Potter.

El contexto de la obra

Deconstruyendo a Harry PotterPero antes de desgranar los secretos del pequeño mago gafoso (de quien no tardaréis en descubrir que no me cae muy bien), es de rigor hablar un poquito del contexto de la obra.

A estas alturas ya es de dominio público que Johanna Kathleen Rowling (de ahora en adelante JK o la Rowling, a quien también llamaré autora, escritora o, cuando toque hablar de la muerte de Dobby, la tipa esa) fue iluminada con la idea principal de su novela durante un viaje en tren desde Manchester a Londres en 1990. Habría que analizar qué pasa en esa zona de la pérfida Albion para que por allí circulase el primer ferrocarril, precisamente entre Manchester y Liverpool, hogar de los Beatles. El triángulo de las Bermudas Creativo de las Islas Británicas. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión. La cuestión es que, en aquel momento de su vida, JK vivía del paro y desarrolló la historia de Harry en un café de Edimburgo durante los ratos en los que su hija dormía la siesta. Conociendo los precios del café en Gran Bretaña, se me ocurre que debía de ser más barato tomar café fuera que poner la calefacción en casa, pero eso son mis prejuicios.

Una curiosidad: aunque la novela se publicó en UK con el mismo título con el que la conocemos en España, los editores americanos que compraron los derechos para el nuevo continente pensaron que la palabra “filósofo” alejaría a una gran cantidad de público infantil (el término sajón para piedra filosofal es Philosopher´s Stone) y cambiaron el nombre por “Harry Potter y la piedra del Hechicero” (Sorcerer´s Stone).  Os dejo que uséis la anécdota para ligar en reuniones de potterheads. De nada.

Rowling y la crítica

Aunque algunos de los gurús más rancios y renombrados de la crítica literaria, como Harold Bloom, han puesto a la pobre Rowling de vuelta y media por su bajísima calidad literaria y lo han hecho en medios de la repercusión de Wall Street Journal, una gran parte de la crítica alaba el hecho de que la autora haya sabido continuar con la tradición anglosajona de combinar la historia clásica de aventuras con elementos fantásticos, tal como hicieron Tolkien, su amigo CS Lewis o Roald Dahl. De hecho, comparte con estos dos lo que a mí me parece que es la clave del éxito de la franquicia: combina la fantasía con la realidad de una manera tan alquímica como el título de la novela que abre la serie, y logra un equilibrio similar al que consigue Gaiman en algunos de sus relatos. ¿Cómo?

De eso va esta serie de artículos titulada «Deconstruyendo a Harry Potter» y a ello llegaremos. Dejad que os adelante que, como en casi todos los casos de éxito glorioso, Harry Potter es un gran ejemplo de coger el viaje del héroe y engalanarlo cual árbol de Navidad.

La magia, el camino del héroe y Harry Potter

Deconstruyendo a Harry Potter: El camino del héroeLa autora ha dicho en más de una ocasión que la magia en la serie de Potter no es más que una metáfora de la capacidad del individuo para alcanzar su propio potencial, que el tema principal de toda la historia es la imaginación. Y puede que esto, que parece un poco de libro de autoayuda, tenga que ver con que el éxito de los libros alcance no solo a los más pequeños, sino también a los adultos.

En el nivel más evidente de la novela, la historia es una trama más o menos de misterio acerca de un objeto desaparecido en un mundo mágico en el que el protagonista entra por primera vez; pero en un segundo nivel, JK explora el viaje de la infancia a la edad adulta, los valores de los que los protagonistas se sirven para alcanzar el éxito y la adecuación a la realidad de su propio mundo hostil.

No está mal para un libro infantil y, aunque Narnia ya nos había preparado para esto, Harry Potter nunca deja de ser un pobre chico víctima de acoso. Incluso a pesar de comenzar la historia siendo reconocido como el elegido, jamás se convierte en príncipe o en rey, al contrario que los cuatro hermanos protagonistas de la obra de CS Lewis.

No subestimes el poder de Harry…

Y hasta aquí la introducción al tema. Si vais a quedaros con algo, quedaos con esto: todo está escrito, pero hay que saber cómo transmitir las antiguas historias a los nuevos lectores. Ese es el acierto de JK Rowling, y será mi labor mostraros cómo creo que lo ha conseguido. Para los que no conozcan hasta qué punto Harry Potter se ha convertido en un fenómeno de alcance interplanetario, echad un vistazo a este vídeo hecho por unos fans.

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