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Las brujas de Zugarramurdi

Estamos viendo desde hace unas semanas que el cine suele tomarse libertades a la hora de adaptar sucesos históricos. Lo cual considero que es comprensible y aceptable. Estamos ante adaptaciones a otro medio, cuyo lenguaje exige este tipo de modificaciones en pos de la espectacularidad y el entretenimiento. En cualquier caso, la industria cinematográfica española tampoco se libra de esta necesidad. Hace unos cuantos años ya, el director Álex de la Iglesia produjo una película que recuperó uno de los casos más impactantes de la brujería en nuestro país. Así que apagad las luces del salón y poneos cómodos (si podéis), porque hoy hablaremos de la historia de las brujas de Zugarramurdi.


Los antecedentes

 

Toda historia viene de sucesos previos que condicionan los acontecimientos. En el caso que nos ocupa, el campo había sido abonado por el contexto social en torno a la caza de brujas medieval, en torno al siglo XVII. Una persecución que fue especialmente intensa en la región de Labort, en el País Vasco francés. La proliferación de supuestas practicantes de magia negra fue tal que el rey Enrique IV de Francia, a petición de los nobles locales, nombró al juez Pierre de Lancre para que acabara con lo que consideraban un atentado a la fe cristiana. Lo curioso es que en esta investigación la Inquisición no tuvo nada que ver.

Tal fue el terror que causó la llegada de Lancre a Labort que hubo una desbandada general de habitantes hacia Navarra. No importaba que la mayoría de ellos tuviera de brujos lo que yo de futbolista profesional. El peligro de ser acusados de manera falsa era demasiado grande. Como dato, entre los que se quedaron Lancre «descubrió» (bajo tortura y coacción, por supuesto) unas tres mil personas relacionadas con actos de brujería. Mandó quemar a ochenta mujeres.

brujería en la historia


Las brujas llegan a Zugarramurdi

 

Gran parte de esa gente que huyó de Labort fue a parar a Zugarramurdi, una pequeña aldea fronteriza ya dentro de territorio español. Entre los desplazados se hallaba María de Ximildegui, una muchacha de veinte años que en realidad había nacido en Zugrramurdi y marchó con sus padres a Labort. Creyéndose fuera del alcance de la represión de Lancre, no se le ocurrió nada mejor que alardear de haber visto en diversos aquelarres a otra vecina de la aldea, María de Jureteguía.

De inmediato, la aludida negó semejantes acusaciones y se puso echa una furia por el falso testimonio. Pero la otra María insistió de tal manera que todo el mundo acabó por creerla. Jureteguía, al fin, confesó: llevaba practicando brujería desde niña, por mandato familiar. Asfixiada por la presión popular, la bruja confesa empezó a soltar la lengua y señaló a otros practicantes, unas diez personas entre hombres y mujeres. Ante el temor de ser apedreados y desterrados de la aldea, todos ellos se arrepintieron frente a sus vecinos, que acabaron por perdonarlos.

brujas en Zugarramurdi


La Inquisición entra en escena

 

Por supuesto, el revuelo llegó a oídos de la Santa Inquisición española. Se inició una investigación, y el 12 de enero de 1609 los dos inquisidores del tribunal de Logroño, que tenía la jurisdicción eclesiástica de Navarra, valoraron la situación. Ambos del bando más extremista (porque existían dos posturas, como os cuento en mi novela La boca del diablo), así que lo que vino a continuación estaba cantado: se ordenó la detención de cuatro de las brujas que habían confesado en Zugarramurdi. Las llevaron a la prisión que la Inquisición tenía en Logroño y las interrogaron a base de las habituales torturas. Tanto como que las acusadas aceptaran su condición de brujas por lo mismo que lo hicieron en su aldea: para escapar del acoso y ser liberadas.

Como si de una manifestación actual se tratara, en febrero se plantaron ante el tribunal inquisitorial un grupo de vecinos de Zugarramurdi en defensa de las acusadas. Alegaron que las confesiones no tenían validez pues habían sido perpetradas en base a amenazas. Al tribunal no le cayó muy en gracia esta iniciativa, así que cortó por lo sano: también apresó a los alborotadores. Las coacciones hacia estos llevaron a un señalamiento masivo de cómplices en Zugarramurdi. Uno de los inquisidores, Juan Valle Alvarado, viajó hasta el poblado para cotejar datos y, según declaró, encontró hasta trescientas personas relacionadas con supuestos aquelarres. Detuvo y trasladó a Logroño a cuarenta.

Inquisición brujas Zugarramurdi


El proceso contra las brujas de Zugarramurdi

 

El juicio fue un esperpento de principio a fin, en el que se relataron con pelos y señales los supuestos rituales que las brujas practicaban en Zugarramurdi. Cosas como que se sentaban alrededor del trono del Diablo, donde realizaban orgías, o que se sacaban sangre como ofrenda al demonio. Incluso se hablaba de poderes que recibían las brujas, como la capacidad de convertirse en cabras, puercos u ovejas; también desencadenaban tempestades para que los barcos naufragaran o destruían las cosechas (las mismas que les daban de comer). Por supuesto, no podían faltar las maldiciones que echaban a diestro y siniestro mediante polvos mágicos:

«Muchas veces en el año, siempre que los frutos y panes comiençan a florerecer, hacen polvos y ponzoñas, y para esto el Demonio a parta a los que han dado poder y dignidad de hacer ponzoñas y les dice el dìa en que las han de hacer…»

La cosa acabó mal, como era de esperar. Veintinueve personas fueron sentenciadas como culpables. A pesar de las dudas de algunos de los inquisidores presentes en el juicio, el auto de fe se realizó el domingo 7 de noviembre de 1610, frente a una gran multitud de gente. La lectura de las sentencias se prolongó tanto que el acto terminó al día siguiente, con dieciocho personas reconciliadas y la quema de las once que no se arrepintieron. Cinco de estas ardieron de manera póstuma, pues habían muerto en prisión.

Proceso brujas Zugarramurdi

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Sobre mí

Teo Palacios

Hace 10 años yo era como tú, un autor más con una novela bajo el brazo que nadie quería publicar. Hoy tengo cinco novelas publicadas por editoriales internacionales en ocho países, tengo firmados los contratos de dos novelas que aún no he escrito y ¡vivo de la literatura!

  • Alejandro López Fernández

    Debo reconocer que, al no haber tenido nunca relación con este tema que tocas, me has impresionado. No sabía nada de estas brujas y aún teniendo constancia de que hoy, en la actualidad, lo sé por mi hermano que vive en Galicia, existen aún algunas brujas, pero sus acciones son más de tipo ayuda a los demás, que relacionarse con ningún diablo. Me ha gustado, Gracias por enviármelo. Saludos Teo

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Escritor y creador del Método Pen

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